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El mal ganar de Mourinho

4 Mayo 2012 - 16:41 - Autor:

De la misma forma que un gobierno tiene cien días de margen de tolerancia para poder cargarse el Estado del bienestar sin apenas oposición, debería acotarse el tiempo de cortesía con el campeón de Liga para saber cuándo se le puede empezar a criticar. Aunque en vistas a la poca elegancia del coro mediático blanco, consideremos unilateralmente que estamos ya fuera de cuarentena.

No me refiero a casos extremos como el del tal Julián Ruiz, bloguero del Mundo, que se presenta a sí mismo como “el apunte más apasionado, visceral y provocador”. Que un periodista se presente como “provocador” es la forma más directa de eliminar cualquier atisbo de solidez de sus argumentos, puesto que ya sabemos de antemano que sólo buscan el impacto fácil. ¿Qué valor tiene entonces que diga que Guardiola es un “paleto nacionalista” que ha preferido “su provincianismo de barrio a la internacionalidad del Barcelona”, por tener tanto canterano?. ¿Se sienten ustedes provocados? Hasta el hooligan madridista Pedro J., su jefe, lo ha desautorizado. Calculen.

Cuando hablaba de poca elegancia me estaba refiriendo a José Mourinho, que no ha dejado pasar la ocasión de, haciendo honor a su condición de canalla de extrarradio, intentar hacer leña del árbol caído. “Unos iluminados piensan que solo existe un fútbol”, ha proclamado con satisfacción a un medio portugués.

A espíritu tan rudimentario habrá que explicarle que no existe un solo fútbol como tampoco existe una sola música. Y habrá que argumentarle que incluso es posible que hoy, en el mundo, se escuche más el “Si eu ti pego” que, por poner un caso, la Nocturna número dos en Mi bemol de Chopin. Pero no veo yo a Michel Teló proclamándolo en el twitter y certificando su supremacía eterna sobre el compositor polaco.

Lo que está bien claro es que ni los fastos ligueros han conseguido borrar del ánimo de Mourinho la profunda herida por saberse un simple artesano del fútbol enfrentado por caprichos del destino con un artista inmortal como Pep Guardiola. Mourinho ha tomado la bandera de la Liga, del séptimo trofeo de su cuenta personal -la única que le interesa- para gritar al mundo que Pep no es infalible, y que él es capaz de ganarlo. El de Setúbal, por una vez, por encima del genio idolatrado a nivel global.

Ahora el portugués vive sus horas de clímax máximo porque se cree la causa de la retirada de Pep. Pero lo que no se habrá parado a pensar es qué pasará si Tito consigue ganarle la temporada que viene. ¿Podrá soportarlo Mou? ¿Se dará cuenta entonces de que no competía contra un hombre, sino contra una forma de entender el fútbol? Porque de fútbol no sólo hay uno, pero el modelo Barça sí es único. Y mucho tendrá que trabajar todavía Mou para igualarlo y batirlo.

En twitter: @carlestorras

Enhorabuena a todos menos a tres

3 Mayo 2012 - 9:21 - Autor:

Después de ver la integridad de Mourinho peligrar en el peor manteo de la historia del fútbol (con participación del imprevisible Sergio Ramos), ha llegado la hora de dar la enhorabuena a los vencedores de la Liga. Ya que hemos llegado hasta aquí sin quejarnos (demasiado) de los arbitrajes, vamos a ser considerados con el campeón. Es cierto que sólo le han señalado un penalti en contra en un año entero, y uno tiene el derecho de sospechar que pueda ser el pago por todo el lloriqueo arbitral de la temporada pasada.

Pero pelillos a la mar, que será por casualidad. Rindamos honores al campeón, hagamos el pasillo simbólico a un equipo que, sin grandes alardes tácticos, ha demostrado tener un envidiable punch y, sobre todo, el instinto asesino de los ganadores. Doy la enhorabuena a mis amigos merengues, que son unos señores en la derrota y en la victoria, a los aficionados sensatos, a los directivos honestos (de haberlos), a los periodistas madridistas que procuran tener una mínima objetividad (alguno conozco), y a los integrantes del equipo. ¿A todos? No. En el caso de Pepe, por ejemplo, más que palmaditas en la espalda lo que necesitaría son trabajos sociales para compensar los destrozos causados en tibias y peronés ajenos. Y a Cristiano Ronaldo le vendrían fenomenal unas cuantas sesiones de psicólogo para aprender a gestionar mejor sus emociones. No he visto a nadie celebrar un triunfo con tanta profusión de cortes de manga, gestos agresivos y braceos de indignación.

Al que me permitirán ustedes que tampoco le dé ninguna enhorabuena es al señor del pelo gris, que lo primero que hizo al saberse campeón, mirando directamente a la cámara de la Sexta, fue señalar con sus dedos el número siete, que no son los puntos de ventaja sobre el Barça, sino los títulos de competiciones nacionales que ha ganado en sus distintos clubes. Esta proclama de mercenario es un insulto no solamente a la afición madridista, sino a todos los aficionados de cualquier equipo que sienten sinceramente la pasión por unos colores. Este señor, que dijo desde el balcón del Palau de la Generalitat que llevaba al Barça “para siempre en el corazón”, solamente es capaz de sentir aquello que le afecta en primera persona, y no empatiza con nadie que no se le aparezca en el espejo cuando se mira en él.

Lo dijo el lunes Alfredo Relaño en su columna en As: “Amigo Mourinho, esperábamos más”. El director del diario madridista apuntaba: “No me parece un logro extraordinario que el Madrid gane hoy una Copa, mañana una Liga y en dos años juegue semifinales de Champions. Eso vale para un Madrid de entreguerras”. Como verán, no soy el único que le niega la enhorabuena a Mourinho. Por algo será.

En twitter: @carlestorras

 

Los portugueses nos ganan a pesimistas

20 Marzo 2012 - 21:12 - Autor:

Es cierto, como dijo Pep en rueda de prensa ante la previsibilísima pregunta de si los ocho puntos de diferencia con el Madrid eran todavía insalvables, que los catalanes “somos pesimistas”. Si cuando vamos cuatro puntos por delante la mitad del barcelonismo está temiendo un vuelco ruinoso en el último minuto y la otra mitad está convencida de que eso ocurrirá, qué no deberíamos estar pensando cuando vamos ocho puntos por detrás y con todo el estamento arbitral y federativo apostado en la trinchera de enfrente.

Pero curiosamente, la realidad no es ésta. La afición culé, o gran parte de ella, todavía no da la Liga por perdida. Estamos en aquella dulce situación en la que hemos digerido que por lógica la debería ganar el Madrid, pero atesoramos la viva esperanza de un tenerifazo salvador en el último segundo. ¿Se lo imaginan ustedes? Como decía un ocurrente tuitero, eso es lo único que le falta ya al Barça de Guardiola: ganar una Liga después de una remontada épica. Y como diría Obama, que no es catalán y por tanto es optimista, “yes, we can!”, que es la versión anglosajona del “aquest any, sí”.

¿Qué ha ocurrido entonces con nuestro proverbial carácter cenizo? La persona que me acompañaba el día de la final de Wembley que el Barça ganó con autoridad frente al Manchester United me preguntaba, a la vista de mi estado de histeria paranoide a cinco minutos del final, que por qué estaba sufriendo si ganábamos ya por 3 a 1. Yo le contesté con total convicción: “porque si nos marcan un gol vamos a sufrir; ¡sufro por si empezamos a sufrir!”. Y de ahí, de ese sufrimiento existencial, hemos pasado a ver con optimismo una Liga que tenemos más cuesta arriba que el Tourmalet en un tándem con Falete. ¿Estará cambiando el carácter catalán?

Sí, puede ser que algo esté cambiando en nuestro sistema operativo. Ya estamos funcionando con la versión 2.0, que implementa ciertas mejoras en la ejecución de algunas subrutinas. Por ejemplo, en un debate en el programa Divendres de TV3, este lunes, sobre la conveniencia de un Estado catalán comentaron que hace unos meses se hubiera planteado en los términos independencia sí o no, y que ahora se discutía directamente del cómo y del cuándo del Estado propio. ¡Se acabó el victimismo! Los catalanes hemos recuperado el carácter del Timbaler del Bruc, que es la quintaesencia de la moral a prueba de bombas.

A nosotros, pues, nos viene de lejos el tener fe en la victoria, incluso en la adversidad más apabullante. Y el timbaler, por si les dice algo el dato, también nació en Santpedor. ¿Pero un portugués? Con todos los respetos, a un portugués le das un tambor y le dices que de un par de redobles, que el eco de las montañas se encargará de ahuyentar a las tropas invasoras, y lo único que retumbaría serían los pasos de su huída a la carrera. ¿Cómo vas a creer en la victoria en condiciones extremas después de escuchar un fado, que tiene el mismo efecto sobre el estado de ánimo que una tortilla de Lexatin?

Fíjense ustedes en la mirada de Mourinho estos días. Ese sutil brillo que se adivina en sus ojos no es por su maldad intrínseca. Es la saudade, el recuerdo melancólico de tiempos mejores -para él- en los que no tenía que medirse cada dos por tres con su bestia negra, con su principal causa de insomnio. Y también hay en sus ojos algo del dolor que todavía le causa aquél 5-0 que hizo levantar de su sillón a Rooney y a los aficionados al fútbol de todo el globo terráqueo. El portugués sí tiene motivos para el pesimismo, sobre todo si se queda en la Liga española y el timbaler de Santpedor sigue aporreando el tambor.

En twitter: @carlestorras

El futuro del huevo y el de la castaña

2 Marzo 2012 - 13:08 - Autor:

Mientras Pep Guardiola deshoja la margarita en privado, Mourinho filtra a su entorno su viaje relámpago a Londres. El primero ha procurado digerir la reflexión sobre su futuro inmediato dentro de la más estricta privacidad. El segundo no descarta ningún golpe de efecto mediático, y cuanta más bronca mejor, en pro de su interés personal. Pep ha sopesado íntimamente durante el último mes todas y cada una de sus opciones para la temporada que viene. Mou parece tener claro lo que quiere, y lleva semanas sometiendo a su directiva a todo tipo de presiones para conseguir su objetivo. No puede haber en este mundo dos maneras de ser más diferentes que las del catalán y el portugués, el huevo y la castaña.

Ayer adelanté en el programa Versió RAC1, de Toni Clapés, que Pep Guardiola está estos días muy cerca de anunciar que renueva como entrenador del FC.Barcelona. El de Santpedor ha cambiado de opinión, porque hace un mes le dijo a la directiva blaugrana que se quería ir. Con mucho atino, el representante de Rosell le pidió que se diera un tiempo, que madurase la decisión durante unas semanas. ¿Qué ha ocurrido en el ínterin? Dos factores importantes han cambiado: el principal, la mejora de salud de su hombre de confianza, Tito Vilanova. El segundo, el cambio de actitud del equipo y la reacción de sus hombres, que en bloque han implorado públicamente su continuidad.

En el lado de los contras, Guardiola ha valorado también algunos obstáculos a la opción continuista. La relación con Sandro Rosell no es desastrosa, pero es verdad que existen entre ambos ciertas áreas de desconfianza mutua que podrían actuar como auténticas bombas de relojería si no se desactivan. Y por otro lado, Pep siente cada vez más la hostilidad del poderoso grupo Godó. A título de ejemplo, la Vanguardia de hoy se pone ya a especular con el sustituto de Pep, cuando la noticia va a ser en breve su renovación.

El noi de Santpedor lo ha puesto todo en los dos platos de la balanza, ha sopesado los pros y los contras, y finalmente ha optado por la solución difícil: seguir batiéndose el cobre contra la desmotivación, la saciedad de títulos, las incipientes críticas, y demás “brotes marrones” en la hasta hoy verde pradera del barcelonismo. Y, como no, también le esperan en el otro lado de los Monegros Florentino y su corte de fieles mamporreros mediáticos.

Una guardia pretoriana que, hoy por hoy, debería estar más preocupada por meter en cintura a José “el triquiñuelas”, que ya está desplegando su catálogo de malas artes para aprovechar al máximo el crédito de puntos que tiene respecto al Barça. No sabemos exactamente cuál es el objetivo concreto que persigue el portugués, si es la típica mejora contractual o el fichaje estrella de turno que se le haya puesto entre ceja y ceja. Lo que está claro es que la visita relámpago a Londres y las filtraciones de su inminente marcha a sus altavoces (nunca mejor dicho), como el decibélico Siro López, forman parte de una estrategia parecida a la del año pasado. A Florentino todavía le duele el chantaje al que le sometió entonces Mourinho con un precontrato firmado con el Chelsea para forzar la destitución de Jorge Valdano.

Hasta Roncero estalló en Punto Pelota pidiendo a Mou que no se riera del seguidor madridista, y que si tenía que andar coqueteando con otros se largase para siempre. Lo mató porque era suyo. El despecho del macho ibérico en su expresión más descarnada.

 En twitter: @carlestorras

La trampa es creerse más guapo y mejor jugador

19 Septiembre 2011 - 16:15 - Autor:

El individuo no es mejor jugador por cobrar más dinero. De la misma forma que un equipo no juega mejor por invertir más dinero en fichajes. Si fuera así, el Real Madrid sería siempre el campeón de Liga y el Manchester United el de la Champions.

El fútbol se parece mucho a la vida. A veces no gana el más rico, juega mejor quien menos cobra, y demuestra más entrega quien peor vive. Mourinho dijo después del patido que sus chicos habían caído en “la trampa” de los malvados jugadores del Levante. Pero los ricos, los guapos y los grandes jugadores suelen caer en dos trampas cuyos tramperos son ellos mismos.

La primera, creer que el individuo está por encima del colectivo. Cristiano Ronaldo está enfadado no por el bajo rendimiento del grupo, sino porque le pitan a él más que a nadie, porque le entran a él con más dureza y no le protegen “tanto” como a Messi (sic). Su primer error: estar más pendiente de sí mismo que de contribuir al juego del equipo.

La segunda trampa en la que caen los ricos, guapos y grandes jugadores es creer que por serlo tienen más de medio partido ganado. ¿Cúantas veces Pep repite a sus hombres y a la afición, antes de cada partido, que “la feina està per fer”, que el trabajo está por hacer? Guardiola se esfuerza en mostrarles la fuerza del rival, en concienciarles de que cualquier equipo de primera tiene calidad suficiente para sacarle los colores al archicampeón azulgrana.

Cuando terminó el partido del Barça contra la Real Sociedad, Guardiola dijo negarse a decir que el resultado era culpa de sus hombres. “Ha sido por mérito del rival”, afirmó. Observen la diferencia: ayer, después de perder contra el Levante, Mourinho habló de “caer en la trampa” de las supuestas provocaciones, pérdidas de tiempo, y argucias antideportivas del equipo valenciano.

Alguien que vence al Madrid tiene que estar utilizando, por fuerza, estrategias sucias y traicioneras. Porque ya lo dice el himno (el antiguo), que los blancos van “a triunfar en buena lid”, y por lo tanto merecen la victoria por justicia divina.

La trampa de la que habló Mourinho sería una anécdota insignificante si su equipo dejase de una vez por todas de mirar al tendido, de señalar a Turienzo Álvarez por no pitar una mano, por infligirles la ya tradicional expulsión de un elemento incontrolado y por no se sabe cuántas fechorías más.

Una cosa ha cambiado: la culpa del mal resultado ya no es solamente del árbitro. También lo es de sus jugadores, por ser unos pardillos (quizás tendrán que cambiar el himno y sustituir lo de “triunfar en buena lid” por “triunfar sea como sea”). El ventilador de las culpas sigue a pleno rendimiento.

¿Las decisiones tácticas de Mourinho no influyeron en el resultado? ¿Poner a Kaká de inicio, sacar a Cristiano en la media parte para castigar a Benzemá, mantener a Coentrao contra viento y marea, también son trampas antideportivas? ¿O son autotrampas del luso?

No se retiren, que empiezan los fuegos artificiales. Ayer en Valencia empezó “la nit del foc”. Observen qué impresionante combinación de color y ruido se produce cuando empiezan a estallar en cadena tantas vanidades juntas.

En twitter: @carlestorras