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Los perversos efectos del sillón-ball

13 octubre 2010 - 7:00 - Autor:

No le den más vueltas: el reciente Premio Nobel de Economía lo ha recibido tres personas cuyos estudios concluyen lo siguiente: si das dinero para crear empleo, habrá empleo; si subvencionas el desempleo, habrá desempleo.

¿Una paradoja?

Es algo que ya he dicho en otros post y artículos. Un sistema que invierte un montón de dinero en sostener a los parados, es un sistema socialmente avanzado, pero laboramente ineficaz. ¿Por qué? Porque cuando un parado recibe 1.100 euros al mes, por ejemplo, y le ofrecen puestos de 1.000 euros, no los acepta.

No los acepta porque en tumbado el sofá gana más. Así de sencillo.

Ni siquiera si le pagan 1.300 se levantaría del sofá pues, ¿por unos cochinos 200 euros de más voy a dejar este delicioso sillón?

No es mentira. Es verdad. Pregunten a los empresarios: ellos les dirán que están cansados de ver esta situación. Ofrecen empleo y sueldo a mucha gente, pero si esas personas están recibiendo seguro de desempleo no se mueven. Quien tenga dudas, que vaya a la CEOE o a Cepyme y que pregunte.

Esa forma de reaccionar es nociva por varias razones: el trabajador se olvida de su oficio, y durante dos años se queda fuera del sistema. A la velocidad con que marchan las cosas, dos años son dos siglos. Para muchos, es quedarse fuera de la economía, pues en lugar de aprovechar ese tiempo para reciclarse (de albañiles a técnicos o especialistas en otra cosa), se rascan la barriga a lo grande. Dos años de sillón-ball hacen mucho daño.

Lo lógico sería aceptar un empleo, aunque estuviera peor remunerado, porque se este modo no se agota el seguro de desempleo sino que vuelve a correr el cronómetro. Además, si no se acepta un empleo ahora, no es seguro que dentro de dos años salgan oportunidades como setas.

En teoría, un parado debería aceptar un puesto de trabajo al instante, un puesto relacionado con su oficio. En la práctica, no sucede eso.

Y el premio Nobel de Economía a los norteamericanos Peter Diamond y Dale T. Mortensen, y al chipriota-británico Christopher Pissarides les ha sido concedido por “sus análisis de los mercados de búsqueda con fricciones“. Dicho en castellano sencillo: por comprobar que cuanto más elevado es el seguro de desempleo, mayor es la tasa de paro y se dilata el tiempo de búsqueda de empleo, según informaba Efe.

Bah, pensarán mucho. Pura teoría.

Hace mucho años, para evitar estas averías, el gobierno alemán puso en marcha el plan Hartz. Su nombre procede del jefe de personal de Volkswagen, Peter Hartz, que luego fue consejero del canciller Gerhard Schröder, y le ayudó a revolucionar el Inem alemán  (Arbeitsamt) y el sistema de empleo.

Hoy el paro en Alemania es muy bajo. Una de las formas de combatir la crisis de 2008  fue permitir a las empresas que redujeran la jornada laboral de sus trabajadores en la misma medida en que caían sus ventas. Pero que no echaran a los trabajadores. El salario que faltaba a los trabajadores, lo completaba el estado durante un tiempo. Se le llamó “Kurzarbeit” (trabajo acortado). Es decir, el estado subvencionaba el empleo, no el desempleo. Tan sencillo, tan razonable, tan eficaz.

Por eso, cuando concedieron el premio Nobel a estos tres economistas, el diario alemán Die Welt tituló: “Premio Nobel a los principios fundadores del Plan Hartz”. Es la prueba del algodón.

El problema que hay en España no es que se subvencione el desempleo, es más bien la combinación del hecho de que no hay trabajo (o al menos trabajo digno) junto con la vagancia del español medio que está en el paro. Y también es fundamental el egoísmo de los empresarios españoles. Por culpa de ellos es inconcebible que se aplique en España un plan tipo Hartz. ¿Reducir la jornada laboral de los trabajadores en la misma medida en que caen las ventas? ¿No echar a los trabajadores? ¡Y una mierda! Lo que siempre hacen es explotarlos y obligarles a hacer horas extras gratis (siempre con falsas promesas de compensación) para que la empresa no pierda beneficios. Y la reducción de plantilla siempre beneficia a las empresas españolas, ya que se reduce también el número de nóminas a pagar. Pero eso no es preocupante para ellos ya que a menos trabajadores más carga de trabajo para los que quedan, pagando siempre los cuatro pringaos de siempre, los últimos monos de la empresa. Esto se ve especialmente en las empresas de consultoría IT tan importantes como HMCQZ y DUDQHR (léanse como cifrado Julio César -1, lo hago así para no dar nombres).

“Porque cuando un parado recibe 1.100 euros al mes, por ejemplo, y le ofrecen puestos de 1.000 euros, no los acepta.
No los acepta porque en tumbado el sofá gana más. Así de sencillo.”

Pues no. Si le ofrecen puestos de 1000 euros y los rechaza, es porque antes trabajaba por 2000 euros al mes (que se han convertido en los 1100 de la subvención del paro que le corresponde), y si ahora le vienen ofreciendo 1000, es que se trata con total seguridad de un trabajo basura que no le interesa. No es que tumbado se gane más, es que sería indignante aceptar ese tipo de ofertas basura.

Por lo tanto, lo que se debería hacer en España es promocionar el trabajo de verdad y castigar severamente el trabajo basura, el cual no es más que un delito encubierto contra la dignidad de las personas.

Y si el “tumbing” procede de baja laboral por lumbalgia, depresión, de esas que te permite salir a bailar, mejor, que así no disminuye la cotización por paro

Ironias de la historia, pero al directivo Peter Hartz no sólo lo despidieron de grupo VW sino que además fue acusado de varios delitos: cohecho, prevaricación y malversación de fondos, al darse buenas juergas a cargo de las arcas de la firma automovílística en Brasil y países con prostitutas y otros sindicalistas , liberados alemanes…

Javier, pareces obsesionado con que los empresarios quieren despedir a toda costa. Quizás algunos sean así, pero la mayoría tenemos trabajadores porque son necesarios para nuestro negocio. Despedirlos es como desmantelarlo. Si es cierto que queremos deshacernos de los incompetentes o aquellos para los que no tenemos trabajo suficiente. Pero es que el negocio es una cuestión de rentabilidad ¿o tu seguirías yendo a trabajar si no te pagan?

Por último, si no estás de acuerdo con los empresarios, siempre te queda el autoempleo. ¿O es que también hay alguna ley de la naturaleza que nos obliga a los empresarios a generar un puesto de trabajo para ti?

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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