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De Franco a Zapatero: entre Michelle Obama y Los Beatles no hay diferencia

9 agosto 2010 - 7:00 - Autor:

Examinen la foto de Los Beatles de hace cuarenta y cinco años. Posaron en la escalera del avión con las monteras de los toreros. Dieron un concierto en Madrid y otro en Barcelona. Fue la locura. Tocaron con sombreros cordobeses. Se hicieron fotos con la Guardia Civil y visitaron tablaos flamencos. Hace poco, La Vanguardia recordaba la famosa visita destacando que dieron los conciertos en las plazas de toros de ambas capitales.

Lo mismo más o menos que Michelle Obama. La primera dama de EEUU visitó en días pasados tablaos flamencos, se paseó por el coso de la plaza de toros de Ronda y a su paso, todo el mundo le lanzaba piropos.

Parecía la versión moderna de Bienvenido Mister Marshall. Eso concluyeron muchos analistas, rabiosos porque en 45 años el país no haya cambiado.

Pues no. No ha cambiado. Fútbol, toros y flamenco. ¿Y por qué iba a cambiar?

España dentro de 50 años

6 agosto 2010 - 7:00 - Autor:

Hace 50 años, en 1960, nadie del régimen de Franco pensaba que 20 años después aquel edificio estallaría en añicos y que sus símbolos estarían en los sótanos de la memoria, o se habrían desvanecido.

Hace 30 años, algunos símbolos como la bandera española, lo español, la nación, la economía y muchas cosas más parecían estar yéndose por el sumidero de la historia. Muchos pensaban que era el fin. Que estábamos al borde de otra Guerra Civil. Hubo dos intentos de golpe de Estado. ETA llegó a matar casi 100 personas al año. Los empresarios huían. Las huelgas estallaban por todo el país. El paro crecía sin ´límite.

Pero no llegó el fin. La economía se recuperó. Y hoy, parece que muchas de esas cosas que dábamos por extinguidas están resurgiendo, lo cual está dando a los españoles un sentimiento de pertenencia que no se había manifestado en muchos años.

¿Y dónde estaremos dentro de 50 años? ¿Qué seremos? ¿En qué quedará el conflicto vasco? ¿En qué quedará el nacionalismo catalán? ¿Qué partidos habrá? ¿Dónde estará la economía? ¿Qué deportistas ganarán medallas? ¿Habrá trenes de alta velocidad por todo el país? ¿Cuál será la proporción de la segunda, tercera y cuarta generación de inmigrantes? ¿Cuántas multinacionales españolas aparecerán en Fortune en los 50 primeros puestos? ¿Seremos autónomos en energía solar y eólica? ¿Tendremos premios Nobel? ¿Sabremos hablar inglés? ¿Seguirán estando nuestras escuelas de negocios de las mejores del mundo? ¿El cine español será considerado uno de los más originales del planeta? ¿Nos habremos fusionado con Portugal?

De algo podemos estar seguro: de que diremos una frase como “jamás pensé que esto iba a suceder”.

Los movimientos en Cuba se llaman salsa

5 agosto 2010 - 11:24 - Autor:

Liberación de presos políticos, supresión de 1,3 millones de empleos en la administración, permiso para montar pequeñas empresas y contratar empleados… ¿Es que hay movimiento en Cuba? Son sólo movimientos estratégicos, no hay que engañarse. El país que tiene la soga al cuello y necesita tiempo para respirar.

La economía cubana exporta sobre todo níquel (abarca un 40% de sus exportaciones), cuyos precios han caído en los últimos meses. Níquel, azúcar y turismo son insuficientes para mantener a 11,5 millones de personas. Los huracanes causaron daños por 10.000 millones de dólares en 2008. Sus bancos, a falta de dinero, necesitan una inyección urgente de 1.000 millones de dólares, que tendrían que ser cuatro veces más para sanear la economía a fondo. La famosa sanidad cubana está en crisis porque 10.000 de sus médicos están en Venezuela, a cambio de 90.000 barriles de petróleo al día.

El país no tiene dinero para pagar su deuda externa, que es de 21.000 millones de dólares.

Y lo único que se le ha ocurrido para ablandar a la comunidad internacional, es promover liberación de presos políticos, abrir un poco la economía, suprimir puestos de trabajo en la administración (que serán reubicados en el aparato del estado que es de cinco millones de personas)…

Este es el análisis de Felipe Sahagún (Cuba contra las cuerdas), aparecido en El Mundo el 4 de agosto. Uno de los mejores análisis sobre por qué se hacen ciertos movimientos en Cuba.

Sahagún cita a la fuente de esta información. Es un grupo de economistas cubanos “que sólo pueden expresarse en el anonimato por miedo a represalias”.

Al final, detrás de todo siempre está la economía. Como siempre. De modo que los que piensen que Fidel y Raúl Castro se han ablandado, están equivocados. Sahagún lo explica en su artículo: todos estos movimientos se han hecho por “la necesidad de mejorar las relaciones externas para aliviar la crisis económica y reducir el riesgo de una explosión social que se lleve por delante lo que queda de la dictadura”.

Está claro que mientras los Castro sigan en el poder, cualquier movimiento que detectemos en Cuba sólo debería tener un nombre: salsa.

Con ustedes, el cómic de las empresas

4 agosto 2010 - 7:00 - Autor:

José Sande y Carlos Calvo lanzaron hace meses dos cómics para explicar economía: el primero, sobre los fundamentos de la economía, y el segundo, sobre Bolsa.

Ha llegado el tercero. “La empresa en media hora”

Portada del comic.

Por fin, para todos aquellos que quieran conocer el ADN de las empresas, he aquí un cómic que lo explica en imágenes. El índice ha recogido lo más importante: la producción, los recursos humanos, el marketing, la calidad, la logística, la distribución, la administración… Hasta caben cosas tan modernas como la responsabilidad social.

Nada ha quedado fuera del tintero.

El autor del texto es José Sande. Y el maestro de las ilustraciones es Carlos Calvo. Se lanzan a aguas tan delicadas como explicar el just in time, que es la producción ajustada a los pedidos inventada por los japoneses de Toyota. Hablan de leyes económicas como la de Pareto, que hoy se usa para explicar la larga cola (Long Tail) en que se basan los negocios de internet.

Pueden encontrar más referencias en la página web

El padre del “cisne negro” cree que ahora hay un “cisne blanco”

3 agosto 2010 - 7:00 - Autor:

Nassim Taleb se hizo famoso por su teoría de los hechos  extraordinarios. Según la ley de probabilidades, cada cierto tiempo sucederá algo insólito y fuera de lo común, que romperá los esquemas de la gente. Ese suceso lo denominó “cisne negro” por el debate que surgió en el siglo XIX sobre la existencia de una ley de causa-efecto.

Los que hayan estudiado filosofía sabrán que en el siglo XIX se debatía sobre si la ley de causa efecto era simplemente una verdad estadística. Eso se puede explicar mejor con una imagen: todos los cisnes son blancos hasta que aparece uno negro. Es decir, el hecho de que todos los cisnes sean blancos es puramente estadístico. No se puede afirmar categóricamente que todos son y serán blancos.

En efecto, a mediados de ese siglo se descubrió en Australia una colonia de cisnes negros.

Esto, llevado a la vida, quiere decir que nos dejamos llevar por razonamientos basados en la estadística. Eso es lo que construye nuestro juicio de las cosas, el sentido común. Einstein decía que el sentido común es la acumulación de prejuicios adquiridos a los 18 años.

Nassim Taleb ya había lanzado un best seller con su idea del azar y de las dificultades de conocer lo desconocido para tomar decisiones correctas. Se llamó “¿Existe la suerte?” (Thomson) y muy pronto se agotó. Hace dos años, cuando estalló la crisis de Lehman, escribió “The Black Swan” (El cisne negro), que se convirtió en otro éxito.

Taleb además ganó mucho dinero porque, como dice él, jugó a corto: es decir, ya había vendido antes del 15 de septiembre de 2008 un montón de acciones. Desde entonces, no se ha cansado de decir que “me alegré de la quiebra de Lehman”. Dice que odia a los traders pues solo se ocupan de “aprovecharse de sus clientes”.

Este economista que se ha emperrado en estudiar el azar y la probabilidad, fue entrevistado por la revista The New Yorker en junio pasado en una serie de videos.

El entrevistador le preguntó sobre los recientes sucesos, pues las bolsas llevan unos meses subiendo y bajando. Y su respuesta fue que estamos viviendo en “un cisne blanco”, es decir, que son hechos estadísticamente predecibles. Afirma que la crisis del 2008 no se predijo porque no había buena información estadística. Y desde luego, no se declara muy amigo de Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal.

Por cierto, ahora Taleb ha emprendido una campaña contra The New York Times, al que acusa de hacer tanto daño a la sociedad como Lehman. “No hay muchos intelectuales norteamericanos que tengan las pelotas de denunciar el daño que ha hecho el NYT (la guerra, la crisis) por miedo a ser  enviados al ostracismo”, afirmaba Taleb en Twitter.

“La regla de que todo el mundo debe pagar por sus errores hace que el mundo sea un sitio mejor para vivir. Esta regla de oro se debería aplicar a las escuelas de negocios, a los periódicos (NYT) y a los banqueros”.

¿De qué acusa Taleb al Times? No he sido capaz de saberlo porque no he encontrado nada en internet.

Desde hace tiempo, Taleb ya acusaba a los medios de deformar la realidad estadística. Por ejemplo, al mostrar imágenes del impacto de acciones terroristas en el mundo, creaban una escala de pánico enorme en el público, pues en ese caso no razonamos, sino que lo juzgamos emocionalmente. Por eso, el terror es tan eficiente, porque nos hace pensar que puede pasarnos a nosotros. Pero las probabilidades de sufrir un atentado son inferiores a que nos caiga una maceta.

Todavía no he encontrado la razón de sus duras críticas al medio que le encumbró como un autor superventas, pues estar en el número 1 de la lista del NYT de los libros más vendidos le ayudó a vender más.

Paro EPA, ¿quién miente en este país?

2 agosto 2010 - 7:00 - Autor:

Cada tres meses, los entrevistadores del INE se acercan a 60.000 familias y les hacen un cuestionario exhaustivo. Se llama Encuesta de Población Activa y pretende determinar con bastante precisión varias cosas: cuánta gente trabaja en España más de una hora a la semana; cuánta gente está en paro; cuánta gente quiere trabajar…

Dado que estamos hablando de una encuesta, cualquier persona se preguntaría si las personas que responden son sinceras. Imaginemos que se presenta un encuestador y pregunta de cuántos miembros consta esa familia, cuántos están parados, cuántos trabajando y cuántos no desean trabajar. ¿Le contestaríamos diciendo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Lo haríamos sin complejos en tiempos de crisis?

El caso es que de nuestras respuestas se sacan el paro, la ocupación y la población activa. En la última encuesta, publicada el viernes pasado, el paro subió a 4,645 millones de personas (se incrementó en 32.000 personas, porque subió la población activa). También subió la ocupación, es decir, que hay más gente con trabajo que en el primer trimestre. Pero como aumentó la población activa, esa mejoría se diluyó, o más bien no se notó.

Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿la gente es sincera?

Todas las investigaciones estadísticas siempre tienen unos mecanismos correctores depuradísmos para limpiar los resultados y hacerlos más científicos. Pero ¿se corrige la psicología? En teoría, los expertos sociólogos dicen que en épocas de bonanza, si los ingresos del hogar están asegurados, muchas personas dicen que no les interesa trabajar. Entonces, no son consideradas población activa.

En cambio, en épocas de vacas flacas, en teoría, según los expertos, sucede lo contrario: el paro crece con mucha velocidad porque hay un montón de gente que desea trabajar pero que no encuentra trabajo. Es decir, se acelera la lucha por el puesto de trabajo: hay más personas detrás de un empleo y muchas de ellas estaban inactivas hasta que la crisis las lanzó al redil.

Desde 2005, la población activa crecía anualmente al ritmo de 650.000 personas al año. En teoría, siguiendo las reglas anteriores, a medida que entramos en crisis tendría que haber más gente declarándose con ganas de trabajar o trabajando. Pues ha sucedido lo contrario: ha crecido muy poco. En la última encuesta de población activa, 23.122.300 personas confesaron querer trabajar o estar trabajando. Eso supone sólo 40.000 más que el año pasado en la misma fecha. O sea, algo que crecía a un ritmo bestial de 650.000 personas al año, ahora crece diez veces menos. Casi no crece. El año anterior (2009 sobre 2008) creció en casi en 280.000 personas, menos de la mitad que en años anteriores.

¿Por qué?

Una razón puede ser la emigración de familias extranjeras. Otra puede ser que las personas que decían que querían trabajar, estaban mintiendo, e hincharon las cifras de población activa por tomar el pelo al encuestador o por deporte. Puede que ésta sea la cifra real, y no la de hace cinco años.

Es difícil explicarlo. Pero las cifras están ahí. Cualquiera puede consultarlas en la página web del INE. En cualquier caso, el gobierno puede respirar porque si la población activa hubiese crecido el ritmo de hace tres años, el paro no sería de 4,6 millones. Sería superior a los 5,5 millones de personas.

Pero si muchos de los que han aceptado ser entrevistados por el INE, ocultan sus chapuzas, sus trabajos en negro, y en cambio, dicen que están parados, entonces las cifras del desempleo (el paro EPA), tampoco son verdad.

De modo que alguien tendría que salir a explicar todas estas incoherencias, pues aquí se esconden muchas mentiras.

Pueden ver las notas de prensa con las series de los segundos trimestres de 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, y 2010. Si buscan población activa, verán cómo crecía a un ritmo de 650.000 personas al año hasta 2008, año de la crisis. Luego baja a menos de la mitad y al final casi se paraliza.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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