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La increíble transformación del hombre blanco

6 Mayo 2011 - 16:41 - Autor:


El espíritu de Mourinho ha poseído al Madrid y no piensa liberarlo hasta que lo haya exprimido, deshidratado, liofilizado y momificado. Y si las fuerzas del bien no lo remedian, parece que se tomará aún su tiempo hasta conseguirlo. Como el flautista de Hamelín, ha conseguido llevarse a toda la parroquia blanca hasta el precipicio. Todos a una, prensa, afición y directiva le siguen los pasos como un ejército de zombies enrabietados al grito de “nos han robado” y siguiendo el compás de los “por qués” lanzados por el luso.
Mientras terminan de pasar los efectos de la psicosis colectiva, de la histeria que contamina el aire, del azufre irrespirable, empiezan poco a poco a oirse las voces de los que, con sentido común, plantean qué se puede hacer para evitar que la temporada que viene acabe de forma tan apoteósica como esta. Tomás Campos, en su blog en el diario Marca, señala que “lo que no puede hacer [el Madrid] es instalarse en el victimismo permanente por la sencilla razón de que no sacará nada bueno de ello. Ni la UEFA va a dar su brazo a torcer, en el supuesto caso de que admitiera que ‘mima’ al Barça -algo impensable-, ni el resto de los clubes comulgan con el actual ideario merengue”.
Un buen día hasta el más forofo de los madridistas se despertará por la mañana y, como Newton recibiendo el manzanazo, comprenderá que la expulsión de Pepe no fue motivo suficiente para perder 0-2 en casa, que lo de Higuaín no fue un gol anulado puesto que el árbitro pitó antes del disparo, y que un entrenador no puede hablar de “robo” después de un partido ni acusar sin pruebas a la UEFA de parcialidad, en el mejor de los casos, o de corrupción en el peor.
A lo mejor el manzanazo le dará hasta para comprender que un buen entrenador podría sacar mucho más partido de la extensa y carísima plantilla blanca para conseguir algo más que una Copa del Rey, que ganada en solitario ha sido siempre consuelo de equipos de segunda fila. Y con un poco más de esfuerzo, quizás comprenda que lo de Mourinho es una estrategia para ganarse a la afición agarrándoles por las tripas, por la vísceras, hurgando en sus mas bajas pasiones. Y esto, en realidad, es un insulto a la inteligencia de los madridistas.
Mourinho es un entrenador de corte capelista, de los que nunca han gustado en Madrid. El público madrileño ha apreciado siempre el juego preciosista de Di Stefano, de la quinta del buitre, de la selección de Xavi e Iniesta. Y ha repudiado a los peloteros, a los tractoristas del balón y a los tuercebotas primitivos. ¿Cómo ha conseguido pues Mourinho metérselos en el bolsillo? Pues prometiendo agua en mitad del desierto, presentándose como el antídoto perfecto para sus males, prometiendo la cabellera del odiado rival en bandeja de plata. Algo que no se ha producido, y que ha provocado la cortina de humo del eterno lamento.
Para centrarnos todos, podríamos releer al director del diario As, Alfredo Relaño, que en el año 2002 decía: “el camino bueno es ignorar las injusticias del azar (una de cuyas formas es el arbitraje) y poner uno de su cuenta los mejores medios. El camino malo es repetirse como una letanía que al rival se le conceden favores y que juega con ventaja, porque eso equivale, justamente, a darse por vencido”. Por si no ha quedado claro, se refería Relaño al Barça de Carles Reixach.
Hoy, en el blog que tiene colgado en As, el inventor del término “villarato” afirma: “Llevo cincuenta años siguiendo el fútbol español y no recuerdo casos de apoyo explícito tan sostenidos a un club, y si alguien me los puede aportar lo agradeceré”. Se refiere en este caso al Barça de Guardiola.
Causa admiración al observador imparcial un cambio de opinión tan vistoso. Pero lo que sorprende más es que los mismos que acusan en el siglo XXI a un organismo internacional de favorecer a un club en detrimento de otro, con la multitud de intereses opuestos que conviven en una organización como la UEFA, luego niegan que en una España sometida al puño férreo del dictador se favoreciera al Real Madrid. Esto si son piruetas argumentales en el aire, y no lo de Alves ante el plantillazo de Pepe .

Pep y Mou, cara y cruz

7 Abril 2011 - 9:32 - Autor:

No hace falta ser un hacha para apreciar diferencias entre Pep y Mou. Pero a medida que se acerca el final de las tres competiciones, el contraste natural que se nos ofrece es espectacular. La presión de las semifinales y finales acrecenta el abismo entre sus formas de hacer. Mou sigue fiel al lloriqueo, y Pep a no bajar la guardia ni ante un equipo de guardería. Y no me refiero al Shaktar Donetsk, que nos dio tres sustos seguidos con el 1-0 que nos podrían haber costado la eliminatoria.

Mou ha tirado la toalla en Liga. La tiró hace tiempo. Hace semanas que prefirió centrar sus esfuerzos en buscar excusas, tretas y regates cortos para salir airoso del trance. No hace falta recordar villaratos, partidos supuestamente regalados al Barça, ayudas de la Federación, calendarios propicios, dopajes, y todo el manojo de, como se dice en catalán, “excuses de mal pagador”. Ayer volvió a las mismas, para lamentar que solamente Guardiola puede pedir a sus jugadores que provoquen tarjetas para forzar el partido de sanción. Sólo le faltaría denunciar que alguno de los jugadores azulgrana son en realidad extraterrestres. Aunque en eso quizá no le faltaría razón del todo.

En otras épocas, como muestra la foto del año 1980 que nos envía el amable twitero @kikecanabal, fue la afición blanca la que se reía de los lamentos de sus rivales ante su superioridad futbolística. Está claro que el lloriqueo va por barrios y hoy esa pancarta podría estar en el Nou Camp.

El entrenador del Madrid, según admitió Florentino, fue el fichaje galáctico de la temporada. Se le fichó justo después de descabalgar al Barça de la Champions y de evitar a la sufrida parroquia blanca ver a Puyol levantar la más codiciada copa en el Bernabeu. Se buscó un efecto parecido al del fichaje de Figo en su momento. Era la gran esperanza blanca para poner fin al mandato culé en España y Europa. Era el antídoto contra el veneno barcelonista, la única persona capaz de poner diques al tsunami de juego barcelonista. Y a la primera de cambio, al Moisés del madridismo le cayeron cinco. Y la exhibición de superioridad del Barça fue lacerante.

Ese resultado marcó un punto de inflexión en la estrategia de Mou. Vio claro que ganarle el pulso a su rival en una competición que premia la regularidad era prácticamente imposible, hoy por hoy. Decidió posponer esa guerra e intentar ganar batallas sueltas. Esas batallas se llaman Copa del Rey y Champions. Son su esperanza. Como buen jugador de póker, Mou vive de calcular sus posibilidades de éxito jugando las cartas que tiene, no las que le gustaría tener. Y combinar ese posibilismo con algún que otro farol. En faroles se la ha ido la mano, pero lo cierto es que mantiene opciones.

Pep no es un jugador de póker. Es un excelente conocedor de la mentalidad del seguidor azulgrana, de los ancestrales errores cometidos por la directiva, y del famoso “entorno” mediático que tanto martirizó a Cruyff . Ayer hubo un episodio sintomático entre Pep y Jordi Grau, un polémico reportero de TV3 que realiza las entrevistas a pie de césped. A todos aquellos que creen que TV3 y Barça son dos patas de un mismo ente, les recomiendo que busquen las imágenes del citado encontronazo periodístico.

Pep sabe que el público culé oscila con demasiada facilidad entre el desánimo y la inseguridad y la euforia incontenida. TV3 estuvo diciendo en las jornadas previas que el Shaktar Donetsk era un rival asequible para el Barça. Y quien viera el partido, independientemente de su resultado, se dio cuenta que de eso, nada. Fue un equipo muy rocoso, con tres brasileños muy rápidos, que pusieron al equipo azulgrana en apuros durante largas fases del partido. Y efectivamente, si yo fuera Pep no iría a Ucrania con un equipo de circunstancias. Por eso, ante TV3, Pep quiso poner de manifesto cuales son sus cartas preferidas: la humildad, la prudencia, el trabajo y el “seny”. Es un lenguaje que el catalán entiende muy bien.

Es divertido ver cómo Pep y Mou se manejan ante sus respectivas parroquias. Es cierto que el fútbol español se ha convertido en cosa de dos. Pero el espectáculo futbolístico, estratégico, mediático psicológico y sociológico está resultando excelso. Gracias a ambos.