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Los verdaderos ganadores de las elecciones son los periodistas de política

26 Diciembre 2015 - 10:50 - Autor:

Da igual quién haya ganado o perdido en estas elecciones. Los verdaderos ganadores han sido los periodistas de información política. ¿Por qué? Porque los españoles necesitan que alguien les explique qué ha pasado, por qué y qué va a pasar. El lío es descomunal.

Hasta hace pocos años, el periodismo político se limitaba a criticar a un partido y ensalzar a otro. Así fue hasta que llegó el 15M, movimiento que, por cierto, no vio la mayoría de los periodistas políticos de este país porque seguían pegados a los viejos partidos.

A partir de entonces, el nivel de interés y de implicación de los jóvenes por la política ha ido aumentando. Tanto así, que Podemos confiesa que el 15M fue como su acto fundacional. Los otros partidos no se enteraron del 15M o miraron los escaparates de El Corte Inglés.

Y ahora, el periodismo político está viviendo su renacer en tertulias, en periódicos, en la radio… Renacer en el sentido de que ahora sí se les presta atención.

¿Cuál ha sido la historia del periodismo político? Digamos que su época dorada fue en los años 70 y 80, cuando este país estrenó instituciones democráticas, y cuando había más partidos que votantes.

El periodismo político era tan popular que la revista Cambio16 llegó a vender medio millón de ejemplares a la semana. Tiempo, Triunfo, Tribuna, se vendían en los kioscos con tanta profusión que ser kiosquero era casi ser un privilegiado. Hasta Interviú venía cargado de magníficas entrevistas y reportajes.

Todo ese periodismo fue languideciendo. A principios de este siglo XXI había desaparecido o ya no poseían influencia. El periodista político era un señor (más bien una señora), que hablaba de las tertulias de TV y que tenía un público restringido. Los jóvenes pasaban.

Pero ahora, afortunadamente vuelven a la carga: explican la Ley D’Hondt (inexplicable, por cierto). Artículos como “por qué el PP arrasó en el Senado”, o “Por qué IU ha tenido tan poca representación” se convierten en los más leídos.

Los columnistas especializados en política son los que nos están educando sobre nuestro sistema electoral, y se convierten en matemáticos detallando la mecánica de pactos (diabólicos) que nos acechan. Que si el partido A no conseguirá alianzas con el B; que si este perderá votantes si se alía con el Partido C.

Yo personalmente me estoy leyendo todo lo que puedo. Todos tienen un poco de razón, o por lo menos, abordan el sudoku electoral con una nueva perspectiva. Es decir, gracias a este resultado tan desconcertante en el 20D, el elector tiene necesidad de que alguien traiga un poco de luz, y le explique todo, como si fuera un niño.

Hasta existe webs que reúnen los mejores artículos de opinión política y que nos ahorran tiempo: por ejemplo, CaféReggio recoge artículos de columnistas que escriben en muchos medios incluso, en medios fuera de Madrid, y que nos ayudan a tener una visión menos Madricéntrica de la realidad.

La política ha vuelto.

PD: tras el 15M me fui con un fotógrafo de este periódico a la Puerta del Sol y estuve tuiteando lo que veía: jóvenes con ganas de cambiar este país, y que estaban hastiados de la vieja política, de la banca, de la crisis y de que nadie solucionaba su desempleo. Me tomé algunas cañas con ellos y me alegré que desde ese día, el debate político hubiera entrado en los hogares, aunque fuera para discutir. Es mejor discutir de política que de programas de TV. Lo que sucedió ese día explica lo que viene sucediendo en las elecciones desde mayo de 2014.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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