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De nada vale el diálogo mientras los ‘comisarios ideológicos’ controlen las escuelas catalanas

11 Octubre 2017 - 23:53 - Autor:

Rajoy quiere dialogar. Puigdemont quiere dialogar. 

 

En principio, parece que los dos pueden sentarse a negociar. Pero hay algo que no han mencionado y que es el meollo de la cuestión. Muchas escuelas y universidades catalanas están controladas por los comisarios ideológicos del independentismo radical. Mientras esos comisarios sigan ahí, el problema no solo no se resolverá sino que va a acrecentarse en los próximos años.

Los testimonios recogidos por padres y madres en esas escuelas son terroríficos. Están comiéndole el coco a los niños hasta el punto de utilizar el acoso contra los propios niños. Los maestros se cortan un pelo. Las clases se han convertido en centros de adoctrinamiento. 

Una generación más y ya no será el 35% de la población  catalana la que se manifieste a favor del independentismo. Será más del 50% y las encuestas y las elecciones darán un giro definitivo. El odio a lo español se irá tejiendo poco a poco hasta convertirse en asco.

Eso sin contar con el adoctrinamiento de otros comisarios ideológicos en los medios de comunicación públicos catalanes, donde copian el modelo de la televisión controlada por Nicolás Maduro en Venezuela.

Mientras no se neutralice a esos comisarios, la situación solo se resolverá parcialmente. Ese debería ser uno de las cuestiones del diálogo, pero todo tiene pinta de que va a acabar en retoques administrativos y financieros, pero no en el más importante: las ideas. Quien controla las ideas, controla el sistema.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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