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Con este paro, ¿por qué no se inflaman las calles?

25 abril 2013 - 9:14 - Autor:

Con esa tasa de paro histórica de 6,2 millones, ¿por qué el país no estalla en mil pedazos?

Seguro que muchos de ustedes ya lo han escuchado o lo han leído. Pero me gustaría resumir las razones.

1. Porque el estado de Bienestar no se ha derrumbado. Desde la Sanidad hasta las ayudas a los parados, todo eso sigue existiendo (aunque con menos generosidad que antes).

2. Porque existe una economía sumergida que alimenta a muchas familias. Dicen que es el 25% del PIB.

3. Porque la familia es un estado de Bienestar en pequeñito: los abuelos ayudan con su pensión, los padres con su seguro de desempleo, los hijos con trabajos esporádicos…

4. Porque la hipotecas han bajado de precio. Las indexadas al euríbor (hoy en el 0,52%) siguen bajando.

5. Porque la sociedad ha creado un estado de Bienestar paralelo: comedores de Cáritas, de ONG, ayudas de vecinos, bancos de alimentos…

6. Porque los precios han bajado: menús baratos (y de plato único), ofertas permanentes en tiendas, viajes, ocio, hoteles, electrónica, tarifas de telefonía…

7. Porque las indemnizaciones por despido ha servido de colchón.

8. Porque, ante la falta de contratación, muchos han escogido la vía del autoempleo.

9. Porque otros han escogido la vía del exterior: Colombia, Brasil, Gran Bretaña, Singapur…

10. Porque este país tiene mayor capacidad de sufrimiento de la que se piensa.

A pesar de este panorama, con estas tasas de paro nadie garantiza que en el día menos pensado, las calles se inflamen de verdad. La paciencia no es ilimitada.

@ojomagico

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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