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Carles Puigdemont se va a Bruselas para mentir en inglés, francés, catalán y español

31 Octubre 2017 - 23:11 - Autor:

Carles Puigdemont organizó una rueda de prensa en Bruselas que fue calificada por algunos periodistas que estuvieron allí como “la más caótica de mi vida”.

Ese caos era la metáfora de lo que ha dejado Puigdemont en Cataluña: ha logrado que huyan las empresas, que escapen capitales, que se divida la sociedad, y encima, se escapa con su equipo en el momento clave dejando boquiabiertos a los catalanes. Si aún queda alguien que piensa que este hombre es un político capaz, debería ir al psicólogo.

Lo más sorprendente de Puigdemont es su capacidad para mentir. Usó el francés, el inglés, el catalán y el español para decir que en España no hay separación de poderes, que se le está persiguiendo por sus ideas, que está en Bruselas “para evidenciar ante todo el mundo el grave déficit democrático que se da ahora mismo en el Estado español”, añade que “la querella [de la Fiscalía] confirma de principio a fin la extrema agresividad que plantea el Estado español”… Y tal.

No ha acertado ni una. Y además, ningún gobierno europeo le ha dado credibilidad.

En España no se persigue a la gente por sus ideas, sino por sus hechos, los cuales, en el caso de constituir delito, suponen el riesgo de ir a la cárcel. Quien le está persiguiendo es la Justicia por hacer algo ilegal como declarar la independencia. El déficitr democrático es el que él y su equipo perpetraron cuando se saltaron las normas del Parlament y del Estatut catalán para aprobar ilegalmente una ley de Transición y una declaración unilateral de independencia. Y sobre la agresividad, que se lo diga a los catalanes que no comulgan con sus ideas, los cuales son amedrentados en los colegios y en la calle.

Imposible decir más mentiras. Bueno sí. Las ha dicho en cuatro idiomas lo cual es como mentir cuatro veces más.

 

La encrucijada de Seat: bautizar su nuevo coche entre un nombre catalán y otro no catalán

24 Octubre 2017 - 6:47 - Autor:

Seat puso en marcha una campaña popular para elegir el nombre del nuevo vehículo que saldrá en 2018. Miles de votantes propusieron nombres y tras varias selecciones quedaron cuatro finalistas: Ávila, Aranda, Alborán y Tarraco. “Por primera vez en nuestra historia, la gente habrá elegido el nombre del próximo Seat”, dice la página web de la marca.

Como se ve, uno procede de los nombres que los romanos dieron a Tarragona (Tarraco), y los tres restantes de localidades fuera de Cataluña. 

Lo que estaba destinado a ser una campaña de publicidad ingeniosa para crear expectación se ha convertido en un dolor de cabeza para la marca. La disyuntiva es la siguiente: si el nombre elegido es Tarraco, puede ser que cause rechazo en el resto del país por el momento tan difícil que se vive en Cataluña. Si no es catalán, entonces es posible que se encuentre con el rechazo de parte de Cataluña.

La empresa ha decidido retrasar el anuncio hasta que vuelva el “contexto de estabilidad”.

En principio, no debería ser un problema porque se trata de un nombre simplemente. Pero dado el instante emocional que se vive en España, todo puede ser politizado. Muchas empresas ubicadas en Cataluña están sufriendo el boicot por parte de los consumidores. Cavas, pizzas, aguas minerales, fuets, bancos… No conocemos el alcance de este boicot pero está claro que existe.

Los bancos catalanes han decidido mudar la sede fuera de Cataluña para suavizar el impacto que el independentismo está teniendo en las cuentas corrientes. Pero esa medida se ha encontrado con el propio boicot en Cataluña, animado por los independentistas radicales que los acusan más o menos de ser unos traidores.  

La diferencia entre un banco y Seat es que los bancos mueven dinero apretando un botón, dinero electrónico. Basta con mudar la sede para que las cuentas corrientes estén protegidas por el paraguas del Banco Central Europeo. Además, su actividad en Cataluña es menor que la del resto de España.

Pero respecto de Seat, la planta de fabricación no se puede mudar de un plumazo. En caso de una hipotética independencia, los vehículos seguirían siendo fabricados en Martorell, por lo cual no se sabe si sufrirían la política arancelaria que se aplica a los países fuera de la UE. Serían más caros salvo que existiera un acuerdo bilateral, cosa que tardaría tiempo.

De modo que la poderosa inversión de Volkswagen en España, que adquirió Seat en 1985, está ahora bajo presión, tanto por el nombre de su nuevo vehículo como por el radicalismo independentista. Lo peor de todo, es que estamos hablando de 14.500 trabajadores directos y unos 100.000 más indirectos. 

Esto es un doloroso efecto más en el que los independentistas no pensaron y que está causando fuertes quebraderos de cabeza a una marca que los españoles consideran tan española como la paella. 

¿Por qué los independentistas no quieren que el Barça se independice de la Liga?

19 Octubre 2017 - 23:24 - Autor:

Hemos visto las imágenes de algunos seguidores del Barça aprovechando el partido de la Champions contra el Olympiacos para reivindicar la “liberación” de Cataluña, la independencia y además gritar que “Catalonia is not Spain”. Es lo mismo que hacen en los partidos de la Liga.

Seguimos sin entender por qué no hay una sola pancarta que diga:”Barça is not part of La Liga”. Ni en los partidos de la Champions ni en los de la Liga hemos visto tal cosa. Parecen encantados con que su equipo siga en la Liga, cuando, si los radicales fueran coherentes con sus ideas, también deberían pedir que el equipo saliera de esa competición tan española.

Todo lo contrario. Tanto los seguidores soberanistas como los directivos del club insisten en seguir en la Liga. Esa actitud tan contradictoria de los seguidores independentistas del Barça es la metáfora de lo que está pasando en Cataluña. 

A los radicales independentistas les encantaría que Cataluña se independizara y que las empresas catalanas cortaran vínculos con España de una vez. No ven las consecuencias.

¿Y por qué no quieren que el Barça se independice de la Liga? Muy sencillo. Porque sí ven las consecuencias. Caerían los ingresos por derechos televisivos del club y no tendría dinero para retener a sus jugadores estrella. Estaría condenado a jugar en una liguilla catalana con equipos de segunda. Por eso no quieren que abandone la Liga.

Pues bien, los independentistas deberían pensar que si es bueno que el Barça siga en la Liga, también es bueno que las empresas catalanas sigan en la liga económica española y europea. Y que eso solo es posible con Cataluña dentro de España.

Pero por culpa de la declaración de independencia, casi mil empresas han cambiado su sede social en las últimas dos semanas a otras comunidades. Se van. Esas empresas han ejercido su “derecho a decidir”. La independencia es nociva para ellas.

Me gustaría saber si el Barça, como club y empresa, apoyaría la independencia de Cataluña asumiendo que se tiene que salir de la Liga. Tendría que salirse de la Champions también. Quizá entonces los radicales soberanistas se darían cuenta de que han metido la pata hasta el fondo.

El gobierno de Mariano Rajoy espera que los ‘indepes’ se frían en su propio aceite

16 Octubre 2017 - 21:34 - Autor:

Hay en español una frase famosa que dice: ‘deja que se frían en su propio aceite’.

Es lo que está haciendo el gobierno, al ir siempre un paso atrás de Puigdemont, y esperar que las cosas se le compliquen a los independentistas por la pura lógica de la contradicción.

Esa lógica de la contradicción hasta ahora no existía porque es muy bonito caminar “todos juntos y yo el primero, por la senda de la independencia”. Hasta que esa senda está llena de espinos.

Uno de esos espinos es la salida de las empresas y bancos de Cataluña. No se trata de una conspiración de Florentino Pérez contra Cataluña. Son los nobles apellidos catalanes que ahora se retratan de verdad cuando ven que lo que parecía imposible, es inminente: la declaración de independencia. Hasta los Codorniu, casa solariega desde el siglo XVI, se ha mudado a la Rioja.

Más aún: los independentistas radicales de la CUP parecen al servicio del servicio de inteligencia del gobierno pues cada vez que abren la boca es para meter la pata. Una portavoz de la CUP llegó a decir que cuando llegaran al poder impondrían controles sobre los capitales. O sea, corralito puro y duro.

Ni los agentes del CNI infiltrados en el independentismo lo harían mejor.

Al mismo tiempo, Artur Mas no ha podido conseguir los cinco millones de euros que se le exigen como multa por organizar el referéndum falso de 2014. Pidió ayuda a sus correligionarios, pero le dejaron tirado. Te lo pagas tú, majo.

Además, Puigdemont declarando y suspendiendo la independencia, ha logrado pasar a Wikipedia como “la declaración de independencia más corta de la historia”. Y encima, con tiempo añadido, porque en lugar de responder al requerimiento del Estado de que diga qué demonios dijo, pide más tiempo “para negociar”. Las risas de La Moncloa llegaban a París.

La prensa internacional, que se había emocionado con las rebelión callejera (recuerden que los periodistas no se suelen aliar con las fuerzas del orden), ahora está desconcertada con el presidente Puigdemont, que con la parodia de declaración parece el cuarto de los hermanos Marx: Harpo, Chico, Groucho y Puchi. “Tengo estos principios, pero si no le gustan tengo otros”.

Los independentistas se pelean entre ellos, como pasó con el presidente de la publicación Ara, que puso en duda el procés, y los francotiradores de Twitter han desatado contra él una campaña de “horror y destrucción”.

Por ahora, los independentistas se cuecen en su propio aceite antes de alcanzar ni un conato de independencia. Lógico. ¿Qué diablos pintan junto los radicales anticapitalistas de la CUP con los burgueses de PDCat? ¿Qué tienen en común un grupo político que quiere salirse de la UE, del euro y la OTAN con otro que quiere conservar todo eso?

En serio, es como poner en la misma habitación a un pero y a un gato.

De nada vale el diálogo mientras los ‘comisarios ideológicos’ controlen las escuelas catalanas

11 Octubre 2017 - 23:53 - Autor:

Rajoy quiere dialogar. Puigdemont quiere dialogar. 

 

En principio, parece que los dos pueden sentarse a negociar. Pero hay algo que no han mencionado y que es el meollo de la cuestión. Muchas escuelas y universidades catalanas están controladas por los comisarios ideológicos del independentismo radical. Mientras esos comisarios sigan ahí, el problema no solo no se resolverá sino que va a acrecentarse en los próximos años.

Los testimonios recogidos por padres y madres en esas escuelas son terroríficos. Están comiéndole el coco a los niños hasta el punto de utilizar el acoso contra los propios niños. Los maestros se cortan un pelo. Las clases se han convertido en centros de adoctrinamiento. 

Una generación más y ya no será el 35% de la población  catalana la que se manifieste a favor del independentismo. Será más del 50% y las encuestas y las elecciones darán un giro definitivo. El odio a lo español se irá tejiendo poco a poco hasta convertirse en asco.

Eso sin contar con el adoctrinamiento de otros comisarios ideológicos en los medios de comunicación públicos catalanes, donde copian el modelo de la televisión controlada por Nicolás Maduro en Venezuela.

Mientras no se neutralice a esos comisarios, la situación solo se resolverá parcialmente. Ese debería ser uno de las cuestiones del diálogo, pero todo tiene pinta de que va a acabar en retoques administrativos y financieros, pero no en el más importante: las ideas. Quien controla las ideas, controla el sistema.

Nace la España 3.0: reivindicar “la unidad de España” sin ser de extrema derecha

8 Octubre 2017 - 14:08 - Autor:

Los últimos siete días en España han sido de vértigo.

En el domingo 1 de octubre, España parecía inevitablenmet partida, con la Policía y la Guardia Civil usando la fuerza para impedir un referéndum ilegal,

Su intervención ofreció  cientos de fotografías dieron la vuelta al mundo. Parecía un estado policíaco.

Mientras tanto los Mossos d’Escuadra, la policía local, se mantenía al margen de sus deberes (tenían la orden judicial de impedir el rerefenrum), y las fuerzas independentistas usaban las redes sociales para convencer a la prensa extranjera de que aquello era un acto de opresión.

Carles Puigdemont, presidente del gobierno catalán, anunció horas después el resultado de las elecciones. Habían ido a votar más de dos millones de personas, y más del 90% quería la independencia. 

El lunes siguiente, en muchos colegios se asediaba a los hijos de policías y guardias civiles, diciéndoles: “¿Te parece bonito lo que ha hecho tu padre?”. Bulling puro y duro, y encima, impune. Además. echaban a policías  guardias civiles de los hoteles y de los pueblos a pedradas.

Todo cambió con el discurso del rey: culpó a la Generalitat de estar violando la ley, amenazó con usar todos los recursos para detener ese proceso, y afirmó que no iba a dejar solo a los catalanes.

Puesto que Carles Puigdemont seguía con su idea de anunciar la independencia, llegó el turno de verdad: los grandes bancos y empresas catalanes dijeron ¡basta! y comenzaron a mostrar por fin sus cartas. Nos vamos de Cataluña. CaixaBank, Sabadell, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Dogi… sin contar con un aluvión de pymes que han ido a las notarías a preguntar por su futuro.

Miles de clientes habían empezado a retirar sus depósitos de los bancos, lo cual ponía a esas instituciones contra la pared porque sin depósitos, van directamente a la quiebra, o decretan un corralito (un bloqueo indefinido de las cuentas).

A continuación, empezaron a salir en ciudades y pueblos catalanes, aquellos que no habían hablado. La Cataluña oculta que había estado aguantado durante años la opresión y los escraches de los independentistas. Homenajeaban a la Policía y a la Guardia Civil, pedían diálogo, o sacaban banderas españolas.

El efecto fue contagioso, porque se extendió en el fin de semana por las grandes ciudades de España. El sábado, con dos manifestaciones en Madrid: una sin complejos (con la bandera española), y otra con complejos (la de la bandera blanca).

Y por último, la inmensa manifestación organizada por Sociedad Civil Catalana en Barcelona, que agrupó a decenas de miles de personas. Todas las televisiones la estuvieron transmitiendo.

¿Qué viene a decir todo esto?

Da la impresión de que ha pasado algo importante. Desde 1977, las manifestaciones por “la unidad de España” eran hasta ahora la franquicia de la derecha y de la extrema derecha. Pero hora es un lema que proclaman sin complejos gente del pueblo. 

Es el nacimiento de la España 3.0.

La España 1.0 fue la de Franco: una, grande y libre, fue su lema.

La España.a 2.0, fue la de la era postfranquista, a partir de 1975, que reivindicaban la  memoria de Franco y el concepto de unidad en una España democrática con 17 autonomías. Cualquier que amase España sin ser de extrema derecha, era inevitablemente señalado como ‘facha’. Por eso les acomplejaba mostrar sus españolidad.

Esta tercera ola, la España, 3.0, es la que proclama “la unidad de España” sin complejos, sin ser de extrema derecha, sin echar de menos a Franco, gente de toda ideología o sin ideología, reivindicando los valores de la democracia moderna y arrebatando el lema de la unidad de España a la antigua derecha.

El rey envía un mensaje a los catalanes diciendo que no están solos pero lo están

3 Octubre 2017 - 22:12 - Autor:

Siempre que hay un discurso del rey, hay muchas frases interpretables. Muchos medios se quedaron con la que decía que

“es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía”.

He puesto en negrita la parte más destacada por los medios. Eso significa que el Estado de Derecho debe dar un salto más contra “la deslealtad inadmisible de la Generalitat”.

Los expertos en discursos del rey seguro que se ponen de acuerdo en que, desde el 23F, este es el discurso más duro de Felipe VI.

Yo sin embargo me he quedado con otra frase:

“Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.”

Las imágenes que todos hemos visto en televisión y en la prensa, pueden hacer pensar a muchos que la mayoría de los catalanes apoya la independencia. Pero no es así.

Sin embargo, poco puede hacer ese catalán de a pie contra las presiones radicales. Por ejemplo, muchas pequeñas y medianas empresas, sobre todo comercio, tuvieron que cerrar ayer debido a la huelga convocada en Cataluña. Quienes no lo hicieran, pasaban a formar parte de una lista negra, como sucedió con los hoteles que alojaban policías. Hasta en alcalde de una localidad conminó a un hotel a echar a sus huéspedes. Eso era un escrache en toda regla.

Para estos pequeños empresarios, ese hotel o comercio es su medio de vida. Nada que ver con Seat o Nissan, que permanecieron abiertas porque esas fábricas no se paran por un escrache callejero.

El problema de los catalanes que no apoyan los deseos de la Generalitat es que están solos. Si se se les ocurre alzar la voz, sufrirán el escrache. Aunque haya mayoría de las catalanes que, según las encuestas y las elecciones, no apoyan la independencia, tienen que callar y cerrar sus comercios porque no se puede poner a un grupo de GEOs a defenderles.

Las palabras del rey en este caso al salir a defenderles eran las correctas. Pero la verdad es que siguen solos. La pregunta es: ¿cómo va a defenderles?

Mensaje de la UE a Barcelona: tendréis la sede de la Agencia del Medicamento, ah, pero…

30 Septiembre 2017 - 15:57 - Autor:

La diplomacia tiene un lenguaje muy sutil mediante el cual las cosas no se dicen nunca directamente. 

En este caso, la Comisión Europea ha enviado un mensaje a Cataluña en un momento en que los ánimos independentistas podrían suponer un duro golpe a la construcción de la UE.

Desde hace tiempo, Barcelona se postuló como sede para la Agencia Europea del Medicamento, una vez que Londres, actual sede, deje las oficinas debido a que votaron en un referendum por salirse de la UE.

La verdad es que se postularon más ciudades europeas como Copenhague, Ámsterdam, Viena, Milán, Dublín o Bratislava. Pero la favorita de la Comisión es Barcelona: primero, porque la acogería la impresionante Torre Agbar, que tiene enormes oficinas. Segundo, porque tiene de todo lo que pueden necesitar los funcionarios: colegios, accesos, transportes, sanidad de primera, por no decir, que es una de las ciudades mejor preparadas para el turismo.

Un momento, ¿es que la Agencia del Medicamento no ha pensado que en estos momentos los catalanes no saben si estar o no estar en España? 

Los que no tienen claro los catalanes más independentistas: no saben aún que cualquier salida de España implicaría la salida de la UE ipso facto. 

Pero la Comisión, en lugar de levantar el dedo y hacerles una advertencia, se lo ha dicho sutilmente así: “Mira, estamos pensando en adjudicarte la Agencia del Medicamento, lo que supone crear 900 puestos de trabajo directos y tener mucho prestigio. Lo hacemos porque los británicos se han salido de la UE después de votar en referéndum que no quieren ser parte de la UE”.

A ver chicos indepes: ¿qué parte de esta frase no entendéis?

Si os salís de España, la Agencia del Medicamento no llegará porque estaríais haciendo lo mismo que Gran Bretaña. 

 

Carta de un joven catalán a sus padres independentistas en el año 2030

27 Septiembre 2017 - 21:07 - Autor:

Queridos papá y mamá:

Hace tiempo que quería escribir esta carta. Han pasado muchos años desde aquel 1 de octubre en que empezó todo. Me acuerdo que me llevábais con mis ocho añitos a la calle a gritar contra la invasión española. Me acuerdo de cómo llegué a odiar la bandera española, el idioma español, la cultura española y a los españoles, desde Cádiz hasta Huesca. 

Me acuerdo todo lo que aprendí en clase de Historia en el instituto, cuando me enseñaron cómo eso que los españoles llaman “la Guerra Civil” fue en realidad una guerra de España contra Cataluña.

Sobre todo, no puedo olvidar cómo de furiosos os poníais cuando alguien hablaba de impuestos, porque a lo largo de muchos años España nos había robado sin piedad a fuerza de impuestos.

Han pasado muchos años y os quiero contar una cosa. He estado de viaje por España y he conocido mucha gente. Mi primera sorpresa es que me costaba entenderles porque ellos hablaban español y yo hablaba solo catalán. He estado toda mi vida en la inmersión lingüística y acabo de descubrir que no solo no puedo hablar con los españoles, sino que no puedo hacerme entender con los sudamericanos. 

En España, he conocido colombianos, mexicanos, hondureños, guatemaltecos, bolivianos, peruanos, argentinos, paraguayos y en fin, a gentes de todos los países hispanoamericanos. No entendían una sola palabra de catalán, y yo tampoco entendía bien sus acentos porque en casa solo se hablaba catalán, en el colegio solo se hablaba catalán,  en la tele solo se veían programas en catalán y mis libros solo estaban escritos en catalán. Así que hablábamos en inglés, que es el segundo idioma que me enseñaron en el cole.

Hice muchos amigos y les pregunté cómo estudiaban la Historia de España, donde los catalanes éramos los enemigos. Todos me dijeron que no recordaban que en sus clases se hablase del enemigo catalán ni que se fomentara el odio a Cataluña. La historia de España era bastante tortuosa como para encima crearse más enemigos.

Desconocían que la Guerra Civil hubiera sido una guerra contra Cataluña, y me sorprendió que desde Cádiz hasta Pontevedra, todos insistían en que fue una guerra con dos bandos: izquierdas contra derechas.

Muchos de ellos me comentaban con nostalgia cuando compraban y consumían productos catalanes, desde fuet hasta el cava de Navidad. Pero tras el 1-O, al levantarse las nuevas fronteras, todos esos productos padecen de tarifas aduaneras y ahora son muy caros para ellos. Hasta los coches que fabricamos en Martorell se venden menos porque son más caros que los hechos en Eslovaquia.

Como sabéis, después de visitar España, me fui con unos amigos a visitar Francia, Italia, Alemania… Cada vez que aterrizaba en un aeropuerto, yo tenía que hacer una larga cola como “non EU citizen” que significa que no soy de la Unión Europea; y tenía que hacer cola junto con los procedentes de África, por ejemplo.

También he tenido que cambiar nuestros catdiners, la moneda que nació en la independencia, por euros, con un cambio bastante desfavorable para mí. Mis amigos iban gastando sus euros por Europa como si estuvieran en cualquier sitio de España. 

Siempre he creído que queríais lo mejor para mí, y os quiero mucho por todo vuestro esfuerzo. Vosotros me habéis dicho una y otra vez que desde el 1-O vivimos mejor. Pero el abuelo no pudo cobrar su pensión, nuestro banco quebró por falta de fondos, muchos trabajadores como el tío Carles fueron despedidos, las empresas catalanas venden menos productos, hay tarifas aduaneras, el govern ha aumentado los impuestos, la prensa sigue destapando casos de corrupción entre nuestros políticos, nadie compra deuda pública catalana en catdiners, y los agricultores han dejado de percibir ayudas de la UE.

Después de reflexionar sobre lo que pasó en nuestra amada patria a partir de aquel 1-O, os pregunto: ¿estáis seguros de que con la independencia somos más libres y más ricos?

Os quiere mucho a pesar de todo, Jordi.

(Por cierto, si no he llamado mucho en estos meses es porque no hay roaming gratuito con Cataluña. Desde 2017, todos los países de la UE disfrutan de roaming sin coste adicional, pero como nosotros estamos fuera de la UE, tenemos que pagar a las operadoras telefónicas cada vez que salimos de nuestra amada tierra).

 

 

Es verdad: los catalanes pagan más impuestos pero, ¿adivinen quién es el culpable?

26 Septiembre 2017 - 21:20 - Autor:

Ya que se acerca el 1-O hay que ir poniendo las cosas cada vez más claras para aquellos que están recibiendo un intenso bombardeo de parte de los comisarios ideológicos.

Sí, es verdad, un catalán paga más impuestos que un madrileño. Eso sobre todo se mide con el IRPF, que es el impuesto que pagan todas las personas que reciben un salario.

Pero resulta que la mitad del IRPF está cedido a las autonomías, las cuales pueden imponer unos tipos adicionales. Cataluña es una de las que más juega con este derecho, e impone un IRPF más alto que, por ejemplo, Madrid.

Madrid, en suma, aplica un tipo mínimo de 19%, y un máximo de 43,5%.

Y Cataluña tiene un tipo mínimo de 21,5% y un máximo de 48%. En ambos casos, Cataluña impone más impuestos a sus ciudadanos.

Eso quiere decir que las clases menos adineradas y las más ricas en Cataluña pagan más que las equivalentes en Madrid. 

El gobierno catalán además no se adaptó al nuevo régimen fiscal que se aprobó a escala nacional entre 2015 y 2016, que suponía una bajada de impuestos. Ellos siguieron a lo suyo, manteniendo la presión (¿opresión) sobre los ciudadanos catalanes. 

Para colmo, los catalanes sufren una catarata de impuestos adicionales. Una información de El Mundo decía lo siguiente:

“…tiene más impuestos propios que ninguna otra comunidad autónoma con 17figuras. Tres de ellas, además, han sido creadas este mismo año: el Impuesto sobre el Riesgo Medioambiental de Actividades Derivadas de Elementos Radiotóxicos, el Impuesto sobre las Bebidas Azucaradas Envasadas y la figura sobre las emisiones de dióxido de carbono de los vehículos de tracción mecánica”.

En resumen, al lema de los comisarios ideológicos de la Generalitat de que “Espanya ens roba” (España nos roba) hay que sustituirle una palabra: “La generalitat ens roba”.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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