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Lovelock: “Los aerogeneradores no funcionan”

31 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

James Lovelock vuelve a hacer de las suyas. Este científico británico que hace muchos años bautizó al planeta Tierra como Gaia y dijo que era un orgamismo vivo, ahora arremete contra la energía eólica.

En una entrevista publicada estos días en The Guardian, Lovelock afirma:

“Si los aerogeneradores (los molinillos de viento) funcionaran yo no tendría ninguna objeción. Al diablo con la estética. Pero es que no funcionan, como se ha demostrado en Alemania“.

Lovelock insiste en declarar su pasión por la energía nuclear, algo que sorprendió a los ecologistas del mundo entero, cuando confesó hace muchos años que era la fuente de vida salvadora de Gaia.

“Estoy a favor de la energía nuclear para zonas sobredimensionadas como Gran Bretaña sencillamente porque es barata, eficiente e impresionantemente segura, como lo demuestran los hechos (records).”

Pero Lovelock no se queda aquí. Cree que los seres humanos seguimos siendo muy estúpidos y estamos contaminando el planeta. Se queja de que no haya una poderosa fuerza para sacar adelante un proyecto común. La prueba es el fracaso de la pasada Cumbre del Clima en Dinamarca. Por eso, al final, critica a los gobierno democráticos, por no tomar al toro por los cuernos y por ser débiles.

Afirma que en tiempos de guerra se toman decisiones radicales saltándose las normas democráticas, y que la lucha contra el cambio climático es una guerra parecida que requiere decisiones “autoritarias”. “Necesitamos un mundo más autoritario”, afirma sin titubeos. Es más, según Lovelock, si no tomamos decisiones inmediatas, los cambios en el clima pueden conducir a una verdadera guerra.

El error de las pymes: no tienen ni idea de qué es esa cosa con patas que entra por la puerta

30 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Me he topado con tres casos.

Un amigo me cuenta que en la farmacia de al lado de su casa, la de hace 25 años, le preparaban una fórmula magistral muy sencilla. La de siempre.  Hace poco le dijeron que ya no podrían hacer esos preparados porque la ley les exigía ampliar su laboratorio para crear fórmulas químicas. La farmacéutica no tiene sitio para ampliar su local, y ya no hará fórmulas. Hasta aquí, todo sensato. “Pero ¿por qué me lo dice ahora?”, afirmaba mi amigo. ”¿Por qué no me avisó hace varios meses para que yo le pidiera varios frascos de fórmula magistral por adelantado?”. Se fastidió.

Eso quiere decir que 25 años de fidelidad no le han servido de nada. Creo que mi amigo ya no irá nunca más a esa farmacia.

El segundo caso es una empresa de ordenadores. Esta vez el protagonista soy yo. Les llevé un portátil moribundo y me dijeron que tratarían de reanimarlo cambiándole la placa base. Eso fue hace dos meses. En ningún momento me han llamado para decirme que tardarían dos meses, sino que fui yo quien tuvo que levantar el auricular. ¿Por qué me tratan tan mal?

El tercer caso es de un dentista. Un amigo se hizo una revisión periódica y le encontraron algunos problemas. Eran algo graves, pero tratables. Mi amigo se hizo un montón de radiografías pero quiso asegurarse pidiendo una segunda opinión y para ello solicitó las radiografías. Le dijeron en la clínica dental que se las enviarían por correo electrónico, una vez fueran escaneadas. Aquello sonaba bien. Han pasado tres semanas, y mi amigo no ha podido solicitar la segunda opinión a un estomatólogo de su confianza porque nadie le envía las radiografías. Ha insistido todas las semanas, pero en la clínica le dice que sí, que ya va, que pronto. Y nada.

Uno pone esos casos en la coctelera de la razón, y concluye que la inmensa mayoría de las pymes españolas funciona mal. Ni siquiera cumplen con un servicio fundamental. No tienen ni idea de qué es eso con dos patas que entra por la puerta y que se llama “cliente”. En serio, ni idea.

Porque en esos casos mencionados no se trataba de enfrentarse a un caso extraordinario, no sé, como cambiar la placa base de un ordenador fabricado en 1980. Tampoco se trataban de enviar por mail un informe de mil páginas, sino una radiografía que se puede escanear en cualquier aparato. Y en el caso de la farmacia, se trataba de llamar al cliente, (las llamadas de fijo a fijo son gratuitas), y avisarle del inconveniente de hacer una fórmula magistral.

Voy a añadir algunos casos más: en muchas cafeterías adonde suelo ir, ni me dan las buenas tardes. Me atienden con eficacia, pero con mal humor. Casi todos están de mal humor. ¿Es que sufren mucho sirviendo cervezas?

Y ahora viene la buena noticia: las pymes que cumplan con esos servicios mínimos, triunfarán. Siempre digo que, hace muchos años, cuando El Corte Inglés era una tienda pequeñita de barrio, aprendieron a sonreír y a devolver el dinero si un cliente no estaba contento. Nadie hacía eso entonces. Ahora, muchas de esas tiendecitas desaparecieron, o siguen siendo pymes torpes en peligro de desaparecer. Y El Corte Inglés es cada vez más grande.

No se den prisa en tomar decisiones no sea que el país se arregle solito

29 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Cuando hace pocos días se anunció un plan de reactivación económica, me llamó la atención la creación de una especie de comisión de estudio, para vigilar que las cosas marchan bien. Este grupo de trabajo va a presentar dentro de tres meses un plan para racionalizar los gastos del estado. O sea, en verano, justo antes de irse de vacaciones.

Estupendo. No se den prisa, no sea que se arregle el país.

Para colmo de males, los partidos políticos no se han puesto de acuerdo y han rechazado ese plan de medidas para reactivar la economía. Sigo sin entender la calma con que el gobierno se toma su papel en la crisis. Es algo a lo que le doy vueltas, y sólo se me ocurre explicarlo diciendo que forman parte de un grupo conspirador internacional, quién sabe si de otro planeta, para evitar que España salga de la crisis. Pero tampoco entiendo a los partidos políticos. La única explicación, en el caso del PP, es que siguen la consigna: “al enemigo, ni agua”. En el PP no quieren que una recuperación suponga más votos para el gobierno. Todo lo contrario de lo que se ha hecho en otros países.

Ya comenté en un post cómo supo contener la crisis el gobierno de Francia. A finales de 2008, todas las fuerzas parlamentarias se pusieron de acuerdo y votaron en una semana un plan de ataque económico que les ha permitido sortear los males de la crisis.

Justo la semana pasada, el diario El País publicaba su suplemento especial semanal de The New York Times, uno de cuyos reportajes era sobre Francia  (aquí lo tienen en inglés). Ponía el caso de una empresa francesa de cerámicas que, gracias a las prontas ayudas del gobierno y a las rebajas fiscales (repito, rebajas fiscales) salvó los puestos de trabajo. Y como ellas, decía el reportaje, miles de empresas francesas.

Por ejemplo, una de las cosas que cuenta es que la empresa se salvó porque el gobierno francés puso en marcha la devolución rápida de impuestos. En España, como saben, los empresarios abonan el IVA al Estado por facturas que quizá no han cobrado todavía. ¿Y qué pasa si nos las cobran nunca? El Estado les devuelve el IVA, por supuesto, pero al cabo de un año. La semana pasada la ministra Salgado propuso que se les devolviera en seis meses.

O sea, que en Francia hace  año y medio ya pusieron en marcha medidas de devolución fiscal y aquí estamos de cañas todavía.

Esta semana nos vamos de vacaciones. El gobierno aprobará un paquete de medidas en el consejo de ministros del 9 de abril, pero será como la pólvora mojada, pues no se toca el tema fundamental, que es la reforma laboral. Como decía Jesús Cacho la semana pasada, los Pactos de Zurbano (del gobierno con los partidos) ”se han saldado con un mini paquete de medidas que están muy lejos de las grandes reformas de fondo que un líder consciente de su responsabilidad histórica debería haber adoptado ya hace muchos meses, y probablemente hace ya dos años”.

En un par de meses, viene el verano y con él, el aumento de los impuestos. Justo lo contrario que Francia. No creo que de aquí al verano se ponga en marcha nada contundente aunque se apruebe la semana que viene. Los primeros efectos de cualquier medida se notarán después del verano.

O sea que nos meteremos pronto en el tercer año triunfal de la crisis (estallada en septiembre de 2008), mientras que otros países empezarán a eliminar las medidas de ayuda económica porque ya están saliendo de la crisis desde hace por lo menos dos trimestres.

Ánimo, chicos de la política, que a lo mejor salimos sin vuestra ayuda.

De los jeroglíficos a Twitter: por qué no hemos cambiado en miles de años

27 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Si uno se pone a leer libros sobre la evolución del lenguaje y el nacimiento del alfabeto descubre dos cosas sorprendentes: primero, que la humanidad inventó el alfabeto porque empezó a escribir mal. Mejor dicho, rápido. Así ganaban tiempo y ahorraban dinero. Y segundo, que escribimos y leemos hoy los contenidos de internet para ahorrar tiempo y dinero.

En principio, hace seis mil años o así, los mercaderes sumerios redactaban en las tablillas de barro las deudas y los cobros, y lo hacían imitando figuras animales o humanas, y luego, palitos como los que se usan para contar.

Aquellas cabecitas se convirtieron en letras, y los palos en números. ¿Qué los impulsó? Ganar tiempo. Para explicarlo mejor, hay que estudiar lo que sucedió con los jeroglíficos egipcios. Cuando Napoleón conquistó Egipto, sus soldados se encontraron en Rosetta una piedra que estaba escrita en tres alfabetos: egipcio sagrado, demótico y griego.

La piedra Rosetta es como pasar de un periódico a Twitter.

La piedra Rosetta era como pasar de la Biblia a Twitter.

Unos  estudiosos llamados Thomas Young y Jean-François Champollion se pusieron a escrutar la piedra por separado y descubrieron que decía lo mismo, pero en tres alfabetos. El griego se podía entender. El demótico y el hierático, nada. Pero estableciendo relaciones con el griego, dedujeron el significado de los jeroglíficos y del demótico.

Lo interesante está en el demótico, pues da las claves de por qué triunfa nuestra forma de leer y escribir en internet.

El demótico era en realidad la escritura deformada de los jeroglíficos. Era la forma vulgar de escribir, la popular, pues decía lo mismo con menos cariño, a la carrera, igual que hacen los médicos de hoy cuando redactan una receta que sólo entienden los farmacéuticos, nuestros Champollion de hoy. Por ejemplo, lo que en egipcio hierático se escribía con un montón de glifos hermosos y bien elaborados como ojos, águilas o escarabajos, en demótico eran sólo unas rayas. Escribiendo en demótico, los egipcios ganaban tiempo y expresaban lo mismo. Escribir en hierático era muy artístico, pero se tardaba mucho en esculpir cada glifo.

La evolución del alfabeto se ha debido a la necesidad de ganar tiempo, de decir más cosas con menos trazos. Lo mismo ha pasado con la evolución de los números.

Los numerales griegos eran simplemente sus letras en mayúsculas o minúsculas, esto es, alfa, beta, gama, omega, ypsilon, y todas esas letras puestas unas encima de otras creaban operaciones matemáticas.

Los numerales romanos también se tomaron del alfabeto pues usaban el I, II, II, IV, V, X, L, D y M.

Las operaciones matemáticas eran un frenesí porque había que computar acumulando esas letras en multiplicaciones y divisiones como quien construye un edificio de ladrillos. Para los comerciantes era una tortura hasta que llegaron los árabes.

Los árabes trajeron la nueva numeración, en la cual incluían el cero. No era un invento suyo, sino de los indios, de los antiguos arios que habitaron India, al parecer.

Con la simple combinación de diez caracteres se podían hacer múltiples operaciones y ganar tiempo. Ganar tiempo está asociado a un gasto menor de energía, y a la mejora de la supervivencia de la especie.

De este modo, los eruditos saben que la simplificación y la abstracción han permitido a la humanidad ganar millones de millones de segundos de trabajo. Ha sido un ahorro descomunal, como el ahorro que ahora nos permiten los ordenadores, al hacer operaciones y transcribir palabras en poco tiempo. ¿Cuánto se ha ahorrado en dinero? Incalculable, pero seguramente el alfabeto occidental ha sido el avance que nos ha hecho ahorrar más tiempo y dinero en la historia.

Y llegamos a nuestro tiempo.

Internet y las nuevas tecnologías están dando otro  empujón a esa forma de escribir; siguen su estela. Los jóvenes se envían mensajes de sms usando un código resumido de letras que les hace ganar tiempo. Pueden contar más cosas en el mismo espacio.

Lo mismo sucede con los blogs y el microblogging. Estas formas de comunicación se han disparado porque se cuentan muchas cosas en poco espacio. No lo hacen contrayendo caracteres, como los mensajes sms, sino resumiendo las ideas en pocas frases. ¿Por qué? Por lo mismo de siempre: necesitamos ganar tiempo.

Además internet es como un inmenso mar lleno de peces sabrosos y no queremos perdernos su textura ni su belleza. Como el tiempo es limitado, o mejor dicho, el tiempo da de sí lo mismo que daba hace 4.000 años, nos entretenemos solo en aquello que nos cuenta muchas cosas sabrosas en poco espacio. Que no nos hace perder el tiempo. En el fondo, como dice Luis Vicente Muñoz, internet es el mundo de los impacientes. Yo defino a esa actitud como que nos hemos convertido en unos psiconautas.

Por eso, creo que los que triunfan en las nuevas redes sociales, en los blogs, y en las webs son aquellos personajes que te cuentan muchas cosas en poco tiempo, esto es, en poco espacio.

Los grandes novelistas de nuestra era, los más vendidos, son los que cuentan muchas cosas por página. Por ejemplo, el primer capítulo de Papá Goriot (de Balzac, en el siglo XIX) ocupa 60 páginas y no cuenta casi nada: relata los personajes de la pensión de Madame Vauquer. No hay acción.

El primer capítulo de El Código da Vinci tiene cuatro páginas. Sale lo siguiente: un hombre corre despavorido por el Louvre, alguien le persigue, luego le dispara, pero antes de morir, el que huye hace una figura con su cuerpo para dejar un mensaje. Un asesinato en cuatro páginas.

Si lo escribiera hoy en Twitter le sobrarían 100 caracteres.

¿Entienden lo que les digo?

En realidad, lo que está sucediendo con el lenguaje de internet y con la forma de desenvolvernos en este territorio, viene desde los principios de la comunicación escrita. A todos nos encantaría pinchar y leer muchas cosas en una hora. Por eso, castigamos a las webs que nos hacen perder el tiempo. Usamos lo que se llama el deep linking del que hablaba el jueves Mario Tascón, es decir, vamos directamente a la fuente de la noticia, allí donde se produjo, pues queremos ahorrarnos portadas, sumarios, y hasta banners. No hemos cambiado. De lado de los que construyen contenidos o webs, la eficacia consiste en exponer mucho, muy rápido e ir al grano, sin hacer perder el tiempo al internauta, que ya he dicho que es en realidad un psiconauta.

La segunda revolución de la escritura se ha venido forjando a lo largo del siglo XX y ha culminado en el XXI con la presión de las nuevas tecnologías sobre nuestra forma de escribir. Hay que contar aún más cosas por párrafo. Stieg Larsson es un ejemplo en tres tomos. Twitter, la quintaesencia en 140 caracteres.

Quien se aparte de esta marea, se ahogará en su soledad. Nadie le leerá. Nadie se acercará a él. Y no será por su mal aliento.

Nota: este post es muy largo porque es fin de semana y ¿para qué están los fines de semana? Para leer a gusto.

ZP no hace caso a la prensa extranjera

26 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

No pensaba que era tan profundo el desprecio del equipo de Gobierno a la prensa extranjera pero ayer lo comprobé.  IE University, que tiene una universidad dedicada a la Comunicación ubicada en Segovia, me invitó a unas jugosas jornadas sobre Comunicación Política.

En una mesa redonda había varios corresponsales de prensa o de agencias internacionales. The Washington Post, El Universal de Quito, Dow Jones… Me quedé sorprendido cuando confesaron que el Gobierno no les hacía mucho caso. Por ejemplo, la corresponsal de The Washington Post dijo que se apostó en Ferraz durante tres días junto con la de The New York Times, justo después de la victoria de ZP en las elecciones de 2004, y no consiguió obtener una promesa para poder entrevistar al presidente electo algún día. Ni siquiera le dijeron si le atenderían. La entrevista llegó un año y medio después, después de atravesar una maraña burocrática que ni en la Cuba de Fidel.

“La administración pública española es muy local”, afirmó el representante de la agencia Dow Jones. Los corresponsales extranjeros se quejaban de que durante todos estos años el gobierno no les ha hecho caso porque detrás de esos medios no había votos. Justo ahora que España tiene la presidencia de la UE parece que les hacen algo de caso. Y justo ahora que los mercados internacionales han puesto en duda la capacidad de nuestro gobierno de salir de la crisis, es cuando el gobierno hace carantoñas a los corresponsales, y hasta visita el Financial Times.

La corresponsal de un medio ecuatoriano no logró contactar con nadie del gobierno hasta que el atentado en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas acabó con la vida de dos emigrantes de su país. Hasta entonces, el gobierno ignoraba a una periodista que representa la voz de una comunidad de cientos de miles de ecuatorianos en España.

Algunos corresponsales afirman que no entienden el chalaneo que existe entre periodistas y políticos en España. “Para lograr entrevistar a un político tienes que comer muchos cruasanes“, me decía una corresponsal. No importa la profesionalidad sino las relaciones personales, caer bien, ganarse a la fuente, chalanear, comer cruasanes, asistir a cócteles, hacer amiguitos, ir a mítines, y después de eso, a lo mejor te da unas declaraciones.

Este gobierno, según la imagen que ayer dieron los periodistas extranjeros afincados en España, es totalmente gañán. “En los gabinetes de comunicación no leen prensa extranjera ni les interesa”, decían. “Hasta ahora, no les interesaba la imagen de España en el extranjero”.

Los corresponsales se preguntaban ayer si en los departamentos de comunicación de nuestros ministerios se habla inglés o francés. Temen que ninguno de los dos.

Todo eso demuestra que en esos gabinetes hay muchos paletos. Un equipo de comunicadores que se mira el ombligo y que piensa que después de la tortilla de patatas, existe el vacío. Après l’omelette, le déluge.

Lo que Bill Gates debe a las mujeres

25 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Lo leí de pasada y al final conseguí el libro al cabo de algunos años. Era la historia de cómo nació Microsoft y como triunfó Bill Gates. Se titula “Camino al futuro” y se puede conseguir en librerías de segunda mano. Pero vale cualquier biografía porque todas llaman la atención sobre un hecho curioso: el Club de Madres del Colegio Lakeside.

Bill Gates se enamoró de la informática gracias a este grupo de mujeres. Estas señoras reunieron la colecta de una rifa benéfica (vendían tartas) para comprar un ordenador para el colegio Lakeside, en Seattle. Bueno, he dicho ordenador pero habría que llamarlo trasto. Se llamaba PDP-10, estaba fabricado por Digital Equipment, costaba 3.000 dólares y ocupaba el tamaño de dos impresoras de hoy. En realidad era un terminal que estaba conectado por líneas telefónicas con los ordenadores más grandes de General Electric, los Mark IV. Aparte de aquel aparato, los estudiantes tenían que pagar por cada hora de conexión.

Teletype, de DEC. El terminal donde comenzó Gates.

Teletype, de DEC. El terminal donde comenzó Gates.

Gates se enfrascó tanto en la programación que no salía nunca de esa habitación donde estaba el terminal. Reconoce que hizo pellas, lo cual debió sentar bastante mal a sus padres, pero sentaría bien a la humanidad.

Cuando uno lee estos comienzos, siempre tiene la tentación de pensar en la ley del azar: ¿habría destacado Gates si no llega a ser por esa rifa y por esas madres? Nunca se sabe. A lo mejor, si no hubiera sido por esas mujeres, Gates habría llegado por otra ví, porque estaba cantado que algo se encendería en él cuando se sentara frente a un ordenador.

Lo que más me sorprendió fue lo adelantadas que eran esas mujeres para su tiempo. Lo que les estoy contando sucedió en 1968. Gates tenía 13 años. En esas fechas, no se había inventado el correo electrónico, ni internet, ni mucho menos el PC (del que Gates fue padrino gracias a su programa MD-DOS).

Eso da mucho que pensar. La vida de los escolares de todo el mundo gira alrededor de las madres. Ellas los llevan y los traen, les ayudan a hacer los deberes, los van a buscar cuando se ponen malitos y asisten a las reuniones con los profesores. Los hombres también, pero algo menos. Bastante menos.

Ellas son las que organizan rifas, concursos, buscan clases de kárate o de idiomas, preparan los táper con la comida y recogen fondos para varias actividades. He leído muchas biografías de grandes personajes de la historia en las que reconocen que fue su madre, o fueron sus abuelos, quienes les dijeron por dónde había que caminar.

Lo curioso del caso de Lakeside, es que la informática era un conocimiento que no tenían ni los profesores. Nadie sabía de programación en aquella escuela, de modo que los estudiantes como Bill Gates y Paul Allen, se convirtieron pronto en los adelantados del colegio. Nadie sabía lo que significarían para el futuro de la humanidad unos cacharros llamados ordenadores. Seguramente no lo sabrían ni las madres, pero su instinto les dijo que eso era bueno para el cole, y reunieron los fondos.

Por eso creo que en el Museo de la Historia de los Ordenadores, situado en Mountain View, California, debería haber un hueco para el Club de Madres de la Escuela de Lakeside, famosas por sus tartas y su visión futurista.

¿Por qué tanta comprensión con China?

24 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

En 1995, el gobierno chino hizo estallar una bomba nuclear en Lop Nor, en la provincia de Xinjiang. “Otra más”, dijimos los periodistas cuando recibimos el teletipo.

Entre 1964 y 1996 China condujo 45 test nucleares en Lop Nor. Los expertos de NTI (Nuclear Threat Initiative, un portal de información para denunciar las amenazas nucleares), afirman que es la zona de pruebas nucleares más grande del mundo, pues ocupa una superficie de 100.000 kilómetros cuadrados, y la cruzan 2.000 kilómetros de carreteras. Los chinos ubicaron allí su centro de pruebas después de que un grupo de científicos rusos les dieran asesoramiento.

Los científicos chinos se albergan en la base de Malan, a cien kilómetros del centro de pruebas. Allí cuentan con todo tipo de instalaciones, laboratorios y hasta un moderno aeropuerto.

Ese mismo año de 1995, el gobierno francés anunció que haría una prueba nuclear en la isla de Mururoa, en el Pacífico. A mí y a nadie la hacía gracia que los gobiernos usaran el planeta tierra como conejillo de indias, pero no me sumé a las protestas contra las pruebas de Mururoa de aquel año. No moví ni un dedo.

Tenía la impresión de que si me manifestaba contra del gobierno francés y de su presidente Jacques Chirac, tendría que haberme manifestado antes contra el gobierno chino, que no daba ruedas de prensa para avisar de los test nucleares, que lo hacía a escondidas y que nadie sabía qué diablos estaba metiendo en Lop Nor.

En cambio, el gobierno francés fue meridiano: no sólo lo anunció, sino que permitió visitas, aunque, eso sí, a no menos de 100 kilómetros.

Yo trabajaba en un periódico y enviamos a un reportero que fue en uno de los barcos de Green Peace. Lástima que el barco quedó varado en medio del Pacífico, a 1.500 kilómetros de cualquier punto de la civilización. Pero fueron rescatados todos sanos y salvos.

En el periódico donde yo trabajaba se organizaron manifestaciones contra las pruebas de Mururoa. Yo aproveché esos minutos para comprar libros y tomar café. No aparecí ni en pintura porque me parecía una falta de honestidad ideológica protestar contra Francia, y no abrir la boca contra China.

Más o menos eso es lo sigue pasando en el mundo. China ejecuta a unas 10.000 personas al año, pero nadie enciende velas en los institutos ni se pasa toda la noche en las plazas públicas rezando por los condenados. Además, sus órganos son trasplantados, lo cual se ha convertido en un negocio para el país, como reconoció ayer un representante chino en un congreso celebrado en Madrid.

China tiene las cárceles llenas de presos políticos, pero nadie se encadena a las embajadas.

China ejerce una fuerte censura, pero nadie clama al cielo ni se rasga las vestiduras.

China hace dumping social, exigiendo 16 horas de trabajo a su gente y pagándoles sueldos muy bajos, pero ningún sindicato protesta contra ellos en el 1º de Mayo.

China copia patentes occidentales y no paga derechos por ninguna, pero nadie bloquea sus productos.

Podría seguir haciendo la lista de la compra sobre las cosas en las que China no es un país modelo.

En los últimos decenios, he visto que el mundo ha boicoteado a Sudáfrica, a Irán, a Cuba, a Rusia, e incluso a España. Cuando yo era joven estudiante, medio mundo boicoteó a España porque se juzgó, condenó y ejecutó a varios terroristas de ETA. China ejecuta una media de 28 al día, pero nadie mueve un dedo.

¿Por qué tanta comprensión con China? Me temo que hay varias razones. Una de ellas era ideológica. Las manifestaciones contra los test nucleares de Francia me parecían motivadas por cuestiones ideológicas: Chirac era de derechas. Como los chinos eran de izquierdas y estaban muy lejos, nadie se manifestaba contra sus pruebas nucleares.

Pero ahora se ha añadido una causa que comparten todos: las izquierdas y las derechas. China es la fábrica del mundo. Compramos tantas cosas y tan baratas, que ¿para qué enfadarse con un país de gente tan trabajadora? No estoy hablando de los productos que abarrotan las tiendas de todo a cien, sino de muchas cosas que nos rodean. Hagan la prueba: den la vuelta a su ordenador, a su impresora o a su televisor o microondas, y verán que están hechos en China.

Gracias a los chinos, nuestro poder adquisitivo ha aumentado porque por el mismo precio de antes, ahora compramos dos televisores.

Yo soy de los que ha elogiado la transición del comunismo a la economía de mercado que están realizando los chinos. También he entendido que el gobierno haya mantenido férreamente el control del país, pues, tras comprobar lo que pasó en Rusia, a todos se nos quitaron las ganas de experimentar esa metamorfosis a toda prisa y sin Estado. En Rusia, el Estado desapareció en cuestión de días, y su lugar lo tomaron las mafias. Ahora, está recomponiéndose pero durante muchos años fue caldo de guerras, de golpes de estado y de luchas intestinas.

China lo tiene todo bajo control. Tener a 1.200 millones de chinos bajo control es importante, porque no me imagino las consecuencias que podríamos sufrir con toda esa gente pasando de una economía estatal a otra abierta, sin los suficientes controles.

Pero de ahí, a dar todo por bueno hay cierta distancia. Creo que somos demasiado generosos con los chinos. Este año, según las estadísticas, se convertirán en la segunda potencia del globo, por encima de Japón. Su producto interior bruto superará los 5 billones de dólares, probablemente, un poco más que Japón. El español es de poco más de un billón.

De seguir así, el próximo a batir será EEUU, cuyo PIB triplica al de China. Creo que será la gran contienda del siglo XXI. Será una guerra económica y financiera, aunque muchos expertos dicen que al final habrá enfrentamiento bélico.

En cualquier caso, me parece que China está jugando con las cartas marcadas, y Occidente debería ser más exigente con ese país. Ya sé que nos pueden comprar muchos aviones Airbus, muchos coches, o muchas figuritas de Lladró, pero en cualquier partido, las reglas deben ser iguales para todos, y veo que con los chinos, las reglas las ponen ellos.

La psicología deportiva de Rafa Nadal

23 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Tetracampeón de Roland Garros, oro en las Olimpíadas de Pekín, campeón de Wimbledon, primer español que gana el abierto de Australia, miembro de la selección de tenis de España, es uno de los mejores jugadores de tenis del mundo, pues destronó al número 1, Roger Federer, y sigue ocupando la lista de los grandes. ¿Qué se puede aprender de un hombre así?

Se puede aprender una cosa: que solo se llega hasta ese nivel con perseverancia, tesón, constancia y reflexión.

No soy muy aficionado al tenis, pero hace mucho tiempo, me sorprendió que, al final de un partido en el que había descolocado y batido a su contrincante, Rafael Nadal dijo a los micrófonos que no estaba contento consigo mismo y que tenía que mejorar mucho. En las mismas circunstancias, cualquier otro deportista diría la sarta de lugares comunes de siempre, pero Nadal se exigía aun más. Eso sucedió cuando todavía no había conquistado tantos premios.

Ahora me explico por qué Helena López-Casares se sintiera atraída por la imbatible voluntad de este deportista para escribir “Nadal, pasión y coraje” (Lid Editorial).

La autora es conferenciante, formadora y experta en comunicación. Licenciada en Ciencias de la Información, master en Comunicación, es colaboradora de las escuelas de negocios Esade y EUDE. Como formadora de líderes ha escogido la vida de Nadal porque allí se concentra la quintaesencia de muchas cualidades, de las que pueden aprender los directivos: trabajo en equipo, modestia, fuerza de voluntad, resistencia a la adversidad, coraje y equilibrio mental.

Apoyado por los innumerables torneos en los que Nadal ha triunfado o ha fracasado, el libro enseña la cara interna de este deportista de élite: “Su espíritu ganador le hace reaccionar y renacer”, afirma López-Casares, para explicar esa fuerza interna de Nadal para superar sus peores momentos.

Quizá esa es la verdadera victoria de los jugadores, la victoria interior. Cuenta la autora que en 1974, Tim Gallwey, uno de los pioneros de la psicología deportiva escribió el libro “El juego interior del tenis”, donde enseñaba las pautas para desbloquear a los jugadores y desarrollar su potencial al máximo.

Por ejemplo, cuando uno juega al tenis, tiene un diálogo consigo mismo. “Una gran parte de ese monólogo está basada en el miedo y en la duda sobre sus capacidades, lo que genera un entorno poco propicio para el buen desempeño del jugador”, afirma López-Casares.

Gallwey denominó a la voz crítica “el yo número uno”. Era una voz crítica y autoritaria. Y a la parte encargada de golpear la pelota la llamó “yo número dos”. Gallwey constató que si el peso del yo número uno disminuía, los chicos a los que él entrenaba jugaban mejor. “El excesivo protagonismo del yo número uno anula el talento del número dos, ya que merma su confianza y su autoestima”, dice la autora.

¿Y no pasa lo mismo a los líderes que cada día deben enfrentarse al partido de los negocios? Todos hablamos con nuestro yo, y seguramente, nos debatimos en un mar poblado de miedos e inseguridades, pero también de instinto y de talento.

De este libro se puede aprender a imitar a alguien que ha sabido llegar muy alto manteniendo el equilibrio interior. Una excelente guía para managers, sobre todo en tiempos turbulentos y desequilibrados, donde es tan difícil mantenerse en pie.

Título: Nadal, pasión y coraje

Editorial: Lid

Precio: 19,90 euros

¿Por qué Francia está mejor que nosotros?

22 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

No me parece tarde comentar una entrevista realizada por el diario El País a la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde. Se publicó hace una semana, y trae muchas claves que nos permiten entender dos cosas: por qué la crisis económica no ha golpeado tan duramente a nuestros vecinos; y por qué nos ha golpeado a nosotros tan profundamente.

Al grano.

Cuando se desató la crisis a escala mundial, en septiembre de 2008 con la caída de la casa Lehman, los franceses se dieron cuenta de que no era una crisis americana sino mundial. Con toda rapidez, en cuestión de dias, los grupos políticos se reunieron y aprobaron un plan de choque económico.

Toda la operación que se puso en marcha para refinanciar la economía y salir en ayuda de los bancos franceses fue concebida, dirigida, consultada y votada por las dos Cámaras del Parlamento en una semana. Esto era algo que nunca había pasado en la República Francesa. Todos los participantes tomaron conciencia del problema y eso aceleró el proceso, todos los procesos. Así, el Plan de Reactivación Económica se proyectó en 2008, y en enero de 2009 ya estaba funcionando”, afirma Christine Lagarde.

En enero de 2009 se puso en marcha: consistió en dar mil euros por cada coche viejo achatarrado y la compra de uno nuevo. Además, el Estado aceleró la devolución del IVA a las empresas. Más aún: las empresas que en lugar de quedar paralizadas, realizasen inversiones, serían exoneradas de pagar la Tasa Profesional, una tasa que cobran los ayuntamientos a las empresas por el simple hecho de querer invertir. Bajaron los impuestos.

El resultado fue que el consumo nunca cayó. Nunca tuvo tasas negativas. Y eso se debió a que los franceses tenían confianza en ellos mismos, en sus ahorros y en su gobierno. No tenían miedo a la crisis. Y encima, se siguieron creando empresas hasta el punto de que las ferias empresariales bullían de proyectos y de ganas.

Y ahora, veamos el caso español: no existe nada relativo al IVA salvo una enmienda legal que nadie sabe cuándo se pondrá en marcha, y que significa que en lugar de adelantar ese pago al Estado, los empresarios pagarán ese impuesto cuando les abinen sus facturas. Llevamos dos años de crisis y todavía siguen adelantando el IVA por unas facturas que a lo mejor no cobrarán en un año.

Las ayudas a los coches se pusieron en marcha seis meses después de Francia. No ha habido pacto de fuerzas políticas todavía, nada decisivo, de modo que el país está esperando un gran anuncio, o un gran plan, que aquí no llega ni por tierra, ni por mar, ni por aire.

Como resultado de todo ello, el consumo de ha hundido. Al hundirse el consumo, las piezas de la economía caen como fichas de dominó: los empresarios cierran o despiden porque no venden, los obreros y trabajadores van al paro y no consumen; el estado destina más dinero a mantener ociosos a sus trabajadores y quiere subir los impuestos para sacar dinero… en fin.

Por esa razón, Francia ha aguantado la crisis y nosotros estamos en medio de la olla. Cociéndonos como langostinos.

Matt Damon nos enseña la gran mentira

20 marzo 2010 - 2:32 - Autor:

La película más taquillera estos días en las pantallas españolas se llama “Green Zone”, la Zona Verde. Es el nombre que recibió la zona exclusiva de seguridad para tropas norteamericanas en Bagdad. Una isla de la abundancia y de la seguridad en medio de una zona de guerra.

Matt Damon es el protagonista de la película. Interpreta a un alférez del ejército americano que debe registrar y comprobar lugares en Irak sospechosos de tener armas de destrucción masiva, “Weapons of Mass Destruction” (WMD). Eran las NBQ, Nuclear Biológica, Química.Matt damon en "Green Zone".

Estados Unidos informaba periódicamente de que había armas de destrucción masiva en Irak y que era cuestión de tiempo hallarlas y mostrarlas al mundo. Antes de la invasión de Irak, EEUU intentó registrar las fábricas o los silos de armas de destrucción masiva en Irak pero sus peticiones fueron rechazadas por Sadam Husein.

La Organización Mundial de la Energía Atómica trató de emprender algunas inspecciones, pero logró poca cosa. Sadam Husein afirmaba que dejar pasear a extranjeros por sus instalaciones era un atentado a la soberanía.

Hagamos memoria. La Primera Guerra del Golfo fue provocada por la invasión de tropas iraquíes a Kuwait. Estados Unidos les espulsó de ese país desértico  en pocos meses pero no pasó de las fronteras kuwaitíes. Sucedió en 1991.

En 2003, EEUU sí invadió Irak, a pesar de que este país no había invadido ningún otro país desde 1991. Había varias excusas: que estaba financiando y protegiendo a terroristas de Al Qaeda, que era un régimen opresor, y sobre todo, que tenía armas de destrucción masiva.

EEUU había sufrido en 2001 los atentados a las Torres Gemelas. Respondió invadiendo Afganistán meses después, sospechando que allí se escondía Bin Laden, el jefe de los terroristas. El mundo se lo permitió.

Meses más tarde, invadió Irak. Al mundo no le hizo mucha gracia. Para convencer al mundo de que su causa era “buena”, EEUU mostró declaraciones de ingenieros iraquíes, y de militares, donde afirmaban que Sadam escondía armas de destrucción masiva. La prensa mundial, especialmente la norteamericana, lo creyó porque los informantes eran gente seria, gente del gobierno, o iraquíes que gozaban de la credibilidad del gobierno.

Todo era mentira.

No había armas de destrucción masiva. No las hubo.

Esta película trata ese asunto. Un oficial norteamericano se da cuenta de que allí no hay ninguna amenaza y de que alguien se está inventando una gran mentira.

Como periodista, me hubiera gustado que el protagonista de “Green Zone” hubiera sido un reportero, un reportero harto de sentirse engañado. Pero es un militar. Supongo que lo han hecho para salvar la imagen de los militares en Irak.

En cualquier caso, es una película altamente recomendable. Es la historia de una gran mentira. El guión de “Green Zone” contiene figuraciones e inexactitudes. Eso creo. Pero la realidad que pretende mostrar es muy verdadera. La historia de la gran mentira de Irak.

En esa mentira picamos los periodistas. Lo cual demuestra que por más que lo intentemos, llega un momento en que no hay forma de comprobar una declaración. Llega un momento en que nos tenemos que fiar de alguien. Especialmente, si esa persona es un alto representante del gobierno.

Nos engañaron.

Eso quiere decir que siempre, incluso cuando todo parezca evidente, hay que poner en funcionamiento esa máxima de la prensa americana: “Si tu mamá te dice que te quiere, confírmalo por otra fuente”.

Por cierto, ¿por qué EEUU invadió Irak?

Hay muchas razones. Una de ellas se revela en el último plano de la película. Yo no creo que esa haya sido la única razón. Ni siquiera la principal. Pero ahí está.

Hoy nos hemos enterado de que es la guerra más cara desde la Segunda Guerra Mundial. Dicen que tres billones de dólares. No lo creo.  Pero va camino de ser una de las más caras.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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