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La maquinaria de comunicación sigue funcionando: todos hablan de Podemos

11 Diciembre 2016 - 21:54 - Autor:

Adivinen cuál es el político del que se habla siempre: Pablo Iglesias. Desde las últimas elecciones, y a pesar de haberlas perdido, Pablo Iglesias es el político que más aparece en Google.  Según la herramienta Google Trends, que analiza las mayores búsquedas en internet, Pablo Iglesias (color rojo) aventaja a Mariano Rajoy (color azul) desde las pasadas elecciones.

La maquinaria de comunicación de Podemos sigue funcionando. ¿Cómo es posible que tengan tanto impacto si quedaron como tercer partido y ya están fuera de todos los pactos?

Porque se las arreglan para que se hable de ellos. Cuando no son elecciones internas en Madrid, son las peleas de Errejón con Iglesias. Soy de los que piensa que a veces todo esto tiene algo de marketing político. “Que hablen de nosotros, aunque sea para decir que nos peleamos”. Es lo único que le queda a un partido que se ve burocratizado por la rutina del parlamento.

Para mantener viva esa llama, el partido necesita llamar la atención. ¿Que Coca Cola no readmite a sus trabajadores despedidos? Pues Pablo se va a protestar… a la sede del PP en Madrid.

¿Que fallece una anciana por quemarse su casa al cortarle la luz? Pues Pablo se va a protestar a la sede de Gas Natural.

¿Que muere Fidel Castro? Pues se larga una loa a los méritos de camarada Fidel, porque ha sido un referente.

A veces le ayuda la suerte, como cuando La Sexta sacó unas imágenes de Iglesias, y puso el rótulo de ‘secretario general del PSOE’. Cachondeo general.

Sea como sea, es lo único que les funciona. Entramos en un periodo en que los pactos entre el PP, el PSOE y Ciudadanos van a laminar a Podemos del panorama político. Se aprueban incluso medidas sociales, y el PSOE se apunta el tanto. Esto va para rato. Digamos cuatro años. Por eso, a Podemos solo le queda una carta en la manga: la comunicación de guerrilla.

Trump, Iglesias, Le Pen: el triunfo de los grandes comunicadores

15 Noviembre 2016 - 7:16 - Autor:

¿Creen que Trump habría conseguido ser presidente de los EEUU sin sus discursos impactantes? Lo dudo.

¿Alguien cree que Podemos habría conseguido llegar al Congreso con tanta fuerza sin Pablo Iglesias? No lo creo.

¿Piensan que el Front National serían el partido más votado de Francia si no fuera por la oratoria de Marine Le Pen? Imposible.

Detrás de ellos había masas de gente enfadada. Cierto. Enfadadas por por la crisis, por la inmigración o por la corrupción… Da igual. Lo que realmente encontraron esas masas fueron una serie de líderes que, sobre todo, eran grandes comunicadores.

Llevo viendo los discursos de Trump en YouTube desde hace un año. Me fascinaron. No porque comparta sus ideas sino porque comprendió que hablaba de una forma directa, sin rodeos, y que decía lo que los electores querían escuchar. Pero lo decía mejor que nadie. Es u gran comunicador. Superaba a cualquier candidato en EEUU.

Cuando Pablo Iglesias sacó cinco eurodiputados nos empezamos a fijar en él. E inmediatamente di mi veredicto: es el mejor comunicador político de este país. Así lo escribí en mayo de 2014. Es incluso mejor que Rivera porque sabe hablar para las masas y para las mesas.

Y lo mismo con Marine Le Pen. La entrevista que le realizó Ana Pastor hace tiempo reveló que Le Pen sabía defender sus ideas, y contraatacar contra quienes la querían acorralar. Es una gran comunicadora. Es la líder más votada de Francia. Otra cosa son sus ideas.

¿No les dice eso algo?

Que hay algo más importante que las masas cabreadas. Y es que haya líderes sepan conectar con esas masas y hablarles con claridad. ¿Entonces dónde quedan los argumentos? ¿Las razones? ¿La reflexión?

Eso queda para los sociólogos. La mayor parte de los votantes, desde tiempos de Cicerón, se dejan arrastrar por los grandes comunicadores. No votan a un político. Votan una ilusión. Y eso es lo que saben vender los grandes comunicadores. Otra cosa es lo que sucede cuando llega al poder un gran comunicador, pero el líder equivocado. Es lo que pasó en Venezuela con Chávez.

 

Pablo Iglesias pasó de la euforia a lamerse las heridas por su soberbia

9 Abril 2016 - 17:41 - Autor:

Seguro que se acuerdan de la imagen de Pablo Iglesias el 20D. Había quedado tercero en la elecciones, pero parecía como si hubiera ganado. Cuando salió a comentar el resultado ante las cámaras, dijo que exigiría a Pedro Sánchez “cambios irrenunciables” para formar gobierno. ¡Y solo había pasado una hora de los resultados electrónicos!

También parecía que él tenía todo el poder cuando empezaron las negociaciones para crear alianzas.

Su lenguaje era presuntuoso y ensoberbecido. Me acuerdo que escribí: “Detén, oh Pablo, tu emoción: este país puede gobernarse sin Podemos”.

Pablo no proponía sino que amenazaba. ¿Es que ya no se acuerdan? Llegó a repartir varios ministerios y pedir  la vicepresidencia. Iba como una bala. Solo le faltó componer un nuevo himno para España.

Empezaron las negociaciones. Pablo Iglesias llegó a sacar los trapos sucios del PSOE, como la guerra sucia contra ETA y los asesinatos de Estado en tiempos de González. Así no iría muy lejos: recapacitó y bajó el tono. Empezó a cortejar a Pedro Sánchez. La estrategia de Errejón.

Pedro Sánchez se dejó cortejar (claro, tenía más votos), pero también le lanzó unos guiños. Parecía un baile de cadetes donde los más guapos lanzaban miradas, mimos y besitos a las más guapas.

De repente, a finales de febrero, llegó Albert Rivera y se fue a una habitación con uno de los cadetes más apuestos del baile. Con Pedro Sánchez. ¿Qué hicieron en la habitación? Cuando salieron, tenían una honda cara de gusto y una alianza.

Pablo Iglesias se quedó traspuesto. ¿Cómo? ¿Pero no era a mí a quien amabas, Pedro?

Había llegado tarde.

Pablo Iglesias lo intentó por la vía emocional. En marzo le dijo directamente y ante todos los invitados: “Pedro, fluye el amor entre nosotros”. Luego, lo intentó por los celos. Se besó con Xavier Domenech, de ERC, también en público.

Sanchez, conmovido, le propuso un menage-á-trois con Albert Rivera, pero a Pablo esas guarrerías no le gustaban.

Él quería hacer esas ‘guarrerías’ con otro: con Izquierda Unida.

Al final, Pablo lo volvió a intentar esta semana. Aceptaba menage-á-trois con Ciudadanos, pero quería mantener sus condiciones: referéndum a Cataluña, por ejemplo. El estado plurinacional.

Pues no. Nada de eso. No ha habido acuerdo.

Ahora Pablo Iglesias acusa a Sánchez de traición. Sánchez le acusa de mentirle. ¿Y quién está vivito y coleando?

Albert Rivera.

Fue más rápido que Pablo Iglesias, menos soberbio y mejor estratega. Era lógico porque en algún momento se dio cuenta de que, si se movía rápido, tenía todas las de ganar. Por ejemplo, en caso de que se repitieran las elecciones, Ciudadanos obtendría más diputados como ya anuncian las encuestas. ¿Por qué? Porque era el más dialogante y eso gustaba a los españoles. Y si había algún pacto posible antes de las elecciones, Ciudadanos debería estar ahí en cualquiera.

Pablo Iglesias no lo entendió. Pensaba que a Sánchez le tiraría más el concepto de las izquierdas. Le faltaron reflejos. Le sobró soberbia.

Supongamos que hay un pacto de izquierdas y que Iglesias no es vicepresidente

30 Marzo 2016 - 20:27 - Autor:

 

Para facilitar un pacto con el PSOE, Pablo Iglesias dice que se apartará. No será vicepresidente. Eso sí: la condición es que el PSOE rompa con Ciudadanos.

¿Y esa es la gran oferta?

En primer lugar, no me salen las cifras. No obtendrían 175 diputados. La única posibilidad de que triunfe esa alianza entre el PSOE y Podemos es que los nacionalistas se sumen. Pero para sumarse, tendrían que obtener algo a cambio con la garantía de que podrían celebrar referéndums independentistas, y creo que Pedro Sánchez no está dispuesto a eso. O que Ciudadanos se abstuviera. Lo dudo.

Supongamos que lo consiguen. A mi juicio, da igual que sea Pablo Iglesias, Carolina Bescansa o Iñigo Errejón. Dar la vicepresidencia de este país y otros ministerios a Podemos (y pactar con los nacionalistas) tendría tres impactos:

-A escala económica, no dudo de que se incrementaría el gasto social, lo cual favorecería a los más golpeados por la crisis. Al menos en un principio. Luego, veríamos quién paga la factura.

-A escala económica, detendría la creación de empleo, caería la inversión y además dejaríamos de cumplir las condiciones de la UE. Nos guste o no estamos en ese club y las normas las dicta el club. Grecia se las quiso saltar y ha tenido que tragarse su orgullo.

-A escala política, sería aprovechado por los dirigentes independentistas vascos y catalanes (y a este paso, gallegos y valencianos), para plantear la soberanía.

Lo siento. A mí  me daría mas garantías un pacto entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del PP porque creo que Albert Rivera es más razonable, más sensato, está mejor asesorado económicamente, y tiene gran sensibilidad social. Y encima, garantizaría que este país no se rompería a pedacitos.

Albert conoce lo que podría pasar en Cataluña si uno se deja embaucar por los independentistas. Es de allí.

Iglesias en el fondo es un madrileño que piensa como madrileño.

 

Por qué Pablo Iglesias subió y Albert Rivera bajó en la recta final: cuestión de oratoria

21 Diciembre 2015 - 22:55 - Autor:

Me tocó seguir la jornada electoral en la mayor consultora de comunicación de España, en Llorente y Cuenca. Allí había políticos, periodistas y expertos en comunicación.

Anduve haciendo la ronda de preguntas a lo largo de la noche sobre por qué Albert Rivera había decaído y Pablo Iglesias había obtenido un subidón. Casi todos coincidían: era una mezcla de manejo de la televisión y oratoria.

El problema de Albert Rivera es que habla siembre con el mismo tono. Parece estar dando una charla en un colegio mayor. Da igual si está en una plaza de toros ante miles de simpatizantes, o en un cine. Es un tono coloquial, educado, agradable, comedido, de consenso. Nada mitinero.

En los debates coloquiales, Rivera se come a los contrincantes como sucedió con Pablo Iglesias, o cuando salía en televisión entrevistado por Ana Pastor. Rivera es el mejor porque suena franco y tranquilo. Domina el escenario y tiene respuestas para todas las preguntas.

Pero en los debates mitineros, más parecidos a mercados de frutas que a comedidos encuentros de cineclub, lo que la mayor parte de los espectadores quería ver es lucha dialéctica, sentido del humor, sarcasmo y hasta marrullería. Un poco de juego sucio vestido de limpio. Desde que se inventó la retórica es así: existen miles de trucos retóricos para vencer en un debate sin siquiera tener buenos argumentos. Lo importante es vencer.

En esto, Pablo Iglesias era mejor que Alberto. Era mejor que todos los demás. Era más marrullero.

Según los especialistas que pude escuchar esa noche, estas elecciones se ganaron en la televisión. Sigue siendo el medio de masas más influyente para moldear la opinión pública. Los debates fueron tan cruciales que el propio Iglesias dijo que para obtener la mayoría solo le faltó una semana y un debate. Supongo que se refería a un debate en televisión. La remontada fue cierta a partir de los debates.

Las imágenes de los mítines no favorecían a Rivera pero sí a Iglesias. Cuando salía Rivera, no había casi gente alrededor. Cuando salía Iglesias en televisión, se las apañaba para cruzar por medio de la gente, abriéndose paso entre los abrazos. El pueblo ama a los que tienen éxito.

Además, Podemos no parecía un partido político sino un equipo de fútbol: era un estado de ánimo. Los otros parecían miembros de un partido. Al final, como me dijo un comunicador de Llorente y Cuenca, se vota más por lo emocional que por lo racional. Uno de los trucos de Iglesias para despertar esas emociones era recurrir al lenguaje poético: el cielo, las sonrisas, la alegría… “Fue una campaña hormonal”, me decía Fran Carrillo de la Fábrica de Discursos.

Todo eso hizo que Iglesias remontara en las últimas semanas. Casi se puede decir en los últimos días. Además, el discurso de Iglesias era incisivo y directo, con pocas ideas, pero muy claras. El de Rivera parecía cada vez más difícil de entender.

Pero a pesar de ello, ambos partidos tenían algo que los dos partidos tradicionales no tenían: relato. Sabían contar las cosas mejor que los viejos partidos. “La gente no vota programa sino un proyecto que emocione”, decía Fran Carrillo.

Al final, fue una cuestión de oratoria y de televisión. Politeintment: política y entretenimiento. El nuevo arte de la comunicación.

 

 

 

Debate entre Albert, Pedro y Pablo: un salto en la comunicación política

1 Diciembre 2015 - 0:50 - Autor:

El debate organizado por El País y que se retransmitió en directo por la página web demostró que la comunicación política de este país ha dado un salto: el debate fue rápido, ameno y  muy vivo.

El moderador ajustó los tiempos (dos horas) y los candidatos se plegaron al cronómetro. El tiempo pasó volando. Siendo un debate entre tres, se corría el riesgo de aburrir y aturullar al público pero no sucedió eso. Mantuvo su nivel dando el tiempo justo a los oradores a exponer y replicar. E incluso, al público de hacer preguntas inteligentes (no sé si preparadas aunque lo supongo).

¿Cómo estuvieron los candidatos?

Pablo Iglesias fue el más claro. Rivera el que menos errores cometió. Y Sánchez el que sorprendió más.

Este es mi análisis.

Creo que Pablo Iglesias estuvo en la mayor parte del tiempo muy tranquilo, usando de vez en cuando la ironía para burlarse de los otros dos: fue el único que sacó una sonrisa del público. Iglesias es quien mejor maneja la ironía. Pero cuando le tocaron cosas más duras como su pacto con Bildu, o sobre todo, la agresión de un miembro de Podemos a un político del PSOE en Extremadura, Iglesias volvió a su cara de perro.

Le tocaron en el punto flaco. Pero para ser honestos, todos los candidatos tenían un cadáver en el armario. Sánchez le reprochó a Rivera haber pactado en Cataluña con un partido de extrema derecha; Rivera le reprochó a Sánchez pactar con los independentistas; Iglesias le reprochó a Rivera pactar con todo el mundo…

Es decir, la política al final es el arte de pactar con tus enemigos para llegar al poder, ¿no? Por eso, todos se acusan del mismo pecado.

Pedro Sánchez empezó el debate con frases de cartón piedra que había repetido mil veces. Sigue siendo un candidato de telepromter, con discurso ensayado y poco corazón. Le falta carisma. Y carisma es creerse lo que se dice: hasta las mentiras. Pedro Sánchez no se las cree. Al final, creo que Sánchez estuvo mejor cuando empezó a atacar al corazón a Rivera y a Iglesias. Recuperó el terreno. Hubo un momento de brillantez cuando le exigió a Rivera que dijera qué parte de la LOMCE derogara y éste no respondió.

El gran lastre de Sánchez se llama memoria histórica. La memoria histórica de los españoles no olvida que fueron los socialistas los que aprobaron los recortes sociales en 2010. Fueron ellos los que protagonizaron los mayores casos de corrupción. Fue con ellos con quien estalló la crisis. Por eso, a Pedro Sánchez le faltaba aire cuando le recordaban el pasado de su partido.

Fue en cambio muy honesto defendiendo a Rivera de las insinuaciones que hizo en estos días un ex dirigente de Podemos. Pero no sé si era táctica electoral.

Rivera fue buen orador pero creo que le faltó claridad. Hablaba de conceptos abstractos, demasiado legalistas. A pesar de que es telegénico y sabe enamorar a las cámaras, quien le escuchase sin verle, se llevaría una pequeña desilusión. Supo en cambio atacar a sus contrincantes y usar sagazmente las interrupciones que dan tanta viveza a los debates. Sus promesas económicas y sociales tienen visos de ser más sensatas que las de Iglesias, desde luego. Y algo que le favorece es ser catalán porque hizo pensar ayer que él podría ser la llave para dar entrada en España a los catalanes desencantados con España.

Mi impresión final es que Iglesias fue el más claro y eso le hará subir en las encuestas. Tuvo alguna frases torpes como decir que los jóvenes trabajan mejor y son mas productivos. ¿Más productivos que quién? ¿Que los viejos? Pero conectó bien con el público. Eso no quiere decir que fuera el más sensato. Todavía tiene que aprender mucha economía. Pienso además que su aspecto desaliñado no convence a los más mayores. Pero no creo que los más mayores le vieran ayer en streaming.

Sánchez estuvo mejor de lo esperado, porque parte siempre de la imagen de candidato de cartón piedra. Se equivocó muchas veces en las cifras, las fechas y los hechos, producto de haberse aprendido las cosas a toda prisa.

Y Rivera estuvo menos eficaz de lo esperado porque suele ser el más brillante en estos debates. Es su especialidad. No se equivocó en nada pero no convenció del todo.

El impacto de este formato digital es una incógnita. Quienes vieron este debate por la red fueron internautas. ¿Y de qué ideología son los internautas? No lo sé, pero temo que Pepe y María, los españoles medios, no estaban conectados en streaming porque no saben qué es eso.

 

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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