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El periodista gallego que conoció en persona al emperador de Japón

16 agosto 2016 - 8:28 - Autor:

El emperador Akihito de Japón ha insinuado que puede abdicar. Ha sido noticia en todo el mundo. Primero porque es una conmoción en un país donde se le venera como una figura casi celestial. De hecho, la palabra tenno, que nosotros traducimos como emperador, significa ‘soberano celestial’. Y segundo, porque este hombre solo se ha dirigido dos veces a sus súbditos por televisión.

Debido a ese trato magnifico, muy pocas personas pueden acceder al emperador de Japón. Tradicionalmente son casi inaccesibles.

El padre de Akihito fue el famoso emperador Hirohito, en quien descansa el peso de la entrada en combate de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Alrededor de Hirohito hay una de las historias más desconocidas y llamativas del periodismo español. Resultó que durante la guerra mundial, los servicios de inteligencia japoneses trataban de obtener información precisa sobre lo que estaba pasando en Europa, ese continente remoto. Por un lado, la obtenían de sus aliados, los alemanes, y por otro, de sus propios medios.

El problema era que ambas fuentes no eran muy fiables. Durante las guerras, la prensa se convierte en una de las primeras víctimas. Los gobiernos manipulan las noticias apoyándose en cuestiones de defensa nacional.

Para obtener una información fiable, los servicios secretos japoneses se fijaron en los periodistas de países neutrales, que a su vez tenían gran capacidad de análisis y buenas fuentes de información.

Y así encontraron unos despachos que se publicaban en el diario La Vanguardia firmados por su corresponsal en Londres. Se llamaba Augusto Assía, pseudónimo de Felipe Fernández Armesto.

Este periodista había nacido en La Mezquita, en Orense, en mayo de 1904. Escribió de joven en El Pueblo Gallego, y luego fue a Paris en 1927. Al año siguiente viajó a Berlín, a estudiar gracias a una beca. Empezó sus colaboraciones con La Vanguardia por esas fechas.

Em 1933 el gobierno de Hitler llegó al poder, y Assía abandonó el país, en teoría expulsado por Goebbels. Cubrió la Guerra Civil desde el lado de Franco y al terminar la contienda viajó a Londres, donde se convirtió en corresponsal de La Vanguardia.

Desde que estalló  la Segunda Guerra Mundial, Assía creyó en la victoria de los aliados. Enviaba crónicas llenas de datos y razonamientos, sin saber que los servicios secretos japoneses lo leían diariamente, y que pasaban un informe al emperador Hirohito.

Al terminar la guerra, Assía decidió dar una vuelta al mundo. Cuando pernoctó en Japón recibió un mensaje del mismo emperador. Lo quería ver.

Assía, desconcertado, fue a cumplir su deber, y fue entonces cuando el emperador le dijo que leía sus crónicas todos los días, y que era el analista más acertado de todos los que leía durante la guerra.

Pocas veces un periodista había tenido acceso al emperador. En este caso le tocó a un periodista gallego.

Assía volvió a España y estuvo escribiendo libros de memorias, entre  ellos uno titulado Mi viaje por el mundo, donde cuenta su encuentro con Hirohito. Siguió escribiendo para la prensa.

En 1967 el periódico gallego para el que escribía Assia recibió una fuerte multa del ministro Fraga Iribarne por publicar un artículo en gallego pidiendo la equiparación del gallego al castellano. Era un artículo de Assía.

Falleció en 2002 en Xanceda, La Coruña, en una hacienda que había comprado.

Uno de sus hijos es el historiador Felipe Fernández Armesto. El otro es Juan Fernández Armesto, abogado, y ex presidente de la CNMV.

 

Las rutinas que un emprendedor debe copiar de los atletas olímpicos

15 agosto 2016 - 9:04 - Autor:

La mayoría de las empresas de nueva creación fracasa antes de los tres años. En mi opinión, los nuevos emprendedores cometen muchos errores. Si se fijaran un poco en los atletas olímpicos fracasarían menos.

1. Crea una rutina diaria y no la abandones. En el mundo de los negocios eso se traduce en tener un método, organizarse bien y persistir para lograr un objetivo.

2. Identifica tus errores y corrígelos. Tienes que analizar cada día qué es lo que estás haciendo mal. No caigas en la autocomplacencia.

3. Los primeros frutos tardan en llegar. No empezarás a ganar dinero ni al primero ni al segundo año, con lo cual prepara un colchón para sobrevivir.

4. No hay vacaciones. Igual que un atleta entrena diariamente, en los fines de semana y en vacaciones, a ti te pasará lo mismo.

5. Imponte una estricta dieta. En tu caso no es comida sino dinero. Ahora todo lo que puedas, no gastes en cosas superfluas y trata de pedir poco a los bancos.

6. No hagas mucho caso a los elogios. Mucha gente te felicitará al conocer tus primeros triunfos pero si te dejas dormir en los laureles, otros te sobrepasarán.

7. Lo que haces, lo están haciendo miles como tú. Tu producto o servicio no es único: seguramente se le ha ocurrido a otro de modo que tienes que hacerlo mejor que ellos para triunfar. Analízalos.

8. Anima a tu equipo cuando las cosas vayan mal. Atravesarás momentos en los que la moral del equipo será baja, pero aprende a animarles y a sobresalir. Y no te olvides de animarte a ti mismo.

9. Resiste el dolor. Pérdidas, contratiempos, frustraciones, crisis, falta de fondos, competencia desleal… Tienes que ser más duro que todo eso.

10. Usa todo el saber y la tecnología. Los deportistas emplean desde la moderna informática hasta viejas terapias chinas como la de las ventosas en la piel de Phelps. Haz lo mismo: emplea el tratamiento de datos masivos, analítica, estudios de mercado, técnicas de captación de clientes o meditación zen… Pon todo a tu servicio.

 

Imaginen un país donde el salario mínimo sube un 50%: ¿paraíso o infierno?

14 agosto 2016 - 9:30 - Autor:

 

Nicolás Maduro acaba de  subir el salario mínimo de los trabajadores venezolanos un 50%.

Es la tercera vez que lo sube. Maduro además subió un 128,5% el bono de alimentación, de modo que los trabajadores venezolanos deberían estar felices.

Cuando se suben los salarios mínimos y los bonos de esa forma es que la economía se está colapsando. ¿Cómo es posible?

Hasta un economista recién graduado sabe que el mayor enemigo de un país es la inflación. Lo fue en la Alemania de Weimar, lo ha sido en Zimbabue y ahora en Venezuela.

La inflación anualizada en Venezuela es de más del 400%. Según el FMI es del 700%.

De modo que la subida que ha decretado Maduro en realidad está por debajo de la inflación. Con subir los salarios mínimos Maduro no arregla nada porque el problema de Venezuela es que se ha desmoronado la confianza en la economía y en la moneda. La prueba es que Maduro ha venido subiendo el salario mínimo todos los años. Los empresarios suben los salarios varias veces al año. Pero la inflación crece más.

¿Cómo empezó todo? Con las nacionalizaciones. La producción industrial cayó en picado porque los funcionarios no sabían gestionar empresas. No hay carne, ni leche, nu huevos porque no se produce suficiente carne, leche o huevos. Y la que llega a los mercados, cae en manos de especuladores que la suben de precio para ganar más. ¿Y quién especula? Gente del pueblo que gana más haciendo estraperlo que trabajando de peón.

El culpable de lo que pasa en Venezuela no es la CIA, ni los empresarios, ni la oposición. NI siquiera los especuladores. Es el gobierno chavista, que hace años puso en marcha su revolución económica. Y ha fracasado.

 

 

El síndrome del Muro de Berlín sigue existiendo entre muchos nostálgicos

13 agosto 2016 - 9:00 - Autor:

Una mujer sufre un infarto poco antes de que caiga el Muro de Berlín. Cuando despierta, el médico recomienda a los hijos no causarle muchos sustos. La mujer es furiosa militante del Partido Comunista y no sabe que la República Democrática de Alemania (la comunista) ha cambiado.

Para evitarle el susto de enfrentarse a la nueva Alemania, los hijos le recrean una realidad fantástica: por ejemplo, la mujer ve en TV que ha caído el Muro, y los hijos le dicen que millones de personas han roto el Muro de Berlín para entrar en la Alemania comunista. No al revés.

La mujer solo se entera de la realidad cuando sale de su casa y ve cómo un helicóptero lleva la estatua de Lenin a un almacén de desechos.

Es es el argumento de Good bye Lenin, una película alemana que describía bastante bien la irrealidad en la que vivía mucha gente en Europa.

Para mí, esa era la metáfora de los comunistas españoles de entonces. Pensaban que detrás del Muro, en la Europa comunista, se vivía de cine. Sufrían el síndrome del Muro de Berlín. O sea, el Muro no era para evitar que escaparan los ciudadanos que vivían en los países comunistas, sino para contener a los que queríamos entrar. Ya.

No querían ver la realidad hasta que en 1989  contemplaron por televisión a millones de personas celebrando el fin de aquellos infiernos.

¿Desapareció entonces el síndrome del Muro? Ni mucho menos. La izquierda europea lo sigue añorando a escondidas. Podemos está lleno de admiradores. Y así todos los partidos comunistas.

Hoy se cumple el aniversario de la construcción del Muro. Aquel 13 de agosto de 1961 se empezaron a poner en Berlín bloques y cementos, alambradas de espinos, cercas electrificadas, garitas con vigilantes y nidos de ametralladoras para evitar que la gente escapara hacia la libertad.

Yo presencié conversaciones en la universidad en los años setenta y ochenta de gente que nos trataban de convencer de que los sistemas en Occidente caerían por la fuerza de la gravedad histórica, y que la felicidad estaba detrás del Muro. Conocí también a personas de buen corazón que viajaron a la Alemania del Este para trabajar en verano y construir el socialismo marxista.

No les critico. Los seres humanos necesitamos ideologías y religiones. Cualquier antropólogo sabe eso. Pero debe llegar un momento de epifanía en el cual el ser humano debe poner en duda sus ideas si los hechos le están enviando mensajes alarmantes. Es el momento de la revelación.

A muchos aún no le ha llegado y siguen sufriendo el síndrome. Ahora es con Venezuela. Algunos todavía con Cuba.

Su problema es que no están contentos con su sistema de vida occidental. Lo entiendo. Yo critico muchas cosas y tengo muchas dudas.

Nuestros sistemas occidentales no tienen respuestas para todas las preguntas. Pero en el comunismo ni siquiera te dejaban preguntar. O peor, te impedían salir si el sistema te parecía repugnante.

 

Índice del Planeta Feliz: y el país que gana por goleada es… Costa Rica

12 agosto 2016 - 8:39 - Autor:

El World Economic Forum publicó hace unos días su Happy Planet Index. Es el Índice del Planeta Feliz. Consiste en multiplicar el Bienestar, con la Longevidad y la Igualdad, y dividirlo por la huella ecológica.

La idea no es solo establecer un índice de la felicidad, que ya hay muchos, sino relacionarlo con la sostenibilidad, es decir con el cariño por el planeta.

Y resulta que el país que tiene el índice más alto es Costa Rica. ¿Costa Rica? Como saben, este país centroaméricano es famoso porque hace muchos años decidieron abolir el ejército. Los costarricenses se sienten orgullosos de esa decisión, razón por la cual no han tenido ningún golpe de Estado desde entonces y encima se han ahorrado mucho dinero.

Está considerada como una de las democracias más estables del continente americano. Comparemos: el país que está al norte es Nicaragua el cual ha sufrido guerras y hasta una revolución. El país del sur, Panamá, ha tenido varios golpes de Estado y una invasión.

La prensa en Costa Rica goza de una enorme libertad según Reporteros sin Fronteras.  Es un país que pretende reducir sus emisiones de carbono drásticamente y se ha puesto como fecha el 2021. Es el más longevo de latinoamérica y uno de los más seguros. Gana en muchos índice mundiales de calidad de vida.

Costa Rica vive del turismo. También exporta banana, café, azúcar y sobre todo cacao. Es un país exuberante y húmedo, y lo recordarán porque allí se han rodado películas famosas como La costa de los mosquitos (con Harrison Ford), y 1492, la película de Ridley Scott sobre la conquista española.

Los costarricenses hablan un español sin pronunciar bien la ‘r’. Como los chilenos, la pronuncian muy suavemente, como un ronroneo.

Muchos españoles, cuando oyen todas estas cualidades de Costa Rica, se sienten como los nuevos conquistadores y piensan viajar, conseguir empleos y pasarlo bien en poco tiempo. No es tan fácil. Costa Rica tiene un paro equivalente al 10% de la población activa, y según la ley, los extranjeros solo pueden conseguir permisos de trabajo en aquellas labores que no puedan ser realizadas por un costarricense. Pero se puede conseguir empleo en el sector turístico, cosa en la que los españoles son una potencia. O bien, invertir allí para abrir un chiringuito.

Para los que quieran información está esta página llamada justlanded. 

(Esta información me llegó vía Gustavo Rivero)

 

¿Qué es lo que más falla en la mayor industria turística española? El trato

11 agosto 2016 - 10:37 - Autor:

España es la tercera potencia turística mundial. Y encima es el país con más bares y restaurantes por metro cuadrado, según la consultora Nielsen.

Pero para ser un país tan turístico, hay un alto porcentaje de camareros que nos tratan mal. No sé cuál es ese porcentaje exacto ni si se da igualmente en todas las comunidades, pero cualquier que esté leyendo esto sabe de lo que hablo. Muchos camareros, demasiados, no saben tratar al público.

Ya sé que el trabajo de camarero es muy laborioso y agotador. Tratar a cientos de personas cada día que quieren que les trates como a reyes, es algo que desgasta. Te deja psicológicamente agotado. Ya sé que el cliente español es muy desordenado pidiendo las cosas, porque en vez de hacerlo todo a la vez, lo va pidiendo poco a poco, lo cual incrementa el trabajo de los camareros. Ya sé que muchas veces se debe a que el patrón tiene menos camareros de los que necesita. Y también sé que cada verano, el sector se nutre de personal temporal que lo hace para ganarse unos euros y que no es experto.

Hace poco fui a una cafetería a desayunar y la chica estaba de mal humor. Estaba sola y el sitio repleto. Me dio miedo preguntar por la clave del wi fi.

Quitando esos casos, sigo viendo desde tiempos inmemoriales que el trato es el gran defecto del servicio en España. Incluso en restaurantes con mucho personal, o en restaurantes que no están a rebosar.

Yo, como todos, tengo muchas historias que contar. Para empezar, los idiomas. Una vez vi a unos clientes italianos tratando de descifrar la carta. Pero el camarero, en lugar de ayudarles, les dijo: “Aquí no se habla italiano”. Por supuesto que no se habla. Pero ellos solo pedían un poco de ayuda.

A mí me pasó que me sirvieron unos calamares que sabían a amoniaco. Eso es signo de que están pasados, casi descompuestos. Se lo devolví diciendo que olían mal, y vino el chef a recriminarme que otros clientes se lo habían comido hasta el final. En lugar de revisar si algo había fallado en el suply chain (la cadena de suministros), me recriminó mi postura.

Una de las cosas que me pone más nervioso es ver a un grupo de camareros de espaldas al público y hablando. Otra de las cosas que no entiendo es por que tardan más en cobrar que en servir las comidas. ¿Es que trabajan gratis?

Otra de las cosas que me altera es cuando se ponen a arrimar las mesas y las sillas. Parecen Godzilla destrozando Tokio.

Me encantan en cambio los que siempre tienen una sonrisa y resisten la presión. Cerca de mi casa hay una chica que se hace muchos kilómetros al día entrando y saliendo del restaurante a servir en las terrazas. Tiene una memoria infatigable y atiende a todos los que levantamos la mano. No es de esas personas que a pesar de que levantes las manos, te ignora. Defecto típico del camarero.

Y conozco a otro que siempre está de buen humor y nos contagia a todos. La sonrisa es el mejor medio de comunicación porque aplaca hasta a los clientes más furiosos.

Para bendición de los restaurantes, los programas de cocina y master chefs han hecho que mejore mucho la calidad y que sean cada vez más originales. Pero, ¿no se les ocurre que entre ese plato y la mesa hay una persona que también debe ser entrenada?

Una inmensa cantidad de estudiantes de las escuelas de negocios quieran montar un restaurante o un bar. Bueno, no es alta tecnología pero en este país puede ser un buen negocio. El problema es que piensan en todos los detalles excepto uno: entrenar a los camareros.

 

 

 

¿Y si aplicásemos las técnicas olímpicas a nuestros jóvenes en las empresas?

10 agosto 2016 - 0:39 - Autor:

Cuando vemos los atletas olímpicos llegar al podio a todos se nos pasa lo mismo por la cabeza: cómo han sufrido para estar allí. Entrenamientos, esfuerzo físico, voluntad, dietas, largas rutinas…

Por supuesto, pero también esos atletas han tenido algo que la mayor parte de nosotros no tenemos: un entrenador personal, unas instalaciones, un equipo de técnicos… Personas que les han seleccionado dentro de un grupo, que se han fijado en ellos, y que les han sacado todas sus cualidades, incluso las que no pensaban que tendrían. Personas que les han impuesto una rutina, y que les han llevado al límite.

Imaginen lo que supondría aplicar las técnicas del deporte a los jóvenes que empiezan a trabajar en una empresa. Primero, que alguien se fijara en su talento. Todos los jóvenes tienen unas aspiraciones más o menos claras, pero a veces no saben si su verdadero talento está bien orientado. ¿Y si alguien se diera cuenta de su verdadero talento y les pusiera en el puesto que se merecen?

¿Y si alguien les empezara a formar con paciencia? ¿Y si alguien les fuera empujando poco a poco a metas más exigentes para que dieran todo lo que tienen dentro?

A veces sucede por carambola. Un joven tiene que sustituir a alguien que se va y de repente empieza a despegar. Otras veces, las menos, un jefe se fija en algún detalle y lo pone a prueba.

Eso se llama ‘dar una oportunidad’.

Con la escasa movilidad en los puestos de trabajo, y la crisis, muchos jóvenes se queman cumpliendo rutinas estúpidas y malgastando su talento. Imaginen lo que sentiría ese joven si, como le ha pasado a un atleta olímpico, una persona hace de entrenador personal. Primero, le enseña, es decir, le trasmite su conocimiento. Luego, le orienta y corrige sus defectos. Luego le perfecciona con trabajos que ponen a prueba su calidad. En todo momento, le motiva en los decaídas y pone los medios para que progrese. Y por último le da un empujón para que se tire a la piscina.

El entrenamiento de Mireia Belmonte, por ejemplo, ha sido todo eso. Según un reportaje de El Mundo, la nadadora estuvo preparándose en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada a más de 2.000 metros de altitud. Su entrenador Fred Vergnoux y un equipo de especialistas en biomecánica le estuvieron afinando durante meses varios aspectos de su estilo:  el viraje, el nado subacuático, el batido de piernas y la apnea final.

Uno de los ejercicios consistía en atarle con una goma al poyete de la piscina y obligarla a nadar contra esa tensión. Otro en hacerla nadar varios metros sin tomar aire, como los nadadores que se sumergen decenas de metros en el mar, la apnea. Y hasta hizo ejercicios para realizar un nado tan perfecto en línea recta, para así reducir la resistencia al agua, que es una de las técnicas más difíciles.

Todo eso y el sacrificio de Mireia le permitieron hacer el sprint final, superar a la nadadora que iba en tercera posición y ganar el bronce. Fue nuestra primera medalla en estos Juegos.

Ahora imaginemos que pudiéramos trasladar todo eso a la empresa. Lo primero que se nos ocurre es que es un gasto enorme, pues tales cosas solo se pueden hacer con gente escogida. Vale. Pero no hace falta montar un centro de alto rendimiento en las empresas, sino animar a los jefes, a los tutores y a los veteranos a ayudar a los jóvenes y a descubrir y poner en marcha su talento.

Estoy seguro de que el rendimiento de la inmensa mayoría de los jóvenes mejoraría. Sorprendería. Y se sentirían mucho más realizados que si les subieran el sueldo. Claro que, al final, habría que subirles el sueldo si superan las expectativas, ¿no?

Creo que sin necesidad de gastar mucho dinero, se puede mejorar el rendimiento de los jóvenes en los empleos. Solo hay que darles una oportunidad. A mí me la dieron hace muchos años, y aquello cambió mi vida. Los jóvenes de ahora también se la merecen.

 

 

Las ideas más chocantes de Gustavo Bueno, el pensador inesperado

9 agosto 2016 - 9:00 - Autor:

Me hubiera gustado conocer a Gustavo Bueno, el filósofo riojano que acaba de fallecer. Sobre todo porque era un pensador inesperado. Un marxista cuyas ideas serían aborrecidas por los marxistas de hoy. Demócrata que atacaba a los demócratas. Republicano que prefería la monarquía. Españolista que detestaba a los nacionalismos y que abogaba por la pena de muerte.

El diario El Comercio de Gijón ha desplegado varias páginas de su edición del lunes para expresar el pensamiento de Bueno. Voy a hacer una recopilación de sus mejores frases.

ETA. Hay que “eliminar a los terroristas de ETA como las alimañas que son”.

Pena de muerte. “A quien mata a 200 niños hay que darle la pena de muerte sobre la marcha” (a propósito de la matanza perpretada por terroristas en una escuela de Rusia).

Islam. “No creo que todos los musulmanes sean terroristas, pero muchos sí”.

La II República. “La II República fue, en realidad, un golpe de estado”.

Aborto. “Las mujeres que abortan deberían ser multadas por negligencia”. Calificó a la ley de plazos de Zapatero como una ley “que puede convertirse en un nuevo método anticonceptivo”.

Dación en pago. “La dación en pago trastorna el fundamento de nuestra sociedad no comunista”.

Afectados por las preferentes. “¡Haber leído la letra pequeña!”.

TV. “Gran Hermano’ es un estudio de hombres como chimpancés”.

La Transición. “No fue más que una continuación del plan Marshall”.

Los nacionalismos. “Un peligro real para España”.

Estado federal. ”Si la república tiene que ser federal, me paso a la monarquía”.

Por estas opiniones, fue atacado por extremistas de izquierda y de derechas.

Gustavo Bueno nació en Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja, en 1924. Estudió Filosofía en Zaragoza y a los 24 años comenzó a trabajar de catedrático en un instituto femenino en Salamanca.

En 1960 obtuvo la cátedra de Historia de la Filosofía y los Sistemas Filosóficos en la Universidad de Oviedo. Allí estuvo hasta 1998. Marxista crítico, desarrolló un pensamiento llamado materialismo filosófico que consiste en deducir todo de la materia, sin invenciones ni creaciones fantasmales.

Uno de los puntos más importantes de este materialismo filosófico es la teoría del cierre categorial. Para explicarlo, hay que entender que una parte de la filosofía se dedica a estudiar cómo conocemos el mundo. ¿Vemos todos los mismos colores? ¿Cómo percibe la realidad un ciego? ¿Podemos conocer a Dios? ¿Nuestros sentidos nos engañan?

Conocemos la realidad por nuestros sentidos, y por nuestras observaciones y reflexiones. Es lo que hay. Las ciencias empíricas son observaciones, pero Bueno pensaba que no se debe depositar en las ciencias una verdad total que nos explique el mundo como podría ser una religión o los mitos legendarios griegos.

Las ciencias solo se dedican a inventar términos que se refieren a las cosas de la materia. Y ahí acaba todo. Se cierran o encierran en sí mismas. Su campo de conocimiento solo se mueve en las ciencias. Si decimos E=m.c2, que es la teoría de la relatividad de Einstein, no estamos revelando una realidad o una verdad cósmica sino solo una fórmula objetiva que se relaciona con el comportamiento de la materia.

Bueno murió en un hermoso pueblecito de Asturias cerca de Llanes: Niembro. Su mujer había fallecido dos días antes.

Riqueza, geografía y clima: por qué unos países crecen y otros no

8 agosto 2016 - 8:50 - Autor:

El naturalista nortemericano Jared Diamond fue invitado en 2014 a impartir una serie de charlas en una universidad italiana sobre la relación entre riqueza, geografía y clima. En 2016 esas charlas se convirtieron en un libro que la editorial Debate trasladó al español con el título de Sociedades comparadas.

¿Por qué algunos países prosperan y otros no? ¿Se debe a cuestiones políticas o geográficas? ¿Es bueno tener recursos naturales?

Diamond, célebre por escribir hace tiempo Armas, gérmenes y acero y otro muy catastrofista llamado Colapso, es geógrafo y por lo tanto cree que gran parte de las diferencias son geográficas. Dice por ejemplo, que las latitudes tropicales suelen traer consigo un retraso económico mientras que las zonas templadas son mejores para el desarrollo económico.

Esa afirmación choca a cualquiera pues pensamos que con su exuberantes selvas llenas de animales y de frutos permanentes, con sus lluvias incansables y su clima cálido, los trópicos deberían ser la cuna de la riqueza agrícola. Pero no. Y he aquí por qué: no son suelos tan fértiles porque las hojas muertas y ramas que caen no se descomponen lentamente como pasa en España, sino que se pudren rápidamente por las altas temperaturas y los microorganismos las desmenuzan, y encima los aguaceros se llevan los restos al poco tiempo. En resumen, el subsuelo no tiene tiempo para nutrirse de modo que no se puede cosechar mucho.

Peor aún, los climas tropicales, no solo son exuberantes en flora y fauna sino también en protozoos, patógenos, insectos y moho que transmiten enfermedades y diezman a la población. Las enfermedades tropicales no son un souvenir. Encima no son como el sarampión que tras padecerlo uno se inmuniza para toda la vida. Las enfermedades tropicales vuelven en cosechas terribles y cuando pasan, dejan a la población muy débil durante años. Europa, con sus inviernos gélidos, mata a casi todos esos bichos.

Diamond además habla de que una de las grandes calamidades de los países pobres es su riqueza. Parece una contradicción. Dice que al tener grandes recursos naturales como petróleo, países como Nigeria se dedican a gastarlo todo y no se esfuerzan en mejorar su situación. Pone como ejemplo la colonización de América: los españoles se encontraron mano de obra en masa y barata. Los anglosajones no, de modo que tuvieron que esforzarse más en sobresalir.

Por último, Diamond añade que las sociedades agrícolas de hace 12.000 años permitieron el desarrollo de instituciones como la organización del Estado y eso creó la civilización. Y que tener salida al mar es casi una de las condiciones del desarrollo porque permite transportes más baratos.

Desde mi punto de vista, Diamond es ocurrente y da mucho que pensar. Pero creo que las diferencias entre países no solo son cuestiones geográficas o climáticas. Suiza es un país muy rico y no tiene salida al mar. En sus montañas no se puede cultivar mucho. Los inuit o los lapones viven en climas congelados y sin recursos, pero no son muy ricos que digamos.

Y los noruegos tienen petróleo desde hace 50 años pero en lugar de gastarlo como Venezuela o Nigeria, decidieron administrarlo porque sabían que un día se iba a acabar y ahora son el país con los mejores índices de vida del mundo y encima el país con más coches eléctricos.

Es decir, es muy difícil extraer algunas reglas de oro de por qué unos países o pueblos han prosperado y otros no. ¿Situación geográfica? ¿Mar? ¿Clima?

Creo que todo eso tiene mucho que ver y, de hecho, las civilizaciones nacieron en el llamado Creciente Fértil, donde se dieron las condiciones idóneas para cultivar grano y domesticar animales. Mesopotamia.

Pero también creo que hay que tener en cuenta la pasta de la que está hecha la gente. ¿Por qué unos se quedaron en sus tierras y otros salieron a buscarse un futuro mejor? Si es verdad que todos venimos de las llanuras africanas, ¿por qué unos acabaron en el Peloponeso y otros permanecieron en el Serengueti? ¿Por qué los japoneses sin recursos naturales han creado una superpotencia en una isla y los haitianos no?

 

 

Tsutomu Yamaguchi, el hombre que sobrevivió a dos bombas atómicas

7 agosto 2016 - 6:00 - Autor:

El 6 de agosto de 1945, Tsutomu Yamaguchi había terminado su visita de negocios en Hiroshima. Trabajaba para Industrias Pesadas Mitsubishi y había abandonado el hotel junto con dos compañeros de trabajo. De repente, recordó que se le había olvidado algo y volvió al hotel. Al salir, a las 8.15 de la mañana, escuchó los motores de un avión y miró al cierlo. Vio una bomba que caía sostenida de dos paracaídas. La bomba descendía suavemente pero sin oscilaciones.

Poco después, una tormenta de luz le lanzó hacia atrás y le reventaron los oídos. Quedó temporalmente ciego. Logró arrastrarse y encontrar un refugio antiaéreo. Pasó la noche y al día siguiente se trasladó a Nagasaki, donde vivía, para ser tratado en un hospital. Tenía el cuerpo lleno de quemaduras.

El día 9 se reincorporó al trabajo en Nagasaki. A las 11.00 estaba contándole a uno de sus jefes cómo una bomba atómica había dejado la ciudad de Hiroshima como una sartén abandonada al fuego, cuando un avión americano dejó caer una bomba atómica sobre Nagasaki. El centro de trabajo de Yamaguchi estaba a tres kilómetros de la Zona Cero, o punto de caída de Fat Man, el apodo de la bomba.

Todo quedó en ruinas pero Yamaguchi sobrevivió. Estuvo una semana con fiebre alta, y mantuvo las mismas vendas que le habían servido para las quemaduras de la primera bomba atómica.

Yamaguchi vivió muchos años. Fue traductor para los norteamericanos, se casó con otra sobreviviente de Nagasaki y tuvo dos hijas. Se hizo profesor y luego regresó a Mitsubishi para trabajar en el diseño de petroleros. Escribió un libro de memorias y otro de poemas. Pidió el fin de las bombas atómicas no solo su desolación sino porque destruyen la dignidad humana.

Murió hace seis años de cáncer de estómago. Tenía 93 años. Oficialmente está considerado como la única persona en Japón que ha sobrevivido a dos bombas atómicas, las dos mayores armas de destrucción masivas fabricadas y detonadas por el hombre. Nunca tanta gente  murió en tan poco tiempo. Fue hace 71 años. Dos días de agosto.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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