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Cómo espantar clientes

30 diciembre 2009 - 2:33 - Autor:

¿Tiene usted una cafetería? ¿Un mesón? ¿Un chiringuito? He aquí algunas fórmulas para espantar a los clientes y olvidarse de una vez que España es el segundo país más turístico del mundo.

1. No lo llame café. Llámelo “esa cosa negra que chorrea de una máquina con nombre italiano”. No se le ocurra servir un café que huela a café y que sepa a café. Y sírvalo con una leche desleída. Nada de crema espumosa y suave, de esas que forman un bigotito de nata al beberlas.

2. Tipical spanish tortilla. O sea, bien cocinada hasta que parezca un ladrillo. Nada de tortilla esponjosa sino que sea tan seca que parezca un bocadillo. Requemada, mejor.

3. Zona Güi-Fi, ni soñarlo. Nada de zona wi-fi para que se acerquen los jóvenes con sus portátiles y se conecten mientras se toman unos cafelitos y consumen unos cruasanes. Usted no quiere ese público intelectual sino el futbolero. Por eso…

4. Mucho fúmbol. Lo ideal es eso, fúmbol. Mucho Canal Satélite mucho Gol-TV porque así vendrán esos parroquianos que se beben una clara y se pasan todo el partido gritando gooool. Eso sin contar con la cantidad de caraduras que verán el partido sin consumir una cañita.

5. La cara, espejo del alma. Sirva siempre con mal humor. Es el arquetipo del camarero. Mal humor, estreñimiento, dolores… No se le ocurra sonreír porque los clientes podrían volver.

6. Movimiento de ojos. No se le ocurra mirar a los ojos porque supone más trabajo para usted. Si sospecha que hay una mesa sin atender y su mirada puede cruzarse con la de los clientes en breve, haga un arco con los ojos y evítelos.

7. Pan de chicle. Cuando sirva los menús, acompáñelos de un pan impenetrable por cualquier líquido, sea yema de huevo, salsa de calamares en su tinta o jugo de carne estofada. Debe ser un pan no crujiente, parecido al chicle y horneado 24 horas antes.

8. Cruasán, por decir algo. Nada de elaborar la masa del cruasán con mantequilla. Tienen que ser industriales, pero de esas industrias que por la mañana fabrican tornillería, y por la noche, cruasanes. Y cuando los pida alguien, diga “curasanes a la cocina, para que sepan de lo que estamos hablando.

9. Cerveza a la alemana. No cerveza alemana sino “a la alemana”: o sea botellines del tiempo. ¿Por qué deben estar frías? ¿Quién lo manda? ¿Es que hay alguna ley que lo ordene? Nada, del tiempo.

10. Volumen por favor. Si tiene un televisor de plasma póngalo a todo volumen, desde la mañana a la noche. Así evitará que la gente disfrute con su propia conversación. ¿Qué conversación hay más interesante que la de Belén Esteban y su nueva nariz?

11. Maquinitas de la fortuna. Las máquinas tragaperras son ideales para dar ambiente cutre al bareto. Suba el volumen de esas maquinitas, lo cual, junto con la tele, hará insoportable tomar un simple café.

12. Lo de la escoba. No pase la escoba por un buen tiempo. Deje que las cabezas de langostinos y las colas de gambas se asienten en los baldosines y se queden incrustados (por eso se llaman crustáceos). Otorgará un olor de mar que a muchos parroquianos les resultará insoportable.

13. Detalles, mejor luego. A esos clientes que vienen siempre a consumir, no hay que engatusarlos con algún café gratis o una cañita de regalo de vez en cuando. Mejor no porque entonces vendrían más a menudo y eso significa más trabajo.

14. Cerrar. Y si tiene programado cerrar esas semanas en que más clientes pueden venir porque usted se va a ir de vacaciones, pues eche la persiana. ¿Para qué crear puestos de trabajo? ¿Para qué confiar en los empleados?

Todos estos consejos servirán para que nadie entre en su establecimiento. Cuando empiece a crujir a deudas y facturas, pida una subvención a cuenta del plan E.

Los médicos ya no firman recetas sino cheques

28 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

La semana pasada hemos sabido que está en marcha el plan de incentivar a los médicos que firmen menos Incapacidades Temporales (las IT). Esos volantes se firman cuando se acerca un trabajador que dice tener depresión, dolores de espalda, tendinitis, esguinces, etc. Un volante de IT supone darles varios días de baja que suponen un gasto para el país pues la empresa deja de contar con un trabajador, y encima, hay que medicar a esta persona.

Según publicaba el diario El País, esas bajas laborales le cuestan al país entre 6.000 y 7.o00 millones de euros al año. Muchas de esas bajas se podrían evitar o reducir porque proceden de un trabajador que sencillamente se quiere “escaquear”. Otras, por supuesto, son necesarias.

El sistema además no funciona con ninguna tabla prestablecida, es decir, no se ordena que un médico deje de firmar 100 IT a la semana. El sistema consiste en que el médico de un consultorio que haya reducido más días de la Incapacidad Laboral Transitoria es quien establece la base de cálculo, y quien se lleva los 1.750 euros de premio. El resto de los médicos cobrará ese premio en función de si ha dejado de firmar el 75% de las IT comparadas con el primer médico y así sucesivamente. También reciben un premio los que trabajen en el servicio administrativo de la consulta: unos 200 euros.

Cada día de menos en una IT, supone para una comunidad un ahorro de 15,23 euros.

Pero la medida no ha gustado a muchos médicos. “Una vergüenza más, una perversión más. Creo que pone en duda la ética profesional de los médicos. ¿Es que necesitamos un incentivo para atender lo mejor posible a nuestros pacientes? ¿Acaso se duda de la buena praxis?”, afirmaba un médico a El País.

Ese es el problema. Que la medida en el fondo está diciendo que los médicos de este país eran unos inútiles y que ahora van a ser unos codiciosos. El juramento hipocrático se torna en juramento crematístico. En lugar de firmar recetas o bajas, parece que están firmando los cheques de sus aguinaldos.

Yo proponía hacer algo parecido pero desde el punto de vista del paciente. Hace dos meses dije en este blog que el estado debería bajar los impuestos a las personas sanas que no usan lo servicios de salud de la Seguridad Social. La mayoría de las respuestas que me llegaron no estaban de acuerdo porque mi propuesta era lo mismo que deshumanizar la sanidad pública.

Mi idea era que aquellas personas que no visitaran el sistema de salud, ni pidieran volantes, eran personas sanas que cada año, en su declaración de la Renta, recibirían una deducción fiscal que iría aumentando con la edad.

Es una forma de incentivar el deseo de estar saludable, y de crear la cultura de buen estado físico. Si el Estado se ahorraba esas inmensas cantidades que se gasta en las curaciones, muchas de las cuales son producto de aprensiones, de hipocondrías, de aburrimiento de señores mayores en sus casas, se podría invertir lo ahorrado en centros de bienestar y gimnasios para que la gente siguiera estando saludable.

Además, al crearse esa cultura de estar físicamente óptimo, la gente se vería obligada a ir a más gimnasios y polideportivos, y al final, tendríamos un país más longevo, con menos enfermedades y más feliz. Y por supuesto, no se ponía en duda la fiabilidad de nuestros médicos.

Hacerlo por la vía del médico no es crear una cultura de la salud, porque no se incentiva al paciente sino al juez, al médico. Es como premiar al juez que juzga más casos en menos tiempo, en lugar de premiar a la sociedad para que no cometa crímenes. Con el sistema propuesto por el Ministerio no se ataca la base del problema.

Aun así, creo que vale la pena ver los resultados del nuevo invento. Esta fórmula se ha implantado en un montón de comunidades autónomas. Este año de 2009 el Ministerio de Trabajo ha destinado ya 30 millones de euros a premiar a médicos. Pero temo que va a causar muchas críticas y muchas peleas entre médicos y pacientes, pues los segundos querrán más días de baja y los primeros se negarán a firmarlas. ¿Cómo saber si el dolor de espalda del paciente o la depresión es verdadera o fingida?

Imaginemos que un maníaco depresivo recibe un alta equivocadamente. Imaginemos que esa persona deprimida comete una barbarie. Entonces, la fórmula salvadora se convertirá en algo demoníaco.

Por favor, no destruyan la humanidad otra vez

26 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

Después de que una película nos alertara de que el mundo se destruirá en 2012 según el calendario maya, las ventas de los almanaques mayas se han disparado.

En Softonic, la web líder en descargas de programas, hay códigos para descargarse calendarios mayas, o incluso, para comvertir el calendario gregoriano en maya como sucede con el software Mayatron. Se han multiplicado las visitas a las páginas webs que nos explican los secretos de los glifos mayas como en www.sabiduríamaya.net, que se promociona como “la web oficial” de este conocimiento.

Pero como no se puede esperar a la destrucción de la humanidad en 2012, muchos están preguntando cómo será 2010. Porque, según los mayas, los ciclos terrestres duran unos 25.920 años, pero claro, año arriba año abajo, eso puede significar que la destrucción de la humanidad se adelante del 23 de diciembre de 2012, al, digamos, 3 de febrero del 2010. ¿Por qué no?

Para encontrar la respuesta están las librerías, que están multiplicando en las ventas de volúmenes dedicados a esta sabiduría cósmica de la raza maya. También, las fundaciones y los círculos culturales dedicados a la recuperación de ancestrales culturas amerindias, registran varios adeptos cada día. No hay duda, el catastrofismo vuelve a estar de moda, y es comercialmente rentable, aunque bien pensado, ¿es que se fue algún día?

Calendarios, programas, películas, libros… Da igual si la humanidad se destruye cada cinco años o 25.000 porque siempre nos la vuelven a destruir. Los temas del tipo “fin de la humanidad”, o “rayo cósmico destroza terrícolas”, son tan antiguos como la raza humana misma. Eso se llama milenarismo. Era esa doctrina que se repetía a fin de siglo, según la cual todo iba a cambiar a la vuelta de una hoja del calendario.

Pero aquí estamos. Como estábamos hace diez años. ¿O es que no se acuerdan? En 1999, justo en el abismo del 2000, el planeta tierra se iba a detener por un problema informático. Los ordenadores que se fabricaron siguiendo el calendario del siglo XX, tenían cuatro dígitos que se pondrían a cero a la vuelta del siglo. De 1999 pasaríamos a 0000 (era un poco ilógico porque pasarían a 2000), y como nadie lo había previsto, eso supondría que los ordenadores se colapsarían.

Y claro, como todo estaba conectado a un ordenador, sucedería lo siguiente: los aviones se caerían, los pantanos abrirían sus aguas, los relojes se detendrían, las centrales atómicas se fundirían, y todo bicho conectado a un aparato desde una pulmón artificial hasta el video de Canal+, entraría en un caos total.

Lo llamaron “efecto 2000″.

¿Y?

Bueno, si estoy escribiendo esto y ustedes lo están leyendo es que el llamado “efecto 2000″ fue una pifia. Pero lo mejor no fue eso. El 1 de enero de 2000, al ver que no pasaba nada, los periodistas nos pusimos a buscar a los culpables de tanta exageración. Culpamos a los informáticos, a los científicos, a los ministerios de tecnología… ¡Nos han engañado!, decíamos enfadados.

No buscamos en el sitio adecuado: en el espejo. Todo fue producto de nuestra imaginación periodística.

Prepárense para la guerra mundial del agua

24 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

En los últimos cien años la población mundial se ha triplicado pero los desiertos han avanzado, secando muchos acuíferos. En lugar de ahorrar ese combustible corporal, el consumo de agua por persona en el primer mundo se ha incrementado en muchos litros por año porque nos gusta estar bien limpitos, bañaditos y frescos, como los anuncios de televisión. Encima, la mejora de la calidad de vida en los países subdesarrollados está directamente relacionada con el aumento del consumo y del acceso al agua, como tiene que ser.

En cualquier economía de mercado, un bien que escasea debido a que aumenta la demanda y se reducen sus existencias, tendrá que valer mucho, ¿no? Más todavía si pensamos que un ser humano puede estar dos o tres semanas sin comer, pero no puede pasar más de cuatro días sin agua.

Los expertos dicen que en 2020, el agua moverá un mercado de billones de dólares. Veamos las cifras que nos aporta la web uncommonwisdom (sabiduría no popular).

El agua potable sólo ocupa el 3% del total de las reservas de agua del planeta. Y está sobre todo contenida en glaciares y nieves. Al final, eso significa que sólo podemos consumir el 1% del agua existente en el planeta.

Los expertos estiman que la población mundial del planeta se incrementará de 6.800 millones a 9.200 millones para el año 2050. Ese va a ser el mercado potencial y seguro de consumidores. Y encima, a medida que se incremente su nivel de vida, subirá su consumo per capita. En Occidente necesitamos unos 50 litros por persona al día.

Para que medio kilo de semillas pueda germinar se necesitan 53 litros de agua. Y se requieren 1.646 litros para obtener medio kilo de carne, 7.000 litros de agua, para obtener 3,7 litros de leche, y casi 70.000 litros de agua para fabricar una tonelada de acero.

Como decía el analista de esta web, Sean Brodrick, el petróleo y cualquier fuente de energía fósil se puede sustituir por otras fuentes de energía como la eólica, pero el agua no se puede sustituir. Y aunque no hay un mercado donde cotice el agua, sí existen fondos o firmas que siguen de cerca los movimientos de las empresas ligadas a mundo del agua.

Desde luego, va a ser la materia prima del futuro. En muchas zonas del mundo como en Palestina, el agua es el principal problema. Eso se va a agravar en el futuro en todo el planeta. En lugar de ver el estallido de guerras por el control del petróleo, estallarán conflictos por el control de las fuentes de la vida.

No me regalen calcetines en Navidad

22 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

Por favor, no intenten regalarme estos productos. Les diré por qué:

Teléfonos móviles. Tengo varios. Tengo un caja llena de motorolas, nokias, samsungs, sonys, ericssons… Tengo aquellos que se llamaban “cabinas telefónicas portátiles”. Tengo puntos para sacar gratis otro más, a pesar de que el último tiene pocos meses. Me basta con llamar por teléfono, y enviar y recibir mensajes. No quiero nada más porque todo eso, las conexiones a Internet o recibir videos o imágenes, me hace gastar más dinero.

“El secreto”, de Rhonda Byrne. Veo este libro por todos sitios y todo el mundo quiere regalarlo. Yo no lo quiero. Pero no se confundan: no deseo decir que sea un mal libro. Es un problema de envidia porque no lo escribí yo, y me he perdido la oportunidad de hacerme millonario. Me da mucha envidia.

Gol TV. No soy futbolero, de modo que me da igual quien gane la liga. No me regalen abonos de un año a ninguna cadena de televisión de pago. Además, pagar por ver un deporte es algo que no puedo asimilar. Yo practico deporte.

Colonias. Tengo las del cumpleaños, las del santo, las del aniversario, las de “fíjate qué baratas”… Y hasta las de Mercadona con olor a Té Verde. Tengo las del año pasado y antepasado. ¿Es que no las uso? Claro que sí, pero es que no me ducho con colonia. Apenas me rocío.

Bufandas. Por favor, basta. Tengo bufandas para todas las temporadas y de todos los colores. Azules, marrones, blancas, negras, con motas, de seda, de cachemir… Parezco un San Bernardo.

Guantes. Negros, marrones, forrados, con Gotetex. Tengo hasta guantes para hacer submarinismo. Cada vez que hago una visita, algún familiar me pregunta: “¿Por qué no llevas los guantes que te regalé?”. ¿Qué hago? ¿Me los pongo en los pies?

Corbatas. ¿Es que queda alguna camisa sin su corbata preferida? Rayas, cuadros escoceses, puntos, pintas, elefantes, conejitos y todo el zoológico. Muy monas, pero ¡prou!

Calcetines. Siempre que me los regalan, pienso en mi padre y en la cara que ponía cuando recibía los calcetines de siempre en la fecha de siempre. ¿He llegado yo a eso?

Cinturones. Tengo más cinturones que pantalones. Estoy pensando seriamente en usar alguno para colgarme del cuello porque se ve que son muy resistentes.

Kit de viaje. Sí, esos estuchitos que contienen todo “para la manicura del hombre”. Pero bueno: ¡Es que no se enteran que soy de la generación del pelo largo! De Led Zeppelin y del “Get Ready” de Rare Earth. Un respeto, por favor. Cuando viajo, me basta con mi cepillo de dientes y mi afeitadora. El resto, para la generación XYZ.

En lugar de todo eso, prefiero sentarme a cenar con todas esas personas que me quieren hacer regalos y disfrutar de una buena conversación con un buen vino y unos buenos langostinos. Gracias .

Los altos impuestos sobre ‘bonus’ en el Reino Unido desatan una oleada de rumores

21 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

Primero fue el diario The Independent on Sunday, que anunció este domingo que Goldman Sachs en Londres estaba pensando enviar a España a una buena parte de su plantilla para evitar que el gobierno británico se quedase con el 50% de los bonus.

Goldman Sachs ya pagó el año pasado 2.000 millones de libras esterlinas en impuestos (1.800 millones de euros), y no quiere repetir la experiencia. Según el periódico, Goldman mudaría a España hasta el 20% de sus altos ejecutivos. Es decir, operarían desde España.

Luego ha sido The Wall Street Journal, que hoy afirmaba que la banca mundial estaba sopesando cómo afrontar la norma británica, y una de las salidas era recortar la cantidad de bonus que se pagan a los altos ejecutivos.

Si fuera verdad lo narrado por The Independent, sería como pasar la patata caliente al gobierno de Zapatero, que está en vías de aprobar su ley de Economía Sostenible que entre otras cosas, pretende controlar las bonificaciones y los salarios de las grandes compañías en España. ¿Meterán mano a Goldman Sachs?  “El banco tiene unos fuertes lazos con el gobierno español”, dice el periódico británico.

Goldman Sachs emplea a 5.000 personas en el Reino Unido. La información de The Independent afirma que no les daría pagas extras por mudarse a España, pero que con evitarse pagar impuestos por los bonus ya se pueden dar por contentos.

Esta institución fue una de las más castigadas por la crisis financiera del año pasado. Recibió 10.000 millones de dolares del programa de ayuda del gobierno americano en 2008. Este año devolvió esa cantidad, al mismo tiempo que anunciaba que pagaría bonus a sus ejecutivos.

La poderosa era visual

19 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

A finales de los sesenta, Estados Unidos fue sacudido por un montón de tornados sociales. Grupos de negros organizados se levantaron contra las prohibiciones racistas. El presidente Johnson envió 4.700 paracaidistas a Detroit, centro de las protestas. En los años siguientes Martin Luther King, y Bobby Kennedy fueron asesinados. La guerra de Vietnam producía huelgas y manifestaciones en las universidades. Las ciudades americanas ardían.

Las empresas norteamericanas no sabían qué hacer ni qué iba a suceder. Fue entonces cuando John Naisbitt, graduado por la Universidad de Harvard, se preguntó si habría una forma de prever esa transición, esas tendencias profundas que marcaban su país o el mundo. La clave estaba en la prensa. Bastaba con leer y analizar cada día los titulares de 160 periódicos y proyectar en el futuro esas realidades para saber hacia dónde iba el país. Tras diez años de investigaciones, publicó un libro titulado Megatrends donde recogía esas megatendencias. Vendió 14 millones de ejemplares. Hoy vive con su mujer en Ausria y sigue investigando.

El penúltimo libro de Naibsitt es de 2006 y se titulaba Mindsets, algo así como “Esquemas mentales”. Bueno, era como el Megatrends del siglo XXI, y se ocupaba de saber cómo íbamos a pensar este siglo. Pensar, sí. Cómo lo entenderíamos. Daba varios consejos o esquemas mentales para adivinar el futuro y uno de ellos era que nos estábamos sumergiendo en una cultura visual. “El comercio, la producción y los servicios van a verse afectados en un mundo en donde la comunicación visual está en ascenso”.

¿Comunicación visual? ¿Se refería a la publicidad?

No. Iba más lejos porque se refería a todo lo que llamamos comunicación visual desde el ascenso de los videos hasta la música.

Por ejemplo, en el mundo de internet, todo portal que no añada imagen es como quedarse fosilizado en la edad de piedra. YouTube se convirtió de la noche a la mañana en una historia de éxito (aunque no económico) por el simple hecho de permitir a los mortales colgar sus videos.

Otra prueba es Practicopedia, una web de conocimiento compartido donde los internautas cuelgan vídeos prácticos sobre cómo hacer algo.

La música ahora también está apadrinada por la imagen como lo hace la cadena de televisión MTV, que emite todo el tiempo videoclips. El mundo del cine ha dado un salto cualitativo en los últimos años pues ahora copia video juegos y los convierte en películas. Por no hablar del 3D, el uso de las tres dimensiones digitales que está revolucionando las bases del cine.

Los expertos en presentaciones en Power Point dicen que el mejor PPT es aquel que tiene muchas imágenes y poco texto. En el mundo editorial cada vez es más normal ver novelas gráficas, que no es otra cosa que un cómic de gran extensión.

Naisbitt afirma que la arquitectura se ha convertido en un arte visual. ¿No lo era ya? No, si se pone como ejemplo el Gugenheim de Bilbao, donde el continente es más importante que el contenido. La sociedad del espectáculo ha convertido ese arte en “arquitaintment”, mezcla de arquitectura y entretenimiento.

Y por supuesto, el mundo industrial se ha rendido a lo visual porque una novedad tiene que venir marcada por el diseño. “El diseño se ha convertido en una de las fuerzas más poderosas del mundo”, dice Naisbitt. Desde teléfonos a coches, lo funcional ha dado paso a lo atractivo.

Todo esto sucede porque estamos en la economía de la atención en la que abundan productos y servicios, pero sólo hay un segundo para decidir qué se compra. Hay que atrapar la atención. Es un segundo durante el cual no se piensa ni se razona, sino se siente.

Se compran a golpes de corazón y por eso, muchos diseñadores como el que diseñó los nuevos Fiat, afirman que los clientes se deben “enamorar de sus productos”. Es lo propio de una era donde el sentido más valorado es la vista.

Si en 2020 se alcanza la cima del petróleo, ¿para qué discutir?

18 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

El principio del fin del petróleo

Los expertos llaman “peak oil” al punto de no retorno en la exploración y extracción del petróleo. Hace unos años, se hablaba que 2005 sería el “peak oil”, el año a partir del cual no podríamos disponer de más producción y extracción de petróleo. Se equivocaron. Estamos en 2010 y se han encontrado nuevos campos petrolíferos.

Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que nunca habrá un “peak oil”, un momento cumbre de este elemento, la cima a partir de la cual todo irá cuesta abajo.

Algunos expertos ya consideran que esa fecha será 2020. Eso es lo que ha dicho Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía. Así lo publicaba The Economist. “Si esto viniera de geólogos o de las empresas que sostienen que afrontaremos un recorte, bueno, pues no sería para hacerles caso, pero viniendo de la Agencia Mundial de la Energía, la institución que vigila las prospecciones mundiales, pues es algo nuevo y chocante”.

“Sorprendente”, decía la web financiera alemana www.godmode-trader.de. Sorprendente porque el último informe de la Agencia decía que no debíamos preocuparnos hasta 2030. Pero ahora resulta, decía la web que nos muestran un gráfico sobre los yacimientos actuales, los probables, los que quedan por descubrir… y al fin (ver imagen) concluyen que el punto más o menos máximo es alrededor de 2020. A partir de ahí, no es que se acabe el petróleo, sino que nuestros niveles de extracción no aumentarán. Y conseguir nuevas bolsas de petróleo, y sacarlo de allí será enormemente costoso. (Este párrafo lo corregí gracias a los consejos de expertos, recogidos en los comentarios, en los que me aclaran que peak oil no significa que se empiece a agotar, sino que la extracción llegará a su cima).

¿Malas noticias? Quizá no. Quizá era lo que necesitaban los partidarios del Cambio Climático para demostrar que debemos cambiar las energías bituminosas por otras más limpias.

Ahora bien, con estos datos está pasando algo parecido a lo que sucedió con el ClimaGate hace unos días. Pero en lugar de ser ecologistas que querían ocultar datos sobre el Cambio Climático, en este caso son expertos de la Agencia Internacional de la Energía a los que se les pide que oculten que nos vamos a quedar sin petróleo.

Hace un mes, el diario británico The Guardian publicaba que varios empleados de la Agencia Internacional de la Energía habían sido presionados por EEUU para que ocultaran de su Informe Oficial (World Energy Outlook) el dato de que en 2020 íbamos a llegar a un punto de no retorno. En teoría, el deseo de EEUU era evitar que los especuladores se lanzaran a comprar petróleo y que viviésemos otra oleada de precios altos como en julio de 2008. Si es así, al famoso Climagate (mails de ecologistas que trataban de manipular datos para favorecer la tesis del Cambio Climático), estaríamos ante un EnergyGate (porque The Guardian citaba mails de empleados de la Agencia Internacional de la Energía).

Pero eso se supo en noviembre y…. no ha pasado nada. Los especuladores no se han lanzado en tromba sobre el crudo. Es más, ha bajado de precio por debajo de 70 dólares.

Ante tal lío de informaciones, los ciudadanos no saben a quien creer. Detrás de la energía hay muchos intereses. Intereses de las compañías que quieren seguir vendiendo petróleo, como interés de las empresas que quieren vender generadores eólicos.

La única verdad es que extraer petróleo va a ser cada vez más difícil. Y que algún día habrá que tener preparadas otras fuentes de energía que seguramente serán más limpias y renovables. ¿Para qué discutir la fecha? Lo mejor sería empezar a prepararse ya.

Pascal y el cambio climático o por qué es bueno tener miedo

17 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

En los años cincuenta y sesenta, la mayor preocupación de los terrícolas era la guerra nuclear. Las imágenes de la devastación causada por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki crearon en la humanidad un pensamiento sombrío que se reflejó en películas de ciencia ficción como “La máquina del tiempo” y en libros de filosofía como el de Karl Jaspers titulado “La bomba atómica y el futuro de la humanidad”. Hoy, ¿alguien piensa en la guerra atómica? Pocos. Y a pesar de eso, hay más armas nucleares que en los años cincuenta.

En los años setenta, la mayor preocupación de la humanidad era la superpoblación.  Llegaría un momento en que no cabríamos en el planeta y al final nos devoraríamos como lo hacían los personajes del libro de “Make Room” (Hagan sitio), de Harry Harrison. Años después se convirtió en una película de culto, “Cuando el destino nos alcance”, donde se veía a los seres humanos almorzando unas pastillas de colores que, en realidad eran seres humanos liofilizados. Según la película, Nueva York tendría 40 millones de habitantes.

¿Y en los años setenta? La congelación. Según cuenta el economista John Naisbitt en su libro “Mindset” (Esquemas de pensamiento, aunque no está traducido), había un premio Pulitzer llamado George Will que lo exponía sin complejos:  “Algunos climatólogos”, decía Will, “creen que la temperatura media en el hemisferio Norte puede caer dos o tres grados al final de siglo. Si ese cambio de clima sucede, habrá megamuertes y levantamientos sociales debido a que decaerá la producción de grano en las latitudes nórdicas”.

Para añadir más leña al fuego, (o más hielo al refrigerador), el escritor Lowell Ponte convirtió un best seller titulado  El enfriamiento: ¿ha empezado la edad del Hielo? ¿Sobreviviremos?”. Esto sucedía en los años setenta. Sobrevivimos, claro.

En los años ochenta, al catastrofismo le dio por decir que ensuciábamos el planeta con un montón de desperdicios y que nos íbamos a ahogar en nuestros propios esputos metropolitanos. Grandes ciudades en todo el mundo comenzaron su plan de reciclaje para no lanzar más porquería a las calles.

A partir de los primeros años de este siglo, la preocupación más seria es el calentamiento global. Debido a la acumulación de CO2 en la atmósfera, determinados rayos solares que solían rebotar en la corteza y salir de nuevo al espacio, se quedaban por culpa de la capa de contaminación: se formaba así un gigantesco invernadero donde nos íbamos a asar como pajaritos en barbacoa.

Eso nos obliga a poner filtros a las fábricas que echan humo, controlar las emisiones, evitar los vertidos, y proponerse en serio limitar los gases. Llegados a este punto, la pregunta es: visto lo visto,  ¿lo del efecto invernadero es una milonga?

Porque se ha desatado una guerra entre los que piensan que estamos cambiando el clima, y los que piensan que aquí hay un negocio montado por alguien (no se sabe muy bien quién), que nos está manipulando para que nuestras economías no crezcan.

El escándalo de unos mails destapados por un hacker furioso, donde los expertos ecologistas se cruzaban mensajes para exagerar el cambio climático, ha hecho mucha pupa a los ambientalistas.

¿La verdad? La verdad es que frente a la idea del posible cambio climático, hay que creérselo porque así seremos más limpios. Tener miedo al cambio climático hace que las empresas inviertan más dinero en coches menos contaminantes, en que aumentemos el peso de las energías no contaminantes y que seamos más cuidadosos. ¿Intereses? Lo hay. ¿Exageraciones? Las hay. Pero siempre será mejor tener miedo al cambio climático que no tenerlo. Y voy a usar a Pascal para demostrarlo.

Pascal, el filósofo francés, lo explicaba a su modo hace tres siglos, cuando describía las ventajas de creer en Dios: si crees y no existe, no pasa nada. Pero si no crees y existe, irás al infierno. De modo que, es mejor que creas que existe Dios porque nunca irás al infierno.

Los medios digitales se preparan para su gran cacería: el Gordo de Navidad

16 diciembre 2009 - 7:00 - Autor:

Fue un suceso inexplicable. Durante muchos años, cuando uno tecleaba “gordo navidad” en Google el 22 de diciembre, siempre aparecía en primer lugar de las búsquedas nada menos que La Verdad de Murcia. ¿Un diario regional liderando las visitas mundiales del Gordo? Bueno, el caso es que alguien de ese grupo (Vocento) o de ese diario, había logrado engatusar a las arañas de Google (los robots que reconocen palabras), y había situado el portal de este medio de comunicación como el primero y el mejor para consultar si nos había tocado el Gordo.

Las cosas parece que van a cambiar. Este año El País, a través de su web elpais.com, ha preparado una batería de temas y de tecnologías para convertirse en el primer medio que aparezca en la lista cuando los terrícolas tecleen “gordo navidad”. Para empezar, tiene una página donde recoge todas las novedades sobre la lotería más famosa del planeta: desde si se juega más en internet, hasta si este año batiremos records de ventas.

¿Por qué es tan importante para un medio on line dar información del Gordo? Porque es el día del año con más visitas. Es decir, millones de personas en todo el mundo escriben ese día “gordo navidad” en sus buscadores porque han comprado décimos, o se los han comprado, o se los han regalado, y desde cualquier punto del planeta quieren saber si son tan miserables como el día anterior o lo contrario.

La pelea por salir en primer lugar de la lista es apasionante porque a los interesados en esas búsquedas, les da igual que sea El País, El Mundo, o La Verdad. Sólo quieren la lista. Es más, la Onlae, que es la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, ni siquiera aparece entre las primeras a pesar de que es quien suministra la información oficial.

Por ejemplo, puse las dos palabras mágicas y lo primero que me salió fue una información de El Faro de Vigo. ¿El Faro de Vigo? Pues sí: las arañas de Google deben pensar que este periódico gallego tiene  información destacada sobre el Gordo, por encima de los grandes medios digitales de España. ¿Ganará este año la carrera?

La segunda en la lista venía firmada por Antena 3,  y trataba de unos cacos que deseaban robar la recaudación de una agencia. Estaban armados de sopletes y martillos. La tercera información procedía de Terra y se refería a los premios del año pasado. Eso indica que Terra a lo mejor puede ser el portal premiado en las búsquedas este año. La cuarta de la lista era la página mencionada de El País.

Luego viene abc.es (Vocento), una página denominada elgordodenavidad.com, la de rtve, y a continuación dos diarios regionales, y no de los más grandes: información de Alicante y La Verdad de Murcia.

Sea como sea, las entradas del 22 de diciembre para un portal español son importantísimas porque suben mucho la media de entradas del año. Y nos podemos encontrar con que un pequeño portal que sea capaz de encantar a los robots de Google, a lo mejor es quien se pone en primer lugar en las búsquedas. Es una de las cosas de internet: los últimos a veces son los primeros.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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