La ignorancia sincera
Dicen los psicólogos que una persona que se relaciona con sus semejantes sin tabúes, sin filtros, está en la antesala de la sociopatía. La sinceridad es buena. Pero si no somos capaces de modularla se transforma en una bomba de relojería.
Lo define bien un dicho popular: solamente los niños y los borrachos dicen siempre la verdad.
En la vida adulta, si queremos conseguir unos objetivos determinados debemos aprender a desarrollar algunas habilidades sociales. La asertividad, la empatía, la comunicación no verbal, la planificación, y la sinceridad en su justa medida son algunas de estas pequeñas estrategias que se suelen adquirir de forma natural.
Dicho en otras palabras: ¿qué valoramos más de un compañero de trabajo, que sea eficaz, educado y respetuoso o que sea sincero? Si no somos santo de su devoción, ¿será mejor para una relación laboral provechosa que nos lo espete a la cara o que se lo guarde para si?
Incluso en la relación de pareja la sinceridad total es una peligrosísima arma de destrucción masiva. Hay zonas del comportamiento y del pensamiento humano que deben quedar veladas, porque descubrirlas puede dañar al entorno más cercano de la persona y, a la postre, al propio interesado.
Enrique Jardiel Poncela sintetizó esta idea en el aspecto de las relaciones sociales: “la sinceridad es el pasaporte de la mala educación”. En la vertiente política, Martin Luther King no pudo decirlo más atinadamente: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.
El activista afroamericano parecía, de hecho, que estaba refiriéndose con esta máxima a las críticas que ha venido recibiendo Pep Guardiola de gente tan experta en las relaciones interpersonales como Ibrahimovic, Eto’o o el propio Mourinho. Dicho de otra manera, antes conocerás a una persona observando a sus detractores que a sus aduladores. En el caso de Pep, como apuntaría Schuster, “no hase falta disir nada más”…
El caso de Bojan es diferente. En una larga entrevista en TV3, el chaval reconoció que gran parte del problema fue su dificultad para expresar al míster su insatisfacción. Admitió que cuando lo intentaba, sentía un bloqueo que le impedía transmitirle sus sentimientos. Descargó al míster de toda culpa. Aunque Pep admitió también públicamente que con Bojan “no he sabido hacerlo mejor”. Estos desencuentros civilizados son moneda corriente en las relaciones laborales.
En cambio, Víctor Valdés explicó recientemente que hasta que llegó Guardiola al banquillo, él no había llegado nunca a disfrutar como portero de fútbol. Pep fue quien le hizo entender que la posición de cancerbero era tan importante dentro de su esquema de juego como cualquier otra. Magnífica estrategia de motivación. De manual.
Xavi e Iniesta, dos chicos listos sobre el césped y fuera de él, destacan siempre las dotes organizativas, humanas y comunicativas de Guardiola. ¿Qué más se le puede pedir a un entrenador?
Señalar que el entrenador del Barcelona esconde su verdadero yo detrás de unas declaraciones públicas siempre templadas y que reprime su auténtico carácter bajo un comportamiento impecable no deja de ser, pues, un gran cumplido. Porque es gracias a estas habilidades sociales, y no a su gran corazón, que Guardiola ha conseguido motivar y cohesionar al equipo y elevarlo hasta la excelencia casi absoluta.
Ante este éxito rotundo, ¿qué importa la auténtica personalidad de Guardiola?. ¿Queremos que se case con nuestra hija o nos conformamos con que haga del Barça actual un equipo para la Historia y encima lo represente con elegancia, respeto y solidez? Yo, con lo segundo, ya me doy con un canto en los dientes.
Lo que sí es hipocresía, y de la buena, es pretender destruir a un rival con argumentos falaces, enmascarar la rabia bajo la apariencia de la crítica objetiva, y retorcer la realidad para mostrarla según la propia conveniencia.
Y estas otras “habilidades” el Real Madrid actual y parte de su entorno mediático las han tomado como bandera. Que sigan revolcándose en polvos pica-pica.
En twitter: @carlestorras








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