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Visita guiada a una mina de carbón

10 julio 2012 - 18:02 - Autor:

Un ingeniero de minas me acompañó a hacer una ‘visita guiada’ a un pozo de Hunosa en Mieres  hace muchos años. 

Primero, me obligó a dejar en una taquilla todos los objetos de metal. Las minas asturianas contienen mucho gas explosivo. Ese gas puede explotar con cualquier chispa. Por eso se invierte mucho dinero en seguridad y en ventilación. En China mueren cientos de personas al año porque trabajan sin los estándares occidentales. Se entiende que su carbón sea tan barato.

El ingeniero y yo bajamos en una jaula hasta unos 300 metros de profundidad. No era el nivel más profundo. Hay galerías que están a 600 metros. Las minas asturianas son tan antiguas, que es necesario perforar más y más hondo para conseguir carbón. Eso encarece la materia prima.

La humedad de la galería que recorrimos era asfixiante. Había charcos de agua negra, barro y poca luz. Yo caminaba tambaleándome, mientras el ingeniero parecía caminar sobre una pradera. Calculé que habíamos tardado varios minutos en la jaula, y ahora teníamos que caminar más de medio kilómetro. En resumen, antes de empezar a trabajar, un minero tiene que desvestirse, ponerse un mono y casco, tomar la jaula, caminar hasta su tajo. Eso es tiempo de trabajo, me dijo el ingeniero.

En las mimas a cielo abierto de Sudáfrica o Australia se usan buldozers para extraer carbón, se mete en gigantescos dumpers y luego se ahí se transporta a los puertos y a los barcos carboneros. Es un carbón barato. No tardan nada en sacarlo.

Un agujero negro

En cambio, para sacar carbón en Asturias había que meterse en un furaco. Era un agujero donde apenas cabíamos. Allí un minero de brazu tenía que sostener un martillo neumático de unos diez kilos durante varias horas, para extraer carbón de la veta. Los picaores iban con máscaras para filtrar el polvo pero muchos de ellos se la quitaban para coger más aire y picar más piedra. Cuanto más picara, más dinero ganaba. Pero también enfermaba antes.

Eso significaba acabar con silicosis en diez años. El mal de la piedra. Los pulmones se convierten en astillas cuando el polvo de carbón se cristaliza. Entonces, los retiraban. Ahora, con las inversiones en extractores de aire, ya no se padecen esas enfermedades en masa. Pero eso cuesta dinero.

Las vetas de las minas asturianas son muy laboriosas. No se presentan de forma horizontal. Eso sería ideal porque bastaría con atacar de frente, y luego cargar la materia en vagonetas. En Hunosa la inclinación de la chimenea puede llegar a 45 grados. Además son vetas muy estrechas. Por eso se saca el carbón en posturas difíciles, arriesgando en pellejo. Y hay que estar todo el tiempo evacuando el agua porque la lluvia es  perenne en esa región. Inunda todo.

En invierno, los mineros del turno de día entraban cuando no ha salido el sol y salían cuando estaba a punto de ponerse. A cambio, estaban bien pagados, según recuerdo. La prueba era que Mieres y toda la cuenca estaban repletas de concesionarios de coches. Pero no se me ocurrió criticarles por esos sueldos después de escuchar una historia que me contó el ingeniero.

El equipo de salvamento

Un grupo de picaores estaba trabajando en el tayu. Era una chimenea muy estrecha. Primero postiaban con mampostas el techo, y luego, se recostaban y picaban de lado. El carbón caía y rodaba hasta abajo debido a la inclinación de la chimenea. Allí era recogido por los guajes o por unas bandas rodantes.

Las mampostas habrían resistido el peso. Pero debido a la inclinación de la chimenea, que puede llegar a 45 grados,  los maderos se quebraron. Una roca inmensa les aplastó.

El ingeniero formó parte del equipo de socorro. Me contó la operación mientras  estábamos recostados en una chimenea parecida. No había más de un metro de altura entre el suelo y el techo.

Me dijo que tuvieron que picar la roca durante varios días hasta dar con ellos. ¿Qué encontraron?, pregunté.  El ingeniero arrastró unas piedrecitas con una mano y las puso en la otra. ‘Esto’, me dijo. ‘Fue tremabundo‘, añadió en asturiano.

Cuando salí de allí me prometí no quejarme nunca más de mi trabajo.

@ojomagico

 

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1 Comentario

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Cuando tenía 15 años y empezba a interesarme por la economía, ya me tragué todas estas historias duras y reales sobre la minería asturiana.
Desde entonces, ahora tengo 45 años, he visto como mi recibo eléctrico tenía un recargo para hacerles llevadera su recoversión, mientras que en los ultimos años he tenido que sufrir sin la ayuda de nadie el desmantelamiento del sector textil del que yo formaba parte, con una destruccion de empleo que deja las cifras de la minería en nada.
Creo que 30 años son mas que suficientes para que una región encuentre alternativas, da tiempo para todo un relevo generacional, teniendo en cuenta que la vida laboral en la minería es mas corta.
Los mineros no nacen mineros, se hacen voluntariamente mineros. ¿Porque si las condiciones laborales son tan dhuras? ¿Buena paga y jubilacion temprana quizás?

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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