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Dos hechos basados en el acero que explican el desafío económico de nuestro tiempo

31 enero 2017 - 10:40 - Autor:

Una de las imágenes que representaba el poder económico de un país eran las acerías: la visión de gigantescos hornos que derretían el hierro, lo mezclaban con coke y producían acero para barcos, plataformas, trailers, o construcciones, quería decir que un país había llegado a un elevado nivel de desarrollo.

La gran acería española se creó después de la Guerra Civil. Era Ensidesa, que llegó a tener más de 30.000 empleados. Situada en Asturias, a sido una industria clave en la tardía industrialización española. Cometía con los Altos Hornos de Vizcaya en producción y en poder.

Y ahora, ¿qué son?

Para empezar las dos acerías fueron compradas. No son españolas. Su dueño es un indio que tiene acerías repartidas por todo el mundo. La empresa se llama Arcelor y cada año produce menos acero en Europa.

El año pasado, todas las acerías españolas produjeron 1,2 millones de toneladas menos que el año anterior. La caída es notable: un 8%.
España es el país número 16 en producción de acero. El número 1 es China, que ha hecho caer el precio de esta materia prima, puesto que, debido a su enfriamiento económico, se encontró con que le sobraba mucho acero y lo puso en el mercado mundial a precio de derribo.

El golpe ha sido duro en España. La planta de Arcelor en Zumárraga ha sido convertida en parque de chatarra y allí solo trabajan ocho operarios, según informaba El Comercio de Gijón. Y la planta de Sestao ha estado parada durante muchos meses. Ahora solo abre algunos días.

Gran Bretaña lo ha tenido peor pues su producción ha caído un 30% y ha perdido 5.000 empleos solo en 2015 con el cierre de Tata Steel, SSI y Caparo Industries.

Si todas las plantas del mundo se pusieran a trabajar a pleno rendimiento, les sobrarían 800 millones de toneladas de acero cada año.

China, debido a su volumen y a su estrategia de tirar los precios, está convulsionando el mercado mundial del acero. Ha logrado vender un 1,2% más acero en 2015, según la World Steel Association citada por el periódico gijonés.

India, Oriente Medio y Australia han subido sus ventas, pero la UE ha caído un 2,3%, y eso que goza de un mercado interno sin aranceles. De hecho, la UE nació como una alianza del carbón y del acero. Para un país, o para una federación de países como la UE, ser autónomos en acero ha sido la base de su independencia. Pero ese mismo acero ahora se hace en otras partes del mundo, incluso en la cercana Turquía.

¿Cómo se puede competir?

Es el segundo hecho que quería comentar. En días pasados, los paisanos de Avilés vieron cómo se cargaba en gigantescos barcos unas piezas enormes destinadas a factorías del mundo. Se trata de bienes de equipo necesarios para refinerías en Perú y en Polonia. Están fabricadas por el grupo Daniel Alonso y son las más grandes construidas jamás por esta empresa de Avilés.

La empresa, fundada en 1992, está especializada en grandes piezas como coke drums, columnas de vacío, fraccionadoras y hasta piezas para reactores nucleares.

Es decir, el acero como cualquier materia prima, tiene importantes y fuertes competidores en el mundo, y está sometido a los vaivenes de los precios de los mercados. Pero las piezas hechas de acero con valor añadido como las que se exportaron a Perú y a Polonia desde Avilés, sí pueden abrirse paso en los mercados.

Ese es el gran desafío de nuestro tiempo: ser capaz de fabricar algo especializado, con mayor valor añadido, que pueda resistir los embates de las oscilaciones de precios. Y vale para grandes o pequeñas empresas.

Si quieres saber qué pasa de verdad en EEUU lee las noticias de Springfield

30 enero 2017 - 20:21 - Autor:

El Servicio Postal de EEUU tiene una lista de las ciudades más comunes en ese país. La primera es Springfield. Hay 41 pueblos o villas llamados Springfield a secas, sin contar con la hipotética ciudad de Homer Simpson.

Si pudiéramos hacer un recorrido por todas esos Springfield y ver de qué hablan, qué sienten y cómo piensan, nos daríamos una idea más o menos certera de lo que pasa en ese país.

Yo he hecho un viaje digital. Me he metido en algunos de los periódicos de esos 41 Springfield (no en todos), y algo me ha llamado la atención. Trump no ocupa un lugar muy destacado. Por ejemplo, en el Springfield News Sun del condado de Clark, en Ohio (60.000 habitantes), prefieren hablar ahora de sus equipos locales de baloncesto o de fútbol americano, del temporal, o del vecino que acaba de ganar el premio nacional de “la mejor casa decorada de Navidad” (?).

En cambio, si uno lee La Voz de Asturias, El Correo Gallego o el Ideal de Granada parece que el planeta se va a caer a trocitos por culpa de Trump. Está en portada. Le seguimos dedicando páginas enteras, reportajes, especiales informáticos en televisión, informes semanales, y quizá dentro de poco un serial de televisión al estilo Aguila Roja.

¿Quién está equivocándose? ¿La prensa de provincias de EEUU o nosotros?

Bueno, esa no debería ser la pregunta, sino más bien, ¿por qué no le están dedicando tanta atención o por qué no están tan preocupados como nosotros?

Ojo, hablo de la prensa local, o los periódicos de los miles de pequeños Springfield que hay en EEUU. En cambio, la prensa de Nueva York, de Washington, de Los Angeles o Houston no deja de hablar de Trump y están escandalizados con sus medidas.

Aquí hay dos américas. Una que está preocupada por su imagen en el mundo, por el cierre de fronteras, por esas leyes ejecutivas que firma Trump como si fueran volantes de médico paranoico… Y otra, los que piensan que eso no es noticia. ¿Será porque no es un problema para ellos?

A ver: a un tipo de Springfield en Ohio, ¿se le va a atragantar la cena por ver que los aeropuertos de Nueva York están colapsados? No lo creo. El está feliz con su pueblo, y lo que hay dentro de él. La vida de las grandes ciudades le causa repulsión, con sus bolsas de dinero, sus millonarios, sus teatros, sus galerías de arte moderno, su liberalismo, y sus burlas a la religión, a esa misma religión que él adora pues va con sus hijos adolescentes a misa todos los domingos.

Esto que estoy diciendo es lo que creo que estoy viendo cuando entro en los medios digitales locales encabezados por la palabra Springfield. Son medios que nunca he leído en mi vida. Yo, tan fino, prefiero The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal, Forbes, Fortune… ah, pero, ¿dónde está ahora surgiendo la realidad? ¿En las megacities o en Springfield?

(El nombre de ciudad o pueblo más utilizado es Washington; lo que pasa es que viene combinado con otras características como Washington Prairie, Washingtonville, Port Washington… de modo que he escogido Springfield pues es el más común sin aditivos. Ese condado de Clark donde está Springfield casualmente fue elegido por Usa Today –el periódico más popular de EEUU–, como una de los condados-test para saber cómo votaba EEUU. Y Trump se llevó con el 57% de los votos. Está considerado un condado de blue-collar white workers, trabajadores blancos de la industria, los que más han sufrido la crisis).

 

¿Hay que preparar a los jóvenes para el éxito o para el fracaso?

29 enero 2017 - 17:10 - Autor:

En la vida de cualquier persona hay más fracasos que éxitos.

El mundo de la ciencia, del deporte y de la empresa está lleno de fracasos. Es el famoso ‘prueba y error’.

El tenis mismo es una lección de fracasos. Cada partido está lleno de sets perdidos. Estadísticamente, por lo menos la mitad. Pero si un deportista como Nadal tiene fuerza de voluntad puede sobreponerse, como se ha sobrepuesto muchas veces a sus fracasos, puede llegar muy lejos. Que haya perdido en esta ocasión no demuestra que vaya a perder en los próximos encuentros. Lo digo porque mucha gente no imaginaba que a su edad, con las lesiones, y con el historial, pudiera llegar a la final de Australia. Y llegó. ha perdido ahora. Puede ganar más adelante. Depende de su voluntad.

Sin embargo, parece que no preparamos a los niños y a los jóvenes contra la frustración del fracaso, cuando esa es la mejor educación. Hay mil formas de equivocarse, pero solo una de hacerlo bien. De modo que estadísticamente, nuestro camino hacia el éxito estará lleno de fracasos. Forma parte de nuestro aprendizaje como seres humanos, porque no nacimos con un gen del ‘ya lo sé todo’, sino que tenemos que pasar las pruebas que nos impone la vida. Debería haber en los colegios y en los institutos una materia que fuera: “El fracaso: método y coraje”. Y hasta en las facultades de Filosofía debería haver una materia titulada Filosofía del fracaso. En el fondo sería la filosofía del dolor. Hay que aceptarlo.

Pero fracasar es un golpe muy duro. Emocionalmente insuperable para algunos. Muchas personas que intentan poner en marcha un proyecto fracasan en sus inicios. Luego tiran la toalla. La clave está en si les queda fuerza de voluntad para sobreponerse. Uno de los libros que mejor resume esta herramienta que la naturaleza nos ha dotado –la voluntad– es el libro del investigador español y premio Nobel Santiago Ramon y Cajal. Se llama Los tónicos de la voluntad.

Cajal no quería ser médico sino artista. Su padre le obligó a hacer la carrera de médico, y al final, el joven médico puso todo su empeño en esa carrera hasta que al final descubrió las conexiones neuronales del cerebro y hoy es el padre de la neurociencia.

En ese libro confiesa Cajal que el arma de que se puede valer cada ser humano para sobreponerse a sus fracasos es la voluntad. La voluntad, o la persistencia, nos conducirá al final al éxito, precisamente porque puede superar los peores momentos.

La escuela y las familias deberían educar a los niños en tonificar su voluntad. En aceptar las derrotas, analizarlas, saber que es lo que falló y cómo se pueden corregir.

Con esa ventaja educativa, pueden llegar a ser prácticamente lo que quieran: artistas, empresarios, maestros, deportistas, escritores… Solo hay que entrenarla.

 

 

Así preocupa la inmigración en EEUU: series de televisión, películas y libros

28 enero 2017 - 11:28 - Autor:

La cadena de televisión DMax exhibe todos los domingos un capítulo de una serie llamada Control de Aduanas. Se ve a policías norteamericanos controlando la entrada de coches y personas en la frontera con México. Abren los vehículos, ponen a perros a olfatear los maleteros, detienen a los ilegales, requisan drogas… No es ficción. Es realidad. Son auténticos policías.

Si una cadena de televisión produce un programa sobre los policías de Aduanas, es porque piensa que eso interesa a los televidentes. ¿Fronteras? ¿Policías? ¿Detenciones? ¿Devoluciones?

El tema gancho de Trump durante las elecciones fue que iba a construir una muralla y que la iban a pagar los mexicanos. Lo que la prensa tomaba como absurda amenaza era lo que más gustaba a sus electores. O lo que más les procupaba…

Hace varios años, uno de los ensayos más leídos en Estados Unidos fue el escrito por el profesor Samuel Huntington. Se titulaba Who are we? (¿Quiénes somos?), y su tesis era que EEUU tenía que seguir manteniendo los valores que le habían hecho grande. Y que los inmigrantes no tenían esos valores y había que obligarles a asumirlos.

Huntington no era republicano sino demócrata. Es el autor del concepto polémico Lucha de Civilizaciones. Y denunciaba que la nueva lucha estaba en las fronteras, porque los inmigrantes en masa podían poner en duda “nuestra identidad nacional”. Esa entidad había sido creada por blancos, de origen europeo y angloparlantes y amantes de la libertad y la democracia.

¿Qué quiero decir con esto? Que si un señor hace años escribió un libro sobre su preocupación ante la inmigración latina que levantó ampollas, si hay una serie de televisión sobre el control de fronteras, si ya existía una muralla en esas fronteras, si hay montones de películas norteamericanas sobre los inmigrantes que tratan de colarse, ¿por qué no vieron los candidatos políticos que allí había un problema?

El tema de la inmigración ilegal es una seria preocupación para los norteamericanos. Se pueden hacer dos cosas: controlar más las fronteras o no controlarlas. ¿Qué quiere el norteamericano medio? Controlarlas. ¿Qué prometió Trump? Controlarlas.

De modo que los signos estaban allí, y Trump solo los leyó.

Esto no quiere decir que su fórmula sea la correcta pues aparte de seguir construyendo un muro que ya existía, propone imponer un 20% en las importaciones mexicanas, y pagar con ello el muro. Eso puede tener un serio impacto en el americano medio, pues el comercio con México es gigantesco. Si impone aranceles, los productos que compran los norteamericanos se van a encarecer.

Pero con Trump o sin él, las fronteras del sur son desde hace tiempo una enorme preocupación para los norteamericanos, y en las pasadas elecciones Trump parece que ha sido el único en hablar de ello.

El mayor experimento social de los últimos tiempos: ingreso mínimo vital

27 enero 2017 - 11:04 - Autor:

El debate que ha lanzado el PSOE junto con los sindicatos es uno de los más atractivos de los últimos tiempos: dar un ingreso básico a todos los españoles con problemas económicos.

El PSOE lo llama ingreso mínimo vital.

Y eso, ¿funcionará?

Para empezar, hay cosas parecidas: los parados reciben una ayuda del Estado que puede durarles hasta dos años. Cuando se les acaba, reciben un subsidio social de 450 euros durante seis meses. Ese subsidio se ha ido extendiendo en el tiempo de modo que los seis meses se han convertido en años. Y en algunas comunidades existe un salario social para ayudar a las familias con menos recursos.

Todas ellas han sido medidas temporales para ayudar a millones de trabajadores que no han encontrado empleo.

Y hay otra cosa que es la ‘renta básica universal’ consistente en que todo español por el hecho de serlo recibiría una renta de por vida. Pero eso en concreto no es lo que se está proponiendo.

De modo que la idea de crear un ingreso mínimo vital es en el fondo el viejo subsidio con otro nombre. La novedad es que, como informaba El Mundo, “los desempleados -apuntados al paro en los últimos 12 meses- que no reciban ninguna prestación o cuyos ingresos sean inferiores al 75% del salario mínimo interprofesional, puedan recibir 426 euros al mes, siempre que el parado se comprometa a seguir buscando empleo y siga un itinerario para conseguirlo”.

Sería de forma indefinida hasta que lo encontraran. Y eso va a ser todo un experimento porque si se aprueba, sabremos si pasan dos cosas:

a) Si los que reciben esa renta se animan a buscar más trabajo o no.
b) Si se crea el efecto llamada y miles de extranjeros de países menos favorecidos vienen a España.

Como saben, en Finlandia han escogido a un grupo de 2.000 personas para experimentar la renta básica. No sé cuáles van a ser los resultados, pero no creo que el comportamiento de los finlandeses tenga que ver con el comportamiento de los españoles. Aun así, es un experimento que seguimos con interés.

En Suiza pretendían aprobar un salario básico de más de 2.000 euros (equivalentes en francos suizos) pero los suizos hicieron un referéndum y lo abandonaron.

Yo trataría de experimentar como los finlandeses. Escogería varias comunidades en diferentes partes de nuestro país, y pondría en marcha una renta mínima garantizada. Y ver qué pasa.

Tampoco sabemos si nos comportamos igual cuando somos parte de un experimento, que cuando el experimento ha terminado y hay que aplicarlo a todo el país.

En este momento, no sé si va a ser un buen invento. Siempre he pensado que la mejor ayuda social es tener un empleo.

Pero una verdad incuestionable: puede costar unos 11.000 millones de euros (el 0,7% del PIB), según los sindicatos, o 6.000 millones, según el PSOE. Ese dinero, habrá que sacarlo de algún sitio. Y como no vivimos sobre una mina de oro ni tenemos petróleo, para pagar ese salario hay que recortar otras cosas, habrá que recortar otros gastos.

Como nadie quiere que se recorten más gastos, habrá que subir el IVA, el IRPF y perseguir el fraude fiscal. Entonces, tendríamos que lo que damos a unos ciudadanos, lo estamos sacando de los mismos ciudadanos porque el dinero no crece entre los girasoles.

 

Guía urgente para periodistas que quieren sobrevivir en un mundo que se cae

26 enero 2017 - 11:35 - Autor:

Invitado por la Universidad de Navarra el director de The Washington Post –Martin Baron– estuvo en Madrid para dar una charla sobre periodismo en la Fundación Rafael del Pino. El año pasado vino Paul Steiger, director de Propublica, el medio de investigación más novedoso de aquel país. Y el anterior, Jill Abrams, que acababa ser despedida como directora de The New York Times.

Entre los que van a esas charlas o las ven por streaming hay muchos periodistas. Todos estamos buscando la varita mágica o la pócima maravillosa que nos indique cómo salir de la crisis y hacia dónde ir. Nuestros templos se derrumban.

Las ventas de los periódicos se hunden. Internet no es un gran negocio. La gente lee rápido y cambia de medio o de artículo. El lector ha dejado de creer en la prensa como formador de opinión, cosa que ha pasado en EEUU con Donald Trump. Ya no sabemos qué hacer para atrapar la atención de los lectores y ganar dinero para pagar nuestras facturas.

Martin Baron definió algunas claves: contar historias. Storytelling. Los periodistas tenemos que contar buenas historias. Baron dijo que tienen que hacerlo con todos los medios posibles, como videos, podcasts, fotografías, y cualquier medio moderno. Pero lo importante es contar historias.

Para Baron la otra clave es contar las historias de la gente. Se refería sobre todo a salir de Washington, de Nueva York y de las grandes ciudades para contar lo que piensa y hace el americano medio. Ese americano que ha votado a Trump y al que los medios no hicieron ni caso.

Los periodistas norteamericanos están arrepentidos de no haber girado sus cabezas hacia los trabajadores blancos desempleados, sobre todo. Ha sido tan grande el olvido que la mayoría de esos trabajadores que antes votaba por los demócratas a hora vota a Trump.

Y cuando los grandes medios publicaban los escándalos de Trump, como por ejemplo su forma de ocultar sus millones al fisco, o cómo hablaba de forma soez de las mujeres, los votantes potenciales no cargaban contra Trump sino contra los medios. “Hay mucha gente que no está interesada en los hechos, solo quiere leer ‘informaciones’ que estén alineadas con sus opiniones preexistentes”, dijo Baron. Muchos han llamado a este fenómeno la ‘posverdad’. El votante medio no cree en los periódicos, en parte, porque los periódicos se han olvidado de ellos.

Es casi lo mismo que dijo hace poco el director de The New York Times, Dan Baquet, que fue entrevistado por su propio periódico. Diseñó un plan para evitar esto. Prometía cambios profundos en la organización. La web española Paperpapers hizo una traducción magnífica de ese artículo, y copio aquí algunos párrafos.

“[Voy a ] trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt [el cinturón cristiano o estados más religosos] puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. [...]

“También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base del país.

“Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta “otra América” a la vista del público”.

Aquí sucedió algo parecido con el 15M, esa espontánea manifestación que tomó durante meses la Puerta del Sol de Madrid clamando contra los desahucios, los abusos de la banca, la corrupción política y los atropellos.

El partido de Pablo Iglesias, Podemos, se apoderó de aquel movimiento, a pesar de que ese movimiento iba contra los partidos políticos. Pero en Podemos lo supieron hacer. Y ahora son el tercer partido más importante de este país.

Pues bien, del 15M solo informaron en profundidad y desde el principio dos medios: Público y lainformacion.com, cuando yo era director de este último. Hicimos incluso un largometraje que presentamos a los Goya. Hicimos gráficos, y publicamos cientos de artículos y de opiniones. A muchos medios le cogió de sopetón pero luego reaccionaron. Pero no sabíamos que se estaba fraguando un partido que saltó a la fama en las elecciones europeas de mayo de 2014. Oh, la, la…

Creo que la gran lección que debemos aprender los periodistas, aparte de la que dan los directores de estos dos medios americanos, es la siguiente: si sigues al enjambre, eres parte del enjambre. Es decir, si vas adonde van todos los periodistas, dirás lo mismo que ellos.

Y eso fue lo que les pasó a los periodistas de los medios más influyentes de EEUU: siguieron al enjambre que se movía entre las colmenas del poder en Washington, Nueva York y Los Angeles. No se molestaron en ir a ver qué pasaba en los cientos de pueblos llamados Springfield o Greenville, donde vive la mayor parte del país. Se olvidaron de contar historias de toda esa gente.

-El admirable caso de Paul Steiger, la esperanza del periodismo de investigación 

 

El Mustang y el dólar son españoles, pero Donald Trump no se entera

24 enero 2017 - 20:02 - Autor:

En una viaje que realicé hace 20 años a EEUU, me moví de costa a costa y de norte a sur durante casi un mes. La anécdota del viaje era que por más que intentaba hablar inglés, cuando reconocían que uno hablaba español, todo el mundo trataba de hablarme en español. Incluso estuve en las afueras de Chicago con una familia que había escrito un manual para aprender español, manual que se usaba en algunas academias de la zona.

Me pidieron mi opinión e hice lo mismo que cuando a uno le invitan a una cena: “¡El pollo estaba buenísimo!”. Les dije que me parecía un manual magnífico a pesar de que la gramática de aquello se parecía más al polaco que al español. Era un desastre.

Pero agradecí el interés de esos profesores norteamericanos en acercarse a la lengua que todo el mundo desea aprender en ese país. Los norteamericanos, al tener el idioma más hablado del mundo, escogen como segundo idioma el que les puede ser más útil, y ese el es español porque están en un continente donde se habla español más que nada.

Luego, hay un grupo de norteamericanos que escogen el francés porque les parece culto y fino, aunque en realidad lo hacen para ligar. Si pronuncias dos palabras de francés entre tus amigos, caen todos rendidos. Y mucha gente no sabe que hubo un tiempo en que no se sabía si el idioma nacional iba a ser el alemán en lugar del inglés debido al enorme numero de inmigrantes alemanes.

Ahora, el mayor número de inmigrantes son hispanos.

Hay en este momento más de 50 millones de hispanos en EEUU. La mayoría son bilingües. Unos hablan mejor el español que el inglés. Otros usan una mezcla que tortura al idioma, el tex-mex que escuché en Texas, y que llama ‘carpeta’ a la alfombra (por carpet), ‘truca’, a la camioneta (por truck), y cosas por el estilo. El spanglish.

Uno de los canales más vistos en EEUU es Univisión, que es para hispanohablantes. Compite en cuota de pantalla con las grandes cadenas angloparlantes de ese país, y es la plataforma de las famosas telenovelas.

Univisión transmite en castellano e inglés. Uno se sus lemas es “La casa de todos”.

Si nos remontamos a la historia, después de los indígenas, ese país fue habitado por españoles. La bandera española estuvo ondeando más de 300 años, de modo que tiene más tiempo que la de barra y estrellas.

El dólar es una palabra alemana que procede de thaler, el tálero, una moneda de los Habsburgo que se acuñaba en Austria. Pero resulta que ese tálero fue superado en potencia de mercado por el real de a ocho español, al cual llamaban spanisches thaler. Era la moneda más poderosa del mundo y se acuñaba en México. De hecho, cuando EEUU inicia su independencia tenía un problema financiero, y la única manera de resolverlo fue apoyarse en la moneda española porque eran tan fuerte como hace pocos años lo era el marco alemán. La deuda emitida para pagar la guerra se cambiaba contra los spanish dollars, como se ve abajo.

Muchas palabras del inglés norteamericano son claramente de origen español como el ‘rodeo’. Pero otras que parecen propias de ellos no lo son, como el Mustang, que aparte de ser un modelo de Ford deportivo, es un tipo de caballo, el mustang, que procede del ‘mesteño’ español. El mesteño era el caballo sin dueño, que según las leyes de Castilla, pertenecían a la mesta o al concejo ganadero donde pacieran.

La famosa bandera confederada consistente en un aspa con estrellas y con los colores azul, blanco y rojo, proviene de la cruz de San Andrés, que era la cruz o el aspa de Borgoña que empleó Carlos V, y que ha sido la bandera más longeva de España. Una de las que más se parece es la bandera del estado de Florida. Pero la que más se parece es la de Alabama, estado sureño y cuna de la América más profunda y auténtica: es la misma bandera española de Carlos V. Tiene esa forma porque San Andrés murió clavado a dos maderas en forma de aspa.

Uno se podría remontar a la historia y a la herencia española para narrar la influencia española. De igual modo que se puede hacer en sentido contrario, admitiendo la fuerte influencia de EEUU en España desde que es potencia mundial.

Por eso, cuando anunciaron que la Casa Blanca ya no tenía su versión en español ni me inmuté. Primero, pensé que era algo temporal. Pero si había alguna intención, me gustaría decirle algo a la gente que lleva esa web: detener las influencias culturales es como poner un dique a un maremoto. Imposible.

Cómo conseguir empleo usando la tecnología que amenaza nuestro empleo

23 enero 2017 - 20:09 - Autor:

Me contó una amiga que su hermano había aprendido a diseñar páginas webs viendo videos de YouTube. Tengo un familiar que tomó un curso de diseño aeronáutico en una universidad on line de EEUU, para aplicarlo al diseño de relojes. Y yo mismo me apunté a un curso de cómo vender libros en Amazon.

Se pueden aprender muchas habilidades por internet, desde tocar la guitarra hasta idiomas.

¿Por qué digo todo esto?

Porque en mi último artículo decía que la gran amenaza a nuestros empleos no era la tecnología sino la rapidez con que se implantaba. Era un fenómeno tan rápido que no teníamos tiempo para prepararnos a los nuevos desafíos. El tiempo se había comprimido. Podíamos ser lanzados al paro en un abrir y cerrar de ojos.

¿Y cuál es la salida?, me preguntaba. Esa era la frase final, puesta allí como si no tuviera respuesta.

La formación continua es la respuesta. Me refiero a que no importa la edad ni nuestra seguridad en el puesto de trabajo: la presión del tiempo y de la tecnología nos obligan a seguir aprendiendo hasta la muerte. No basta con ser ingeniero electrónico, no basta con saber programar o diseñar aplicaciones, o saber jardinería, dentro de 10 años quizá ha salido un nuevo conocimiento que puede desplazarnos al lugar más oscuro de la compañía porque no sabemos nada de lo nuevo.

Pero el gran problema de la tecnología y su rapidez no es el golpe que propina a los ingenieros sino el que propina a los trabajadores menos especializados. A los parados. No me gusta poner el ejemplo de los soldadores, pero tengo que hacerlo: era una profesión admirada porque se trataba de un trabajo de precisión dentro del mundo de la industria. Pero los robots litetalmente los empujaron por el acantilado. Los únicos que se salvan son los soldadores de barcos porque no se ha fabricado un robot tan grande como para soldar barcos imponentes o plataformas petrolíferas. Hasta que llegue, claro.

La solución a estas sacudidas laborales está en la misma tecnología que nos desplaza. Con un ordenador y conexión a internet, podemos adquirir nuevos conocimientos, o cambiar nuestras habilidades por otras. Nadie dijo que estuviésemos hechos ‘solo’ para ser soldadores o ‘solo’ ser periodistas. Yo he descubierto que, aparte de periodista, se me da bien ser profesor, de modo que hago las dos cosas. Y una de las formas que tengo de aprender es metiéndome en internet y viendo qué es lo último en enseñanza y nuevas tecnologías.

Los MOOC,  los cursos on line, o la formación presencial dentro de las empresas son la salida a ese desafío tecnológico. La clave está en hacerse la pregunta correcta: ¿cuáles son los conocimientos que debo aprender para progresar en mi puesto de trabajo?

Para los directores de Recursos Humanos, la respuesta es más fácil porque solo tienen que preguntar a otros departamentos de la empresa y rastrear.

El problema es para los que están fuera de las empresas: ¿cómo saber lo que se necesita las empresas? Para acometer esa tarea hay que pensar mucho, y hasta existe una disciplina llamada ‘design thinking’ que consiste en saber qué es lo que quieren los demás y hacer cosas para ellos. 

Los servicios de empleo de la SEPE deberían saberlo, pero creo que no lo saben. La única forma de saber lo que necesitan las empresa es estar en contacto con la realidad. Consultar las peticiones de empleo, ver lo que publica la prensa, ver los empleos más demandados, curiosear, rastrear y hasta adelantarse a las empresas ofreciendo cosas que necesitarán…

Y en segundo lugar, hay que buscar la vía para aprender esa habilidad y que esté a la altura de nuestra preparación. Casualmente, mientras se me ocurría ese artículo, vi que The Economist había dedicado un número en enero a tratar eso. Lifelong Learning. Aprendiendo de por vida.

Una de las cosas que me gustó de ese número es que avisa sobre el exceso de optimismo ante los cursos on line: los MOOC. Las empresas no están seguras si la gente sale bien preparada de esos cursos, ya que muchos son nanocursos, o cursos muy cortos de semanas o días. Por eso las empresas se inclinan aún por los títulos universitarios que conocen.

Pero también dice que para salvar ese obstáculo las empresas que imparten estos cursos on line como Udacity o Coursera, se están aliando con universidades de prestigio, y hasta hay algunas como Georgetown que han lanzado un master on line casi gratis con su famoso curso de Ingeniería Avanzada, que fue un éxito por cierto. Pues logró que más gente se apuntara a su costoso master presencial.

Creo que la salida a la pregunta de cómo defendernos de los robots está en usar las nuevas tecnologías para obtener más formación. Ahora es más accesible que nunca, más barata que nunca y más fácil que nunca.

No todo consiste en ser ingeniero porque hay cursos de Escritura de los Negocios, o de diseño y moda. La clave está en mantenerse en alerta permanente, refrescar y aumentar nuestro conocimiento, y acertar con lo que nos gusta y lo que gusta a las empresas.

Y en ser persistente, por supuesto.

-Lo que amenaza a nuestro empleo no son los robots sino la compresión del tiempo

 

 

Lo que amenaza a nuestro empleo no son los robots sino la compresión del tiempo

22 enero 2017 - 19:57 - Autor:

El tema de debate de La Sexta Noche de este fin de semana fue económico y actual: cómo los robots están dejándonos sin trabajo.

Sacaron un informe de la OCDE que predice un impacto terrible para los puestos de trabajo en España porque la actividad de miles de empleados de las fábricas será sustituida por robots.

En realidad, ese no es el problema ni es el problema de ahora. Desde que se inventaron las máquinas, cada una que llegaba trituraba muchos empleos.  Como ejemplo se puede poner desde el coche que sustituyó a los cocheros y a los herreros que hacían herraduras para sus caballos, hasta las neveras que acabaron con los que cortaban y distribuían hielo por las casas.

Entonces, ¿cuál es el problema?

El tiempo.

Desde la primera revolución industrial hasta ahora, el tiempo de penetración de la tecnología se ha acelerado, y no de manera uniforme sino exponencial.
No tengo los datos, pero si sirve de ejemplo, la penetración de los tractores en el campo supuso el desplazamiento de millones de agricultores a las ciudades y tardó décadas. Estos millones de desplazados tenían un tiempo de adaptación a otros sectores como la siderurgia o a la naval.

Ahora, el tiempo de implantación de la tecnología no se mide en años sino en meses. WhatsApp se implantó en muy pocos años en todo el mundo. Se fundó en 2009 y al final de aquel año ya tenía 250.000 usuarios. En 2013 ya eran 200 millones en todo el mundo. La gente cambió los sms de felicitación de Navidad por ‘wasaps’ en 2014. Y en 2016 los usuarios de WhatsApp en el mundo llegaron  a más de 1.000 millones. Fue comprada por Facebook en 2014 por casi 20.000 millones de dólares. Supongo que las personas encargadas del servicio de sms en Telefónica fueron enviadas a otro departamento. Con suerte.

La tecnología se implanta con tanta rapidez y en tal volumen que afecta a la capacidad de millones de personas de aprender otro oficio en un tiempo razonable. A tiempo, quiero decir. Porque el tiempo se ha comprimido para ellos. Lo que antes se medía en años ahora se mide en meses.

Esa es la razón por la que hay tanta demanda mundial de determinados puestos como ingenieros. Si una mujer se gradúa de ingeniero electrónico, tiene ofertas desde Francia a EEUU, es decir, de los países más desarrollados donde la tecnología se implanta con tanta rapidez que el mercado laboral no lo suple. Pero, ¿y si esa mujer estudia la carrera equivocada?

Ni siquiera las universidades pueden adaptarse a esta rapidez, porque cuando están implantando nuevos planes de estudios, por más avanzados que sean, siempre se quedarán atrás comparados con la implantación de una tecnología. Están preparando a los jóvenes para habilidades que no se necesitarán cuando se gradúen, y encima no saben cuáles van a surgir en cinco años.

Uber, la aplicación que está compitiendo con los taxis, se ha implantado en tiempo récord en muchos países del planeta gracias a la globalización, a las comunicaciones baratas y a los móviles inteligentes que todo el mundo tiene en su mano.

Por eso, el gran desafío no son los robots, sino el tiempo. No tenemos tiempo para adaptarnos a los cambios porque son demasiado rápidos comparados con nuestra naturaleza humana.

Las personas que se quedan sin empleo, ni lo vieron venir, ni son capaces de cambiarse a otro empleo a tiempo porque un robot o un algoritmo vendrá a sustituirlo de forma súbita.

De modo que su única salida es aprender una habilidad de nivel superior que le asegure el puesto. Para algunos, esto les suena difícil pues a medida que nos hacemos mayores, nuestra capacidad de aprender conceptos superiores se entorpece desde el punto de vista neurológico.

¿Cuál es la salida?

 

El plan de Podemos ahora no es arreglar este país sino arreglarse a sí mismos

21 enero 2017 - 21:11 - Autor:

Desde hace muchas semanas, estoy contemplando las portadas de los periódicos de papel y digitales. Cada vez que hablan de Podemos no es para informar de cuál es su plan para resolver el problema de las pensiones, cómo recuperar la Sanidad, qué hacer con los parados y cuál es su plan para Cataluña.

No.

Ahora los medios solo hablan de cómo en Podemos están tratando de arreglarse a sí mismos.

Primero, la batalla entre errejonistas y pablistas. No sé cuánto de marketing hay en esto, pero desde luego parece serio: Errejón y los suyos promueven una vía más suave en Podemos, mientras que Pablo Iglesias y los suyos quieren volver a las tácticas de la conquista del poder asumiendo las tesis más radicales: aliándose con la extrema izquierda y volviendo a las barricadas (si es que las hay).

Lo penúltimo ha sido que Luis Alegre, uno de los fundadores del partido, se pasa a las filas de Errejón. Y lo último, que Iglesias ha movilizado a sus huestes internautas para dar la batalla a Errejón en las redes sociales. Lo llama las ‘brigadas moradas’.

En los medios se sigue esta pelea interna como si fuera un pugilato: en esta esquina, Pablo, y en la otra…

Pero si uno se para a reflexionar un poco, se pregunta: un momento, ¿de qué estamos hablando? ¿De propuestas políticas o de sus problemas?

España está en unos momentos difíciles por varios motivos: el parlamento y el gobierno catalanes plantean un referéndum en septiembre; cientos de miles de personas tratan de recuperar el dinero invertido en sus hipotecas que tenían cláusulas suelo; el frío está castigando en estas fechas a familias que no tienen dinero para pagar la luz, que encima está subiendo; hay que hacer algo con las pensiones porque se nos acaban los fondos; el modelo turístico español es insuficiente para construir un país más sólido…

Pero en Podemos están más enfrascados en resolver sus problemas que los problemas del país.

Siendo sinceros, ya poco pueden hacer. Al quedar como tercer partido en las elecciones, hemos vuelto al bipartidismo de modo que en los próximos años, y hasta las nuevas elecciones, veremos que quien corta el bacalao es el PP y el PSOE.

Y mientras tanto, el Podemos seguirán con su storytelling en la prensa y en las redes: que si hay que unirse, que si es bueno discutir, que si la democracia interna, que si la asamblea de Vistalegre, que si esos periodistas que nos atacan…

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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