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Ustedes gasten lo que quieran pero no se quejen cuando llegue la factura

31 marzo 2016 - 13:19 - Autor:

 

Para la mayoría de los españoles, los datos macroeconómicos son como las películas de cine francés de los setenta: enigmáticas. No los entienden, aunque sospechan que son importantes.

Acabamos de enterarnos de que el déficit público en 2015 fue mayor de lo esperado. ¿Es para asustarse?

El déficit de un Estado es lo mismo que el déficit de un hogar. Si la familia se pone a gastar más de lo que ingresa, no le queda más remedio que echar mano de la tarjeta de crédito. Si las deudas en la tarjeta de crédito se acumulan, podemos pedir pagarlas en meses sucesivos. Entonces, el banco nos sube los intereses. Y si después de un periodo de tiempo, no pagamos esas deudas (crece nuestro déficit), el banco  deja de darnos crédito y puede cobrarse sus deudas con lo que sea. Incluso con nuestra casa.

Lo mismo sucede con los estados. Más déficit supone más deuda. Más deuda supone pagar más intereses. Si eso no se arregla, llega un momento en que a ese Estado no le prestan dinero los mercados, los bancos o quien sea.

Voy a ponerlo peor aún: cuando un país tiene un enorme deficit y pierde el crédito internacional, su divisa pierde valor. Se devalúa.

Desde que estamos en una cosa que se llama euro, la meta es tener un déficit bajo control para que esta moneda común no pierda valor. Pero además, no se puede consentir que en este club unos tengan mucho déficit y otros muy poco. La idea es que se unifiquen los déficit y que se mantengan por debajo del 3% del PIB.

La crisis que nos ha golpeado a todos desde 2008 reventó las amarras y cada país se desbocó. Los griegos llegaron a tener un 12%. España pasó del 3% al 9% en poco tiempo. Esa fue una de las herencias que dejó el PSOE de Zapatero: un déficit desbocado. Las consecuencias las sufrimos en 2012, cuando aquel maldito verano, nos cortaron el crédito, y estuvimos a punto del default: de la quiebra y el rescate.

El trabajo sucio del PP desde entonces ha sido disminuir el déficit, ganar la confianza de los prestamistas y acercarse al 3%. Digo ‘trabajo sucio’ porque para hacerlo no hay sino estas dos vías: recortar gastos y subir impuestos.

España estaba bajando su déficit y se preveía que el año pasado quedase en un 4,2%. No era lo previsto pero ‘progresábamos adecuadamente’. ¿Qué ha pasado? Que a la vista de las elecciones de 2015, el PP aflojó las amarras: devolvió la paga a los funcionarios e incrementó el gasto público. Y además, las comunidades autónomas tampoco han cumplido su parte. Se han puesto a gastar pero sin tener los ingresos adecuados.

Por eso ahora descubrimos que el déficit del año pasado no era del 4,2%. Del 5,2%. ¡Albricias! Un punto de más en términos de PIB suponen 10.000 millones de euros de desvío. Las consecuencias van a ser inmediatas. Bruselas, la Comisión Europea, va a pedir a los españoles que se aprieten el cinturón. Que gasten menos. Que corrijan el rumbo. Si no lo hacemos, actuarán como con Grecia: nos cortarán el crédito y nos enviarán a los hombres de negro.

Pero vayamos a lo importante: la pregunta ahora no es qué esfuerzos hay que hacer para bajar el déficit. La pregunta es si el próximo gobierno lo podrá hacer; si tendrá ganas de hacerlo.

Si viene un gobierno con el PSOE, Podemos, los votos nacionalistas y de la izquierda en general, el ritmo de los gastos va a aumentar. Ya está pasando en la Comunidad Valenciana, donde el gobierno autónomo de izquierdas ha emprendido una campaña de ayudas sociales que nadie discute, pero que alguien tendrá que pagar.

Pero para empeorar las cosas, mientras no se forme un gobierno, los empresarios no saben si deben contratar más o no. Se está parando la inversión y la expansión, lo cual supondrá que el Estado obtendrá menos dinero por impuestos.  Y el déficit irá a peor.

Lo que todos debemos recordar es la primera lección a los estudiantes de economía: lo que gastas debe ser igual a lo que ingresas. Si no, tienes un problema

Lo bonito de ser político y gobernar es gastar: pueden ser rotondas u hospitales, subidas de salarios o aeropuertos.

Lo malo es que al final alguien te pasa la factura de la fiesta.

Supongamos que hay un pacto de izquierdas y que Iglesias no es vicepresidente

30 marzo 2016 - 20:27 - Autor:

 

Para facilitar un pacto con el PSOE, Pablo Iglesias dice que se apartará. No será vicepresidente. Eso sí: la condición es que el PSOE rompa con Ciudadanos.

¿Y esa es la gran oferta?

En primer lugar, no me salen las cifras. No obtendrían 175 diputados. La única posibilidad de que triunfe esa alianza entre el PSOE y Podemos es que los nacionalistas se sumen. Pero para sumarse, tendrían que obtener algo a cambio con la garantía de que podrían celebrar referéndums independentistas, y creo que Pedro Sánchez no está dispuesto a eso. O que Ciudadanos se abstuviera. Lo dudo.

Supongamos que lo consiguen. A mi juicio, da igual que sea Pablo Iglesias, Carolina Bescansa o Iñigo Errejón. Dar la vicepresidencia de este país y otros ministerios a Podemos (y pactar con los nacionalistas) tendría tres impactos:

-A escala económica, no dudo de que se incrementaría el gasto social, lo cual favorecería a los más golpeados por la crisis. Al menos en un principio. Luego, veríamos quién paga la factura.

-A escala económica, detendría la creación de empleo, caería la inversión y además dejaríamos de cumplir las condiciones de la UE. Nos guste o no estamos en ese club y las normas las dicta el club. Grecia se las quiso saltar y ha tenido que tragarse su orgullo.

-A escala política, sería aprovechado por los dirigentes independentistas vascos y catalanes (y a este paso, gallegos y valencianos), para plantear la soberanía.

Lo siento. A mí  me daría mas garantías un pacto entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del PP porque creo que Albert Rivera es más razonable, más sensato, está mejor asesorado económicamente, y tiene gran sensibilidad social. Y encima, garantizaría que este país no se rompería a pedacitos.

Albert conoce lo que podría pasar en Cataluña si uno se deja embaucar por los independentistas. Es de allí.

Iglesias en el fondo es un madrileño que piensa como madrileño.

 

César Alierta: lo bueno, lo malo y lo inexplicable del gran jefe de Telefónica

29 marzo 2016 - 19:53 - Autor:

¿Ha sido César Alierta buen presidente de Telefónica?

Empecemos por las cosas que no le han salido bien. Telefónica ha intentado conectar con la gente joven y para ello compró en 2010 el 90% de la red social Tuenti por 70 millones de euros. Creada en España por un norteamericano en 2006, llegó a tener 14 millones de usuarios. Sin embargo, Tuenti ha perdido fuelle desde entonces y se ha convertido como MySpace, en una plataforma poco relevante. Telefónica intentó aprovechar su compra tratando de captar clientes de telefonía, pero no está claro que lo haya conseguido.

Lo peor es que es el segundo fracaso de Telefónica con la gente joven. Años antes había lanzado Keteké, otra red social propia. Hoy nadie se acuerda de ella.

En cuanto a los resultados económicos, Telefonica no gana lo que ganó en la primera década del siglo XXI. Además, el precio de su acción está muy lejos de los mejores tiempos. Sorprendente en una empresa que no es de ladrillos y cemento sino de telecomunicaciones, el pilar del progreso. Y sorprendente aún más porque el gran jefe procede del mundo de las finanzas.

Lo bueno han sido muchas cosas.

A escala internacional, una de las operaciones más sonadas de Telefónica fue la compra del 10% de la China Unicom. Luego, ha ido vendiendo paquetes hasta quedarse con el 2,5%. En general, Telefónica ha obtenido unos ingresos cercanos a los 2.000 millones de euros, y ha invertido la mitad. Desde el punto de vista financiero, ha sido un buen negocio.

La compañía en la época de Alierta ha continuado la línea de expansión internacional iniciada con Juan Villalonga, cuando en 1996 se lanzó a comprar una operadora en Brasil por un billón de pesetas de las de entonces que dejaron al país boquiabierto. Ahora está en 26 países y tiene más de 300 millones de clientes. Es una de las mayores multinacionales del globo y los argentinos (y otros países latinoamericanos) deberían agradecer que gracias a los españoles ahora tienen unos servicios de telecomunicaciones modernos.

También hay que reconocer a la compañía su esfuerzo por mejorar la calidad del servicio y de la oferta. Ha comprado los derechos de la Liga y la Champions hasta 2018, ha aumentado los megas de capacidad de las líneas y tiene unas ofertas bastante imbatibles con Fusion.

Lo inexplicable de Telefonica es algo de lo que se siguen quejando sus propios empleados. Es un ministerio. Por dentro parece una gigantesca maquinaria llena de funcionarios de los tiempos de Franco. Lentitud en la toma de decisiones y poca conexión con los desafíos del mundo digital.

Parece como si no se enteraran por dónde van los tiros digitales. Ya he mencionado el fracaso de Keteké y los tropiezos de Tuenti, pero hay que proseguir con el tortazo de Joyn –su plataforma de mensajería–, a la que siguió TuMe, los vaivenes de Imagenio (que fallaba más que una escopeta de feria), y sobre todo, su guerra con Google.

Alierta intentaba convencernos a los periodistas que era injusto que Google se llevara el dinero por nuestros contenidos. Cierto. Pero al final, todos nos abonamos a Telefonica para tener internet. Sin las operadoras, no hay vida en este planeta. Ni para Google. Parece que el último en enterarse fuera el mismo Alierta. ¿O es que estaba mal asesorado?

En cualquier caso, haber estado 16 años frente a una compañía en pleno desafío digital significa que el consejo de administración ha confiado en Alierta. Era más un financiero que un tecnólogo. Pero Telefonica sigue siendo uno de los gigantes mundiales y el sucesor tendrá que seguir esa estela.

Lo que todos los jefes del mundo deberían aprender de Johan Cruyff

28 marzo 2016 - 19:02 - Autor:

He estado leyendo los comentarios de las personas que conocieron a Johan Cruyff, sobre todo de los que fueron sus alumnos.

Creo que si es verdad todo lo que dicen, debería estudiarse su estilo en las escuelas de negocio. No su estilo futbolístico, sino esa cualidad que tenía para ver cosas que nadie veía, y para sacar lo mejor de sí mismos a cada uno.

La mayor parte de nosotros no sabemos muy bien lo que queremos cuando somos jóvenes. Tenemos cierta idea, pero no sabemos si seremos mejores fotógrafos que reporteros, si destacaremos como políticos, médicos, economistas o encofradores. En serio. No lo sabemos.

Lo sabemos cuando alguien nos encomienda una misión. Y a partir de ese momento, empezamos a descubrirnos. Sacamos nuestro talento.

Tengo la impresión de que Cruyff veía en sus jugadores algo que ni siquiera ellos veían. Eso se llama tener talento para descubrir talentos. No es fácil. Es una intuición muy difícil de poner en práctica.

Pero además de eso, a todos nos seducen los jefes que nos enseñan cosas que no sabemos. Cosas importantes, quiero decir.

Cuenta Pep Guardiola que al terminar la primera mitad de un partido, los jugadores del Barça entraron en el vestuario esperando una bronca pues iban perdiendo. Cruyff con toda tranquilidad les dijo que estaban perdiendo porque corrían mucho. ¿Cómo? ¿Por correr mucho?

Y les dijo que lo que tenía que moverse era el balón. No ellos. Así no se cansaban y además tendían el control de lo importante: el balón.

Parece una chorrada pero esa fue su gran revolución. De ahí vino el juego maravilloso del Barcelona, y luego de la selección. El tiki taka. Cruyff encontró el por qué de un juego que como dice Guardiola es ‘indescifrable’.

A lo largo de la vida uno tiene jefes buenos y malos. Pero muy pocas veces en la vida uno tiene uno de estos jefes que lo marcan para siempre. Ahora entiendo por qué le tenían tanta admiración a Cruyff.

Cuando a Lionel Messi le preguntaron hace poco qué entrenador fue el más importante de su carrera dijo que a Frank Rijkaard. ¿Por qué? “Porque confió en mí, me metió en el momento justo, me hizo jugar en el primer equipo”.

Nunca olvidaremos aquellos jefes que nos dieron una oportunidad.

Cosas que nunca imaginaste que podrían pasar en Venezuela

27 marzo 2016 - 17:50 - Autor:

Me lo contó esta semana un amigo. Su mujer había enfermado y la tuvieron que llevar al hospital. Tenía una perforación en el abdomen que le produjo una infección bacteriana. Después de intervenirle, y cuando volvió a casa días después, tenía que administrarse antibióticos y buscapina.

Mi amigo empezó su peregrinación. De farmacia en farmacia de Caracas para conseguir los medicamentos. No era posible. Mientras tanto, los amigos reunieron antibióticos que les sobraban en sus botiquines y se los pasaron. No eran suficientes.

El problema no es ir a las farmacias, sino perder el tiempo en ellas. Una persona llega a una farmacia y se encuentra una cola. Bastaría gritar en alto el nombre del medicamento para verificar si lo tienen o no, e irse. Pero las decenas de personas que hacen cola están para lo mismo. Llevan una lista de medicamentos y uno a uno lo van pregonando hasta que el farmacéutico dice: “Ese sí lo tenemos”.

De modo que mi amigo no solo se fue de peregrinación farmacéutica sino que perdía mucho tiempo en cada una. Esto me lo contaba por teléfono. A la hora de pagar, vino algo peor.

A veces no funciona el lector de tarjetas de crédito porque es antiguo y no hay repuestos; a veces lo que falla es la conexión. Desde que la CANTV –la empresa nacional de telecomunicaciones– fue renacionalizada, el servicio cada vez es peor. Y a veces, el lector sí funciona y también la conexión, pero el ciudadano no tiene tarjetas porque han caducado y no se han importado más tarjetas de plástico. Entonces le toca pagar en efectivo.

Con el altísimo precio que han alcanzado las medicinas por culpa de la inflación, hay que llevar fajos de dinero. Maletines.

Eso atrae a los ladrones.

Entonces le pregunté a mi amigo cómo lo resolvían los más pobres. Si no tienen coche, ni dinero, ¿cómo pueden curarse si no consiguen las medicinas ni pueden estar viajando por Caracas?

“Se mueren”.

Me contó que el padre de un amigo suyo falleció por falta de medicinas hace poco. Cuando el hijo quiso poner un esquela en el periódico, le dijeron que estaban cerrados. Todo el país está cerrado.

El presidente Nicolás Maduro decretó que los tres primeros días de esta Semana Santa, que son laborales en Venezuela como en España, sean festivos porque hay que ahorrar luz y agua. Forma parte de su plan de choque económico. Mandar a la gente a casa.

El pobre deudo tuvo que poner una esquela en la versión digital de un diario.

Jamás me lo hubiera imaginado. Venezuela tenía uno de los mejores y más eficientes sistemas de distribución de medicinas. Mucho antes de que en España se extendiera el servicio de 24 horas y se liberalizaran las farmacias, en Venezuela habían proliferado esas farmacias y era muy fácil conseguir medicinas en tu barrio. Incluso triunfó un modelo de gigantescas cadenas de farmacias –con locales enormes– que llegaron a abrir en España gracias a venezolanos emprendedores.

Hoy ni siquiera eso funciona en Venezuela.

Otro amigo me llamó desde Venezuela a principios de semana para felicitarme por mi cumpleaños. Me verificó que les habían regalado días festivos pues él trabaja en un ministerio. También me contó que la semana pasada presenció dos linchamientos en su barrio por intento de robo. “Nunca me había pasado esto”, me dijo.  No pudo evitar darle un golpe al ladrón. “Le partí la nariz”. Según él, sentía mucha rabia porque en su barrio atracan día y noche.

Linchamientos, muerte por falta de medicamentos, ancianos o niños que mueren en los hospitales por falta de material, colas para comprar la cesta básica, asesinatos a plena luz del día, a todo ello se une los cortes de agua y de luz porque en los 17 años de chavismo, no se ha invertido en mantenimiento de las instalaciones.

Es un país arruinado por un grupo de personas y una ideología: el marxismo del siglo XXI. “Lo peor”, me dijo un amigo, “es que ahora Venezuela está peor que Cuba”.

Jamás me lo hubiera podido imaginar.

 

Los extraños horarios españoles se han convertido en un atractivo turístico

26 marzo 2016 - 15:00 - Autor:

Me gusta contar esta historia.

Estaba yo en Silicon Valley visitando unos laboratorios de IBM cuando a la hora de la cena, me senté junto a un ejecutivo de la compañía.
Me preguntó de dónde venía y cuando le dije que de España soltó una carcajada y me contó el día en que conoció nuestro país.

Era verano. Su avión aterrizó un poco tarde en Madrid y al llegar al hotel, el ejecutivo norteamericano tiró las maletas en la habitación y salió a cenar. Le gustaba cenar fuera. Eran las diez de la noche más o menos.

Entró en un restaurante vacío y preguntó si podía cenar. Por supuesto. Pidió la carta y ordenó sus platos a toda prisa. Apurado por la situación, cenó lo más rápido que pudo pues se daba cuenta de que estaban teniendo un detalle con él.

Pidió la cuenta, pagó y aún con la comida a medio digerir, salió pitando. Cuando estaba abandonando el lugar, vio que entraba un enorme grupo de personas, diez o doce.

Entonces se volvió al camarero y le preguntó: “Pero, un momento, ¿no era yo el último?”. Y le respondió: “No señor, usted era el primero”.

El norteamericano, sorprendido por los extraños horarios de España, se puso a caminar por el centro de Madrid a esa hora. Estuvo caminando hasta bien entrada la noche. Me contó que veía familias enteras paseando hasta las dos de la madrugada por la Gran Vía o la Castellana, comiendo helados, con niños pequeños y carritos de bebé. Las calles estaban llenas de coches. Había atascos. ¿Era normal?

Yo le dije que era normal y encima era verano. Para aquel ejecutivo norteamericano era una de las cosas curiosas que le encantaba relatar de nuestro país. Los horarios.

Me acordé de que en mi infancia, en verano, en la playa de San Juan de Alicante, vivía en un edificio con muchos pisos. Y que a uno de mis amigos le llamaban a cenar encendiendo una luz roja en el balcón y que eso sucedía a las doce de la noche. En verano, en la costa, es normal ver gente desayunando a la una de la tarde, comiendo a las seis y cenando cuando salen los murciélagos.
¿ Y en invierno?

Todavía me quedo mirando a esas personas que desayunan a las doce del mediodía. Incluso he visto personas que se toman barritas con tomate y café con leche a la una de la tarde. Ejecutivos, directivas, funcionarios, empleadas. Da igual.

Por eso me pregunto: ¿no sería mejor cambiar las costumbres que las horas? Todos los años cambiamos las horas para aprovechar la luz. Pero creo que hay que cambiar las costumbres. Bastaría con decirle a la gente que adelantase todo dos horas.

Cuando doy clases de comunicación, suelo preguntar a mis alumnos extranjeros, sobre todo latinoamericanos, qué es lo que más les llama la atención de España. Y entre otras cosas mencionan los horarios: de desayunar, de comer y de cenar. Pero también de los bancos, que no abren por la tarde (no lo entienden), los comercios que abren a las diez, cierran a las dos y luego abren de nuevo a las cinco (¿es por la siesta?, preguntan), y sobre todo, los horarios nocturnos. Cuando llega el fin de semana y los españoles salen de parranda a las once o las doce de la noche, los extranjeros se echan las manos a la cabeza. A esa hora, ellos en sus países casi están volviendo de la fiesta.

Y cuando los mismos extranjeros ven el telediario a las nueve de la noche, que acaba a las diez, para dar comienzo a las series más vistas, ya les descoloca del todo,. ¿Es que los niños no duermen?

Creo que hay que cambiar los horarios. Adelantar todo unas dos horas. ¿Que no se puede? Pues lo han hecho con los partidos de fútbol más importantes.

Al final, tenemos el consuelo que esos extraños horarios se han convertido en uno de los mayores atractivos turísticos de España. Los turistas vuelven a sus países comentando anécdotas de esas cosas locas que hacen los españoles con sus horarios. Y la gente que los escucha se troncha de risa.

 

Por qué los países de Latinoamérica admiran y odian tanto a Estados Unidos

25 marzo 2016 - 17:55 - Autor:

Cualquier persona que haya vivido en Latinoamérica sabrá que si con España hay una relación de amor-odio, con EEUU hay otra de admiración-odio.

En América Latina se admira profundamente a Estados Unidos. Las clases medias y altas de esos países no solo admiran a EEUU, sino que educan a sus hijos allí, se van de vacaciones a EEUU, aprovechan las rebajas de Miami y cuando pueden importan productos norteamericanos. Durante mucho tiempo, los altos mandos de los ejércitos latinoamericanos de formaron en EEUU.

¿Y los pobres? Si pueden, emigran a EEUU en busca de mejor vida.

La influencia de EEUU no es nueva. Viene de siglos atrás. Las declaraciones de independencia desde México hasta Argentina imitaron el modelo norteamericano de 1773. Se crearon capitolios imitando el de Washington y hasta muchos presidentes juran sus cargos al estilo de los EEUU: con la mano en alto y ante la Biblia.

Pues bien: a pesar de todo esto, existe un sentimiento antiyanqui que se explica de muchas maneras.

En primer lugar, porque la diplomacia, los servicios secretos, las conspiraciones, las intervenciones militares, las multinacionales y el dinero norteamericanos han evitado un competidor en ese continente. No hay nadie que tosa a EEUU ni económica ni militarmente. Uno de los mayores best seller que explica ese sentimiento es ‘Las venas abiertas de América Latina‘, de Eduardo Galeano.

La segunda razón, desde mi punto de vista, es esa tensión entre ser latinoamericano pegándose a sus tradiciones locales o imitar casi ridículamente a lo yanqui: de ahí resulta esa imagen tan palurda de ver a un grupo de jóvenes indígenas de México o Lima vestidos como raperos de Harlem, reuniéndose en Kentucky Fried Chicken y viendo películas de Transformers. Esa esquizofrenia  se volvió contra el mito yanqui cuando líderes como Chávez o Evo Morales contraatacaron promoviendo lo indígena contra lo yanqui: han pasado de la admiración al odio salvaje, mezclado con un indigenismo socialista y fantasioso.

Y en tercer lugar, el sentimiento antiyanqui nace también de algo muy natural en el ser humano: el odio al más fuerte. Es algo que se me quedó grabado una vez que escuché a Antonio Garrigues-Walker, hispano-norteamericano, quien dijo que el mundo odiaba a EEUU porque es el más fuerte, y ya se sabe; “El fuerte siempre es odiado”. En tres siglos, los estadounidenses se han convertido en la primera nación del planeta gracias a su unión y su superación. En América Latina se la han pasado peleándose unos con otros. Consigo mismos.

El viaje de Obama a algunos países de América Latina me ha parecido una ocasión para mejorar la imagen de ese país en ese continente del que ellos se han apropiado el nombre incluso, llamándose americanos, cuando en realidad lo son todos.

Pero eso parece no afectar a la diplomacia estadounidense, que parece dispuesta a caer mejor cueste lo que cueste. No creo que vaya a cambiar de un día para otros el sentimiento de admiración-odio, pero suavizará el segundo.

Un historiador belga explica la inocencia occidental y el radicalismo islámico

24 marzo 2016 - 21:10 - Autor:

¿Por qué el yihadismo ha golpeado Bruselas? Con este titular el diario francés Le Monde trataba de explicar los atentados, mediante la entrevista al historiador belga Pierre Vermeren.

Este es un extracto de las conclusiones más destacadas.

–Bélgica acogió una inmigración marroquí (rifeños y beréberes) que provenía del norte de Francia, cuando las minas y la siderurgia cesaron de dar empleo y comenzaron a despedir.

–En Bélgica hay 800.000 musulmanes de los cuales 500.000 son de ascendencia rifeña.

–En Bruselas (los marroquíes) formaron densas comunidades expuestas a toda clase de vaivenes de la economía criminal,  de la pobreza y de la mundialización.

–Los predicadores saudíes e iraníes se preocuparon de estas comunidades donde han convertido a una parte de esta juventud exaltada y disidente en hostiles al rey de Marruecos.

–Radicalizados, rumiando su desgracia, hostiles al rey de Marruecos, y a los antiguos estados coloniales (España y Francia)… los rifeños se encerraron en su lengua propia, en sus clanes, en sus redes de mercaderes y mafiosos.

–En España y en Francia la policía tiene mucho conocimiento de las redes de marroquíes. Pero los belgas no tenían ningún conocimiento de los marroquíes (nunca fueron un estado colonial del Magreb).

–La policía belga, celosa de su soberanía, nunca dejó a la policía francesa o marroquí vigilar a sus inmigrantes.

–Bélgica se convirtió en un agujero negro de la seguridad, tanto en lo que refiere al tráfico de drogas como a la radicalización religiosa.

–La clase política belga dejó predicar a los saudíes y a los iraníes creyendo que se les podía contener políticamente y socialmente mientras tuvieran sus representantes comunitarios.

–Una parte de los petrodólares del Golfo se destina a la predicación mundial del salafismo.

–Arabia Saudí ha financiado la construcción de miles de mezquitas en el mundo, donde sitúa a sus predicadores wahabitas y sus aliados salafistas.

–Tras las mezquitas están los canales de televisión, sitios de internet, libros y DVDs exportados por centenares de millones.

–Para los Hermanos Musulmantes como para los wahabitas, si Dios les ha dado petróleo a los árabes es porque quiere la expansión del islam.

–Los predicadores explican a los delincuentes que si quieren redimirse deben hacer buenas acciones.

–Hay 15 millones de magrebies en Europa.

–Nuestras élites políticas e intelectuales han visto la religión como un asunto superado, y en el caso del islam, como un simpático folklore para ayunar en ramadán.

–La visión de los jóvenes radicales es la que inculcan sus predicadores salafistas sobre una visión apocalíptica, maniquea, del fin de Occidente y del triunfo del Islam

–No es un choque de civilizaciones sino de concepciones y de mundos. El pensamiento radical religioso milenarista, es un absoluto que no desea ningún acuerdo con sus enemigos.

–Es difícil razonar con ellos. Sus creencias no tienen en cuenta la realidad.

 

Lo que no quiere contar el ministro de Interior sobre el yihadismo

23 marzo 2016 - 18:15 - Autor:

Cuando se producen atentados de la magnitud de los que hemos visto en Bruselas o en París, el ministro español de Interior suele calmarnos diciendo que España realiza de forma permanente detenciones de yihadistas, y que tenemos un largo historial de lucha antiterrorista.

Esas declaraciones las tomamos como producto de la rutina, pero no lo son. No sabemos a ciencia cierta cuántos atentados han evitado los servicios secretos, la Policía y la Guardia Civil. Basta ponerse a pensar en lo fácil que es producir un atentado, para darse cuenta de que el ministro de Interior nos está insinuando algo más: que se podían haber producido aquí atentados si no fuera porque en el último minuto desbarataron la operación.

Todas las semanas, el ministerio de Interior recibe denuncias anónimas de ciudadanos que ven algo raro en su vecindario, pero por más celo que pongan en investigar cada una de las sospechas, es técnicamente imposible taponar todos los agujeros.

Los yihadistas se pueden colar como turistas, como refugiados, como polizones o venir de cualquier país de la UE que haya firmado el tratado Schengen. Pueden estar viviendo entre nosotros durante años como células durmientes.

Por ejemplo, en febrero pasado, el ministro de Interior Jorge Fernández afirmó que se habían detenido a 338 terroristas en España: la mitad eran yihadistas y la otra mitad, etarras. Había más yihadistas que etarras, para ser exactos.

Y añadió un dato sorprendente: es la primera vez en la historia de la democracia en la que no ha habido ningún atentado mortal en territorio español en una legislatura. Cuatro años a salvo. ¿A salvo?

Teniendo en cuenta de que estamos en un nivel de alerta de 4 sobre 5, es decir, a un escalón del nivel máximo, eso quiere decir que los cuerpos de seguridad están trabajando con un nivel de eficiencia altísimo pero desconocido para nosotros.

Desconocido porque el ministro no va a alarmar a la población diciendo –por poner casos inventados– que los yihadistas estuvieron la semana pasada a punto de volar una estación de Metro de Barcelona, o descarrilar un tren de la línea del AVE a Sevilla.

Eso no lo va a contar con detalles, por supuesto. A veces lo insinúa.

Pero basta ver lo que ha pasado en el resto de Europa, y recordar lo que nos pasó a nosotros en 2004, para concluir que en cualquier parte de España, por tierra mar o aire, y en cualquier momento, se puede producir un atentado yihadista que nos deje paralizados de miedo. Por eso se llama terror.

-Nosotros no hemos fallado en la integración: han sido ellos.

 

Nosotros no hemos fallado en la integración: han sido ellos

22 marzo 2016 - 18:59 - Autor:

 

Una de las cosas que más impresiona sobre el terrorista más buscado de Europa y detenido hace poco en Bruselas es su origen: Salah Abdeslam es europeo de nacimiento. Belga.

Sus padres eran de origen marroquí pero Salah Abdeslam  y su hermano (inmolado en París), habían nacido y se habían educado en territorio europeo.

No es un caso único. Muchos terroristas que han ido a Siria a luchar en las filas del Estado Islámico son de segunda o tercera generación de inmigrantes árabes a Europa. Sus padres o abuelos sí se sentían árabes. Los hijos o nietos, en cambio, estaban europeizados. O eso creíamos. ¿Qué ha fallado?

Muchos dirán que han crecido en el paro y la marginación. Bueno, con un 50% de desempleo, los jóvenes españoles han crecido en el paro y muchos de ellos hijos de familias en crisis, han sufrido la marginación. ¿Han atentado? Pues no. Están llenos de cabreo o con ánimo de ajustar cuentas a alguien, pero como mucho votan a partidos extremistas.

Lo que está pasando con la desvinculación de las segundas o terceras generaciones de árabes es insólito. Es inexplicable.

Es como decir que los hijos y nietos de españoles que fueron a Alemania o a América en los años cincuenta y sesenta, ahora se hubieran convertido en bandas que asolan Buenos Aires, comenten atentados en Lima, o lanzan bombas en Bogotá. ¿Han oído hablar de extremeños que se inmolan en Dusseldorf? ¿Gallegos que ponen artefactos explosivos en París al grito de ‘Santiago o muerte’?

¿Qué ha fallado? ¿En qué hemos fallado? ¿En qué han fallado las escuelas europeas? ¿Por qué no se han integrado? ¿Por qué les atrae más el radicalismo del Estado Islámico que los valores europeos?

Europa se ha gastado fortunas en integrar a las minorías. Muchos inmigrantes lo han hecho. Pero en la minoría musulmána no ha funcionado. Aunque sea un grupo muy pequeño los que atentan y aterrorizan, basta que dos de ellos quieran inmolarse en el metro o en el aeropuerto de Bruselas, para reflexionar sobre nuestra política de integración.

Yo, como muchos, estoy un poco harto de escuchar lo que aquí escribo: si hemos fallado nosotros, si ha fallado nuestro sistema, si no hemos hecho lo suficiente…

Pienso que quienes han fallado han sido ellos. Se les dio la oportunidad de integrarse, o por lo menos, de respetar la cultura y la sociedad que acogió a sus progenitores, así como las escuelas que les educaron. ¿Racismo? ¿Segregación? La simple insinuación de marginar a alguien por su religión, raza o cultura le costaba a cualquier persona el escarnio público. La prensa lo masacraba.

Seamos sinceros. Hay musulmanes que no lo han aceptado. No han aprendido nada. Así pues, los culpables son ellos. No nosotros.

A muchos latinoamericanos que vinieron a España y luego sufrieron la crisis económica, no les vimos cometer atentados contra la sociedad que les acogió. Muchos volvieron a sus países. Otros se quedaron y están tratando salir adelante con sus hijos, incluso en medio de la crisis.

En cambio, en los inmigrantes de origen magrebí, se encuentra un llamativo porcentaje de personas que no se han integrado y que ahora se van de voluntarios a entrenarse en Siria, y a volver a Europa a atentar, a pesar de haberse educado en Europa como los hermanos Abdeslam. Muchos dirán que son unos pocos. Que se lo digan a las víctimas de Bruselas y París si son pocos.

Si de algo hemos pecado es de haber sido muy pendejos.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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