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¿Por qué la monarquía española es tan barata?

29 diciembre 2011 - 0:33 - Autor:

No me cuelguen todavía del palo mayor. Tengo unas palabritas que decir.

La monarquía española cuesta unos ocho millones de euros al año. Al Rey se le asigna un sueldo de casi 300.000 euros al año. Eso es casi 40 veces el salario mínimo interprofesional (que es de unos 8.000 euros anuales).

Escandalazo, pensarán. ¿Quién ha elegido al Rey? Se preguntarán. ¿Por qué tenemos que pagarle tanto?

Un señor que no hace nada… Una familia que vive con nuestros impuestos… Y encima, hay sospechas de manejos raros de uno de sus parientes. En fin, todo se puede resumir en una pregunta: ¿para qué sirve la monarquía española?

Eso me preguntaba yo hace años.

Para responderme, no me fijé en el Rey sino en el país. Ah, España, que adorable colección de guerras. En los últimos dos siglos, ha sido uno de los países europeos con más guerras civiles, golpes de estado, pronunciamientos, levantamientos, asesinatos políticos, reclamaciones de independencia… Ha estado a punto de ser un no-país.

Mmmm, que yo recuerde, entre finales del XIX y el XX hubo cinco  asesinatos de presidentes de Gobierno: Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco. Y atentados contra reyes y políticos, a puntapala.

Este es un país difícil de gobernar porque existe un fondo destructivo genéticamente asentado. ¿Pruebas? Desde las juntas de vecinos hasta los gobiernos autonómicos, hay una tendencia radical a la separación y a la protesta destructiva. De constructiva, nada.

Piensen ahora lo que nos ha costado el terrorismo. Entre los 900 asesinatos, el daño moral, el daño psicológico, los traumas, la destrucción de bienes, la huida de empresarios, producción perdida, y más cosas, ha costado más de 150.000 millones de euros entre 1993 y 2008. Es lo que afirma un informe encargado por la Ertzainza.

Eso supone el 15% del PIB español en un año. ¿Y la monarquía? Si multiplicamos los ocho millones por 15 años, dan 120 millones. El 0,012% del PIB en un año.

La diferencia es que la monarquía intenta ser una institución que no destruye sino que intenta unir a los españoles. Por encima de peleas y destrucciones locales. El loctite hispánico. Trata de pegar lo que todos intentamos despiezar.

Pensemos  en el estado de las autonomías. Desde el punto de vista financiero, ha sido un desastre. Llenas de gastos superfluos y casos de corrupción. Azuzadas por el egoísmo local, han hecho que viajar de Lugo a Bermeo sea como ir a otro país. Por eso los políticos están tan mal valorados.

En la última encuesta del CIS, la Monarquía estaba mejor valorada que la clase política (por encima solo tenía las FFAA y los medios de comunicación, página 9 del informe)

¿Y el caso Urdangarín? Eso es lo bueno. Servirá para poner el listón bien alto. Quien se salte las leyes, recibirá su merecido. La ley es igual para todos.

Claro que el rey no es responsable y está eximido, según la Constitución. No es igual a los demás. Cierto. Pero, por favor, no es Kim Jong il. No está endiosado por el pueblo. No es intocable. Se pueden hacer chistes, críticas, ataques y hasta portadas crudas sobre la monarquía. En Corea del Norte cualquier dibujante que osase criticar al ‘líder querido’ era fulminado.

El asunto Urdangarín ha servido para que la monarquía publique sus ingresos, por ejemplo. Y ahí estaremos vigilantes.

En fin, si uno saca cuentas, verá que la monarquía española es barata para el servicio que da: ser un mínimo denominador común de los españoles. Vale la pena, ¿no?

Puedes leer también:

Cinco consejos de comunicación al rey para que siga cazando

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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