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Huyen los listos; se quedan los de Villacañas

5 Febrero 2012 - 15:25 - Autor:

La historia de Villacañas la conocen. Pero voy a resumirla en pocas líneas.

Este pueblo de Toledo tenía varias fábricas de puertas. Crecieron tanto durante el auge y locura de la venta de pisos, que los jóvenes del pueblo abandonaron los estudios y se pusieron a fabricar puertas. El pueblo se inundó de Audis y BMW. ¿Pa’ qué estudiar? Cuando vino la crisis, las fábricas echaron a la mayoría. Y ahora los jóvenes no encuentran empleo ni de limpiaventanas.

Eso pasó a escala nacional: encofradores, soladores, albañiles, peones… La mayoría está en paro porque no hay curro para tanta gente. Tampoco encuentran trabajo porque no tienen idiomas, una FP, una carrera, una habilidad distinta…

Muchos españoles sin empleo ni futuro están huyendo de país. Desde 2008, unos 300.000. La mayoría jóvenes. Y ahora viene el drama: esos que salen no son los de Villacañas. Se van  los que hicieron una carrera, un master, una FP, se metieron en cursos de idiomas, es decir, los que se dedicaron a estudiar mientras los otros hacían puertas en Villacañas.

Un informe de Adecco describía ese nuevo emigrante: “Jóvenes con edades entre los 25 y los 35 años que no poseen responsabilidades familiares y con formación altamente cualificada”.

O sea, este país ha gastado una enorme suma de dinero y de esfuerzo en formar a una generación a través de las universidades del Estado o del bolsillo de las familias. Eso lo van a aprovechar otros países como Alemania. Fantástico. Hemos pagado con nuestros impuestos o con nuestros ahorros la indispensable formación de miles de jóvenes que están huyendo. Desde Corea del Sur hasta Argentina, desde EEUU hasta Rusia, nos darán las gracias porque les enviamos jóvenes formados, que no les han costado un duro, y que van a poner su inteligencia y esfuerzos al servicio de otras naciones.

¿Por qué  no se van afuera los de Villacañas? Simple y cruel: si un tío de Villacañas quiere un puesto de trabajo en, digamos, Alemania, tiene que competir con turcos, árabes, subsaharianos, latinoamericanos, en fin, con gente que viene de economías más pobres y que es capaz de trabajar más por menos.

Peor aún: no sólo huyen los más cualificados. Es que además son los más temerarios, los audaces, los sin-miedo. Eso es una cualidad muy empresarial, la que nos hace falta en este país ahora.

Y aquí quedamos los más cobardicas, los que tenemos un empleo (que es un chollo), los que no podemos vender ni inteligencia ni brazos al extranjero, los que tenemos familia, los de Villacañas, y los funcionarios.

Vaya panorama. Si quieren saber más sobre el coste de esa analfabetización laboral, lean este análisis de Luis Garicano y Florentino Felgueroso.  Les dejo una frase:

“Casi tres millones de nuestros parados tienen un nivel educativo bajo (ESO o menos), y solo algo más de la mitad de estos alcanza el título de ESO”.

No quisieran señalar a los culpables de todo esto. He oído que este fin de semana estaban en Sevilla, no sé si de romería o en un congreso de flores.

Post data: para que luego digan que la prensa no avisó, lean este reportaje sobre la crisis de Villacañas y los primeros despidos en enero de de 2008. Repito, ocho meses antes de la crisis de Lehman. ¿Es que los del congreso de Sevilla no leían periódicos entonces?

Y vean este reportaje de TVE de hace pocos días. Muestra en qué ha quedado alguna fábrica. Penoso.

(Mi Twitter, excepto para los causantes de todo esto:

http://twitter.com/#!/ojomagico

O en el periódico:

http://twitter.com/#!/la_informacion )

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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