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Avatar lo cambia todo

30 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Nadie pensó que pagaríamos por el agua embotellada. Si era gratis, ¿para qué cobrarla? Hoy es un negocio.

Nadie pensó que el café se vendería por internet más caro. Con cafeteras de casi mil euros. Y es un gran negocio.

Nadie pensó que iba a triunfar una película que te costase más en el cine, y que te exigía ponerte gafas. Un bombazo.

De estas premisas se puede extraer la conclusión de que cualquier negocio, el más raro, puede ser una fuente de dinero si logramos convencer, atraer, sorprender y gustar a los clientes.

Pero me voy a detener en la película. Me refiero a Avatar, de James Cameron. Ya ni me molesto en poner las cifras exactas porque siguen disparadas: 500 millones de dólares, mil millones, 1.200 millones de recaudación.

Costó cerca de 300 millones que con la promo subió a unos 500 millones. ¡Recuperado!

Lo fascinante de Avatar ya no es que rompiera nuestros esquemas sino que ha establecido un antes y un después. ¿Frase tópica? Por supuesto, pero quiero hablar sobre ello. Ya se están exhibiendo anuncios callejeros en 3D como el que se expone en la Plaza de Callao de Madrid. Existen televisores en 3D que son caros, pero también lo eran los primeros de plasma y digitales. La demanda del 3D va a ser el rock&roll de la tecnología.

Dentro de pocos años, todos los  televisores serán en 3D. Y los teléfonos móviles. Y seguramente muchas cosas más como los lectores electrónicos de libros, las pantallas de orddenadores, y un sin fin de aparatos. Sencillamente, el 3D se ve como un valor añadido en tu negocio. Si no emites, fabricas o exhibes en 3D serás un pobretón.

Las tapas de los libros crearán la sensación del 3D y al entrar en una tienda de cosméticos, nos asaltarán prospectos en 3D, o anuncios en 3D.

¿Y la prensa? Ahora que los lectores electrónicos se están poniendo de moda, los primeros en lograr que se reproduzca un  pase de modas, un terremoto o el spot de Avatar III en una minipantalla de 3D serán los primeros en ganar lectores. Amigos, esto solo es el comienzo.

¿No quedamos en hacerlos más pequeños?

28 enero 2010 - 13:58 - Autor:

Primero fue el Newton. No sé si se acordarán. Lo lanzó Apple en los años noventa y era una agenda electrónica que se parecía a los lectores electrónicos de libros. Pantalla grande táctil, de menos de cinco pulgadas, y muchas utilidades. Fracasó.

Luego vinieron los primeros lectores electrónicos. Se parecían al Newton porque tenían una pantalla grande. Tenían unas seis pulgadas. Cabían en un bolsillo de una chaqueta y podían leerse libros con enorme comodidad. Un ejemplo era el Sony. Le siguieron modelos más grandes como el iRex de Iliad, con ocho pulgadas, pero ahora parece que hay una competición en ver quién los hace más grandes.

Por ejemplo, el Kindle DX. Es de Amazon y tenía tal amplitud que era mejor usarlo en ambientes universitarios. El DX con sus 9,7 pulgadas superaba en tamaño al Kindle normal de 6 pulgadas. Este último cabía en un bolsillo de una chaqueta. El DX no, desde luego. Y ahora, el iPad de Apple, descubierto ayer, tiene una pantalla de 9,7 pulgadas,con lo cual se apunta a la moda de mientras más grande, mejor. Parece un televisor pequeño.

Tengo la impresión de que, por muy útiles que parezcan, los nuevos aparatos son demasiado grandes. Los lectores de 6 pulgadas tienen la ventaja de que los hombres los pueden llevar en la americana. Los nuevos, no.

Mi hipótesis es que las mujeres serán los clientes más fieles a cualquier cacharro de estos.

Las donaciones salvan a Wikipedia

27 enero 2010 - 10:41 - Autor:

A principios de enero, Wikipedia reunió más de ocho millones de dólares tras una campaña en la que pidió a sus usuarios que aportaran dinero. Fueron 230.000 personas en todo el mundo que se rascaron los bolsillos para mantener esta web gratuita.

“Ha sido la campaña de recogida de fondos de mayor éxito  en la historia de Wikipedia”, afirmaba un mail que llegó a los donantes. “Gracias por vuestra generosidad”.

En la lista de sus mayores donantes está la fundación Alfred P Sloan, la Fundación Stanton, la Red Omidyar y la Fundación William y Flora Hewlett.

Wikipedia tiene representaciones en 27 países, a través de las cuales se canalizaron 1,8 millones de dólares.

Eso significa que Jimmy Wales, el fundador, y su equipo han conseguido salvar a Wikipedia. Hace un par de años, reconocieron que tenían problemas para mantener la enciclopedia gratuita. ¿Por qué? Pues porque es gratuita, claro. Ahora, con este  modelo de donaciones, seguro que sus soluciones son copiadas o por lo menos estudiadas de cerca por otras webs gratuitas que se preguntan cuál es la clave para ser un santo, no cobrar por los milagros y comer de vez en cuando.

Y ahora van a ver cómo se presenta la memoria de una enciclopedia cuyo único valor es el conocimiento, o sea, las palabras:

Dice así:

“Es un placer para mí compartir nuestra Memoria Annual que abarca el periodo desde el 1 de Julio de 2008 hasta el 30 de junio de 2009. Durante ese periodo:

Wiklipedia y sus hermanas crecieron en 1.600 millones de palabras y 1,8 millones de archivos.

Ampliamos nuestros lectores globales hasta más de 300 millones de visitantes al mes.

Lanzamos iniciativas para mejorar sustancialmente el uso de Wikipedia.

Continuamos invirtiendo en infraestructuras y en tecnologías innovadoras.

Comenzamos a desarrollar nuevas colaboraciones para incrementar la calidad de Wikipedia”.

Firma esta carta Sue Gardner, directora ejecutiva de la Fundación Wikimedia.

Esos son los datos principales. Pero hay más.

Los que quieran ver los detalles pueden consultar el Informe Anual que, oh sorpresa, incluye una auditoria de los estados financieros.

http://wikimediafoundation.org/wiki/Annual_Report

¿Qué método usa Wikipedia para obtener fondos? El primero, el más sencillo, procedía de su misma labor diaria pues muchos de los usuarios, agradecidos por el servicio, daban dinero a la compañía: desde Chris Anderson, director de la revista Wired, hasta un estudiante de Los Ángeles.

Luego, venían las innumerables fundaciones que existen en EEUU.

Pero la última forma de captar fondos fue la más ingeniosa. Cada persona que entraba en Wikipedia para consultar un dato se encontraba con una frase. La frase era de un usuario que había donado un dólar, o diez, o cien, o mil. O euros. O en cualquier moneda.

Bastaba tener una cuenta abierta en PayPal y enviar la donación. Quien lo hacía tenía el honor de adjuntar una frase gloriosa, o sencillamente un piropo a Wikipedia, e inmediatamente aparecía en la cabecera de Wikipedia de todo el mundo su frase y su nombre durante unos segundos.

Ha sido una forma de captar donaciones a través del breve destello de la fama. En diciembre, conté que en una hora, se habían hecho donaciones por valor de varios miles de dólares, de Taiwán a Argentina. La cosa funcionaba.

Muchos han criticado Wikipedia por estar demasiado expuesta a las manipulaciones. Puede ser. O ser incompleta. También puede ser. Pero tengo en mi casa varias enciclopedias que ocupan varios metros: de arte, de conocimientos generales, de historia. Y el problema es que a medida que pasan los años, esas enciclopedias se quedan obsoletas pues no hay forma de incrustar lo que ha sucedido desde que fueron impresas hasta hoy.

Tengo una enciclopedia de los años cincuenta que no sabe qué es internet, desconoce la llegada del hombre a la luna, y no recoge que Rodhesia hoy se llama Zimbaue.

Wikipedia recoge los sucesos al instante, desde los fallecimientos de famosos como Michael Jackson hasta los terremotos asoladores como el de Haití.

Para mí, Wikipedia es un trampolín. Es un trampolín para conseguir artículos de fondo donde se explican las cosas desde periódicos a boletines científicos o bases de datos. Eso está al final de cada artículo y es lo más interesante pues nos remite  a las fuentes originales. Y eso es lo que citamos de forma erudita en nuestros escritos sin confesar que vienen de Wikipedia.

La Wikipedia norteamericana es muy completa. La española no está mal pero veo mucha influencia de profesores de instituto de enseñanza media o de universidad que siguen creyendo que el Muro de Berlín está en pie. Veo poco debate científico, poca honestidad intelectual y bastante ideología.

Sin embargo, cada vez encuentro artículos españoles más elaborados. Eso significa que cada vez hay menos ideología y más honestidad. Y algunos son realmente buenos.

En fin, si están interesados en convertirse en donantes de fondos ésta es la dirección: http://donate.wikipedia.org

Yo fui uno de ellos. Y me encantó hacerlo.

Yo tuve gripe A

26 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Desde agosto de 2009 he tenido tres gripes. Una de ellas fue gripe A porque, quien me la pasó, sabe de medicina y me dijo “ahí queda eso: cof, cof, cof”.

Me duró siete días. No fui al médico. En ninguna de las tres gripes. La más suave de todas fue la gripe A.

Yo sabía que cuando estalló la amenaza de Andrómeda, cuando se descubrieron los primeros casos en México, aquello se iba a convertir en una epidemia psicológica. Alarma-estallido-pánico-medidas-prensa catastrofista-más medidas-casos que se extienden-prensa-miedo de los gobiernos-ultra medidas… y ná.

Ya nos había pasado con las vacas locas que al final sólo estaban un poco salidas de madre. Nos pasó con la gripe aviar, que a pesar de que los médicos decían que iba a demoler a pájaros, personas y algún pajarraco humanoide, no pasó de un somormujo encontrado muerto en una laguna de Alava.

Pero aquí viene lo bueno. Siempre me ha parecido que el catastrofismo agitado por la prensa es la verdadera vacuna social. Porque gracias a esas alarmas se ponen en marcha medidas tan espectaculares, que si a un microbio se le ocurre pasar por el aeropuerto sin identificarse le caen una somanta de palos que no se le ocurre hacer más la gracieta. Y si un ministro no recurre a medidas extremas se le cae el pelo.

Yo lo digo en serio. Sí. Nos hemos gastado un montón de millones en vacunas. Es verdad que las farmacéuticas se forran, pero afortunadamente están allí para fabricar fármacos. Ellas esperan estas crisis y están encantadas, pero ¿quién es el culpables: ellas o nuestro catastrofismo?

Insisto, ser catastrófico es bueno porque se detienen de un tajo las amenazas microbiológicas. Está demostrado que la única manera de que la gente ponga medidas de control urgentes es meter miedo.

Al, final, han muerto de gripe A menos de los que habitualmente mueren por la gripe de siempre. Cada invierno la gripe se lleva en España ma 3.000 personas. Descansen en paz. Y descanse en paz la Gripe A.

¿Estamos siendo demasiado críticos con el Gobierno?

25 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Destrucción, catástrofe, hundimiento, castigo divino…

Más o menos eso es lo que escribimos sobre la economía española en estos momentos.La semana pasada no fue una bendición para las bolsas. Esta semana, el viernes, se conocerán los datos del paro EPA, y seguramente serán malos. Cada vez que conocemos los datos de la construcción, de la morosidad, de los procedimientos concursales (suspensiones y quiebras), y más cosas nos entra la depresión.

Ya lo sabemos: el culpable es el Gobierno.

Es la realidad. Pero ¿estamos siendo demasiado críticos con el Gobierno? ¿Hemos sido los periodistas demasiado pesimistas, destructivos y aguafiestas con el futuro del país?

Reconozco haber sido demasiado optimista en la primera parte de la crisis, y demasiado pesimista en la segunda. No sé si hay una tercera, pero creo que el papel debería ser el de buscar salidas.

Uno de los lectores de este blog me criticaba el otro día por haber escrito un post sobre “Los diez libros que hay que escribir sobre esta crisis”, y me preguntaba. “Sí, de acuerdo, la gestión del gobierno es un desastre. Sin embargo me gustaría ver si tiene usted ideas que aportar o sólo se apunta al linchamiento. Gracias”.

Alguna he aportado. Hace un año sostuve que había que copiar el modelo alemán, según el cual el estado ayuda a los empresarios pagando parte del salario de aquellos trabajadores que reduzcan su jornada. Propuse a principios del año pasado que el Estado aportara 2.000 euros a los que quisieran comprar un coche. Lo de los coches se puso en marcha en junio en España. Lo del modelo alemán es lo que proponen ahora los sindicatos.

También he sido muy crítico con el retraso del Pacto Social, ese acuerdo que espera este país entre empresarios y sindicatos. Ya han pasado dos años de la crisis, y no se ha llegado a ningún acuerdo.

No he sido crítico con el endeudamiento del estado, pues creo que podemos asumirlo. El endeudamiento español equivale a menos del 60% del PIB. El japonés se acerca al 250% de su PIB y no se han muerto. Tenemos margen.

De la ley de Economía Sostenible no he criticado tanto los contenidos como su necesidad. ¿Necesitamos una ley para dentro de diez años? ¿Y qué hacemos ahora con la crisis? ¿Hay algún plan?

Bueno. Sí ha habido un plan: el PlanE. Se pueden ver todas las medidas en la página de La Moncloa sobre el Plan E: invertir en obras públicas, extender ayudas a los parados, créditos especiales del ICO, modificar el pago de las deudas hipotecarias a los parados… Sí ha hecho cosas pero desgraciadamente no han funcionado porque el paro superó hace tiempo los 4 millones de personas.

Muchas veces, en las tertulias de la radio, se dispara al Gobierno con demasiada facilidad. Yo he disparado también. Creo que se merece la gran mayoría de la culpa porque un Gobierno es la más alta instancia en el programa económico de un país. Por eso gobiernan, ¿no? Ahora bien, cuando los periodistas saltamos la barrera y nos ponemos a rasgarnos las vestiduras invocando palabras como “catástrofe bíblica”, “hundimiento definitivo”, “desastre telúrico”, “caos total”, pues la verdad, en muchos casos no ayudamos a mejorar las cosas sino a empeorarlas.

Creo que los españoles necesitan una dosis de ánimo. Iba a escribir ‘optimismo’ pero ni a mí me gusta el término. En cambio me gusta ‘ánimo’. Es la palabra que gritan los entrenadores a sus equipos cuando van perdiendo. Y a veces, los jugadores dan la vuelta al partido y ganan. Ya saben lo que decía Valdano: “La economía es un estado de ánimo”. Ups, perdón. Creo que la frase era “El Real Madrid es un estado de ánimo”.

Bueno, y, ¿no estamos jugando un partido contra la adversidad?

Últimas noticias: Obama no procede del Olimpo

23 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Nos habíamos creído que Barack Obama procedía de otra galaxia, de Ganímedes, del polvo de las estrellas, era un enviado de los dioses, un santo, un mesías, un dios olímpico.

O sea que no. Pues vaya.

Como muchas personas, yo estuve sentado el cinco de noviembre de 2008 a las seis de la mañana frente a un televisor para escuchar su discurso de la victoria. Vi las caras de la gente que se apretujaba contra la tarima en una explanada en Chicago, donde el elegido presidente, su mujer, y sus dos hijas saludaban al público. Escuché con atención su discurso. Contemplé las caras llorosas, las sonrisas, la alegría de sus seguidores…

Durante aquellos días había estado leyendo las crónicas periodísticas. Obama, el renovador. Obama, la esperanza. Obama, el reformador. Traería una nueva vida a EEUU y al mundo entero. Tenía planes. Mejor aún: sueños. Eso eso. Grandes sueños. Y la humanidad quería soñar con él.

La prensa se enamoró de Obama porque necesitaba una nueva Lady Di. Lo dijo un periodista de The Guardian.

Cuando vi aquellas multitudes, a sus rostros encendidos y a los sueños que estaban pasando por su cabeza, me dije: Oh, oh. Creo que Obama tiene su primer problema y se llama “proceso de santificación sin milagro constatable“. La prensa, sus seguidores, el resto del mundo, lo habían santificado. Esperaban milagros. Y ese era su primer desafío: convencer a la gente de que no era el nuevo Mesías. Empezábamos mal.

Desde el primer minuto de su mandato, el gran problema de Obama consistía en que la gente le había idealizado hasta convertirlo en un semidiós. Se esperaba mucho de él. Se le veía como “el gran solucionador”. Tenía cualidades mágicas, taumatúrgicas, hierofánticas.

Y uno se preguntaba: ¿En medio de una crisis financiera como nunca se había visto en 80 años? ¿Con una guerra allá al fondo del planeta a la derecha, en un lugar llamado Afganistán y otro Irak? ¿Quién tiene superpoderes?

No los tiene a pesar de que es el hombre más poderoso del mundo. Terrible paradoja. Y por eso, ahora, mucha gente dice que le está decepcionando. Quizá la culpa es del equipo de imagen y comunicación de Obama, que explotó hasta la barbaridad la figura del “primer presidente negro de la historia de EEUU”. Pero ni negros, ni blancos, ni amarillos, ni verdes. Aunque los superhéroes se vistan con trajes de luces, los milagros se dejaron de hacer hace 2.000 años.

Improvisación: gran invento español

22 enero 2010 - 13:04 - Autor:

Unos maestros en el arte de resolver en un instante problemas de gran calado.

Más o menos esa es la definición del gran invento español de la improvisación. Se presenta un problema, llamas a un responsable, le dices que tienes un incendio, éste responde “eso está chupao” y ¡zas! Problema resuelto.

Las escuelas de negocio deberían crear un master en improvisación porque en este país los profesionales se pasan el día resolviendo “marrones”, improvisando por aquí y por allá. No lo deben hacer muy mal porque estamos en la OCDE (los países más desarrollados del mundo), pertenecemos al primer mundo, ocupamos el puesto noveno o décimo, ya no me acuerdo entre las grandes superpotencias y las cosas siguen funcionando.

La improvisación es un desafío constante en el mundo de los negocios porque no se puede predecir todo. Tsunamis financieros, nuevas regulaciones, catástrofes inesperadas, sucesos imprevistos… No hay empresa que no haya pasado por esta experiencia y, al final, siempre se pone a cargo un improvisador o un equipo lleno de improvisadores que afronta la misión con ganas.

Para ser un buen improvisador, ¿qué se necesita? Rapidez mental, nervios de acero, optimismo, búsqueda y hallazgo de soluciones en milisegundos. Un improvisador es un bombero de empresa: le llamas, te apaga el fuego y se va.

Ahora bien, una cosa es improvisar ante un suceso realmente inesperado. Y otra improvisar por falta de planificación. Gran parte del trabajo de los mejores improvisadores de este país procede de la falta de planificación. Resulta que, arriba, a uno de los jefes se le olvidó hacer su trabajo y ahora hay que improvisar soluciones. ¿Les suena eso? Más o menos eso pasa en siete de cada diez empresas españolas.

Se improvisa porque no se planifica.

Pero también se improvisa porque se tiene un concepto relativo del tiempo. Por ejemplo, cuando estuve trabajando para una empresa alemana, me di cuenta de que esos señores se pasaban el día planificando. La interpretación de la palabra “planificar” es la siguiente: calcular el tiempo que toma hacer las cosas, y empeñarse en hacerlas bien en ese periodo.

Un alemán te decía: “Hay que hacer esto. Para hacerlo bien, tienes todo este tiempo (tiempo de sobra). Hazlo”.

Y uno lo hacía. Y solía salir bastante bien. De ahí que Alemania produzca cosas tan bien hechas. Es ni más ni menos que planificar el tiempo en que tardas en hacer algo de manera perfecta. Pueden ser BMW, Audis, equipos de sonido, balanzas electrónica, aviones o utensilios de cocina. Están bien hechos porque, como los artesanos de la Edad Media, se tomaban el tiempo necesario.

Problema: si le dices a un alemán que aquello para lo que necesitaba un mes hay que hacerlo en una semana, se muere de un infarto. Se muere no porque no lo pueda hacer, sino porque sabe que lo va a hacer mal.

Y entonces llega un español y dice: “¿Una semana? Eso te l’hago en un plis plás. Trae p’acá”. Lo hace desde luego. Pero existen serias dudas sobre el resultado de su trabajo.

La ventaja es que el español te saca del atolladero en momentos de crisis. Esa es su ventaja competitiva. El problema es que en España se improvisa por falta de planificación y demasiadas cosas salen a medias, sin completar, sin la excelencia necesaria.

Diez libros que alguien debería escribir

21 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Estos son diez libros que no se han escrito, que me gustaría leer y que alguien debería escribir. Claro, sobre la crisis.

1. Tú también puedes ser presidente. (Cómo ganar unas elecciones, hundir la economía y decir “estamos saliendo”)

2. Cinco fórmulas infalibles para encontrar empleo… en Japón.

3. Mi sillón, mi nevera, mi yogur: diario de un parado.

4. No lo tire a la basura (Trucos para usar su título universitario)

5. Empapela tu habitación con multas.

6. Zen en el arte de pagar el IVA sin cobrarlo.

7. Cómo lograr más rebajas en las rebajas.

8. Juega al Monopoly con tus facturas impagadas.

9. El microondas, el tupper, los precocinados… Las nuevas mascotas

10. Compendio de chistes: mil frases célebres de economistas optimistas

Escuelas de negocios pero sin principios

20 enero 2010 - 7:00 - Autor:

¿Sociedades secretas? ¿Clubes de conspiración? ¿Sectas de comecocos? ¿Máquinas de hacer dinero?

Otros las llaman Escuelas de Negocios. No se rían. Es lo que sugiere el título del libro “MBA’s, ¿ángeles o demonios?”, que acaba de publicar Gestión 2000. Su autor es JuanMa Roca, el Dan Brown de la gestión en España. El año pasado escribió dos libros: “El reino de la humildad” y “Revolución LinkedIn”. Y ahora éste sobre los MBA (Master in Business Administration o en Dirección de Empresas), la materia preferida de las Escuelas de Negocios.

Cuando JuanMa me dijo hace unos meses que estaba escribiendo este libro, me pregunté hasta dónde estaba dispuesto a contar los entresijos. Porque todos conocemos el lado bueno de las Escuelas de Negocios: preparan líderes en gestión y han hecho un gran favor a nuestro país, cuyas universidades fabrican licenciados, pero no jefes. Las Escuelas de Negocios son nuestras fábricas de líderes, y eso está muy bien. Pero de unos años a esta parte, su prestigio se ha visto empañado porque muchos de sus egregios alumnos han acabado en la cárcel o en los juzgados por mala gestión. El jefe de Enron, Jeff Skilling, era de Harvard. Enron quebró. “En los escándalos financieros, casi todos los responsables son MBA’s”, decía Roca en la presentación de su libro.

La crisis financiera que se desató en EEUU y luego en el mundo a partir de 2007, siguió trayendo cadáveres de las escuelas de negocios: unos eran de Harvard, otros de Chicago, y el último escándalo ha saltado en India, donde el presidente de la Indian Business School ha tenido que dimitir por extraños comportamientos financieros.

Entonces, ¿qué demonios enseñan en las Escuelas de Negocio? Pues eso: negocio, business, la pela… No está mal. No voy a demonizar el dinero pero sí una cosa que sobresalta de estos templos de la enseñanza. Se enfocaron en fomentar el culto al dinero y se olvidaron de los valores. Eso es lo que dice JuanMa Roca en su libro.

Las Escuelas de Negocios, por decirlo a mi modo, pensaron en el otro significado de “talento”: moneda antigua usada en tiempos de los romanos. Y se olvidaron de que el talento, la inteligencia gestora, debe llevar aparejada cierto grado de ética de los negocios.

La prueba de que estaban errando el tiro es que un estudiante llamado Max Anderson ha promovido un “juramento hipocrático” para las escuelas de negocios y los MBA’s. Increíble que tenga que ser un estudiante quien tome la iniciativa. El juramento consta de ocho puntos donde se mencionan palabras como “buena fe”, “integridad”, “espíritu”"responsabilidad”, “supervisión”, “rendir cuentas”… desde luego, algo revolucionario para un MBA.

Roca lo entrevistó para su libro, y le preguntó si las escuelas habían fallado. El joven Anderson, graduado por Harvard en 2009, dice que sí. “Las escuelas de negocios sí que han fallado“. Añade, refiriéndose a la crisis en general, que “todo el mundo ha sido demasiado codicioso”, pero las Escuelas de Negocios “tienen la responsabilidad de educar a los estudiantes en gestión del riesgo, una amplia y prudente toma de decisiones, y un liderazgo basado en principios”.

El libro es un llamado para volver a los orígenes. Porque en sus inicios, las Escuelas de Negocios enseñaban más valores. Al final, todo eso se dejó en la cuneta porque lo importante era ganar dinero.

Le pregunté a Roca si no era penoso que los mejores estudiantes de las Escuelas de Negocios en España acaben siendo abducidos por grandes bancos, cuyo negocio, con perdón, consiste en tomar dinero con una mano y prestarlo con la otra. Es decir, muy pocos graduados en MBA se dedican a montar empresas de biotecnología. Roca reconoció que sí. Y añadió que cuando se preguntaba a los estudiantes de estas escuelas por qué estaban allí, la mayoría respondía que “para ganar dinero”. O sea, forrarse. ¿Ese es el servicio a la comunidad que esperamos de nuestras mentes más brillantes?

Bueno, las mismas Escuelas de Negocios saben que lo han hecho mal y ahora están en un examen de conciencia. Nadie sabe qué libros se llevarán a este retiro espiritual pero yo les recomendaría sólo uno: “Angeles o demonios”, de JuanMa Roca.

Si no estás en el CLI no eres nadie

19 enero 2010 - 7:00 - Autor:

Su nombre completo es Climate Leadership Index y no es un concurso de belleza. Es al ranking de las compañías del mundo más preocupadas por el medio ambiente. ¿Y por qué hay que estar allí? Porque demostrará que su empresa está trabajando para que el  planeta esté menos sucio.

No vayamos tan rápido.

Todo empezó con el Protocolo de Kyoto en 1997. En esta ciudad nipona muchos países firmaron un acuerdo por el cual se comprometían a contaminar menos el planeta reduciendo los gases que producen el efecto invernadero, el famoso CO2.

El problema es que no hay cosa tan bonita y tan inútil como un acuerdo para ser buenos. Dado que no había una forman clara de animar a los países a que redujeran sus gases contaminantes, en 2000 se creó una organización sin fines de lucro llamada Carbon Disclosure Project. Eso fue en Gran Bretaña y el objetivo era dar credibilidad a aquellas empresas que hicieran esfuerzos por ser más limpias. Esa credibilidad se materializa en el llamado Climate Leadership Index (CLI), una lista que era como el Miss Universo de las empresas verdes.

La lista va teniendo cada vez más importancia y ahora a las grandes multinacionales se les cae la baba cuando pueden decir que están en el CLI. No hay cóctel donde no muestren sus medallas.

Lo bueno del caso es que hay grandes multinacionales españolas en el CLI, como por ejemplo Iberdrola y Repsol. Estar allí es como ser miembro de la Academia de la Lengua, pero en este caso del Clima. Es importante porque así las empresas pueden demostrar su compromiso con el medio ambiente. ¿Y por qué tanta preocupación? Porque la sociedad ya no admite simplemente que una empresa fabrique algo y gane dinero. La sociedad quiere ver empresas limpias, o que investiguen productos más limpios, que cuiden el planeta, y que sean sostenibles.

Es un club elitista porque está un poco mediatizado por el volumen de las compañías. Pero de eso se trata: que los grandes se sientan presionados a invertir grandes sumas de dinero en eficiencia pues su impacto en la sociedad es aun mayor. Ya hay 2.500 organizaciones en 60 países y se pretende que su número siga creciendo.

Por eso el Carbon Disclosure Project creó un índice para estimular a las empresas a estar en los mejores puestos. Es el Carbon Disclosure Leadership Index o Climate leadership Index. Tiene un método de evaluación que se elabora con la consultora PriceWaterhose, y cada cierto tiempo publica su lista de “los chicos que se han portado bien”.

A su vez, si una empresa está en este índice, puede incluirlo en su Memoria de Sostenibilidad o de Responsabilidad Social, ese cuaderno que ahora se adjunta en las memorias y donde las empresas tratan de demostrar que buscan la eficiencia energética y, de paso, conservar el planeta Tierra. Y si gusta a accionistas, inversores, ONG y demás conseguirá que el valor de su acción suba y suba sin parar.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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