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La reforma laboral contada como un episodio de ‘Master and Commander’

25 febrero 2012 - 15:13 - Autor:

El capitán Jack Aubrey había vuelto de Brasil y traía malas noticias para su armador. Le comunicó que el Acheron, buque de guerra napoleónico,  asediaba a la flota real, interceptaba sus navíos, los hundía o los asaltaba, de modo que la ruta con las Indias Occidentales se había convertido en una peligrosa travesía para el HMS Surprise.

El armador se dio cuenta de que tenía que actuar. Si no tomaba una decisión, llegaría un momento en que no tendría dinero para sostener el barco, a Aubrey, a los oficiales y a los marineros:  el comercio había caído a la mitad. Pero, ¿qué era más conveniente?  ¿Había que bajar la paga un 50% a todos? ¿Había que echar a la mitad? ¿Había que pasar todos a un barco que fuera la mitad de grande?

Y aquí el armador del HMS Surprise se topó con una vieja ley del mar: no se podía bajar la paga a los marineros. Entonces, el armador pensó que tenía que echar a la mitad.

La ruta Porthmouth Rio de Janeiro requería en los viejos tiempos 80 tripulantes en una fragata. Ahora, quedarán 40, pensó.

Pero había otra ancestral ley de los mares: para echar a los tripulantes, debía pagar a cada uno 45 días por cada año de dedicación. En resumen,  más o menos la paga equivalente a dos años por marinero. Era una forma de decir que los marineros contaban con dos años para enrolarse en otro barco. Era de justicia social. Bien pensado, dijeron los marineros.

Pero, claro, el armador del Surprise se encontraba con un dilema: echar a esos 40 marineros suponía dejar a su compañía marítima sin un solo doblón. Una verdadera sangría. (Podía haberlo previsto, claro, pero eso irá en otro episodio)

De modo que no solo dejó a 40 marineros en tierra, sino que decidió que a partir de ahora no contrataría ningún marinero veterano. No más marineros fijos, se entiende. Todos los que vinieran serían temporales. Grumetes. Eso quería decir que, antes de cumplirse el plazo de dos años para que un grumete se convirtiera en marino veterano, lo dejaría en tierra. ¿Por qué hacía esto? Porque le había costado tanto dinero echar a los marineros fijos (veteranos) que no quería pasar otras vez por esa experiencia.

Eso producía consternación al capitán Aubrey: justo cuando su tripulación estaba más preparada en largar cabos y preparar nudos, en calcular el derrotero con el sextante y hacer navegación estelar, entonces venía el armador y dejaba en tierra a un montón de marineros, sustituyéndolos por otros novatos grumetes. ¿Qué pasaría si algún día se enfrentaban al Acheron? ¿Con esta tropa de eternos grumetes?

Interviene el rey

El armador escuchó las quejas de su capitán. Entonces, con otros armadores fue a parlamentar con el rey. Le suplicaron que derogase la premática por la cual se debía compensar con 45 días a los marineros veteranos que perdieran su empleo.

“Majestad”, dijeron los armadores, “al costarnos menos, podremos salvar el empleo de otros marineros. Y perderemos el miedo a enrolar de nuevo porque no será tan caro despedirles. Y los marineros  estarán encantados porque si no es un armador será otro quien les ofrezca embarcarse”.

El rey aceptó, pero antes hizo esta pregunta. “Supongamos que apruebo la real orden: ¿no es verdad que puede haber armadores que aprovechen el momento para dejar en tierra a más marineros, pues ahora les costará menos dinero despedirles?”.

“Majestad”, respondieron los armadores, “nosotros hemos comprado barcos y hemos contratado tripulación para comerciar y sacar un beneficio: solo queremos ajustarnos a la verdad de la mar. Enrolaremos a más marineros, de eso no le quepa duda, cuando el negocio florezca”. (Claro, no le contaron el plan B: ¿y si no florece?).

Fue entonces cuando el rey aprobó y sancionó la real orden. Todos los marineros podían ser enrolados o dejados en las dársenas, en función de las necesidades de los armadores y su comercio. ¿El coste para el armador? Minúsculo.

¿Motín a bordo?

¿Cuál fue la reacción de los marineros? Cabreo. Inquietud. Inseguridad.

Fue entonces, cuando comenzaron los rumores entre la marinería del HMS Surprise: ¿hacemos un motín como el de la Bounty?

El capitán Jack Aubrey les pidió calma. “Si fuérais armadores, ¿haríais algo diferente?”. Los marineros le miraron desconfiados. “Capitán Aubrey: ahora nos despedirán con más facilidad”, gritaron.

“Puede ser”, contestó Aubrey. “Pero también os pueden contratar con más facilidad”.

Uno de los marineros se acercó. “Capitán Aubrey, solo nos contratarán si los armadores ven que florece el comercio con las Antillas y con Brasil. Pero el Acheron y otros barcos franceses nos amenazan: hasta que no hundamos ese barco, no tendremos la seguridad de que podremos enrolarnos de nuevo”.

Aubrey miró al cielo, y asintió. “O acabamos con el Acheron, o los armadores no contratarán más marineros”.

Y hasta aquí este capítulo de la reforma laboral, y su impacto en la marinería. ¿Habrá motín a bordo? ¿Contratarán más marineros? ¿Hundirán el Acheron o el Acheron les hundirá a ellos? La  solución a este enigma… se sabrá en los próximos meses.

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O en el periódico:

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4 Comentarios

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Otro capítulo más de como tratar a los lectores por tontos.

Se aprecia la intención y la metáfora es trivial, pero el final es propio de un cuento de Disney. Hay que estar muy fuera de la crisis y muy dentro del sistema capitalista para no sentir pánico y/o ansiendad para que esto acabe de una vez y se queme todo el dinero del mundo.
Saludos!

Aubrey miró al cielo, y asintió. “O acabamos con el Acheron, o los armadores no contratarán más marineros”.

En ese momento se sintió sujetados los brazos por dos robustos marineros, otro se le acerco con una soga y cara de malas intenciones.

- Hemos pensado otra solución, lo vamos a colgar a usted, pero no del cuello, sino de los huevos, por hijo de puta.

Dicho y hecho, procedieron a rodearle los eggss con la maroma, y estiraron con fuerza, desde arriba del palo de mesana se oia a Aubrey gritar: “solo soy un mandaooooo..”

Me han filtrado como sigue la segunda parte.
El marinero Toxo, que formaba parte de la tripulación junto el marinero Méndez, no aceptó la decisión del patrón del HMS. Aunque ambos no eran buenos marineros (se distraían de su labor, nunca hacían sus tareas y con habilidad se las endosaban a otros compañeros) sí tenían facilidad de palabra.
No aceptaron la decisión del patrón del HMS y arengaron a la tripulación a a rebelarse contra tal decisión. En medio de la algarabía, el capitán Jack Aubrey recomendó a su armador entregar dos sobres con maravedíes a los marineros Toxo y Méndez, tal era la forma del capitán de acallar a estos dos peces. Pero el armador del HMS, que había jurado sacar adelante no solo al HMS si no a todos los buques de su otrora poderosa flota, no hizo caso al capitán.
Los marineros Toxo y Méndez organizaron una algarabía fenomenal y prendieron fuego en cubierta al HMS. Algunos marinos no entendían como se podía prender fuego a su propio buque ya que si éste ardía, definitivamente se quedarían con sustento, pero los argumentos de los marineros Toxo y Méndez eran tan convicentes y el ruido de la algarabía tan estruendoso que no les dio tiempo de pensar en ello. Otros marinos que sí cuestionaron la decisión de salir a cubierta a prender fuego al barco fueron arrojados por la borda bajo la acusación de cómplices de las malignos planes del armador. El HMS se quemó, empezó a hundirse y pocas horas después desapareció para siempre. Los marineros hicieron lo que pudieron pero algunos no sabían nadar y casi todos perecieron. Los que salvaron la vida acabaron enrolándose en los buques de Napoleónyh emigraron a Francia. Respecto a los marineros Toxo y Méndez fueron recogidos a bordo de los navíos HMS UGT y Archaron CCOO y apenas sí se mojaron en el mar. Hoy son dos hombres felices, secos como hojas al sol, y que disfrutan de los maravedíes acumulados en aquellos sobres que recibieron durante años.
Fin de la historia.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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