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Paul Krugman: “Esto es un desastre”

1 agosto 2011 - 8:55 - Autor:

“Esto es un desastre no solo para Obama y su partido. Va a hacer mucho daño a una economía que ya estaba deprimida”.

El premio  Nobel de Economía Paul Krugman escribe en el The New York Times un artículo donde critica a Obama por haber cedido en la negociación sobre las condiciones de la deuda.

El acuerdo al que llegaron a medianoche los republicanos y los demócratas, permite ampliar el techo de la deuda, pero Obama acepta recortes por 3 billones de dólares. Esos recortes, dice Krugman, empeorarán a largo plazo el déficit de EEUU porque no habrá más ingresos.

“Y lo peor es que, tras demostrarse que la cruda extorsión funciona y no supone ningún costo político [se refiere a la presión republicana], llevaremos a América por un largo camino hacia una república bananera”.

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Supongamos que EEUU deja de pagar facturas

29 julio 2011 - 12:00 - Autor:

Una locutora de televisión anunciaba hace poco lo siguiente: “Si Obama no logra aumentar el techo de la deuda antes del 2 de agosto, Estados Unidos podría caer en la bancarrota y los mercados se hundirían”. Parecía el fin del mundo. Algo parecido a esa secuencia de la película de “El Día Después”, cuando se desatan grandes catástrofes contra el planeta.

El guión de lo que se está negociando ahora en Estados Unidos quita el hipo pues se trata de enormes magnitudes: el estado tiene un nivel de endeudamiento de 14,29 billones de dólares. De billones con ‘b’. En inglés se diría $14,29 trillions. Y quiere aumentar esa deuda porque Obama dice que no le llega para fin de mes.

¿Deudas? Sí, las mismas que tiene cualquier país. Los estados soberanos necesitan dinero. Por eso emiten bonos del Tesoro y los venden por el planeta.  Y con ese dinero, pagan sus compromisos: el sistema de salud, a los parados, gastos militares… Pero, claro, lo malo de las deudas es que hay que devolverlas. Pagarlas, vamos.

Hasta ahora, para EEUU eso ha sido un juego de niños porque cuando necesitaba dinero, le daba a la maquinita: es decir, emitía bonos y el mundo entero se lo quitaba de las manos. Sobre todo los chinos. ¡Hay tanta confianza en ese país!

Lo urgente de la situación en EEUU es que este 2 de agosto vence el plazo por el cual los republicanos y los demócratas deben ponerse de acuerdo para subir o no el techo de gasto. Es decir, para ampliar la capacidad de endeudamiento de EEUU.

Los analistas afirman que se llegará a un acuerdo, pero si no se llega, ¿qué pasará?

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Un historiador recuerda que Alemania fue el país de las mayores bancarrotas del siglo XX

22 junio 2011 - 9:15 - Autor:

No hay nada como tener un historiador a mano para recordar nuestras contradicciones.

Albrecht Ritschl es profesor de Historia Económica en la London School of Economics. Hace poco fue entrevistado por Der Spiegel con motivo de la crisis de la deuda griega y de la intransigencia alemana. Y he aquí sus enseñanzas: Alemania fue el país con las mayores bancarrotas de Estado del siglo pasado y el peor deudor.

“Durante el siglo XX, Alemania fue responsable de las mayores quiebras de la historia reciente. Fue sólo gracias a los Estados Unidos, país que sacrificó una gran cantidad de dinero después de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania llegó a ser financieramente estable y hoy mantiene la condición de líder de Europa. Ese hecho, por desgracia, a menudo parece estar olvidado”.

El historiador explica que, al perder la Primera Guerra Mundial, Alemania tuvo que asumir las reparaciones e indeminizar a otros países. Eso se realizó en gran parte tomando prestado dinero de EEUU. Esta pirámide de crédito se derrumbó durante la crisis económica de 1931. El dinero había desaparecido, el daño a Estados Unidos fue enorme, el efecto sobre la economía mundial, devastadora”.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los países no quisieron repetir los errores de la Primera, y evitaron cargar a Alemania con deudas impagables. Y aquí viene la sorpresa, según Ritschl: “[Esa]  fue la base financiera real del milagro económico (que comenzó en la década de 1950). Pero también significó que las víctimas de la ocupación alemana en Europa tuvieron que renunciar a las reparaciones, incluyendo los griegos”.

En comparación con la deuda alemana de los años treinta, las deudas actuales de los griegos son “insignificantes“, dice el historiador. Añade que la deuda de Alemania en aquellos años era proporcionalmente tan elevada como toda la deuda generada en el mundo en la crisis de 2008. El peligro que ve Ritschl del caso griego es el contagio internacional. Pero en lo que se refiere a deuda, no vacila en decir: Alemania es el rey de la de la deuda. Ha sido el mayor transgresor de la deuda del siglo XX”.

Cuando la periodista le pregunta cuántas veces Alemania incumplió sus pagos en el siglo XX, el historiador responde que en tres ocasiones: en los años treinta, en 1953 (periodo en que EEUU le concedió incluso una reducción de deuda) y luego, sorpresa, en 1992. Fue entonces cuando Helmut Kohl pidió que se paralizaran los pagos de la deuda externa alemana porque tenían que comenzar la unificación de los dos territorios.

Una vez aprendidas estas lecciones históricas, Ritschl expone cuál puede ser la salida del caso griego. “Las quiebras de Alemania en el siglo pasado, muestran que lo más sensato ahora sería pensar en una reducción real de la deuda. Cualquier persona que ha prestado dinero a Grecia tendría que renunciar a una parte considerable de esa deuda”. Y termina: “Para Alemania, esto podría ser costoso, pero vamos a tener que pagar de cualquier manera. Por lo menos Grecia tendría entonces la oportunidad de empezar de nuevo”.

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(Mi Twitter @ojomagico)

La destrucción del sueño islandés (II parte): pagad vuestras deudas, terroristas

22 abril 2011 - 7:00 - Autor:

Geir Haarde se preparó para pronunciar la peor frase de su historia. “Estamos al borde de la bancarrota nacional”.
Para el primer ministro de un país tan rico como Islandia, esa frase era como el anuncio de que uno de sus volcanes iba a destruir la isla. Pero en este caso era un volcán financiero.
Era 6 de octubre de 2008.
Al día siguiente estalló ese volcán. Dos de los tres grandes bancos del país, el Glitnir y el Landsbanki fueron nacionalizados. Dos días después, cayó el tercero: Kaupthing también fue nacionalizado. El sistema financiero islandés estaba medio muerto.
¿Cómo era posible que este paraíso económico se hubiera hundido en tan poco tiempo?
La explicación estaba en sus atractivos tipos de interés.
Para cualquier inversor internacional, meter en dinero Islandia era un buen negocio: en 2000 y 2001 se podía obtener hasta un 10% de interés, cuando en Europa a duras penas te daban el 3%. (ver cuadro: el primero representa los tipos de interés comerciales en Islandia. El de más abajo, en España. Fuente IndexMundi).
Parecía un sistema Ponzi, como el empleado por Bernard Madoff: es decir, si alguien te ofrece mucho interés por tu dinero, es que huele a podrido. Pero cuando los inversores miraban a Islandia,  ¿quién iba a dudar de uno de los países con mejor nivel de vida del mundo? Además, estos nórdicos (pensaron muchos) son gente de palabra. La prueba definitiva era que las agencias de rating S&P, Fith y Moody’s calificaban a Islandia como país ultrafiable: triple A.
Por esa misma razón, las noticias de que el crédito mundial se estaba contrayendo desde mediados de 2007 eran interpretadas por los inversores del mundo como un mal puramente americano: Estados Unidos comenzaba a sufrir los excesos de sus ciudadanos. Eran ellos, no nosotros. La prensa mundial se divertía un montón con esa palabra inglesa llamada subprime para denominar las hipotecas basura.
Además, la subprime tenía una explicación tan sencilla…
Los tipos de interés habían comenzado a subir en EEUU en 2004. A partir de entonces, y como un goteo infernal, millones de familias norteamericanas de poca solvencia devolvieron las llaves de sus casas porque no podían pagar las cuotas. Eran los ninjas, no job, no income, no assets. Habían obtenido créditos fáciles para comprar sus casas, y ahora se veían sin dinero para seguir pagando. Las empresas hipotecarias que habían servido de intermediarias, se colapsaron. Los fondos que habían invertido en esas hipotecas, se hundieron. Los bancos que habían realizado esos préstamos, se ahogaron. Y los grandes bancos de inversión que habían extendido esa basura financiera por el mundo, no eran capaces de devolver el dinero.
Pero la idea general que recorría el planeta era que ese problema se limitaba a EEUU.
Sin embargo, a partir del momento en ya no era tan fácil obtener crédito en el mercado mundial, dejaba de ser un problema yanqui. Los países que vivían del crédito internacional permanente (Islandia y España, por ejemplo), empezaron a sufrir la recesión.
“En lo que va de año”, decía un artículo de El Mundo en abril de 2008, “la corona se ha depreciado un 27% frente al euro”. Era un artículo dedicado exclusivamente a analizar el caos que se cernía sobre Islandia.
Y entonces, algo peor sucedió en EEUU: el banco norteamericano de inversión Lehman Brothers entró en bancarrota en septiembre cuando nadie acudió a su rescate.
Las fichas de dominó no tardaron en empujarse unas a otras.
Los inversores internacionales -fondos, particulares o banqueros-, fueron exigiendo sus capitales por todo el planeta para evitar su propia ruina. En su caso, los británicos y holandeses miraron a los bancos islandeses y les dijeron: ¿os importaría devolvernos nuestro dinero? Los bancos islandeses lo habían prestado casi todo a miles de islandeses como Jon Asteir Johanneson, dueño del emporio Baugur: la realidad es que los bancos apenas tenían dinero en la caja. Eso en argot financiero se llama bancarrota.
Pero sí había alguien que podía ayudar a los bancos de Islandia: el gobierno de Islandia. Salió al rescate de sus bancos. Los nacionalizó, mejor dicho, los re-nacionalizó. Kaupthing, Landsbanki y Glitnir pasaron de manos privadas a públicas. Era la única forma de asegurar los depósitos.
Pero esto no fue suficiente: los británicos exigían su dinero. Y al ver que los islandeses no pagaban sus deudas a tiempo, el primer ministro británico Gordon Brown les amenazó nada menos que con una ley antiterrorista. Eso sucedió el 7 de octubre de 2008. Los islandeses no olvidarán ese día porque aquello precipitó aun más el caos de esa pequeña isla volcánica.  ¿Los islandeses? ¿Terroristas?
En pocas palabras, : o pagaban, o lo iban a pasar muy mal.
Como no podían pagar, las cosas empeoraron aun más. Las agencias de rating, que en septiembre todavía calificaban la deuda como A, rebajaron en octubre la fiabilidad de Islandia a B negativo: bono basura.
La corona islandesa se desplomó. Debido a ello, los inmensos compromisos que había contraído este país en años anteriores, se hicieron más onerosos porque ahora necesitaba más coronas para comprar lo mismo. En pocos días, el valor de la Bolsa cayó un 90%.
Ese mismo mes de octubre, los gritos de socorro de Islandia se dejaron escuchar en el Fondo  Monetario Internacional que aprobó un préstamo de 2.100 millones de dólares. Apiadados de sus amigos islandeses (eran sangre de su sangre), Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia añadieron 2.100 millones de dólares adicionales (Es curioso que hoy haya gente en Finlandia que ponga en duda a los europeos del sur pero hace tres años los finlandeses salieron al rescate de sus compañeros del norte sin quejarse).
En enero de 2009 el jefe de gobierno, Geir Haarde, y todo su gabinete dimitieron. Para esas fechas, el Banco Central ya había subido los tipos de interés del 12 al 18% para que la moneda no se siguiera hundiendo.
Desde entonces, los islandeses se encuentran con una marea de deudas que no saben cuándo pagarán, y con una economía que, a escala internacional, ha perdido su credibilidad. ¿Es que las cosas podían salir peor?
Según la ley de Murphy, sí.
Hace pocas semanas, un suceso asustó a las agencias de rating, que inmediatamente pusieron la deuda soberana de Islandia en observación negativa. Todavía peor.
¿Qué había pasado para que las agencias de calificación ya no se fiaran un pelo de Islandia?
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(Próxima y última parte: Ice Age, regreso a la edad de hielo)
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Mi Twitter @ojomagico

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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