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El empresario avaricioso y el profesor chiflado: cómo lavar el cerebro a los jóvenes

26 Mayo 2013 - 20:55 - Autor:

¿Qué es lo más importante del anteproyecto de Ley de Emprendedores? ¿Poder crear una empresa en 24 horas? ¿Los incentivos fiscales? ¿Facilitar la salida al exterior? 

Nada de eso.

Lo más importante es que en primaria y secundaria se enseñará a los estudiantes que los empresarios no son unos seres avariciosos y explotadores. ¿Exagero?

Esto es lo que dice un texto de Educación para la Ciudadanía.

“EL Sr. Ramón era el dueño de una de las más importantes fábricas de papel del país. Debido a su avaricia por ganar dinero, no le importó que, en su afán por aumentar la producción y con ella los beneficios, su fábrica contaminara el río sobre el que se asentaba, provocando un vertido tóxico en el agua, que llevó a la muerte a muchos peces y a la intoxicación de otros animales por consumir agua y pescado contaminado”.

¿Acaso miente este texto? Desde luego que no. En España hay muchos Don Ramón que contaminan. El problema es que buena la mayor parte los libros de texto hablan de los empresarios poniendo casos como el avaricioso Don Ramón. Y eso es lo que enseñan muchos profesores chiflados a nuestros jóvenes y niños. Se llama ‘lavado de cerebro’.

Es como si, para hablar de la importancia de los trabajadores en la economía, los libros de texto de Educación para la Ciudadanía dijeran que son unos vagos, que se ausentan, que roban llaves inglesas y bolígrafos y que acosan a sus compañeros. Ridículo.

En 2010, la Asociación Madrileña de la Empresa familiar recogió citas célebres en los libros de texto de primaria y secundaria referidas al empresario y la empresa. Fascinante lucha de clases, las empresas son intrínsecamente perversas, la plusvalía es un pecado, la libertad de mercado es funesta… ¿Cooperación? ¿Consenso? ¿Emprendimiento? ¿Riesgo? ¿Aventura? Pues no.

Y por supuesto, no faltó la  fábula de Don Ramón, el avaricioso. Hasta el diario El Mundo escribió un reportaje con el siguiente titular. “Si quieres un 10 en clase, ataca al empresario”. Y se refería a los libros de Educación para la Ciudadanía.

¿Por qué en España es tan difícil emprender un negocio?, se preguntaba en su blog el profesor de Bachillerato José Sande.

“Porque se penaliza al empresario por todos los lados. En primer lugar, por el psicológico. Desde pequeños se enseña a los niños que los empresarios son malos, explotadores. En los libros de texto de Economía de Bachillerato parece que el empresario es un obseso sexual que está explotando a todo el mundo. El niño claro, no quiere ser malo. En Estados Unidos ven a Bill Gates y Warren Buffet como dioses. Aquí, la gente piensa que el empresario está libre porque todavía no lo han enganchado y que seguro que ha hecho negocios fraudulentos por los que tendría que estar en la cárcel”.

Guste o no, hemos entrado en otra era, la era de ‘resuélvete tus problemas”, chaval.

Por eso, es tan importante enseñarles desde pequeño, como haría cualquier profesor de gimnasia, que la mejor fortaleza es la independencia, y que la mejor aventura (y también peligrosa) consiste en emprender tu propio viaje.

No sé quién escribió esos libros de texto con casos como el de Don Ramón. Me lo imagino.  Un profesor chiflado que se quedó en el siglo XIX.

Chiflado o estúpido, ha hecho mucho daño.

@ojomagico

(Próximo post: “Antes de montar una empresa y arruinarse, lea esto por favor“)

Te interesa leer:

-Este cómic te enseña a montar empresas.

-La economía y la Bolsa en cómic.

-Diez razones por las que Google nunca pudo nacer en España

 

 

 

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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