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Por qué lo que ocurre en Davos importa un bledo a todos excepto a los periodistas

20 Enero 2017 - 9:59 - Autor:

Davos es un pueblo en los Alpes suizos que suele estar a dieciséis grados bajo cero.

Tienen un inmenso búnker bajo el suelo para defenderse de ataques nucleares. Es tan grande que un día un señor decidió darle otro uso y pensó en un inmenso centro de reuniones y conferencias. Podía reunir allí con seguridad a políticos, gobernantes, jefes de estado, empresarios y banqueros poderosos, porque era casi inexpugnable.

Entonces lo llamó World Economic Forum. Cada año, por estas fechas acuden miles de empresarios, banqueros, políticos y periodistas a tratar asuntos de calado mundial: el futuro, el desarrollo, el hambre, la inversión, el crecimiento… Muchos de ellos hacen grandes contratos después de conocerse. Para ellos puede ser un buen negocio. Lo que se dice y se hace allí aparece en los medios de comunicación y a veces hasta en la televisión. Pero no interesa a nadie. No hay grandes noticias, la verdad.

¿Por qué vamos los periodistas? Porque es la fiesta a la que hay que ir para ver y dejarse ver.

Yo he estado dos veces y reconozco que es una buena experiencia porque conoces gente a la que normalmente no conocerías. Por eso Davos es bueno para los periodistas.

Una vez en 1992, alguien comentó que en una sala estaba Nelson Mandela y allá me fui. Estábamos unos 10 periodistas con él. No más. De pie hablando, así, tan tranquilos. Mandela sonría todo el tiempo, como si 27 años en la cárcel hubieran sido un balneario.

Bill Gates estaba en otra sala, a la que uno podía acudir a conocer su visión del futuro. Cada año siempre hay un país o región que puede presentarse como ‘centro de atracción de inversiones’. Aquel año de 1992, supongo que por los Juegos Olímpicos, la comarca mundial que se presentaba era Cataluña. Organizaron una extraordinaria comida para todo el gentío y en medio estaba Jordi Pujol.

Yo le pregunté si aquello no era muy caro, y el president me respondió que no, porque al final se podía convertir en negocio para empresas catalanas. Me acuerdo escuchar al president hablar en alemán con inversores. Me impresionó.

También en aquella ocasión estaba yo hablando con alguien de prensa del gobierno de Venezuela (el presidente Pérez estaba por allí), cuando todos los venezolanos salieron corriendo. ¿Qué pasa?, pregunté. “Acaban de dar un golpe de Estado en Venezuela. Un militar”. Era Chávez.

En Davos podías estar tomando un café en una esquina y de repente pararse a tu lado un personaje famoso. A mí me pasó con Newt Gingrich, que era el speaker republicano del Congreso y que por aquellas fechas era muy  famoso porque atizaba a los demócratas y a Bill Clinton.

En otra ocasión en Davos, iba por un pasillo del búnker lleno de pantallas que escupían información económica y financiera, cuando pasé al lado de un hombre en zapatillas deportivas y con un jersey. Parecía el limpiador de cristales de Davos. Pero me detuve. Me di la vuelta y me acerqué. ¿No es usted el señor Michael Bloomberg?, le pregunté.

Me dijo que sí, y que estaba allí ofreciendo los servicios de su agencia de noticias financiera, Bloomberg. “¿Qué me puede contar de la acusación de acoso sexual por la que le están juzgando?”. Y dijo: “Oh, no puedo hablar porque está sub judice”.

Esto fue en 1997, el mismo año en que Hillary Clinton dio un discurso muy aplaudido. Acababa de conocerse el escándalo sexual de su marido con una becaria en la Casa Blanca. Pero ella estaba como si nada. Al final de su charla, el presidente del WEF le preguntó que para cuándo una presidenta mujer en EEUU. Y ella respondió que no sabía, pero cuando saliera esa candidata la votaría sin dudar.

En ese mismo año en Davos, la delegación española se estaba estrenando como país con un nuevo gobierno. El PP había ganado las elecciones y su ministro de Economía estaba en Davos tratando de demostrar que ellos lo podían hacer mejor y que iban a estar en el euro desde el primer momento.

Rodrigo Rato habló en un inglés fluido y se metió a todos en el bolsillo en el auditorio. Estaban exultantes los del PP. Todo les estaba saliendo a pedir de boca.

Y ahora, miren lo que ha pasado años después: Hillary Clinton se presentó el año pasado y perdió las elecciones. Mandela fue presidente de Sudáfrica. Rato está siendo juzgado y puede ir a la cárcel. Gates es uno de los más ricos del mundo. Bloomberg fue alcalde de Nueva York. Y Hugo Chávez fracasó en su golpe, le metieron en la cárcel, salió, se presentó a las elecciones, ganó, fue presidente durante 14 años hasta que murió y dejó destrozado uno de los países más ricos del mundo en materias primas.

Ya ven todo lo que puede aprender un periodista en Davos. Al final, a uno le sale una reflexión muy vulgar. “Las vueltas que da la vida”.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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