Guardiola se puede ir, el ‘guardiolismo’ no
Tengo la firme impresión que nos podemos ir de vacaciones con la certeza de que el Barça nos seguirá dando grandes alegrías la temporada que viene. Mientras Pep esté al mando, el tesón, la motivación y el talento estarán garantizados. Estas armas, que son los pilares del método Barça, no se combaten ni con 10 fichajes estratosféricos, ni con un entrenador-alborotador ni con la Central Lechera a pleno rendimiento. Por suerte y a pesar de todo, el fútbol sigue siendo un deporte y no el parqué de la bolsa, y los jugadores son deportistas, no miembros de un consejo de administración.
La triple combinación de sistema de juego, hombres adecuados para llevarlo a cabo, y motivación del grupo está dando grandes resultados al FC Barcelona. No hay elementos que nos hagan pensar que alguno de estos tres parámetros vaya a cambiar, sino todo lo contrario. El fichaje de Cesc y el de Rossi, si se confirman, habría que leerlos en clave de futuro, de relevo generacional, y no tanto de presente.
Un comentarista de la prensa de Madrid decía que Cesc es un “gran innecesario” para el Barça. Efectivamente, ¿a quién puede necesitar este equipo después de alcanzar semejante nivel de excelencia? El propio periodista sería un “gran innecesario” si su periódico vendiese 7 millones de ejemplares cada día, que no es el caso.
Pero en la cabeza del entrenador no está solamente la próxima temporada. Decía Pep en una entrevista reciente que él no hace nada que no hagan los demás entrenadores. Y se le podría objetar que no es del todo cierto: él puede pensar en el medio y largo plazo. Otros compañeros suyos no pueden permitirse ese lujo, porque tienen que lidiar con la inmediatez. Cuando uno camina sobre ascuas, bastante tiene con no abrasarse los pies como para encima andar pensando en qué bonita luna hay.
En cambio, la preocupación de Pep, hoy en día, no es llegar. Es mantenerse. Y eso es lo que marca la diferencia entre un gran entrenador y un entrenador de los grandes.
El día de la final de Wembley me comentaba en Londres una amiga no barcelonista a la salida del partido: “cómo se nota que ya estáis acostumbrados a ganar: termina el partido y la gente se va tanquilamente al metro y a cenar”. Efectivamente, estamos en aquella fase de saciedad de títulos en la que lo fácil es amodorrarse. En el deporte, cuando desparece la ansiedad por conseguir títulos, aparecen la molicie y la relajación de costumbres. Por eso nos hace falta un “enfermo del fútbol” –en palabras de Puyol- y un forofo culé para dirigir al equipo. Pep es una máquina de fabricar y distribuir ansiedad.
Pero claro, el hombre no es biónico ni va a pilas. Algún día tendrá que dejarlo. ¿Será la próxima temporada la última de Pep como entrenador? Posiblemente. No obstante, nos ha dejado bastantes pistas de que no es una persona a quien le guste improvisar, dejar las cosas a medias, ni rehuir las responsablidades. Estoy convencido de que dejará el equipo en buenas manos y con la segunda generación del Pep Team en la línea de salida. En ello está pensando ya.
Hasta que llegue el momento del relevo y tengamos que abordar esa delicada tansición, sigamos disfrutando de la era Guardiola. Será difícil encontrar esa combinación de pasión y razón, pero al menos el camino estará marcado.
En twitter: @carlestorras


Comentarios recientes