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Tras la sentencia de Noos, ¿la justicia española es buena, regular o mala?

18 febrero 2017 - 1:42 - Autor:

He estado viendo en las redes sociales los comentarios sobre la sentencia del caso Nos que exculpa a la infanta y condena a su marido a seis años de cárcel. Muchos comentarios se reían de que no le movieran un pelo a la infanta. Otro comparaban la sentencia de seis años con los 6 años que te pueden caer si empujas a un policía.

En general, da la impresión de que muchos españoles piensan que la Justicia es un cachondeo.

No lo creo.

Un día antes, el Supremo obligaba al BBVA a devolver todas las hipotecas con cláusulas suelo, siendo la primera sentencia que aplica a su vez la sentencia del Tribunal de Justicia europeo que obligaba a los bancos españoles a hacer eso. Y justo en el mismo día del Caso Noos, el Constitucional español anulaba el impuesto sobre la plusvalía municipal que imponía cargas aunque no hubiera beneficio en una operación económica.

Podría seguir dando casos como la sentencia reciente del Tribunal Superior de Justicia de Valencia sobre la Gürtel, cuyos acusados han sufrido sentencias de cárcel de 12 y 13 años.

Tenemos pues a diferentes tribunales  –provinciales, nacional y hasta el Constitucional–, que han dictado sentencias, demostrando que da igual si eres un político, un empresario o el marido de la infanta. Los que obran mal son condenados.

Se puede discutir si algunas sentencias han sido benévolas, pero lo que creo que han hecho en la mayoría de los casos es demostrar que la Justicia es igual para todos, o se le acerca bastante. Desde luego no es un cachondeo.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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