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Las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid: historia de los seres insaciables

5 octubre 2014 - 11:47 - Autor:

Durante muchos años, un grupo de directivos de Cajamadrid (ahora Bankia) disfrutó de una tarjeta que le permitía gastar hasta 50.000 euros anuales.

“Cuando les daban esas tarjetas, les decían que eran una compensación”, me explica una persona que trabaja en Bankia. Un bonus. “Se daban para agradecer favores o para ganarse el voto en la asamblea”, añade.

Los bonus no son ilegales mientras aparezcan en tu declaración de la renta. Pero quienes recibían estas tarjetas no tenían que justificar los gastos (esa es la diferencia) y hasta podían sacar de los cajeros dinero en efectivo. No los declaraba ni el propietario de la tarjeta ni la caja.

Por eso se llamaban internamente ‘tarjetas black’. No se declaraban al fisco. Era una caja B.

Las cajas B son muy populares en muchas empresas de este país. Se hacen pagos especiales a empleados que se portan bien, a consejeros que han hecho un buen trabajo, a directivos. Recibes ese dinero y no lo declaras a Hacienda. Limpio. Pero ilegal.

Es estupendo… hasta que te pilla Hacienda.

Nadie supo lo que estaba pasando con las black hasta que, hace unos meses, se filtraron a la prensa los correos electrónicos de Miguel Blesa. En uno de ellos, un ejecutivo decía a otro que los miembros de la Comisión de Control tenían cada uno “una tarjeta visa de gastos de representación, black a afectos fiscales…”.

¿Black?

Eso llamó la atención a los nuevos gestores de Bankia, una entidad formada por Cajamadrid y otras seis cajas más pequeñas, que fue nacionalizada en 2012, y donde el Estado metió 23.000 millones de euros para evitar su ruina.

Los gestores fueron echados a la calle y un equipo nuevo se puso manos a la obra.

Este nuevo equipo encontró por fin las famosas tarjetas. Hicieron un informe. Y luego se lo pasaron al Estado, es decir, al FROB, que es el organismo que se encarga de gestionar a los bancos nacionalizados.

El FROB se lo pasó a la Fiscalía Anticorrupción. Dos fiscales entonces se dirigieron a la Audiencia y pidieron que se incorporara este documento al caso Bankia, que juzga los desatinos con la antigua caja de ahorros.

En el documento de los fiscales aparecía una lista de 86 directivos que habían disfrutado de la tarjeta ‘black’ de Cajamadrid desde 2003 hasta 2012.

Esa lista era dinamita si caía en manos de la prensa. Y cayó.

El diario Expansión publicó la exclusiva el miércoles 1 de octubre. Tituló que la Fiscalía veía “indicios de delito en el uso de tarjetas de Caja Madrid”.

Según la Fiscalía, 86 directivos se habían gastado más de 15 millones de euros entre 2003 y 2012 usando tarjetas Oro y Plata para fines personales. ¿Como que personales? Se habían cargado  “compras de alimentación, grandes superficies, ropa o retiradas en efectivo”. Es decir, hacer la compra en un súper no tiene mucho que ver con los objetivos de una caja de ahorros. Eso no son dietas ni gastos de representación.

La pregunta era: ¿lo hicieron todos los directivos? ¿Todos los gastos fueron personales? ¿Los declararon a Hacienda?

Desde entonces, se han estado filtrando más datos. Nombres de los ‘agraciados’ por las tarjetas black, cantidades, personas que devolvieron los gastos, personas que decían que no sabían que eran opacas…

En la lista aparecen directivos, consejeros y sindicalistas. ¿Por qué?

El sistema de mando de las cajas, al tener tanta presencia pública, es curioso: las gobierna un grupo de personas procedentes de la comunidad autónoma (políticos), de los trabajadores (sindicatos), del ayuntamiento, de las empresas (Ceim) y de los impositores.

Los que logren demostrar que esas cantidades las declararon a Hacienda se salvarán. Cosa difícil porque tendrían que haber declarado de dónde sacaron la pasta e identificar al pagador: Cajamadrid

Como ninguno, al parecer, ha defraudado más de 120.000 euros al año en impuestos, no puede ser considerado una infracción tributaria grave.

En cambio, los que hayan devuelto las cantidades, no se librarán porque el delito sigue ahí. “Se les puede acusar de malversación, de apropiación indebida, de dolo, de administración desleal contra los intereses de la caja”, me dice un catedrático de derecho tributario.

El grado de formación económica de los directivos y consejeros que usaron la black debería ser, a estas alturas, suficientemente alto como  para saber que estaban arriesgándose a cometer un delito. Además, Miguel Blesa sabía que lo que estaba haciendo porque es inspector de Hacienda.

Todo ese plan tenía que haber pasado por el consejo directivo y por la junta. Nada de nada.

Lo que más está indignando a la opinión pública es que un grupo de directivos ‘que ganaba una pasta’, recibió ‘aún más pasta’ de forma presutamente ilegal.

Y todo a costa de una caja de ahorros que colocó preferentes, que arruinó a inversores en Bolsa, que fue salvada de la quiebra y que ha costado 23.000 millones al Estado (por ahora).

Esos ejecutivos y consejeros estuvieron sacando dinero de ese tarjeta hasta el mismo 2012, cuando este país ya iba por su cuarto año triunfal de crisis.

Eran insaciables.

 

 

 

 

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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