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Tres lecciones de economía para aquellos que prometen el paraíso

30 mayo 2014 - 6:15 - Autor:

Que levante la mano quien no tenga una teoría para arreglar el mundo. Para arreglarlo desde el punto de vista económico, se entiende.

¿Repartir la riqueza? ¿Repartir el trabajo? ¿Subir las pensiones? ¿Aumentar los salarios?  ¿Bajar los impuestos? ¿Crear una renta mínima para todos? ¿Ayudar a los emprendedores?  ¿Promover el ahorro? ¿Atenuar el consumismo? ¿Regalar casas? ¿Nacionalizar todo?

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Los diez mandamientos que salvaron la economía sueca del desastre

30 abril 2014 - 9:33 - Autor:

Göran Persson fue nombrado ministro de Economía en 1994. Así describía la situación de su país en una entrevista a McKinsey: “Después de años de fuerte crecimiento interno impulsado por el crédito fácil y el alto nivel de endeudamiento, estalló la burbuja inmobiliaria, provocando el colapso y la nacionalización parcial del sector bancario. La demanda interna se desplomó… En tres años, la deuda pública se duplicó, el paro se triplicó y el déficit público se multiplicó por diez, a más del 10% del PIB, el más grande de cualquier país OCDE en ese momento”.

¿Les suena el caso?

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Si comparamos la economía de EEUU con España, ¿nos vapulean en todo?

14 enero 2014 - 8:51 - Autor:

Esta es una comparación económica entre España y EEUU ahora que Rajoy está de visita por aquel país. Perdemos en muchos aspectos, pero en algunas cosas, España tiene mejores cifras, y en otras empatamos. 

Paro a finales de 2013: perdemos.

España, 26% de la población activa.

EEUU, 6,7% de la población activa.

 

Deuda pública, a finales de 2013: empatamos

España: 100% del PIB.

EEUU: 100% del PIB.

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¿Cómo será el próximo ministro de economía?

31 octubre 2011 - 10:55 - Autor:

Hombre o mujer, joven o maduro, asturiano o palentino… No importa. Lo que necesitamos para estos tiempos es un ministro que sepa convencer a tres grupos de personas.

1. Que convenza a los miembros de su propio gobierno y a los presidentes de las autonomías para que amarren los gastos de todos los organismos públicos. Ni un céntimo más de gasto que no estuviera presupuestado.

2. Que convenza a la mayoría de los españoles de que son tiempos duros y hay que apretarse el cinturón, pero también que les ilusionara con medidas que estimulen la economía.

3. Que convenza a los mercados mundiales de que España es un país seguro, que devuelve sus deudas, que va a volver a crecer y que somos fiables al 100%.

Y además, si se metiéramos en una coctelera las cualidades de algunos ministros de Economía de España desde las primeras elecciones (1977), esto es lo que se debería extraer de cada uno:

-La profundidad panorámica del profesor Fuentes Quintana (1977-1978), vicepresidente económico en el gobierno de Adolfo Suárez, y el hombre que evitó que el país se hundiera en un mar de huelgas e inflación. El nuevo ministro debería copiar el estilo y la solidez del discurso que dirigió Fuentes Quintana a los españoles en 1978 por televisión para explicar la crisis.

-La inteligencia y la rapidez de decisión de Miguel Boyer (1982-1985), quien a poco de ser nombrado superministro (unió Economía y Hacienda en un Ministerio), ordenó la intervención de Rumasa, un grupo que ha demostrado una vez más que estaba basado en un sistema de financiación que arruina a inversores, y deja en la calle a miles de familias. Boyer convirtió los alquileres vitalicios en temporales e  impuso la disciplina fiscal.

-El sentido práctico y la fuerza de convicción de Carlos Solchaga (1985-1993), quien pilotó la entrada de España en el Mercado Común, abrió el país a las inversiones extranjeras y dio el primer impulso a lo que se llamó capitalismo popular. Cuando era ministro de Industria (1982-1985), emprendió la mayor reconversión industrial de la historia de España.

-La audacia y la voluntad de Rodrigo Rato (1996-2004), quien abrió la economía a la competencia, quebró los privilegios de muchos sectores, redujo las facturas de las familias, metió a España en el euro (cosa que nadie auguraba), redujo el paro del 23% al 11% y promovió la mayor ola de crecimiento económico reciente.

-El conocimiento de los entresijos de la UE así como de los resortes económicos de Pedro Solbes (1993-1996, y 2004-2009), quien redujo el paro a niveles que no se recordaba (menos del 8%), y que tuvo la valentía de dimitir cuando el presidente Zapatero no le hizo caso a pesar de que nos habíamos metido en la mayor crisis financiera en muchos años.

-Y la dureza de carácter de Elena Salgado (2009-), que ha sufrido los mayores embates de los mercados mundiales contra la credibilidad financiera del país, y nunca ha dudado de que íbamos a salir de este maremoto. Ha sido el sparring de la economía.

Nota: en el periodo de UCD había un ministerio de Economía y otro de Hacienda. Boyer los unificó, pero luego, se dividió de nuevo con el PP en su segundo mandato, a partir de 2000. Hoy están unificados.

Ha habido 15 ministros de Economía o ministros de Hacienda en España desde 1975, empezando por Juan Miguel Villar Mir, hoy presidente de la constructora OHL. Aquí se cuentan desde las primeras elecciones, y no están todos. Faltan la mayoría de UCD, hoy extinta.

(Mi Twitter para los candidatos:

http://twitter.com/#!/ojomagico

O en el periódico:

http://twitter.com/#!/la_informacion )

 

La destrucción del sueño islandés (I parte): un país de película

21 abril 2011 - 7:00 - Autor:

El cineasta Lars von Trier dirigió en 2006 una película titulada “El jefe de todo esto” que contaba la vida del joven magnate imaginario que un día afronta serios problemas económicos. Muchos islandeses, tras ver esta película, creyeron que Lars von Trier se refería a Jon Asgeir Johanneson, un joven compatriota suyo que en poco tiempo se convirtió en una de las fortunas más reverberantes de Islandia.
Johanneson (foto de la derecha) era el presidente de Baugur, uno de los grandes emporios empresariales de Islandia.  Baugur había comenzado con una cadena de supermercados en los años setenta. A mediados de 2005  ya se había convertido en la mayor empresa privada de Islandia, con tiendas de ropa, joyerías, supermercados… Además había comprado varias propiedades en Reino Unido. Tenía 65.000 empleados, 3.800 tiendas y unas ventas de 10.000 millones de libras esterlinas.
Johanneson era el rey Midas de Islandia. Según The Times, tenía una fortuna de 600 millones de libras, lo cual le daba más que suficiente para comprarse, entre otros caprichos, un yate de 50 metros de eslora, un piso en nueva York, un Rolls Royce Phantom. Consumía 10 latas de Coca Cola al día.
La fuerza de este empresario radicaba en el dinero que le facilitaban los bancos de su país. En realidad, Johanneson hacía a lo grande los que 300.000 islandeses hacían en pequeño. Comprar, endeudarse, crecer, seguir comprando. Casas, coches electrodomésticos. La historia de Johanneson ocupaba los primeros minutos de “Inside Job”, un documental sobre la crisis financiera que obtuvo un Oscar de Hollywood. En realidad,  todos los islandeses eran unos Johanneson en pequeñito.
¿Cuándo había empezado esta riqueza islandesa?
Vayamos hacia atrás en la máquina del tiempo, en especial, hasta los años setenta.
Islandia era un país pesquero y minero no muy rico, la verdad. Exportaba pescado, aluminio y ferrosilicona. La dependencia de su economía de estos productos era tan grande que cualquier variación mundial del pescado o del aluminio golpeaba duramente los precios del país. Por eso, el mayor caballo de batalla de Islandia era la inflación.
Durante décadas, la inflación no se ha podido controlar a pesar de los intentos del Banco Central de aquel país. Por ejemplo, a mediados de los setenta superó el 150%. A principios de los ochenta no bajaba del 100% anual. En los noventa tuvo picos del 1% al 7%.  Mucho mejor, pero siempre con el temor de sufrir fuertes oscilaciones (ver gráfico).
El gobierno pensó que una forma de depender menos de esas oscilaciones era subir los tipos de interés.
Así, este pequeño país llegó a tener tipos de interés del 15%. Insólito, según explicaba en un artículo Jon Danielsson, experto de la London School of Economics.
Y entonces sucedieron varias cosas: por un lado, los islandeses pedían créditos en moneda extranjera para evitar sus costosos créditos locales. Por otro, los inversores internacionales (bueno, sí, especuladores) se sintieron tentados a poner su dinero en Islandia porque les daban hasta un 10% de interés.
Y como siempre, el reflejo de todo ello era que la moneda local, la corona, se iba revalorizando. ¿Qué significa eso? Que importar productos era más barato.
Para colmo de coincidencias, el planeta vivía desde mediados de los años setenta en la imparable corriente de la liberalización financiera. EEUU y Gran Bretaña, se habían sumado a esta corriente nacida en la mente de los economistas de Chicago (Milton Friedman fue el padrino) de modo que el capitalismo popular se convirtió en su lema, y el gobierno islandés decretó la liberalización de los servicios financieros.
Los bancos islandeses no se quedaron atrás: poco a poco, los grandes bancos públicos fueron privatizados. Los nuevos accionistas eran grandes emprendedores y para atraer capitales y prestar dinero, podían ofrecer jugosos tipos de interés. De este modo, fondos de inversión y banqueros de otros países, pusieron sus ojos en Islandia y a esa pequeña isla dirigieron sus ahorros.
Con una cantidad exorbitante de dinero, los bancos islandeses prestaron dinero a emprendedores como Johanneson, pero también a miles de ciudadanos que creyeron estar viviendo su anhelada edad de oro. No más pescados y aluminio. Era la hora de comprar electrodomésticos, coches, y casas.
Los concesionarios de coches de lujo reconocían que vendían más vehículos en Reikiavik que en todo Suecia (Suecia tiene ocho millones de habitantes).
A finales de 2007, los tres grandes bancos islandeses tenían unos activos (propiedades, préstamos, acciones) valorados en 150.000 millones de euros, según The Economist. Eso era más de ocho veces el Producto Interior Bruto del país. En resumidas cuentas, el país nadaba en dinero.
Esa cantidad de dinero presente en la economía islandesa había tenido un impacto brutal en el crecimiento. Entre 1990 y 1999, el país había crecido una media anual del 2,2%. Nada destacado, desde luego.
Pero en el siglo XXI, salvo un bache en 2002, la economía de este país crecía por encima del 4%, llegando a casi el 8% en 2004.
Los pescadores se convertían en banqueros. Uno de ellos, Kristjan Davidson, confesaba a The Wall Street Journal que los islandeses “amaban el riesgo”. Se refería a la cantidad de paisanos que pedían créditos para meterse en cualquier asunto, fuera empresarial o inmobiliario. Davidson era hijo y nieto de pescadores. Gracias a la liberalización económica, ahora era banquero en un país que ocupaba el puesto 17 en desarrollo humano, y estaba entre los cinco con mayor renta per capita del planeta. Era un paraíso económico. Un ejemplo social. Una gozada de isla.
En octubre de 2008, Davidson acudió a una reunión urgente de su banco, el Glitnir Bank, uno de los tres grandes. Le dijeron: “Anda y búscate otro empleo”. El banco estaba en crisis. El país estaba en crisis. Davidson estaba en paro.
¿Qué había pasado para que este paraíso se hubiera convertido en un infierno?
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(siguiente capítulo: “Págame o lo pasarás mal”)
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Mi twitter @ojomagico

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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