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Paradojas del desempleo

21 julio 2010 - 7:00 - Autor:

Yo también era de los que pensaba que en EEUU no había protección al desempleo, puesto que si te despedían, al final nadie te ayudaba, ni seguro, ni cobertura, ni nada de nada. A la puñetera calle sin un dólar en el bolsillo.

Pero el otro día estuve en la conferencia de un economista llamado Luis Garicano, profesor de la Escuela de Negocios de Londres, que me hizo pensar de forma diferente. “El mercado español del trabajo está mucho más desprotegido que el de EEUU”, decía. ¿Más desprotegido? Yo no me lo creía.

Su análisis es muy sencillo: “No hay ningún país que destruya tanto empleo como España con tan poca caía del PIB”. Es verdad: nuestro PIB no ha caído tanto como otros países. En EEUU y en Alemania llegó a caer mucho más que en España. Creo recordar que en Alemania fue un 6%, y en EEUU un 4%. El año pasado nuestro PIB cayó algo más de un 1% pero destruimos casi un millón de empleos y al final sobrepasamos la tasa de paro del 20% de la población activa: 4,5 millones de personas en la cola del paro. Pavoroso.

Eso significa que nos enfrentamos a una gran paradoja: el país que más protege al desempleado es el que más desempleados tiene, ¿no? Así de sencillo. España tiene un 20% de parados sobre la población activa, pero EEUU un 9,5% y en descenso, Alemania menos de un 8%.

Garicano explicó más cosas como que “el desempleo se soluciona con un decreto ley: menos contratos temporales, y luego, que los contratos fijos tengan una indemnización creciente empezando por una cifra muy baja”.

Esa es la otra paradoja del desempleo: dado que los empresarios no quieren pringarse con contratos fijos pues la indemnización en caso de despido es muy alta, entonces firman contratos temporales. De ese modo, se pasan todo el tiempo renovando los temporales hasta la fecha límite de dos años. Entonces, a la calle con el chico o la chica.

El contrato temporal es un tipo de relación laboral que influye malignamente en el trabajador pues no se mete en gastos duraderos (piso, coche, etc), ya que la misma naturaleza de su relación laboral es, como dice su contrato, temporal. En cualquier momento le ponen de patitas en la calle.

El contrato fijo o indeterminado supone una gran seguridad psicológica, como cuando un equipo de fútbol va ganando uno-cero, y mete otro gol que le pone dos delante del equipo contrario. Es una enorme tranquilidad psicológica, y entonces se pone a jugar a su gusto. Una seguridad porque no tienen que renovártelo cada seis meses. Y en segundo lugar, porque te dan 20 0 33 días en caso de despido. Pero, no nos engañemos: al principio de tu vida laboral, esta no es la principal razón por la que te gustan los contratos fijos, sino la anterior. Precisamente te gusta un contrato fijo porque tienes una relación permanente con la empresa y no tienen que renovártela cada seis meses.

A eso se refería Luis Garicano y otros cien economistas cuando propusieron un nuevo contrato laboral fijo con indemnización creciente, un contrato para dar al trabajador esa tranquilidad psicológica, y que no suponga para el empresario un gasto soberbio en caso de crisis.

De modo que España, con uno de los mejores sistemas sociales del mundo, está viviendo una paradoja social pues su protección al empleo al final le convierte en un destructor de empleo. Se puede filosofar, debatir, analizar y dialogar. Y hasta gritar. Pero el mundo de la economía es el mundo de las cifras. Cuando tienes un desempleo de caballo es que tu sistema no funciona por muchas velitas que enciendas.

Un sistema social prominente es aquel que tiene más protección al empleo, no al desempleo. ¿O es que nos encanta tener a millones de personas en el salón de su casa arruinados moral y económicamente?

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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