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La metáfora de la derrota ante Suiza

17 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Ayer por la tarde, había tres noticias en la portada de la página web de The Wall Street Journal que se referían a España. Las tres malas: 1. Suiza golpea a España. 2. Los bonos españoles, bajo presión. 3. Las preocupaciones sobre España golpean al euro.

La más destacada era la primera: empezamos mal el Mundial. Tanta espera para esa decepción. Pero me llamó la atención una cosa. El texto de esa derrota parecía el texto de lo que le está pasando a España desde el punto económico.

“España tiene el mejor equipo del mundo. En teoría. Todos esos años en los que fallaban en la Copa Mundial habían quedado atrás. Supuestamente. Pero si todo eso era verdad, cosa que hemos oído una y otra vez en el camino hacia la Copa Mundial, entonces que alguien explique qué pasó ayer contra la anónima Suiza”.

¿No es una metáfora de lo que se creyó la economía española hasta 2008? ¿Y de lo que pasó después?

Eso es lo que nos ha pasado desde el punto de vista económico en los últimos dos años. Estábamos en la Champions League de las economías mundiales, como dijo el presidente Zapatero, y ahora estamos golpeados por los designios de nuestra deuda, y hasta una minipotencia futbolística como Suiza nos humilla. Según The Wall Street Journal, Suiza derrota “a uno de los favoritos y actual campeón europeo”.

En el caso económico, estamos siendo comparados con Grecia, una potencia económica muy inferior a España. De modo que, la superpotencia y favorita en las inversiones hace tres años, España,  ahora sale cabizbaja del campo de los mercados internacionales.

¿Solución? Que cambiemos de política económica o de presidente de Gobierno.

De todos modos, aunque perdamos el Mundial no nos hundiremos. Y de las crisis siempre se sale.

Tú y tu banco sois culpables

16 junio 2010 - 7:52 - Autor:

Los culpables de la crisis sois tú y tu banco. Ese podría ser el eslogan para definir las causas de esta sequía económica. Empecemos por los banqueros.

Nos vendieron créditos de forma descarada. De eso no hay duda. El profesor Rafael Pampillón, del Instituto de Empresa, me contaba que hace cinco años fue a pedir un crédito hipotecario y el banquero sólo le hablaba de las condiciones de un crédito a interés variable. ¿Variable? ¿me podría decir cuánto saldría si fuera fijo?, preguntó el profesor.

El banquero titubeó y se puso a buscar papeles. Hacía tanto tiempo que no concedía un crédito a interés fijo, que desconocía las condiciones. Pero algo era evidente: un tipo fijo no se mueve, pero uno variable puede bajar… o subir. A lo largo de 20 o 30 años de la vida de un crédito, ¿alguien va a creer que los tipos de interés no van a subir?

Pues precisamente, millones de familias pensaron que el futuro estaba lleno de aguas mansas y pidieron créditos a interés variable. Su banquero no les dijo la verdad. No les previno. No les avisó porque, si lo hacía, a lo mejor hasta sus clientes se echaban para atrás pues lo créditos a tipos fijos, más recomendables, eran más caros en ese momento. Los créditos variables se vendían en cambio como churros. Tan baratitos, ellos. Y luego estaban los jefes de muy arriba del banco, que exigían a las sucursales más y más: ¡Concede más créditos! ¡Los del Santander nos están pasando!

Esta guerra por conceder créditos a toda costa, nos metió demasiado dinero por la boca. Dinero que no podríamos devolver a poco que cambiase la economía: si subían los tipos de interés un punto, podríamos estar pagando entre 300 y 600 más al mes adicionales. O incluso mucho más.

Y eso sucedió en 2008, por supuesto.

No habría pasado si los españoles tuvieran más cultura financiera. La falta de cultura financiera se refleja en varias cosas: no había ahorro, no había patrimonio en acciones, no se compraba prensa económica, no se conocía la diferencia entre un tipo fijo y uno variable, no se preguntaba sobre los productos financieros que se compraban (fondos), no se planificaban los gastos e ingresos anuales, no se miraban las facturas, en fin, no se hacía caso a la economía doméstica.

Si para algo ha servido la crisis es para eliminar muchos de esos “no”.

De todos modos, ¿por qué no hay cultura financiera? Para empezar, cuando los chicos cogen en el cole su primer libro que habla de economía, se encuentran con que les explican cosas que no entienden, o que no van a usar. Hablan mucho de macroeconomía, como si nuestros chicos fueran a trabajar en el servicio de Estudios del Banco de España. La macroeconomía es muy aburrida. Pero no les dan nociones de cosas más domésticas, o que ellos, a esa edad, pueden considerar incluso útiles como el uso de las tarjetas de crédito, los préstamos, los tipos fijos y variables, los contratos laborales…

El problema es el programa y los libros. No los profesores.

Aquí no habla inglés ni el Tato

15 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Estuve la semana pasada en Alemania visitando plantas eólicas y solares, universidades tecnológicas y de medio ambiente, y varios departamento gubernamentales. Asistí a encuentros con estudiantes, científicos, políticos, técnicos, y paseé de norte a sur del país en siete días.

Casi todo el mundo habla inglés en Alemania. Casi todo el mundo de menos de 50 años.

No estoy hablando del inglés de hamburguesería (guif mi an jamburger, plis), estoy refiriéndome a un inglés muy bien pronunciado, con una gramática correctísima, y un vocabulario extenso.

Varias veces pregunté a los alemanes a qué se debía ese progreso pues recuerdo que a finales de los años setenta y en los ochenta, no se hablaba tanto inglés a todos los niveles en ese país ya que conocí a bastantes alemanes. No era un país bilingüe. Ahora prácticamente sí lo es. “En las escuelas se enseña inglés por lo menos cinco horas a la semana”, me dijo una chica.

¿Es que tienen profesores nativos de Australia, Escocia o Alabama?, pregunté. No. “Son profesores alemanes pero viajan varias semanas al año al exterior para mejorar su propio inglés”, añadió una chica de 27 años que era de la antigua Alemania Oriental, de Leipzig concretamente. “Mi segundo idioma de pequeña era el ruso. Cuando Alemania se unificó, empecé a aprender inglés”, añadió.

Eso quiere decir que se puede enseñar bien inglés a una generación en un periodo de 15 o 2o años. Es decir, si en España alguien se hubiera empeñado en hacer una nación competitiva en idiomas universales prácticos, habrían bastado no más de 20 años de educación para poner a los jóvenes al día.

Por más que se hayan empeñado nuestros gobernantes, aquí no habla inglés casi nadie. No se enseña inglés en las escuelas. No se le dedica tiempo. Los profesores son torpes en su mayoría.

Por eso, no lo hablan los empresarios. No lo habla el mayor banquero de nuestro país, Emilio Botín. No lo habla Zapatero, ni casi nadie de su Gobierno. No lo hablan los taxistas ni los comerciantes ni los camareros, a pesar de que somos el segundo o tercer país más turístico del mundo.

No es cuestión de poner películas con subtítulos porque en Alemania las series de TV que vienen de EEUU o de Gran Bretaña se doblan a su idioma, igual que en España. Es cuestión del sistema educativo.

Nuestro sistema educativo es muy malo en idiomas internacionales, y acusadamente bueno, en idiomas locales. En Irlanda, los padres pueden escoger tres posibilidades: gaélico total, gaélico con inglés a pachas, o inglés. La inmensa mayoría de la población escoge inglés porque con ese idioma se pueden comunicar con el 90% del planeta.

Lástima por el gaélico porque pienso que hay que mantener los idiomas locales. Pero creo que la mente humana es tan plástica, sobre todo los niños, que pueden aprender varios idiomas al mismo tiempo.

¿Cuándo tendremos un sistema educativo descollante en idiomas? Desde luego, a juzgar por las iniciativas, en los próximos 20 años seguiremos siendo unos catetos pues si nos fiamos de las escuelas bilingües que anuncia la Comunidad de Madrid, ya nacían con un error gramatical. El cartel decía: Yes, I want… y se quedaba ahí. En inglés, ese acusativo necesita su complemento pues se debe querer algo en concreto. Debería decir: Yes, I want to learn english.

Pero en realidad no querían aprender.

La UE, ese gran invento

14 junio 2010 - 7:00 - Autor:

En enero de 1987, un año después de que España ingresara en el Mercado Común, la revista  Actualidad Económica para la cual yo trabajaba me pidió que hiciera un balance, es decir, un especial de varias páginas con lo que había sucedido en ese año. La verdad, era para asustarse.

En doce meses, muchas industrias españolas habían caído en manos extranjeras, como por ejemplo, chorizos Revilla que había sido comprada por Unilever. El año anterior, en 1985, Seat había sido vendida a Volkswagen. Muchos signos de la economía indicaban que España no podía competir y que este país se iba a derrumbar.

Pero recuerdo que alguien citó una frase que provenía de un político español y que no se me ha olvidado: “Quizá el Mercado Común no es un paraíso pero por lo menos las reuniones entre los representantes europeos no acaban en guerras sino en portazos”.

Poco a poco, España fue viendo la parte positiva como los fondos estructurales y los fondos de cohesión. Era dinero alemán principalmente, y esos alemanes pagaron las carreteras españolas, las infraestructuras y la modernización.

La Unión Europea nació en los años cincuenta de una idea económica más que política. Comenzó con la alianza entre Francia y Alemania para crear una organización conjunta de producción y venta de acero y carbón. Pocos años antes, esos dos países se habían enfrentado en una guerra terrible, y ahora se enfrentaban en los salones.

Luego, esa alianza fue incrementándose hasta abarcar más países y por supuesto, la unión política. A finales de los años cuarenta nadie habría imaginado que un día existiría una alianza europea que integrase a países que se habían pasado cientos de años guerreando. Y que tendría una moneda común, que derribaría las fronteras y que tendría un parlamento.

Ese invento tiene ya casi 50 años. Por eso, cuando se habla de desmembramiento o de derrumbe me parece una forma muy frívola de echar a la basura un esfuerzo que no ha sido en vano.

Desde luego, el sistema tiene muchas imperfecciones pero la primera virtud ha sido la paz. La segunda  ventaja ha sido la riqueza conjunta. La tercera, la ayuda mutua.

Este mes, España cumple 25 años de haber firmado el tratado por el cual formaría parte de esa alianza. Tampoco los españoles imaginarían entonces que un día estaría todo este sistema sometido a una presión fabulosa por los mercados financieros, y que gran parte de esa culpa sería de los españoles, o de sus gobernantes.

Supongo que saldremos de este aprieto, como salimos de las discusiones sobre el mercado de la leche, que tanto afectó a España en los años ochenta, del arrancamiento de viñedos, y de un montón de acuerdos que afectaron malamente a nuestro país. Eso forma parte del pasado, y dentro de unos años, todo este dolor de cabeza financiero, también formará parte del pasado.

La peor entrevista a Di Stefano

11 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Ha llegado la hora de confesarlo: la peor entrevista al jugador de fútbol Alfredo Di Stefano se la hice yo.

Fue el 5 de mayo de 2008. El Ayuntamiento le había concedido la Medalla de Oro de Madrid. Era un día cálido y luminoso. Como entonces yo dirigía el periódico gratuito Metro, el departamento de prensa de Ruiz Gallardón me hizo llegar una invitación.

También le habían concedido la medalla al actor Alfredo Landa, y al empresario Germán Sánchez Ruipérez.

En el acto, hubo un hermoso elogio de los tres héroes. Era en los jardines Cecilio Rodríguez del parque del Retiro. Luego, se sirvieron canapés al aire libre. Hacía muy buen tiempo.

Paseé durante un rato. Charlé unos segundos con Ramón Calderón, que se quejaba de que le estaban haciendo la cama en el Real Madrid, y luego crucé unas palabras con el diputado del PP Jorge Moragas, tan amable como siempre, aunque para él yo era un periodista desconocido (y lo sigo siendo).

Y entre canapé y canapé, divisé la figura de Alfredo Di Stefano. ¿Por qué no?, me dije. Total, el hombre debe estar emocionado y seguro que acepta charlar con cualquier periodista, aunque fuera un inexperto en fútbol como yo.

Me acerqué al mito. Estaba sentado en una mesa con más personas y parecía que iba a llevarse una cucharada de salmorejo a la boca. “¿Le importaría concederme una entrevista?”, dije con toda la confianza del mundo.

Di Stéfano tiró la cuchara y se volvió. “¡Es que los periodistas no me dejan en paz! No puedo ni comer”, gritó con furia titánica.

Yo no sabía qué decir. Sinceramente, me quedé sin palabras. Titubeé. Pero no eché marcha atrás. “Solo unas preguntitas”.

La leyenda del balompié siguió refunfuñando. Se quitó la servilleta y se volvió hacia mí con cara de pegarme con un cayado que le sostenía. Yo, impasible.

“¡Está bien!”, dijo. “¡Hágame esas preguntas!”.

Me di cuenta entonces que mis 25 años de periodismo económico no me servían de mucho pues, ¿qué diablos le iba a preguntar? ¿Cuánto cuesta un balón?

Y entonces cometí el error del periodista mequetrefe que le suelta la pregunta tópica. ¿Qué piensa de Raúl?

Por entonces, recuerdo que se hablaba que si Raúl iba a seguir en el club, que si ya no daba la talla, que si era mejor que se retirase. Eso es lo que recordaba.

“¡Todo el mundo me hace la misma pregunta!”, exclamó el icono del esférico. “¡Pues qué le voy a decir! Es un gran jugador y debe seguir en el Madrid!”.

Creo que mi torpeza o mi sorpresa me hizo insistir, de modo que Di Stéfano, rey del regate y el hombre que revolucionó el fútbol español con su juego, volvió a inflamarse de rabia.

La libreta de notas que retengo desde entonces está llena de garabatos. Es lo que quedó de aquella corta entrevista que me sentó tan mal, que sentó peor a Di Stéfano y que por supuesto, no merecía ser publicada.

Bueno, sí. Merecía ser publicada como “la peor entrevista nunca hecha a Alfredo Di Stéfano”.

Un lamentable desastre. Luego, mis amigos futboleros me confirmaron que ese hombre tiene malas pulgas.

Moraleja para periodistas: no te metas en la especialidad que no conoces.

Moraleja para los mortales: no interrumpas a una leyenda del fútbol cuando come salmorejo. O lo que fuere.

Post data: no quería morirme sin contarlo.

Que paguen los alemanes

10 junio 2010 - 7:47 - Autor:

El parlamento alemán debatió duramente hace varias semanas, el paquete de ayudas de la UE que consiste en aportar 750.000 millones de euros para defender el euro, y para detener a los especuladores. Incluía los préstamos a Grecia.

Son 750.000 millones de euros que saldrán de todas las arcas europeas y del FMI, pero los alemanes tenían derecho a debatirlo, a conocerlo y a aprobarlo o rechazarlo. Angela Merkel se jugaba mucho porque la prensa europea le había castigado diciendo que se estaba portando de manera muy dura con el resto de los europeos. No quería dar su brazo a torcer. No quería prestar dinero a Grecia. Pero la prensa de su país la criticaba por estar comprometiéndose a gastar dinero como si lo regalaran. La canciller alemana estaba entre dos espadas.

¿Y en España? ¿Hubo debate? ¿Sobre los 750.000 millones de euros? La idea es que los países de la UE pongan 440.000 millones. A eso se añaden 250.000 millones del FMI, y por último, la Comisión Europea garantice otros 60.000 millones. Son cantidades que abruman. Fantásticas. Pero aquí no hubo grandes debates.

En las sesiones de nuestro Parlamento se debatieron  los recortes a los funcionarios, la congelación de las pensiones, los recortes a la inversión pública y algunas cosas más. Pero no se habló apenas de los 750.000 millones de euros, que es el mayor paquete de ayudas de la historia aprobado en la UE. Una bestialidad de dinero. Y encima es ilegal porque el Tratado de Lisboa prohíbe conceder dinero a los países que rozan la bancarrota.

Algunos amigos alemanes me preguntaron por qué no se había debatido en España. Y no se me ocurrió responder otra cosa que: “Es que aquí en España se piensa que los alemanes van a pagar casi todo, porque tienen mucho dinero”.

Se quedaron estupefactos.

En realidad, los españoles consideran que todo lo que venga de la UE es bueno. Es uno de los países más europeístas. Pero ¿vamos a aceptar todo por muy europeístas que seamos?

En Alemania las cosas son un poco más difíciles: para empezar, es inconstitucional prestar ayuda a un país de la Zona Euro que está en apuros. Pero no porque lo digan los alemanes, sino, como he dicho antes,  porque lo dice el Tratado de Lisboa. El Tribunal Constitucional alemán que está en Karlsruhe podía echar abajo todas las ayudas si interpretaba letra por letra la ley europea. Pero no lo hizo porque la Unión Europea consiguió el apoyo del FMI, y gracias a ese subterfugio se pudo colar el paquete de ayudas gigantesco, de los cuales 110.000 millones irán a Grecia en tres años. Alemania aportará 22.00 millones de euros. La banca de ese país pondrá 8.000 millones más.

El gran pagador es Alemania. Como siempre. Pero por lo menos, allí les explican públicamente por qué se aprueban cantidades de gastos gigantescas para los vecinos. Y hay debates encendidos en la prensa en los que participa todo el mundo, desde la Iglesia hasta los ciudadanos de a pie.

En España, como he dicho antes, el debate se centró en la cuestión nacional, pero cuando toca hablar de asuntos europeos como la aportación de 9.800 millones para rescatar para Grecia, apenas hubo tumulto. Pasó sin pena ni gloria. Que paguen los alemanes.

Lo que un alpinista te puede enseñar

9 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Hace muchos años propuse entrevistar para la sección de economía de El Mundo a un personaje singular: Reinhold Messner. No es empresario pero emprende grandes proyectos. No es ejecutivo, pero sabe gestionar grupos de personas. No tiene un master del IESE pero sabe enfrentarse a situaciones de crisis.

Reinhold Messner fue la primera persona del mundo en subir 14 montañas de más de ocho mil metros de altura. La primera persona en subir al Everest sin botella de oxígeno. La primera en cruzar en polo norte a pie, de cabo a rabo.

De origen italo-austriaco, este hombre es uno de los alpinistas más conocidos del mundo. Quizá el más conocido. A finales de los noventa, la firma McKinsey le propuso dar charlas a sus ejecutivos. Messner no hablaba de team building sino de cómo se enfrentaba él y su equipo a situaciones difíciles, cómo se tomaban decisiones y cómo se resolvían problemas. Por cierto, recuerdo que decía algo así como: “Allí en la montaña, no existe la democracia: las decisiones las tomo yo”.

La editorial Desnivel sacó un libro en 1995 con las experiencias de estas escaladas, quiero decir, las experiencias para ejecutivos o para cualquier persona que quisiera aplicar las enseñanzas de Messner. Se llamaba “Mover Montañas”.

Ahora, han hecho una película basada en sus experiencia que no me voy a perder por nada del mundo. Se titula “Nanga Parbat”, y está dirigida por Josep Vilsmaier, el mismo de “Stalingrado“. Estoy seguro que será como asistir a una clase magistral en una escuela de negocios.

Cuando entrevisté a Messner hace trece años, decía que le encantaba hablar para ejecutivos porque él se limitaba a contar batallitas y los ejecutivos le aplaudían. Este es el comienzo de aquella entrevista que data del 28 de diciembre de 1997.

Hace unos cuantos meses, un grupo de ejecutivas alemanas organizó un suculento seminario con ponentes de postín. Asistieron prestigiosos consultores, grandes oradores, estrategas de empresas y un austriaco que, la verdad, no venía vestido para el caso. Usaba una camisa de felpa, llevaba un collar de cuentas y, lo peor de todo, no tenía ni idea de gestión de empresas, dirección estratégica, tesorería, ni nada de nada.

“Un año después, una empresa sondeó a las ejecutivas para saber qué enseñanzas de aquellos ponentes habían aplicado con más éxito. Todas coincidieron: quien les había enseñado más, era el que menos sabía.

“Ese señor se llama Reinhold Messner y hoy día reconoce que lo suyo no es el management. Lo suyo es la montaña.”

El mayor especulador el mundo: Soros

7 junio 2010 - 7:00 - Autor:

George Soros podría llamarse Damien, 666 o la bestia.

Este hombre es el gran especulador de las divisas. Puede considerársele como el mayor especulador del mundo pues en 1992 sacó a la libra del Sistema Monetario Europeo. Apostó a que la moneda se iba a devaluar y al final, ganó 1.000 millones de dólares.

Según The Wall Street Journal, Soros es uno de los asistentes a unas cenas célebres donde los gestores de los grandes fondos de inversión del mundo deciden contra quién hay que apostar. Y Soros quiere apostar contra el euro. Siendo él de origen europeo, ahora parece la oveja descarriada porque dice que la Zona Euro tiene que hacer los deberes y que en caso contrario, que se atenga a las consecuencias. No es que le falte razón, pero viniendo de Soros, es para echarse a temblar.

Acaba de salir un libro biográfico. The New York Times, que hizo una reseña, lo define como el “especulador agresivo” que en 1992 fue a por la libra “como quien va a por la yugular”, según relata una fuente citada por el diario. El libro se titula “More Money Than God: Hedge Funds and the Making of a New Elite, (Más dinero que Dios: los fondos de cobertura y el nacimiento de una nueva elite). El autor es Sebastian Mallaby.

Y ahí cuenta que cuando uno de sus ayudantes le comentó en 1992 que habían apostado 1.500 millones de dólares contra  la libra esterlina, y que tenían que decidir si salir o permanecer, Soros no dudó y exclamó: “Ve a por la yugular”.

Ese mismo hombre tiene hoy más dinero que entonces. Puede hacer que se colapse el euro en menos tiempo que usted tarda en leer este párrafo.

Errores estúpidos de los jóvenes empresarios

4 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Fortuna, éxito, dinero… Ese es el sueño de los jóvenes empresarios pero no todos triunfan. He aquí los errores típicos que cometen los jóvenes empresarios.

1. Cari, tengo la idea del billón. Increíble, qué imaginación tienes. Estás emocionado con tu idea de crear un restaurante donde los camareros miran a los clientes. Pero, si te enamoras mucho de tu idea, no le encontrarás ningún defecto. ¿No ha llegado la hora de pensar si eso realmente funcionaría? ¿Eres autocrítico? No empieces tu negocio sin haberlo sometido a la dura prueba de la realidad.

2. Pasta gansa o hacer el ganso. ¿Has heredado una fortuna? ¿Te tocó la lotería? ¿Tienes un suegro rico? Si a estas tres preguntas respondes no, entonces hazte la siguiente: ¿Por qué un banco te prestaría medio millón de euros? No hagas el ganso. Piensa en lo que te va a costar el negocio, y piensa si puedes asumir ese gasto.

3. Falta de entusiasmo. Está bien, ya estás en el banco, pero resulta que titubeas, que no te crees tu propia idea, te trastabillas. El banquero te mirará de reojo y dirá: “Que pase el siguiente”.

4. Te desinflas en el peor momento. Resulta que no ha terminado el primer año y se te ha hecho todo cuesta arriba:las facturas, la línea de crédito, los gastos, los impuestos… No entra nadie en tu restaurante. Está vacío. No sabes cómo pagar y tiras la toalla. ¿Nadie te enseñó a persistir?

5. Vas muy rápido, chico. Y entonces el negocio se empieza a llenar. Se ha corrido la voz de que en tu restaurante los camareros miran a los clientes y los atienden sin dilación. Abres otro chiringuito en Cáceres, en Alicante, en Gijón, en Tarragona… hasta que llega un momento en que las deudas te empiezan a agobiar. Un pequeño parón por un verano lleno de lluvia, y la clientela no entra. Estás arruinado. Enhorabuena. Te sobró codicia.

6. Yo, copio, tú copias, todos copias. La idea resultó tan buena, que otros restaurantes la copian. Ahora resulta que todos tienen camareros que miran a los ojos de los clientes. ¿Y cuál es tu diferencia competitiva? Ahora, ninguna. Estás en el mismo sitio que al principio.

7. Te has fundido los beneficios. La verdad es que el negocio va estupendamente bien. ¿Beneficios? Te los fundes tan rápido como entran. Mientras la máquina se mantenga en movimiento, todo es estupendo. Y un día llega el parón y no tienes colchón. Te vas al agujerón.

8. ¿Talento? Se te escapan. Tú crees que eres tan talentoso que no cuidas a los que están contigo. ¿Quieren irse? Traidores. les llamas traidores. ¡Que se vayan! No eres capaz de retenerles. Pasan los meses, y esos mismos “traidores” que no supiste retener, han montado otro restaurante donde los camareros no solo miran a los clientes, sino ¡sonríen y están de buen humor! Te han arrasao.

9. La familia y los amigos, lejos. Tu mujer, tus amigos, tus compañeros, tus suegros… Has convertido la empresa en una gran obra social. Pero al cabo de los meses, no estás de acuerdo con el rendimiento de unos y de otros. O no tienen tu mismo concepto del negocio. Peleas, rupturas, divorcios. Quizá hayas triunfado en los negocios, pero te has estrellado en la vida. No metas a tu familia ni a tus amigos en tu negocio.

10. Tecnología no es poner videojuegos. Claro que es importante la tecnología, dices a tu equipo. Que monten unos videojuegos por aquí y por allá. No señor. Se trata de que tu equipo rinda más con menos esfuerzo y menos dinero. Tienes que saber qué es lo último, cómo aplicarlo y si es lo que te conviene. Por no tomártelo en serio ahora eres una empresa anticuada.

Nota: la mayor parte de estas lecciones se las escuché a los directores y fundadores de Next Limit, BlueSens, y BuyVip en las jornadas de Madrid Emprende, el pasado jueves 27  de mayo, promovidas por las Cámaras de Comercio, el Fondo Social Europeo y la revista Emprendedores.

¿Ejemplo de los políticos?

3 junio 2010 - 7:00 - Autor:

Los políticos quieren dar ejemplo poniendo en marcha medidas de ahorro: se recortan los sueldos, usan transporte público, bajan los gastos…

Vaya maravilla.

La inmensa mayoría de los ciudadanos emprendió los recortes hace muchos meses. Muchos españoles están ganando bastante menos de lo que ganaban en 2008. Eso significa recorte brutal de ingresos. Además, todas las familias han aprendido a ahorrar. Los gastos en agua, luz, seguros, gasolina o teléfonos se han reducido. La gente ha aprendido a negociar con las compañías suministradoras de esos servicios: todo el mundo pide mejores precios. Hay que ahorrar.

Casi nadie está gastando lo que gastaba en 2008, año Triunfal de la Crisis. O están en paro. Y si trabajan, les han reducido el salario, los pluses o las ayudas. Puede ser que alguien de la familia está en paro. O todos. De modo que los políticos están empeñados en enseñarnos algo que ya sabíamos hace mucho tiempo. No son un ejemplo.

Nosotros ahorramos más y ganamos menos que hace dos años. El ejemplo éramos nosotros. Y ahora resulta que ellos pretenden darnos lecciones.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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