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Once cosas alucinantes que provoca la brutal inflación en Venezuela

5 enero 2015 - 10:33 - Autor:

 

El Banco Central de Venezuela publicó hace poco sus cálculos de la inflación en Venezuela: 63,7%. Es la más alta de América y una de las más altas del mundo. Para comprobar qué significa eso, he aquí once hechos económicos producidos por la inflación.

-Subidas salariales constantes. Para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo, el presidente Nicolás Maduro ha aprobado a lo largo de 2014 que suba el salario mínimo hasta el 68%… lo cual tendrá que revisar otra vez dentro de pocas semanas.

-Devaluaciones periódicas. Desde principios de 2013, el país ha sufrido tres devaluaciones. Pero hay algo peor: el país cuenta con tres tipos de cambio oficiales: 6,3 bolívares, 11 bolívares y más de 55 bolívares (sin contar con el mercado negro).

-Mercado negro de dólares. Como el gobierno se niega a devaluar más el bolívar (más de lo que debe), desde hace tiempo existe el mercado negro de divisas. En el plazo de un mes, el dólar negro ha pasado de 90 bolívares a más de 150 bolívares. Pero como es propaganda antigubernamental, está prohibido a los medios de comunicación hablar de dólar paralelo.

-Los ricos más ricos. Gracias a las devaluaciones, quien tenga patrimonio o cuentas en el extranjero es más rico. Los pobres, sin patrimonio ni cuentas en el extranjero, son los grandes perdedores.

-Ahorrar es una estupidez. Ahorrar no tiene sentido en Venezuela pues los bancos ofrecen un 15% de interés, cuando la inflación es cuatro veces mayor. ¿Qué hacer con el dinero? Gastarlo. Los venezolanos cobran y van directos a gastarlo en lo que haya.

-Compra lo que sea y cámbialo. Los venezolanos que necesitan un televisor van a una tienda de electrodomésticos pero si no hay televisores por culpa de la escasez, compran una lavadora y esperan conocer a alguien que quiera cambiar su televisor por la lavadora.

-Tráfico de productos básicos. El gobierno mantiene los precios regulados de algunos alimentos como leche o café. A medida que la inflación sube, los precios regulados, son en comparación, aún más baratos. Entonces los especuladores los acaparan para luego venderlos a los ricos, o sobre todo los venden en Colombia y en Brasil.

-Mercado de gasolina. Por miedo a un levantamiento popular (como el Caracazo de 1989), el gobierno no ha subido nunca el precio de la gasolina. Es la más barata de mundo. A medida que sube la inflación, se abarata aún más, lo cual incrementa el tráfico de coches con dobles tanques de gasolina que pasan de Venezuela a Colombia o Brasil. Para evitarlo, el gobierno ha cerrado por la noche sus fronteras.

-Escasez rampante. La inflación procede de la caída de la producción nacional (por culpa de las nacionalizaciones), lo cual genera escasez de materias primas y alimentos. Al aumentar la especulación y el acaparamiento, la escasez se dispara geométricamente vaciando los supermercados, donde ya no se encuentra papel higiénico, harina de maíz (básica para el país) o carne.

-Prohibición de tomar fotos. El gobierno afirma que la escasez es propaganda contrarrevolucionaria, y el pueblo venezolano responde haciendo fotos con sus móviles de las estanterías vacías, las cuales muestran en redes sociales. Para reprimir esas imágenes, ha dado la orden de castigar a quienes tomen fotos de estanterías vacías.

-Prohibido hablar de IPC. El Banco Central de Venezuela dejó de dar los datos mensuales de la inflación. Hace unas semanas, accedió a dar los datos de noviembre y los de 12 meses. Hacía más de un año que no lo hacía. Ser transparente está prohibido porque puede generar pánico. ¿Más?

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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