Jonathan Ive, el otro genio de Apple
En estos días se han puesto a la venta dos biografías de Steve Jobs, la de Walter Isaacson (Debate, titulada Steve Jobs) y la de Daniel Ichbiah (Lid, titulada Las Cuatro Vidas de Steve Jobs).
Hay en ambas mucho que aprender y los periodistas las están desgranando poco a poco para mostrar la vida del fundador de Apple. Un genio, sin duda, pero en ambas biografías hay una parte dedicada a otro genio de la empresa de la manzana, el diseñador Jony (Jonathan) Ive (ver foto).
Este diseñador británico llevaba trabajando en Apple desde 1992, cuando Jobs no estaba en la compañía. “Ive se aburría tremendamente en Apple”, cuenta Ichbiah, “y estaba a punto de presentar su dimisión”
Recordemos. Jobs, creador de Apple, había sido expulsado de la empresa en los ochenta. Luego volvió a dirigirla, justo cuando la empresa estaba cayendo en el abismo. ¿Por qué? Porque los ingenieros habían tomado el lugar de los diseñadores.
Jobs volvió a la compañía en 1996, y dio al año siguiente dio un discurso que resultó para Ive una revelación. “Anunció que nuestra meta no era simplemente ganar dinero sino también crear grandes productos”. O sea, Jobs proponía hacer justamente lo contrario de lo que Apple estaba haciendo en los últimos años.
En la mayoría de las empresas, cuenta Walter Isaacson, biógrafo de Jobs, la ingeniería determina el diseño. Los ingenieros plantean sus requisitos y los diseñadores crean cubiertas y tapas que puedan acomodarlos. “Para Jobs, el proceso tendía a funcionar en sentido contrario”.
Eso fue lo que gustó a Ive.
El iMac, un ordenador que parecía un caramelo
Un día Jobs vio uno de los diseños de Ive. Se trataba de un ordenador de color y de plexiglás. La empresa lo había rechazado pero Jobs lo vio y dijo “lo quiero”. El problema era presentar este modelo traslúcido al consejo de administración de Apple, “aquella cohorte de seres racionales en busca de rentabilidad garantizada”.
Jobs y su diseñador se encerraron con un pequeño equipo y trabajaron en absoluto secreto tras un cartel, copiado de la Segunda Guerra Mundial, que decía “Las lenguas largas pueden hundir el barco”. Estaba naciendo el iMac, ese ordenador en forma de fruta y de colores ácidos, que entre otras cosas se había basado en la forma en que se presentan los caramelos.
El 6 de mayo de 1998 el iMac se presentó en público. “Se convirtió en el ordenador más vendido del momento en todas las categorías”, dice uno de los biógrafos. Desde entonces, ambos trabajaron haciendo algo que consistía en buscar la sencillez en la complejidad. Fueron sacando productos sorprendentes, que parecían salidos del taller de un orfebre medieval: el iMac, un ordenador de color y en forma de huevo. El iPod, el iPhone, el iPad…
¿Y qué hacía a Ive tan brillante? Que era un artesano. Un artesano moderno.
El orfebre medieval
Su padre era un orfebre que además daba clases en la universidad local de Chingford. Enseñó a su hijo el placer de hacer cosas con las manos. “Llegué a darme cuenta de que lo realmente importante era el cuidado que se ponía en ellos [productos hechos a mano]“. 
Ive consiguió muchos premios de diseño y en 1992, cuando entró en Apple, la empresa estaba dirigida por Gil Amelio, quien no tenía mucho aprecio por el diseño. “No había un ambiente de atención a los productos”, afirma Ive en una de las biografías,” porque estábamos tratando de rentabilizar al máximo los beneficios que obteníamos”.
Cuando Jobs volvió, Ive vio de nuevo la luz.
¿Podía haber surgido esa gama de productos sin la unión de un orfebre y un visionario? Es dudoso. Ive afirma en una de las biografías que cuando Jobs presentaba esos diseños como si hubiesen salido de su propia cabeza, se sentía como si le hubieran robado un bebé. Pero también reconoce que sin la visión y la apuesta de Jobs, habría sido imposible que esos bebés vieran la luz.
Fue la idea de dar valor a la artesanía lo que hace que ahora Apple sea una de las empresas más valiosas del mundo. Parece una contradicción. En la era de la superproducción en serie, de las commodities, del usar y tirar, ha triunfado una empresa que trabaja conceptos medievales: el fruto de las manos. A eso se le llamaba entonces artesanía.
Una de las lecciones que se aprende de ambas biografías es que los departamentos de diseño de las grandes compañías son en parte herederos de ese espíritu artesanal… siempre que por encima no tengan a los ingenieros. En la construcción de las catedrales, se unificó el trabajo de cientos de artesanos para producir vitrales o arcos, gárgolas y hornacinas, y todo ello bajo la supervisión de un gran arquitecto que tenía una visión.
Y Jony Ive es ese artesano medieval transplantado al siglo XX y descubierto por un cazador de talentos que convertía la técnica en arte: Steve Jobs.
(Mi Twitter para los artesanos incomprendidos:
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5 Comentarios
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Francamente el artículo se me hace algo despectivo con los ingenieros, como si fuera la ingeniería la culpable de que las cosas no se hagan con el cuidado y detalle que Apple suele poner en sus productos.
Lo que motiva ese descuido por el detalle es, como el propio articulo lo menciona en otro lugar, el afán de rentabilizar al máximo los beneficios, dando poco valor al “feeling” de los productos. Pero dicho descuido no es sinónimo de ingeniería. Ni tampoco vale decir que los ingenieros son incapaces de tal apreciación.
Se idealiza demasiado a Jobs. Simplemente lo veo como un hombre con personalidad fuerte, que sabía como imponer sus ideas y amor por el detalle en el producto final. Al mismo tiempo, con habilidad para rodearse de gente que también fuera afín a él. No hay visión ahí, tan solo amor por el detalle. Un amor que lo hay en muchos lugares, aunque usualmente se ve opacado por intereses más fuertes. Cosa que en Apple no sucedió.
Comentario Publicado por: Javier G.C. | 27 octubre 2011 - 8:45
Completamente de acuerdo con Javier G. C. El articulo es tremendamente injusto con los ingenieros.
Cuando el articulo dice “ los departamentos de diseño de las grandes compañías son en parte herederos de ese espíritu artesanal… siempre que por encima no tengan a los ingenieros” parece indicar que los ingenieros no saben apreciar el diseño y el arte.
Para mi la clave esta en la frase “rentabilizar al máximo los beneficios”. Los ingenieros resuelven problemas con las especificaciones y las herramientas de que disponen. Los economistas son los que “maximizan los beneficios” de una compañia.
Hay claros y contundentes ejemplos de ingenieros-diseñadores que muestran claramente como ambas disciplinas se realimentan y necesitan la una a la otra. Por ejemplo, el caso de Richard Buckminster Fuller.
http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Buckminster_Fuller
Comentario Publicado por: Juan Antonio Esteban | 27 octubre 2011 - 10:29
Logicamente si los Ingenieros no hubieran diseñado hardware innovadores no se seguirian vendiendo despues del impacto inicial de un buena imagen del producto!!!
Comentario Publicado por: william | 27 octubre 2011 - 11:11
Me ha gustado este artículo. En los últimos días ha brotado un montón de gente que dice que Steve Jobs era un genio. El jefe suele llevarse las medallas. Pero la verdad es que en Apple había muchos empleados excepcionales. Los mejores profesionales de la usabilidad han trabajado en Apple y es como si no existiesen. Nadie les ha dedicado una línea.
Comentario Publicado por: Rafa López Callejon | 27 octubre 2011 - 11:39
un artículo muy sensacionalista, lo ha escrito una persona que no ha comprendido nada de nada sobre paradigmas…
Pero lo que más me ha asqueado es lo de “artesano medieval”, pero por favor! a veces pienso que el espíritu de Torquemada sigue rondando entre nosotros…
Comentario Publicado por: flor.picchi@gmail.com | 27 octubre 2011 - 13:06