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Nicolás Maduro teme acabar como Gadafi: siendo linchado por las masas

28 junio 2017 - 21:10 - Autor:

El presidente de Venezuela viene denunciando desde que llegó al cargo que hay operaciones para derrocarle: Estados Unidos, la CIA, España, la oposición, militares, e incluso chavistas que no le quieren.

Tiene razón en una cosa: todos esos países, instituciones y personas tienen ganas de hacerlo, pero que lo hayan intentado de veras es otra cosa. Sin embargo, a Maduro le viene de perlas cualquier conspiración como la del policía que agarró un helicóptero y se puso a lanzar balas y granadas contra el Tribunal Supremo.

Esos actos de rebelión acercan a Maduro más y más a decretar el estado de sitio, cerrar el país y dedicarse a suprimir a sus enemigos. La dictadura más absoluta.

Maduro también sabe que, a medida que se acerque el 30 de julio, las cosas se irán poniendo peor. Esa es la fecha programada para celebrar unas elecciones para designar a la nueva Asamblea, una asamblea que tendrá el poder de escribir otra Constitución. Una asamblea prostituida porque el sistema de elección es todo menos libre. Esa Asamblea será controlada por Maduro. Cuando se forme, suprimirá a la actual asamblea,  y Maduro podrá gobernar como le de la gana.

Pero hasta entonces, todo puede pasar: rebelión de militares, de policías, de la Guardia Nacional, de mandos intermedios, rebelión popular en gran escala, asalto al palacio de Miraflores, asalto al cuartel donde vive Maduro…. De hecho, el policía que se rebeló hace poco insinuó que había que entrar en el fuerte Tiuna, que es el cuartel de Maduro.

¿Qué ha pasado en casos parecidos? Algo muy feo: una de las posibilidades es que Maduro acabe como Gadafi. El dictador libio huyó de su jaima presidencial en Tripoli, y fue capturado por un grupo de rebeldes a las afueras de Sirte, su ciudad natal. Las imágenes que tenemos de aquello son muy duras. Primero se le ve con vida, atontado por los golpes. Luego, muerto de un tiro en la cabeza.

No hay que ser un gran asesor en comunicación, para susurrarle a Maduro que a medida que se aferre de forma más dictatorial al poder, su fin puede ser más dramático. Cualquier dictador del mundo en esta tesitura, estaría sufriendo constantes ataques de pánico persecutorio. No se fiaría de nadie.

Me imagino sus 24 horas: nadie con armas puede acceder a sus recintos; revisión de la comida; vigilancia de las personas más cercanas por parte de los servicios secretos (cubanos); planes de evacuación; simulaciones; revisión de posibles lugares donde puedan atentar; vigilancia permanente de techos de casas adyacentes a sus mitines; cambio permanente de planes; cambio de vehículos…

Es lo que vemos en las películas, pero que es muy real. Maduro es ahora uno de los mayores dictadores del mundo. El pueblo está cada vez más exaltado. Han muerto más de 70 personas en los últimos meses. Hay más de 3.000 detenidos, la inmensa mayoría jóvenes. Hay manifestaciones cada vez más violentas contra el presidente. La situación es tan caótica que hasta la Asamblea ha sido asaltada por parte de militares y de colectivos , y han golpeado a los diputados elegidos democráticamente por el pueblo.

Cada hora, la situación es peor, a lo que se añade que el país se está quedando sin recursos alimentarios, y sin gasolina: se cierran empresas y, como informaba El Nacional, ni siquiera va a haber buenas cosechas este año porque no hay divisas para comprar semillas.

La Libia de Gadafi estaba mejor que Venezuela en estos momentos. De modo que Maduro hace bien en temer un final parecido al de Gadafi.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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