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Hay que multar a la mente perversa que ha diseñado la web de la Agencia Tributaria

28 enero 2014 - 23:46 - Autor:

Por casualidad, hablé esta semana con una persona que trabaja en una oficina de Hacienda. Me contó el cabreo de los funcionarios que atienden al público: una norma reciente obliga a todos contribuyentes a presentar la declaración anual del IVA por vía exclusivamente telemática. Y para realizar ese trámite hay que tener un Certificado Digital.

“En los primeros días de enero se presentaron cientos de pensionistas que no entendían las instrucciones”, me dijo un funcionario.

Me explicó que casi todos ellos, eran personas que tenían un local o una propiedad en alquiler para redondear sus pensiones. Y como quedaban pocos días para hacer los trámites por la web de la agencia y la de la Fábrica de Moneda y Timbre se sentían aterrorizados. Les había entrado el pánico.

Manejarse con ambas webs es tan complejo que esos pensionistas tienen que pagar entre 50 y 100 euros a asesores tributarios para que les hagan la declaración.

Peor aún. Gente preparada y con habilidades informáticas no entiende las instrucciones porque están escritas con mucha torpeza. “Un compañero y yo de esta delegación hemos preparado unas hojas con instrucciones claras para ayudar a los contribuyentes a sacarse el Certificado Digital”, me decía el funcionario, mostrándome esas hojas.

En la primera hoja, se detallan con enorme sencillez las instrucciones telemáticas. Y en la segunda se adjuntan las incomprensibles instrucciones que ha escrito alguien para la web. “A los que escriben esas barbaridades, habría que regalarles un diccionario de la Academia de la Lengua”, añadió.

Pero no solo la web de la Fábrica de Moneda y Timbre. ¿Alguno de ustedes puede comprender los manuales de ayuda de la Agencia Tributaria? Son demenciales.

Hace muchos años, en la revista Capital preparamos un cuadernillo para explicar a los contribuyentes todos los detalles de la Declaración de la Renta. Fue un éxito. Se agotó.

Pero el periodista que tuvo que hacer esa labor de traducción se pasó un mes encerrado en su casa tratando de desencriptar el infernal lenguaje de los técnicos de Hacienda.

Esta semana termina el plazo para la llamada declaración anual del Impuesto al Valor Añadido. Debido a que solo se puede hacer por ordenador, y enviar por ordenador, se ha desatado la angustia de las masas. La Noche de la Cope le dedicó un programa que parecía el de Orson Welles sobre la invasión de los marcianos; y hasta una de las noticias más leídas en estos días en El Mundo se titula “Caos en la declaración del IVA”.

Los call center de la Agencia están colapsados. Hay tantas peticiones de información que las llamadas están en espera varios minutos, minutos por los que hay que pagar porque ese número telefónico no entra en la tarifa plana.

Un contribuyente debe llamar y pagar varias veces para solucionar sus problemas técnicos, porque en lugar de enfrentarse con un proceso telemático, se enfrenta a un videojuego con enigmas, adivinanzas, escondrijos, laberintos  y puertas que se cierran a cada paso. Las pocas cosas claras como la dirección de ‘preguntas más frecuentes’ (pinchen aquí) están tan escondidas que pierden su eficacia.

Lo único que salva este caos es la buena atención tanto telefónica como personal de los funcionarios o los contratados de la Agencia. Pero nadie me va a quitar de la cabeza una cosa: solo una mente perversa ha podido diseñar y escribir unos pasos telemáticos como los que aparecen en la web de la AEAT y de la FNMT.

La multa por no presentar la declaración a tiempo puede llegar a 1.500 euros.

Habría que multar a los que escriben esos  documentos incomprensibles en las webs del Estado. Para que aprendan.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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