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Enhorabuena a todos menos a tres

3 Mayo 2012 - 9:21 - Autor:

Después de ver la integridad de Mourinho peligrar en el peor manteo de la historia del fútbol (con participación del imprevisible Sergio Ramos), ha llegado la hora de dar la enhorabuena a los vencedores de la Liga. Ya que hemos llegado hasta aquí sin quejarnos (demasiado) de los arbitrajes, vamos a ser considerados con el campeón. Es cierto que sólo le han señalado un penalti en contra en un año entero, y uno tiene el derecho de sospechar que pueda ser el pago por todo el lloriqueo arbitral de la temporada pasada.

Pero pelillos a la mar, que será por casualidad. Rindamos honores al campeón, hagamos el pasillo simbólico a un equipo que, sin grandes alardes tácticos, ha demostrado tener un envidiable punch y, sobre todo, el instinto asesino de los ganadores. Doy la enhorabuena a mis amigos merengues, que son unos señores en la derrota y en la victoria, a los aficionados sensatos, a los directivos honestos (de haberlos), a los periodistas madridistas que procuran tener una mínima objetividad (alguno conozco), y a los integrantes del equipo. ¿A todos? No. En el caso de Pepe, por ejemplo, más que palmaditas en la espalda lo que necesitaría son trabajos sociales para compensar los destrozos causados en tibias y peronés ajenos. Y a Cristiano Ronaldo le vendrían fenomenal unas cuantas sesiones de psicólogo para aprender a gestionar mejor sus emociones. No he visto a nadie celebrar un triunfo con tanta profusión de cortes de manga, gestos agresivos y braceos de indignación.

Al que me permitirán ustedes que tampoco le dé ninguna enhorabuena es al señor del pelo gris, que lo primero que hizo al saberse campeón, mirando directamente a la cámara de la Sexta, fue señalar con sus dedos el número siete, que no son los puntos de ventaja sobre el Barça, sino los títulos de competiciones nacionales que ha ganado en sus distintos clubes. Esta proclama de mercenario es un insulto no solamente a la afición madridista, sino a todos los aficionados de cualquier equipo que sienten sinceramente la pasión por unos colores. Este señor, que dijo desde el balcón del Palau de la Generalitat que llevaba al Barça “para siempre en el corazón”, solamente es capaz de sentir aquello que le afecta en primera persona, y no empatiza con nadie que no se le aparezca en el espejo cuando se mira en él.

Lo dijo el lunes Alfredo Relaño en su columna en As: “Amigo Mourinho, esperábamos más”. El director del diario madridista apuntaba: “No me parece un logro extraordinario que el Madrid gane hoy una Copa, mañana una Liga y en dos años juegue semifinales de Champions. Eso vale para un Madrid de entreguerras”. Como verán, no soy el único que le niega la enhorabuena a Mourinho. Por algo será.

En twitter: @carlestorras

 

Pepe, el primer troglodita que pisó césped

18 Enero 2012 - 23:30 - Autor:

Lástima que el juez Baltasar Garzón, azote de malhechores y forajidos, está ahora fuera de combate dando explicaciones al Tribunal Supremo, porque sería el único capaz de parar a ese ser que es un compendio de todo lo que no debe de ser un deportista: el homínido Pepe. Pisar alevosamente la mano del mejor jugador del mundo es una de esas acciones que pasan a la posteridad en la galería de los horrores, junto con el dedazo de Mou o el patadón sin balón del propio gorila Pepe a la espalda de un compañero tumbado en el suelo. Enhorabuena al mandril Pepe, ya ha protagonizado dos estampas de la crónica negra del fútbol.
Cuando Guardiola dijo aquello de que había que tener cuidado con las palabras y los gestos -y los dedos- de los entrenadores, porque “acabaremos haciéndonos daño” se refería justamente a acciones como la del orangután Pepe. Esa es la senda que siguen los jugadores madridistas, corriendo en la dirección que les señala el dedo de Mou, como proclamaba la famosa pancartita del Bernabéu.
Los últimos minutos del partido fueron la demostración más palmaria de la impotencia y la rabia en su peor presentación, cuando se combinan con la violencia y la brutalidad. Las patadas a Messi, Alexis y Sergio Busquets por parte del Neanderthal Pepe, de Xabi Alonso y de Sergio Ramos fueron como el asalto de una banda callejera en el peor barrio del extrarradio. Y la plasmación en hechos de la teoría mourinhista del fútbol: repliégate, busca contras, y si te atacan defiéndete a hostias. No sé la historia del fútbol qué lugar deparará al portugués. La historia del crimen seguramente sí le hará justicia reservándole un lugar privilegiado.
Al final del encuentro, en la entrevista que le hizo Canal Plus, Emilio Butragueño intentó ser caballeroso reconociendo y alabando el gran juego azulgrana. Pero al final le preguntaron por el pisotón del australopitecus Pepe y echó su esfuerzo de magnanimidad por los suelos disculpándole: “hay que entender la presión y la pasión con la que viven los jugadores en el campo”. Pues no, Emilio, no. Los crímenes pasionales los castiga la justicia con la cárcel.
Que alguien ponga cordura en todo esto porque está claro que en el club de la Castellana todo el mundo ha perdido la brújula y caminan peligrosamente hacia la oscuridad del pleistoceno.
Solamente me queda ya pedir disculpas a orangutanes, mandriles y gorilas por haberlos puesto a la misma altura de un infraser.

En twitter: @carlestorras

¿Del villarato al villanato?

21 Noviembre 2011 - 11:52 - Autor:

Al Madrid le sientan francamente bien los ascensos de la derecha al poder. Se opera en las mentes de jugadores, directivos y seguidores un vuelco inspirador que los sitúa en plena sintonía con su hábitat natural. Después del mestallazo, el madridismo se ve ya campeón de Liga, a falta de 25 partidos y con 75 puntos todavía en juego. Por optimismo que no quede.

El argumento esgrimido: el Real Madrid está ganando allí donde el Barcelona ha pinchado (Mestalla y Anoeta). Sin querer quitar mérito a la épica victoria blanca en el estadio valencianista, al equipo de Mourinho le faltará mantener en la segunda vuelta un ritmo similar a la primera -cosa nunca vista hasta la fecha- y no perder, como ha sucedido en los últimos años, los seis puntos en liza con el Barça. Si consigue ambos objetivos, será campeón de Liga y habrá que quitarse el sombrero y reconocerle el mérito. Mientras tanto, permitan que sucumbamos al placer de señalar los claroscuros del equipo blanco en el momento presente.

Vi el partido del sábado en casa de valencianistas afincados en Madrid, y su primera impresión, como la mía, fue que el Madrid no mereció ganar el partido. En caliente, uno se deja llevar por la simpatía hacia el equipo que tiene más posesión del balón, más esfuerzo creativo, más ganas de llevar el timón del partido y de plantear un dibujo táctico con mayores posibilidades de éxito que el simple pelotazo adelante, la carrera por la banda, y el centro al área.

En una segunda reflexión, aceptaremos pulpo como animal de compañía y que el estilo de Mourinho es también fútbol legal. Es una propuesta más vieja que el hilo negro y más simple que el mecanismo de un botijo. Pero no menos exigente que otras a nivel físico e incluso técnico. Salir replegado y bien ordenado atrás para, desde la retaguardia, construir un ataque abreviado y certero.

Nada que decir. Únicamente que tienen que transcurrir largos minutos de juego pelotero de colegio para que veas un destello -de categoría, eso sí- como el gol de Benzemá. Genial el control y el disparo a la carrera.

Otra cosa fue la imagen que dieron los jugadores y, sobre todo, el entrenador. Es cierto que Mestalla se ha vuelto una plaza muy adversa al Madrid, donde sus jugadores son peor recibidos que los del Barça, que ya es decir. Pero ello no justifica la sobreactuación en las celebraciones de Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo y Mourinho -que pareció querer entrar en Jerusalem a lomos de un asno y ser saludado con las hojas de palma por sus acólitos-, las contínuas tanganas para poner presión sobre al árbitro y para romper el ritmo natural del partido y el juego duro exhibido, con gran cantidad de tarjetas amarillas recibidas. El fair play del equipo volvió a quedar en entredicho.

Mourinho tendrá que retomar el tratamiento desde el inicio, porque lo del sábado fue una recaída en toda regla.

El penalty en el último minuto fue una jugada aislada de la que no se pueden extraer grandes conclusiones. Si hubiera pasado el balón por encima de Higuaín, todavía tenía que superar el obstáculo de Íker Casillas y del posible fuera de juego de Aduriz. Y si nosotros tenemos que ver doscientas tomas de televisión para determinar si Higuaín la tocó con la mano -como así sucedió-, no le pidamos al árbitro que lo vea a la primera, en tiempo real y con la prisa por terminar el partido.

Además, si el Valencia llegó hasta ese minuto con un gol menos fue porque su defensa no supo evitar los tres goles (inapelables) del Madrid. Cargar sobre el árbitro la responsabilidad de la derrota es, una vez más, injusto.

Ya lo dice Di Stefano en el Marca en referencia a la reacción valencianista: “con gimoteos y persecución no se ganan los partidos”. Lástima que no lo escribiese también cuando el que gimoteaba y hablaba de persecución era Mourinho.

Ahora habrá que preguntar pues a los propagadores del concepto “villarato” si ha cambiado el ciclo y entramos en el “villanato”. Es decir, el reino en el que triunfan los villanos, los que no saben expresar con corrección y respeto sus alegrías sobre el terreno de juego.

En twitter: @carlestorras

 

Tangana patriótica versus tangana cantonalista

21 Septiembre 2011 - 11:13 - Autor:

El chico hace tiempo que entró en confusión mental severa y habrá que hacerle un pequeño croquis para resituarle.

Por suerte las irreverentes críticas de todo un entrenador del Real Madrid a la épica selección española se vieron por televisión, porque de lo contrario todos hubiéramos dudado de su existencia. Hasta nos provocó un leve atisbo de ternura observar cómo Mourinho, máximo dirigente deportivo del club más españolísimo de todos, penetraba de forma tan despreocupada y alegre en tan frondoso y espinoso zarzal.

¿Cómo se atrevió el muy incauto ni tan siquiera a mentar la escuadra nacional más laureada e incuestionable de la historia de España? ¿Acaso es él español para permitirse tanto atrevimiento? Eso es como si uno critica su ciudad o si la critica alguien que viene de fuera No es lo mismo.

Coincidiremos en que no hay desde la última hazaña bélica española, protagonizada por Federico Trillo y José María Aznar en Perejil, acontecimiento internacional más heroico que los triunfos de la selección de Aragonés y Del Bosque. ¿Y tendrá que venir ahora un portugués, en plena capital del ex Imperio, a ponerle peros al legendario equipo que lleva la camiseta roja como emblema?

Tamaña afrenta no puede ser defendida con argumento alguno. Pero el portugués, ajeno al respeto debido al combinado nacional, se atrevió incluso a justificar su ofensa. Dijo que a la selección se le permite lo que al Madrid no: provocar tanganas. Pero, ¿cómo osa siquiera sugerir que su equipo, que por muy capitalino que sea no representa a la postre más que la expresión de la parte, pueda obtener los derechos que corresponden a quien encarna la sagrada unión de todos los españoles? ¿No tuvo que intervenir el general Pavía para poner fin a los experimentos cantonalistas de la Primera República? ¿Por qué insiste el portugués en tan innoble e insolidaria vía?

Los jugadores de la selección nacional pueden provocar todas las tanganas que consideren necesarias. Faltaría más. Como si quieren organizar misas negras o reuniones de tuperware. Serán por el bien común de todos los españoles.

Lo de Mourinho no hace más que confirmar la rareza de los portugueses, que pudiendo ser españoles decidieron no serlo. ¡Habrase visto gente tan irreflexiva!

El propio virus cantonalista ha penetrado e infectado ya al propio equipo. Los jugadores blancos, después de su primera derrota en Liga (no ha hecho falta esperar a la segunda) han penetrado ya en un reino de taifas en el que se observan, como mínimo, cuatro grupos.

Vamos por orden de los más a los menos numerosos. El más poblado es el de los portugueses y turco-alemanes. Parece una alianza de las de la primera guerra mundial, pero no. Son los jugadores que prestan su apoyo decidido aunque silente a Mourinho, y constituyen de hecho el grueso de sus alineaciones. Muchos de ellos han llegado al Real Madrid de la mano del luso y difícilmente romperán este vínculo económico-afectivo.

En el segundo grupo está la guardia de korps del portugués: Pepe y Khedira. Dos hombres que destacan por ser más mourinhistas que Mourinho. Saltan al terreno de juego como dos perros de presa lanzando espumarajos, sobreexcitados por la presencia del dueño, que los espolea constantemente a la lucha. Cuando aparecen con una tibia de delantero entre sus fauces, el portugués les acaricia satisfecho la cabeza y ellos, como está mandado en la ley perruna, babean y menean el rabo.

En el tercer grupo están los potenciales desafectos que todavía no se atreven a levantar la voz. Ahí están Xabi Alonso, Sergio Ramos y Arbeloa, dudando entre seguir al rebaño sanguinario o entablar un doloroso motín contra el entrenador. En este grupo estaría curiosamente también Cristiano Ronaldo, el único jugador que osó criticar el juego del equipo en público, después de la eliminatoria de Champions, y que cada vez que le preguntan si ficharía por el Barça, no lo descarta. Es guapo, rico, gran jugador, y muy iluso.

Y en el cuarto grupo no hay grupo. Sólo está Iker Casillas, el llanero solitario. Ignorado por sus compañeros, alejado del entrenador, es quien mejor relación mantiene dentro del vestuario con el presidente Florentino Pérez. El empollón de la clase, enchufado de la maestra, con pinta de buen niño pero que es odiado por sus compañeros. Eso sí, que le quiten lo bailao cuando llega a casa y le dedica una sonrisita a la prensa.

Y por si fuera poco desalentador el panorama, el entorno mediático también se cantonaliza. Eduardo Inda, ex director de Marca, criticaba duramente el lunes en Futboleros a Mourinho; el diario As titula hoy que el luso con la selección “crea otro incendio”, y Relaño califica al portugués de “friki”.

“Senyor pirotècnic, l’espectacle pot començar”. Sigamos disfrutando del castillo de fuegos, que progresa con gran estruendo y colorido. Oooooooh.

Siempre se queja más alto quien menos debería quejarse

3 Junio 2011 - 9:19 - Autor:

El Madrid se ha ofendido porque en el museo de la Federación Española de Fútbol esté expuesta la maltrecha copa del Rey que Sergio Ramos precipitó desde lo alto del autobús durante uno de sus múltiples paseos triunfales por las calles de la capital. Consideran que es “una burla“ al equipo blanco, y lo atribuyen al “distanciamiento” entre el club y el organismo federativo, según informa hoy el diario ‘As’.

Parece bastante lógico que el trofeo esté deteriorado, de tanto como lo han exprimido, paseado, y enarbolado. Nunca, ni en sus épocas más negras, ni cuando el joven Kubala jugaba de azulgrana, el Madrid había celebrado tanto una copa del Rey. Nunca había sacado tanto pecho después de ganar al eterno rival con un gol de contraataque en la prórroga después de no conseguir disparar entre los tres palos en toda la segunda parte. Una victoria pírrica con el sello de homologación de Mourinho.

Es una metáfora perfecta, pues, que el trofeo esté hecho añicos. Si el Madrid no lo hubiera utilizado como arma arrojadiza y se hubiera agarrado a él con tanta fuerza para superar la prueba de esta temporada, probablemente el latón no presentaría tantas magulladuras. Quizás alguien en la FEF tuvo la sensibilidad artística de saber leer este simbolismo del destino, y percibió ahí un valor histórico que merecía ser expuesto. O simplemente la gente que visita el museo tiene curiosidad por saber cómo quedó la copa después de pasar por las manos del lateral andaluz.

En cualquier caso, es exagerado hablar de “burla” al Madrid, y buscar una vez más extrañas conexiones, ocultas manos negras y aviesos intereses detrás de la decisión de exponer un trofeo descompuesto.

Imagino que cuando estos periodistas se quejan de la existencia de manos negras se referirán a cuando el delegado nacional de Deportes, el general Moscardó, aprobaba una ley que impedía el fichaje de extranjeros justo después de que Di Stéfano firmase un contrato con el Barça, y luego el mismo Moscardó establecía una excepción para que el argentino pudiera fichar por el Madrid. O se referirán al famoso 11-1 de 1943 en el Bernabéu, cuando el director de la seguridad del Estado, José Finat y Escrivá de Romaní, visitó el vestuario azulgrana para decirles a los jugadores que jugaban “gracias a la generosidad el régimen”, que les había perdonado su “falta de patriotismo” por haber errado el bando en la guerra civil. O cuando el árbitro Guruceta Muro pitó un penalti en 1969 contra el Barça y a favor del Madrid más de un metro fuera del área, y el presidente del Comité Nacional de árbitros, José Plaza Pedraz, decía que “mientras yo sea presidente el Barça no será campeón de Liga”.

Eso eran manos negras de verdad, y no las que ve la Central Lechera.

El director de un diario deportivo de Madrid al que no pienso hacer publicidad se permite hoy reproducir un chiste que le contó un amigo: “el Madrid ha ganado tantas copas que las tira, y el Barça se tira para ganarlas”. Un chiste que nos vendría al pelo para responder: actualmente el Barça tiene copas para regalar, y el Madrid tiene las que le han regalado. Pero no sería justo, ya hace 35 años que vivimos en un régimen democrático.

En twitter: @carlestorras

El Madrid, ¿equipo “anti español”?

14 Mayo 2011 - 18:26 - Autor:

“El increíble hombre menguante” es una película del año 1957 en la que el protagonista se ve expuesto a una niebla radiactiva que provoca en su cuerpo una reacción inesperada: empieza a empequeñecer hasta medir unos pocos centímetros. Debido a ello, el hombre sufre un profundo cambio de carácter y debe aprender de nuevo a relacionarse con su entorno, que lo supera y humilla. Análogo proceso afecta al Real Madrid, expuesto a una niebla de rabia y frustración. El otrora club laureado y aclamado es hoy una versión en miniatura de sí mismo, que encuentra en la denuncia federativa a su rival el único consuelo ante su decadente realidad. La pataleta administrativa para suplir la inoperancia deportiva, aunque esta deriva cainita esté desgastando la imagen internacional de España.

No seremos nosotros quienes defendamos a Sergio Busquets si realmente llamó “mono” a Marcelo, porque si el insulto a un compañero demanda buenas dosis de miseria intelectual, la denigración por motivos de raza es patrimonio exclusivo de mentes diminutas. Y evidentemente nadie se tapa la boca para decir “mucho morro”, como aseguran los servicios jurídicos del club que dijo el centrocampista catalán. Es reprobable, aunque sea exagerado tachar de racista a Busquets, de la misma forma que nadie piensa en la literalidad del insulto cuando llama “hijo de puta” a alguien.

Pero suponiendo que haya que castigar a Busquets para evitar que se propaguen actitudes racistas en el deporte, no habría que hacer entonces algo con los gritos simiescos que se oyen en el Bernabéu cuando algún jugador de color, tipo Samuel Eto’o, toca el balón? ¿No son también furibunda xenofobia los insultos del público madridista a Cataluña? ¿Y los comentarios despectivos de Sergio Ramos con el idioma catalán ante su compañero de selección Gerard Piqué por el grave delito de responder a un periodista en su lengua natal? No recuerdan a un presidente madridista saltando al compás del “bote bote catalán el que no bote”?¿Y no habría que castigar también la homofobia, gritar “maricón” a alguien a modo de insulto, como se hizo con Guardiola en el último clásico en el Bernabéu? ¿Y el machismo de los que llamaron “puta” a Shakira por tener el atrevimiento de mostrar en público su amor hacia Piqué?

La pregunta es: ¿la estrategia del Madrid va a consistir a partir de ahora en abanderar una campaña ante las altas instancias federativas para erradicar cualquier comportamiento xenófobo o abusivo de los terrenos de juego? Si al club blanco lo mueve la conciencia filantrópica, podría empezar por impedir que en sus fondos ultras se exhiba simbología neonazi y banderas pre constitucionales, que contrastan un poco con tanta corrección política en los despachos.

Pero también cabe la posibilidad de que el Madrid lo que pretenda sea torpedear a su rival para dificultarle en lo posible la consecución de su cuarta copa de Europa, y frenar así las cada vez más lacerantes comparaciones entre ambas instituciones deportivas. En el viejo continente habrá pocos precedentes de equipos que zancadilleen a otro del mismo Estado de forma tan evidente. ¿Hubiera actuado igual el Madrid si la posible suspensión de Busquets le hubiera supuesto perderse una final del Mundial con la selección española?

Lo que parece evidente, en cualquier caso, es que si la historia se hubiese producido al contrario, y el Barça denunciase a un jugador blanco antes de disputar la final de la Champions, el club blaugrana hubiera sido tachado de “anti español”. Paradójicamente, es imposible que reciba semejante calificativo una entidad, el Real Madrid, que está haciendo lo posible por enfrentar a jugadores de la selección española, provocando la preocupación del mismísimo Del Bosque, y que intenta perjudicar los intereses internacionales de otro equipo español. Esta es la asimetría territorial que impera en este país.

El Madrid aduce que fue el Barça quien empezó la guerra al denunciar a Mourinho por sus insinuaciones posteriores al 0-2 del Bernabéu. Pero recordemos que la UEFA ya había actuado de oficio ante la gravedad del asunto, puesto que el técnico luso estaba insinuando claramente comportamientos delictivos del árbitro, de Villar, de Platini, de Unicef y por supuesto de la directiva azulgrana. Le faltó incriminar a Bob Esponja ¿Se puede comparar esto con el reprobable pero aislado insulto de Busquets a Marcelo?

Parte de la prensa deportiva catalana pide que el Barça rompa oficialmente relaciones con el Madrid. La desestabilización institucional es justamente lo que buscan personas como Mourinho o Florentino, recientemente transformado en pandillero de despacho. Probablemente, la mejor respuesta a las provocaciones del Madrid sea sonreír al fotógrafo mientras se levanta la cuarta copa de Europa. ¡Ánimo chicos!