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Autónomos: la nueva clase de trabajadores que debe afrontar la Era Glacial

27 junio 2017 - 21:53 - Autor:

De los muchos templos que cayeron durante la crisis, uno de ellos fue “el trabajo de por vida”. Para sobrevivir, muchos trabajadores en paro han tenido que reconvertirse en autónomos. Eso ha supuesto para ellos un cambio psicológico radical. Hasta ahora habían vivido de un salario.

Muchos autónomos sueñan aún con que su situación es temporal, hasta que la economía crezca de nuevo y las empresas se animen a hacer contratos fijos. Pero no. Los empresarios prefieren contratar… autónomos.

De modo que los autónomos se están convirtiendo en una nueva clase de trabajadores, y además deben afrontar la nueva Era Glacial.

Esta era está caracterizada por la velocidad y el impacto de los cambios tecnológicos. Una nueva aplicación o tecnología les puede dejar sin trabajo en un par de años. Hablo de Uber y los taxistas. Pero eso se puede extender a muchos sectores.

En esta nueva Era Glacial los autónomos serán una especie en crecimiento. Pero, como los animales de la película de dibujos animados, tendrán que afrontar permanentemente muchos desafíos: los que no se adapten a las nuevas tecnologías, desaparecerán en el camino.

Por un lado, disfrutarán de los placeres de la autonomía: ellos son sus propios jefes, de modo que ya no sufrirán a los jefes tóxicos. Pero por otro lado, tendrán altibajos en los ingresos –amenazas imprevistas–, y echarán de menos aquellos viejos tiempos en que siempre llegaba el salario a fin de mes.

Serán las dos caras de un nuevo tipo de trabajador. Es la imagen de la nueva era.

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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