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La gran paradoja: el Mundial de Fútbol está dañando la imagen de Brasil

31 mayo 2014 - 6:24 - Autor:

Si usted ya ha comprado su billete para ir a ver el Mundial de Fútbol en Brasil, sepa que se va a encontrar con buen fútbol y esto:

-Protestas diarias pues mucha gente piensa que es ridículo gastar tanto dinero en un país que tiene unas bolsas de pobreza inimaginables. Si se da un paseo por las calles de Rio de Janeiro verá graffittis como el de un niño pobre al que en lugar de comida la han puesto un balón en el plato.

-Montañas de chabolas alrededor de las grandes ciudades.

-Inseguridad y criminalidad en las calles. En la lista de las 50 ciudades más peligrosas del mundo, Brasil ha colocado 14 urbes.

-A las protestas se han unido los mosquitos, pues ahora se teme una epidemia de dengue, una enfermedad que azota a América Latina. No es broma: el Ministerio de Sanidad de España ha pedido a los que vayan que pasen antes por alguno de los centros de vacunación.

Y ¿por qué está protestando la gente? En 2007, Brasil presentó a la FIFA el coste de los nuevos estadios de fútbol: 1.100 millones de dólares. Hace poco se supo que el presupuesto se ha triplicado hasta los 3.712 millones de dólares. Solo los estadios. No hablamos de otras instalaciones, de carreteras, de transportes…

¿Y es una inversión rentable? Ahí empieza la discusión. Por ejemplo, en Brasilia se va a estrenar el nuevo estadio llamado Mane Garrincha, para 70.000 espectadores. El problema es que esa ciudad no cuenta con equipos de fútbol destacados que, tras el Mundial, sean capaces de llenar las gradas. Lo mismo se puede decir de Manaus, Cuiaba y Natal.

Para demostrar que los mundiales no son rentables, algunos economistas señalan el ejemplo de Sudáfrica. La copa Mundial de 2010 no les trajo grandes beneficios económicos porque no atrajo visitantes. En las rondas finales, solo llegaron 300.000 visitantes pero se esperaba el doble. La mayor parte de los estadios construidos para el Mundial son ahora dinosaurios en extinción.

Luego está el efecto inesperado: “[Los eventos deportivos] no siempre a impulsan tu imagen. A veces la dañan”, afirmaba un reportaje de ESPN sobre Brasil. Ponía como ejemplo los Juegos Olímpicos de Munich que quedaron grabados con tristeza en la memoria colectiva al perpetrarse un atentado terrorista que causó la muerte a 11 atletas israelíes. En 1996, en Atlanta, hubo un atentado con  bombas. Y en 2004, Atenas se hizo famosa antes de los JJOO porque nadie sabía si iban a tener los estadios a tiempo.

Lo mismo está pasando con Brasil. La tardanza en construir los estadios, los accidentes laborales, las chapuzas, la pobreza,  las manifestaciones, el coste y el dengue, están golpeando la imagen de un país conocido por sus playas fantásticas, sus carnavales, su imparable crecimiento económico, y, sí, por sus favelas.

Todo se está poniendo en contra del gobierno de Dilma Roussef, que pensaba que estos mundiales iban a ser estupendos para el país. Pues no: desde hace meses, la imagen de Brasil que se proyecta en la televisión es bastante penosa.

¿Vale la pena arriesgar una ciudad o un país por un acontecimiento deportivo?

A algunos países les ha salido bien. Los JJOO de Barcelona permitieron impulsar la ciudad a nivel turístico a escala mundial, y se aprovecharon para cambiar barrios enteros. Los triunfos de muchos deportistas españoles se deben al Centro de Alto Rendimiento creado para esos JJOO. Y seguro que hay más ejemplos.

Ahora pensemos en 2016. Río de Janeiro albergará los Juegos Olímpicos. La pregunta es si le pasará como a Barcelona o como a Atenas.

A Atenas, los Juegos costaron 9.000 millones de euros. El doble del presupuesto original. Y hoy, la mayoría de las instalaciones están sin usar.

Pero hubo algo peor. La deuda que contrajo el país fue tan elevada, que cuando llegó la gran crisis financiera de 2008, el impacto fue terrorífico.

No solo no se recuperaron sino que muchos consideran que acentuó la crisis económica de 2008.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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