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Por qué no entendemos lo que ha pasado en Turquía al preferir a un dictador

17 abril 2017 - 11:42 - Autor:

(Ataques terroristas desde 1970. Turquía es uno de los más afectados. Global Terrorism Database)

Los romanos tenían por costumbre otorgar poderes absolutos a un general o un senador para afrontar un desafío mayúsculo. Convertían a una persona en dictador, para afrontar una invasión extranjera, pero lo hacían por un tiempo limitado: el que pensaban que tardaría en resolver ese problema.

Los turcos parece que han hecho lo mismo. Pero solo la primera parte. Han dado poderes absolutos a su presidente, Erdogan, para resolver un montón de desafíos verdaderamente cruciales: evitar otro golpe de estado como el que sufrió el año pasado; mantener el crecimiento económico; combatir el terrorismo, que cada mes sega la vida de decenas de personas; combatir a la guerrilla kurda, que también comete atentados terroristas; manejar la inmigración de sirios, que ya ocupan campamento en la frontera de Turquía con millones de personas; vigilar la guerra en Siria, su vecina, donde han muerto 300.000 personas; controlar la frontera con Irak, donde se desarrolla una guerra contra el ISIS… (El mapa de arriba es de Global Terrorism Database).

Pero no han hecho tan bien la segunda parte pues le dan el poder de permanecer allí hasta el año 2029, y hacerlo casi sin contrapesos políticos. Erdogan puede aprobar leyes y actuar sin contar con el Parlamento.

Desde Europa, esto ha sido visto como un escándalo. Va contra las leyes de la democracia, pues convierten a un presidente en un autócrata, en un dictador. Pero uno de los problemas de las democracias desarrolladas es que piensan que esta fórmula debería funcionar de igual manera en todos los países.

Si uno mira el desarrollo de los acontecimientos en los países árabes desde 2011, se da cuenta de que han tumbado regímenes autocráticos y dictatoriales como en Túnez y en Libia, lo cual debería haber dado lugar a mayores libertades democráticas. Pero no ha sido así. Se ha instalado la inestabilidad porque los árabes no han sido capaces de gestionar su propia democracia. Irak, Túnez, Libia, Egipto…

La primavera árabe llegó a Siria, con manifestaciones contra Bashar Al Assad, un autócrata, pero ha dado lugar a la peor guerra que se recuerda en muchos años. Lo mismo cuando EEUU destronó a Sadam Hussein. Desde entonces Irak vive en guerra permanente.

Desde 1920, Turquía ha luchado por convertirse en una democracia occidental. El general Ataturk puso las bases de un estado laico, republicano, con elecciones y poderes separados. Turquía empezó a entrar en insinuaciones como la OTAN y hasta llamar a la puerta de la Unión Europea, para convertirse en un estado miembro. Hasta hace pocos años las cosas han ido bien. Pero luego las cosas se complicaron: penetración del islamismo radical, atentados, inestabilidad económica, guerras en las fronteras, flujo de refugiados…

Imaginen que todo eso pasa en España. ¿Cómo lo gestionaríamos?

Lo sorprendente de todo esto es que, a ojos de los analistas occidentales, es como si los turcos quisieran que el presidente les apretara más el yugo. Porque una de las ideas de Erdogan es apretar el cerrojo a la prensa, cosa que ya ha hecho encarcelando a periodistas, limitar la libertad de expresión y controlando los medios de comunicación, y también aplastando a los opositores.

En Turquía hay 40.000 presos políticos entre los cuales están 150 periodistas. Las consignas de Erdogan durante la campaña han sido “Policía, Justicia y Administración”, cosa que ha convencido a los turcos a pesar de que el 90% de los medios están controlados y le hacen la pelota. Los opositores están principalmente en las grandes ciudades turcas, y denuncian que en las elecciones ha habido manipulación.

Y aún así los turcos han dicho como los romanos: “Queremos un dictador”.

Hasta cierto punto, ha sido un acto de sinceridad. Como si los turcos se hubieran dado cuenta de que los paises musulmanes fueran incapaces de tragarse el brebaje de la democracia. Como si prefirieran las consecuencias de tener un autócrata duro, pero que resuelva los problemas más acuciantes, a las consecuencias un demócrata liberal que no sepa gobernar, o que tenga que negociar para mandar.

Y a Europa, ¿qué le interesa?

Lo ideal sería un gobierno democrático con partidos políticos que se turnan cada cuatro años, y que tenga una economía y una sociedad estable que se desarrolle hasta los estándares occidentales. Lo ideal, claro.

Pero los turcos no lo han visto así.  Los problemas se nos han ido acumulando, de modo que ha llegado un punto en que el pueblo, hastiado, elige una solución radical difícil de entender. Quieren en el poder a alguien con determinación para resolver los males del país. ¿Les criticamos? Pues es lo mismo que han hecho los norteamericanos con Trump. Y por el camino que vamos, parece que es lo que desean también los franceses con Marine Le Pen.

La prensa alemana es la que en teoría debería presentar los mejores análisis porque en ese país vive la mayor comunidad turca de Europa: tres millones. Pues bien, Der Spiegel estaba boquiabierto, no solo porque como reza su titular, “es el fin de la república turca”, sino porque el 63% de los turcos que viven en Alemania (una democracia con todas las garantías), han votado por Erdogan e incluso han salido a las calles de Berlín con banderas turcas para celebrar la autocracia.

“No se trata de aquí de que se pretenda hacer una reforma de la Constitución, como sostiene el gobierno turco. Sino más bien de una revolución o un putsch (un golpe), que pone a Turquía y a la democracia en manos de un solo hombre”, decía un analista de este medio alemán asombrado.

Una de dos: o no lo han entendido los turcos, o no lo hemos entendido nosotros.

El gran riesgo es que Erdogan se crea que está ungido por un poder celestial y que al final no sea capaz de controlarse a sí mismo. Cuando anulas a la oposición y a los contrapesos, entonces te podría pasar lo mismo que pasó en Venezuela con Hugo Chávez. Que la oposición se enfurece y se radicaliza, y que el presidente omnímodo también.

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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