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El hombre que saltaba charcos y regalaba huevos

26 diciembre 2010 - 14:50 - Autor:

Subidos a camionetas, con silbatos, sombreros de plástico y algunas cervezas, los jóvenes celebrábamos las elecciones presidenciales de Venezuela de 1973 como si fuera un carnaval.

En nuestra caravana, teníamos confeti y pancartas de dos colores: verde copeyano, y blanco adeco. Si pasábamos junto a una caravana de otro partido llena de chicas guapas, cambiábamos los colores y las seguíamos. Esa era nuestra forma de ver la política. Las mayores contiendas consistían en lanzarse caramelos.

En aquellos años, había dos grandes partidos en Venezuela: lo adecos (Acción Democrática o AD), eran un poco más socialdemócratas; los copeyanos (Copei), más conservadores.

El candidato de los adecos era Carlos Andrés Pérez. Todavía recuerdo la canción de su campaña: “Este hombre sí camina, va de frente y da la cara: ¡Carlos Andrés!”.

Se le veía en televisión saltando charcos en los barrios de chabolas, y repartiendo huevos a los más pobres. Se iba a esas lomas de miseria, llenas de belenes de verdad, tan pobres como el nacimiento de Jesús, y se ponía a prometer de todo: que iba a llevar carne, leche y huevos, que iba a mejorar las condiciones de vida.

Era un hombre enérgico y optimista; y como el candidato de Copei parecía una marmota aburrida, Carlos Andrés Pérez o CAP ganó las elecciones.

Poco después de ganar, CAP nacionalizó el petróleo y el hierro. Hasta entonces se pagaban unos royalties a las multinacionales por explotar esas materias primas, pero me acuerdo que en 1976 todo el país gritó: “El petróleo es nuestro”. También creó PDVSA, la Repsol venezolana.

Fue un acierto porque el país se inundó de dólares.

En 1972 había estallado una guerra en Oriente Medio, que elevó los precios del barril de 4 a 12 dólares. Pérez se benefició de una entrada tan masiva de dinero, que hasta creó el mayor programa de becas jamás conocido por un país, las becas del Gran Mariscal de Ayacucho, que enviaron venezolanos a estudiar por las universidades de todo el globo. Yo pedí una beca pero como no me la dieron, me vine a España con mis ahorros…. ahorritos.

En 1979, el conflicto con Irán, la entrada de los ayatolás y la expulsión del Sha y su régimen prooccidental, volvieron a disparar los precios del crudo hasta 30 dólares, y Venezuela se convirtió en la Arabia Saudí de América.

CAP perdió el poder en 1979, pero volvió a presentarse en 1988 y ganó. Pero las cosas habían cambiado. El país estaba empezando a ir mal, y para arreglarlo un poco, subió el precio de los carburantes. En Venezuela se puede subir casi todo, pero no la gasolina. Es la gasolina más barata de mundo: hoy, por ejemplo, con menos de dos euros se llena un tanque de 60 litros.

Cuando subió la gasolina, el pueblo se puso bravo: salió a la calle y descerrajó supermercados. Fue el Caracazo de 1989. Pérez envió a los militares, que se dedicaron a echar plomo y abrir fosas comunes. La cifra de muertos se desconoce: unos dicen que 250, otros que dos mil. Algunos militares se llenaron de rabia al ver lo que habían hecho.  Y empezaron a conspirar.

Tuve un encuentro con CAP en Davos (Suiza) en 1992, durante las famosas reuniones del World Economic Forum. Me hice amigo de sus portavoces y cuando esperaba entrevistarlo, todos los venezolanos salieron pitando. Era el 4 de febrero. No lo olvidaré porque luego vi en televisión que un grupo de militares estaba intentando dar un golpe de estado en Venezuela.

Intentaron tomar los estudios de televisión, colapsar el aeropuerto de Caracas y conquistar los centros estratégicos. Fracasaron. Los enviaron a la cárcel. Pero antes de reconocer que había fracasado, salieron en televisión diciendo que no habían conseguido sus objetivos “por ahora”.

Ese era Hugo Chávez Frías.

Carlos Andrés ganó esa batalla, pero perdió el poder pues en su segundo mandato, su mala gestión con dinero del estado, le supuso un juicio de estado y la prisión. En realidad, todo consistió en enviar dinero para ayudar a Violeta Chamorro, candidata liberal en Nicaragua. Pérez quería evitar en todo lo posible que ganasen los comunistas. Todos los estados lo hacen, pero a él le pillaron.

Por cierto, una paradoja: los comunistas acabarían ganando en Venezuela, y encima, comandados por la persona que él mismo metió en prisión: Chávez.

Visité a Pérez en su prisión domiciliaria en 1996, junto con el periodista Rafael del Naranco (colaborador de lainformacion.com) y con mis hermanos.

Estaba recluido en un chalet llamada “La Ahumada” en la urbanización Oripoto, en los altos de Caracas. Su salud era sobresaliente y él mismo se regodeó contándonos que se mantenía en forma haciendo ejercicio todos los días. Creo que corría sobre una pista rodante. Nos dijo que estaba leyendo “Trust” de Francis Fukuyama, un libro que le había regalado, según supe después, Diego Arria, que fue uno de sus ministros.

Otro de sus ministros fue Moisés Naim, hoy director de la revista norteamericana Foreign Affairs.

Creo que CAP tenía cierta visión del estado, y desarrolló un programa gigantesco para que los venezolanos amaran a su país. Creó por ejemplo muchos parques nacionales, y fomentó el cariño a las selvas, los saltos de agua, y a ese montón de maravillas que no se ven en otras partes del mundo. También inauguró una red de hospitales públicos, y trató de fomentar las obras culturales. Durante su primer mandato, el país disfrutó de una catarata de ingresos gracias al petróleo. Era un país riquísimo. Los venezolanos esperaban volver a ese paraíso cuando le votaron en 1988. Pero hay paraísos que se esfuman

En su segundo mandato, de 1988 a 1993, no supo gestionar bien el país: la inflación llegó al 80%. La empresa estatal de aviación quebró (Viasa). La situación de los pobres no se alivió. Liberalizó la economía, ajustando los precios a su valor real. El país entró en barrena. No logró eliminar la dependencia que Venezuela tiene del petróleo, como tampoco no ha logrado Chávez. El petróleo es de los venezolanos, pero no tienen mucho más.

Al salir de prisión, CAP se exilió de Venezuela y se instaló en Miami.

En su última entrevista, concedida a Miami Herald, dijo que el país se encontraba ante un dilema. “”El dilema es claro. Una dictadura motejada como del Siglo XXI o un estado en el que se respete la libertad. Un sedicente comunismo, signado por la rapacidad, la impunidad y la fruición por el enriquecimiento ilícito o un gobierno responsable, que le rinda cuentas a sus ciudadanos. Un sistema que mutile la descentralización o un sistema que reivindique el derecho de las comunidades de estar al frente de sus destinos”.

Carlos Andrés Pérez murió el día de la Natividad del Señor. Ayer en Miami. Tenía 88 años. Justo los mismos que riman con el lema de su última campaña, la de 1988. “El gocho (andino) pa’l 88”.

Muchos venezolanos se llevaron de él la imagen de que era un presidente un tanto bocazas y poco fiable. Un presidente que había manejado mal el dinero público. Pero la llegada de Chávez y sus desmanes gigantescos, está convirtiendo a sus antecesores en los héroes de la democracia.

Como muchos venezolanos, CAP se negó a volver o ser enterrado en su patria hasta que no se fuera Chávez.  Quizá este gesto será el que limpie su imagen ante los venezolanos de todo el mundo. Incluso entre los que no le querían.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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