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Por qué al español siempre le va mal y cómo remediarlo

13 enero 2014 - 10:49 - Autor:

Un economista del Banco de España publicó en 2007  un estudio sobre las opiniones de consumidores, industrias y comerciantes que se habían publicado desde 1986.

Era un periodo en el cual la economía española había registrado “un apreciable crecimiento”. Pero la mayoría siempre decía que le iba mal. ¿Cómo era posible? Ni siquiera había estallado la crisis porque el último año estudiado era 2006.

Entonces llegó a una conclusión.

“Este hecho induce pensar en la presencia de un ‘pesimismo crónico’ de los agentes económicos españoles”.

El economista, llamado Javier Jareño, afirmaba que, históricamente, aunque la situación económica mejore, “son más los que valoran la situación como negativa que los que lo hacen positivamente, como ocurre en la industria, los consumidores, el comercio al por menor y, tal vez, en la construcción”.

¿Cómo se explica eso? Los sociólogos dicen que se debe a que el español es de naturaleza pesimista. Se remontan a la pérdida de las últimas colonias en 1898, a los malos gobernantes, a la desconfianza en los políticos, a las crisis económicas…

Por supuesto, pero cualquier persona que haya visitado este país en los últimos 50 años se habrá dado cuenta de que el progreso ha sido espectacular.

Pero no: para el español, todo siempre va fatal.

En los años de la abundancia, entre finales de los 90 hasta el 2007, uno preguntaba a empresarios y comerciantes, a consumidores y trabajadores, qué tal les iba y todos decían que fatal. Fatal porque a veces vendían tanto, que no podían abastecer a la demanda y eso les trastornaba. O porque pagaban muchos impuestos. O porque trabajaban mucho y no ganaban lo suficiente. O porque el jefe era un inútil. O por el coste de la vida.

“En las encuestas, cuando a los españoles se les pide una valoración sobre la situación económica general de España, la tendencia es que una gran mayoría de encuestados (más de tres cuartas partes y creciendo) manifiestan que la situación es mala o muy mala”, decía José Félix Tezanos en la revista Temas del PSOE refiriéndose al periodo 1978-2008.

El pesimismo y la tragedia es algo que tiene una inercia histórica. Vayan las cosas bien o mal, para los sindicatos, los empresarios, los comerciantes y la oposición, siempre va mal. Fatal. Desastroso. Horrible.

¿Y es que ahora nos va bien?

No. Las cosas nos han ido bastante mal desde 2008. Todos hemos sufrido mucho. Económicamente nos ha ido mal. Lo que me preocupa es si todos seguiremos diciendo que nos va mal, cuando las cosas nos vayan yendo mejor. Porque, como decía Tezanos, hay una cosa que se llama ‘efecto Thomas’, que consiste en que todo el mundo se contagia del negativismo cuando solo escucha noticias negativas. Y entonces la realidad empeora o no mejora.

La prueba es que cuando empiezan a asomar algunas noticias positivas, desde la reducción del paro, el leve crecimiento económico, el aumento de las exportaciones, salta una muchedumbre de pesimistas gritando “¡no, no, no! Esto va fatal”.

¿Cómo evitar la influencia destructora del pesimismo exagerado (repito, exagerado)?

Tezanos afirmaba que si se consultase a sociólogos y políticos rigurosos, acabarían diciendo esto. “Lo primero es lograr tener líderes serios y responsables que antepongan los intereses generales a sus afanes destructivos orientados a lograr un liderazgo efímero (cada vez más efímero)”. Y ponía una solución: “Reconocer la realidad de los hechos”.

Por ahora, la realidad muestra que hay una leve mejora. El Indicador Sentimiento Económico ha alcanzado en diciembre su mejor cifra desde 2007. Después de muchos años está a 100, que es el mismo nivel que el resto de la UE.

No es cuestión de lanzar las campanas al vuelo. Pero sí de admitir que el exceso pesimismo puede ser un obstáculo para que las cosas vayan mejor.

 

 

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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