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Si el estado de alarma no hubiera funcionado, ¿había plan C?

9 diciembre 2010 - 11:20 - Autor:

Ayer estuvo César Cabo en lainformacion.com. El protavoz de Usca, el sindicato de controladores, habló a título particular en un video que publicamos hoy. Fueron 26 minutos, reducidos a cuatro. Muchas cosas se quedaron en la cinta porque decidimos concentrarnos en algo que llamó nuestra atención.

En la mañana del sábado, después de declararse el “estado de alarma”, los controladores seguían reunidos y no querían dar marcha atrás. A las 13.00 hubo una reunión crucial con su presidente, y luego comenzaron a aflojar. Por la tarde la situación recobró la paz y los aviones partieron poco a poco.

En las entrevistas realizadas a los portavoces durante estos días, ellos decían que no fue el estado de alarma quien les empujó a ceder, sino la intervencion de su presidente Camilo Cela, sobrino del insigne escritor.

Nadie les creyó. Era un farol. El estado de alarma. Eso fue lo que les intimidó, pensamos todos.

Pero ayer César Cabo estuvo explicándonos durante buen rato, ante las cámaras y fuera de ellas, que, en contra de lo que se piensa, fue el estado de alarma decretado por el gobierno lo que encendió aún más la ira de los controladores, y que estaban dispuestos a lanzarse al precipicio: todo o nada. “Cuando entras en un carril, ya a la gente le da igual perder su casa, acabar en la cárcel, perder su carrera, perderlo todo con tal de defender su dignidad profesional”.

Cabo explicó que en esas horas de sábado, después de haber sido militarizados, con el espacio aéreo cerrado, y todo el país en su contra, los controladores se tomaron el estado de alarma como un desafío y llegaron a plantear su gran apuesta: ir hasta el final. A muerte.

Era sorprendente que, a pesar de todas estas medidas, a mediodía del sábado los periodistas sabíamos que los controladores no estaban dando marcha atrás. El estado de alarma se anunció entre las 11 y las 12 de la mañana. Desde la noche anterior los militares estaban en las torres de control. Pero a las 13.00 horas todo seguía igual. Y a media tarde todavía no estaba clara la situación

Cabo no sabe cómo habría terminado esta crisis si el sindicato no convence a los controladores, pero uno se imagina por sus ojos que temía lo peor. Porque hay un momento a partir del minuto 1.23 en que Cabo insiste en que si el presidente de Usca no interviene, la situación no se habría detenido a las 13.00 horas de sábado. Se habría llegado a un final diferente. Entonces, aparta los ojos, mira a su jefe de prensa y se queda conmocionado. Los ojos le brillan.

Eso nos hizo reflexionar. El gobierno ha ganado esta batalla, y la opinión pública le apoya. Pero una vez esfumado el humo de los disparos, la pregunta es ¿se arriesgó demasiado? ¿Qué habría pasado si los controladores, una vez perdida la cordura, se hubieran comportado como enajenados, como esas veces en que un colectivo está aprisionado en sus barricadas, y que cuando escucha las detonaciones, se enarcede aún más? ¿Qué habrían hecho los militares? ¿Tenían un plan C?

Hace unos días, publicamos un artículo sobre qué había hecho bien y qué había hecho mal el gobierno. Una de las cosas que nos intrigaba era el tejemaneje con los Boletines Oficiales del Estado: en la tarde del viernes se publicaron dos. El primero no era claro. El segundo era contundente contra los controladores. También lo comentamos en otro artículo, diciendo que estaban pasando cosas muy raras.

Cabo se preguntaba qué razón tenía el gobierno para pasar de puntillas por el asunto más importante del día en el consejo de ministros, y luego publicar un contundente BOE que aprobaba todo lo que no había sido capaz de decir en meses de negociación.

Hoy que el presidente de Gobierno comparece en el Parlamento, nos gustaría conocer la respuesta a estas preguntas.

Por ejemplo:

1. ¿Tenía previsto el gobierno en su escenario llegar al estado de alarma?

2. Y si ese estado de alarma no hubiera funcionado, ¿qué habría hecho?

3. Una vez pase el estado de alarma y se desmilitaricen los aeropuertos, ¿piensan llegar a un acuerdo con los controladores?

4. Si llegan a un acuerdo, ¿querrán explicar a la opinión pública en qué se diferencia de anteriores acuerdos con los controladores?

5. ¿Por qué el gobierno no ha sido capaz de cerrar un acuerdo con los controladores este año?

Lo más preocupante de todo esto es que el problema no está resuelto. Los controladores ya han manifestado que una vez pase el vendaval quieren sentarse con el gobierno y negociar por fin su convenio colectivo. Tendrán que asumir que no pueden exigir ciertos privilegios. La culpa principal del caos aeroportuario del fin de semana pasado es de ellos. La opinión pública está contra ellos. Tendrán que firmar la paz porque el gobierno, el país y ellos mismos lo necesitan.

Pero piensen un poco: después del caos, de la militarización, del estado de alarma, y de los expedientes abiertos a los controladores, de las denuncias de la fiscalías, el problema no está resuelto todavía. Está como al principio.

Cosas extrañas de la huelga de controladores

5 diciembre 2010 - 14:27 - Autor:

El viernes por la tarde, cuando la huelga estaba incendiando de rabia y de impotencia a medio país y a todo el gobierno, los periodistas hablaron con César Cabo, portavoz de los controladores. “Me estoy enterando de lo que está sucendiendo por vosotros”, dijo al otro lado del teléfono. Eso ya empezaba a sonar raro.

Cabo confesó que no sabía muy bien lo que estaba sucediendo. Parecía que el asunto se le había escapado de las manos al sindicato y que él y el presidente de USCA (sindicato de los controladores)  estaban tratando de tranquilizar a sus compañeros. Daba la impresión de que un grupo de controladores estaba tomando el control de la mayoría, y había decretado ir a las barricadas.

¿Por qué todo este follón?, preguntaron los periodistas. Cabo confesó que esa misma mañana el Consejo de Ministros  había aprobado un decreto ley que restringía determinados beneficios sociales de los controladores. Por eso están “hastiados y cabreados”. Añadió que no era lo pactado con el gobierno y que por tanto, los controladores tenían que hacer 200 horas más al año que las 1.670 pactadas en febrero de este año con José Blanco.

En la página de La Moncloa se encontraba un resumen de lo que se había aprobado en consejo de ministros.

En concreto, se puede leer: “El Real Decreto Ley refuerza la garantía de la seguridad y continuidad de la prestación de los servicios de tráfico aéreo, al aclarar las previsiones contenidas en la Ley 9/2010, reguladora de dicha prestación, en relación con las horas de “actividad aeronáutica” anual de los controladores de tránsito aéreo”.

Es la única vez que se habla de controladores. En el video, de la rueda de prensa de ese consejo de ministros que dura 15 minutos, se ve cómo, tras enumerar muchas medidas económicas, la ministra llega al final con bastante tranquilidad y mucha seguridad en sí misma, mirando a los periodistas casi de forma permanente.

Pero luego (minuto 12:50) carraspea, coge y suelta los papeles, y anuncia: “Hemos aprobado hoy dos medidas liberalizadoras”. La primera es la privatización de Loterías, y la segunda, la privatización de Aena. Explica ambas privatizaciones parciales y cuando parece que ya ha terminado la rueda de prensa en el minuto 15:10, tose, duda, coge papeles, y con cierto titubeo, añade: “Finalmente, en este decreto ley también se clarifica la jornada laboral de los controladores de tránsito aéreo para que no quede ninguna duda de cuál es la jornada laboral que tienen que cumplir”. Lo dice mirando la mesa y moviendo papeles, como si no quisiera mirar a los periodistas.

Es decir, que ni en la amplia referencia ni en la explicación a la prensa, la responsable económica o el vicepresidente primero se entretuvieron con detalles de los controladores, algo que en realidad era lo más importante del consejo. Importante por las consecuencias que acarreó después.

¿Sabía el gobierno la importancia de esta medida? ¿Pasó por encima por ignorancia o para no levantar un revuelo?

O bien, ¿sabía el gobierno que eso iba a pasar?

Lo que sucedió después del consejo fue que los controladores empezaron a presentar bajas laborales. A las cinco de la tarde más o menos, Iberia envió un mensaje por Twitter, la red de microblogging, donde avisaba de que había problemas en el aeropuerto de Palma debido a los controladores. Luego, Madrid. Luego, el caos.

El vicepresidente Rubalcaba dio dos ruedas de prensa en las peores horas. Una a las 11 de la noche del viernes. Otra a las dos de la madrugada del sábado. Ninguna de ellas aparece en la sección multimedia de La Moncloa, quizá porque esas comparecencias fueron en el Ministerio de Defensa y en el Ministerio de Fomento.

Cuando el vicepresidente Rubalcaba se presentó en comparecencia de prensa por la mañana del sábado en La Moncloa para anunciar el estado de alarma dijo que el viernes por la mañana ya habían tenido indicios de lo que iba a pasar. Sus palabras exactas (minuto 3:30)  fueron:

“Ayer por la mañana en el consejo de ministros el ministro de Fomento informó de que ya había incidencias preocupantes en algunos aeropuertos de España, y esa fue la razón por la que el decreto ley incluyó una previsión que luego por la tarde hicimos realidad para que el control aéreo de los aeropuertos pasara a manos del Ministerio de Defensa”.

Si lo sospechaban, ¿por qué no lo publicaron en el primer boletín oficial del Estado?

Es que eso es lo raro. Hubo dos BOE. El primer boletín oficial colgado de la web del BOE apenas habla de los controladores, sino que se limita a recoger las breves palabras de la ministra de economía. Pero a media tarde del viernes, apareció un nuevo BOE Extraordinario, y allí sí se recogía todo el decreto ley, sumando unos párrafos que no existían antes y que publicamos en lainformacion.

¿Por qué dos Boletines Oficiales en tan pocas horas?

En ese último boletín, publicado cuando el conflicto era de nivel volcánico, se hablaba ya de la militarización de los controladores. En concreto decía ese BOE: «2. La entidad pública empresarial Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea deberá facilitar la inmediata aplicación de lo previsto en el artículo 4.4.a) de la Ley 21/2003, de 7 de julio, de Seguridad Aérea, quedando sometidos los controladores de tránsito aéreo de la citada entidad a la dirección del Ministerio de Defensa quien asumirá su organización, planificación, supervisión y control. Ningún trabajador, órgano directivo u organización podrá dificultar o impedir la efectividad de dicha medida. El incumplimiento de dicha obligación será sancionado de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4 de la presente Ley, sin perjuicio de las demás responsabilidades civiles o penales a que haya lugar.»

En resumen, si seguimos la información del gobierno, esto fue lo que sucedió. El ministro de Fomento comunica al consejo de ministros en la mañana del viernes 3 de diciembre que los controladores pueden hacer una huelga. El consejo de ministros aprueba un decreto ley que solo afirma que “se aclaran” las horas de trabajo de los controladores. Tercero, estalla la huelga. Cuarto, el consejo aprueba otro decreto ley donde especifica (añadiendo párrafos) cuáles son esas condiciones que tanto molestan a los controladores, y encima les dice que los militariza si se rebelan.

Pero ya el daño estaba hecho.

¿Se podía haber evitado? ¿Habían planeado ya la huelga los controladores? ¿O es que hubo un factor que detonó ese viernes la huelga? ¿Fue ese detonador la breve mención en el consejo de ministros?

Según el blog de los controladores, el Gobierno y AENA sabían con 24 horas de antelación que se podría llegar a esta rebelión de los controladores. Dice así: “[El gobierno y AENA sabían] que si se llegaba a la publicación del RD modificando la actividad/descanso de los ATC, que efectivamente ayer [por el viernes] aprobó el Consejo de Ministros, se podían producir paros, como efectivamente así ha sido. La lógica pregunta del ciudadano es ¿por qué ayer precisamente se procedió entonces a su aprobación, junto a la privatización de AENA?

Una de las pruebas que aportan es, como analizamos en la información, que Zapatero no viajó a la Cumbre Iberoamericana.

En la cuenta de Twitter de los @controladores, el mismo viernes, ya se pusieron en guardia a raíz de unas declaraciones de José Blanco, ministro de Fomento, que el jueves anterior amenazaba a los controladores con no aceptar su chantaje. El ministro dijo: “En estos momentos nos encontramos con que los controladores quieren volver a arrancar privilegios (…) Les anuncio que nadie puede interpretar la ley a su antojo“.

Los controladores convocaron una asamblea para analizar las amenazas del ministro. Esperaban que se produjera algo en el consejo de ministros. Poco después de la 1 de la tarde, cuando Elena Salgado mencionó de puntillas la aprobación de las condiciones de trabajo de los controladores, la asamblea de controladores se convirtió en un volcán.

¿Y si no se hubiera tocado nada en el consejo de ministros sobre los controladores? ¿Era necesario? ¿Se podía negociar esta vez para evitar esta paro salvaje? ¿Fue poco claro el gobierno en  su comparecencia de prensa del consejo de ministros y en el primer BOE? ¿Fue es decreto ley la consecuencia o la causa de la huelga?

Lo que está claro es que por muchas culpas que se le achaque al gobierno, los controladores nunca tendrán la opinión pública de su parte, especialmente después de la huelga salvaje.

Pero el gobierno también debería explicar algunos agujeros negros del consejo de ministros, de su información privilegiada y de esa forma de manejar el BOE en relación con los controladores.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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