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Cuando el tsunami digital barrió al papel

10 marzo 2012 - 12:11 - Autor:

A las siete de la mañana del viernes 11 de marzo, los teletipos informaron de un terremoto en Japón. “Ha marcado  9 en la escala de Richter”. La noticia tardó poco en presidir las portadas de los medios digitales españoles y europeos.

Pero las personas que estaban entrando en sus oficinas, no se encontraron con esta terrible noticia en sus diarios de papel sino con cosas de este estilo: “Sarkozy y Cameron piden a la UE que reconozca a la cúpula rebelde libia”. Parecían de otro mundo. (Ver foto).

Durante todo el día, las webs  no cesaban de ofrecer información sobre el terremoto,  a lo que añadieron las primeras imágenes, explicaciones sobre la escala de Richter,  mapas que mostraban dónde se había originado… Mientras tanto, los  periódicos de papel seguían allí sobre las mesas, con sus titulares de silicato.

Por fin, al día siguiente, sábado, los periódicos de papel salían con el terremoto y aquella ola terrible que arrasaba todo. Pero, ¿era esa la noticia? Desgraciadamente, no. (ver foto)

A primera hora del sábado se supo que aquel maremoto o tsunami había entrado también en las instalaciones de la central nuclear de Fukushima. Y la había dejado sin fluido eléctrico. Entonces, se desató el peligro de una amenaza nuclear.

Todo aquel día, las webs del mundo entero estaban informando instantáneamente sobre la amenaza atómica, qué era un núcleo, cómo se fusionaba, el síndrome de China, la posible nube radiactiva, la contaminación, y por supuesto, cómo era la central de Fukushima.

Lástima. La prensa de papel aquel sábado solo hablaba del maremoto. ¿Y Fukushima?

Les quedaba el domingo. En efecto, la prensa de papel se resarció el domingo contando el peligro de explosión de la central nuclear  (ver foto). Una vez más, iban por detrás de la prensa digital.  ¿Y de qué hablaban los periódicos digitales? Ofrecían videos espeluznantes de  los efectos de la ola mortífera y arrasadora. Un barco succionado por un remolino, una ola que inundaba un aeropuerto, casas flotantes, pueblos hundidos…

Espectáculo visual en movimiento, algo que, por mucho que quisiera, la prensa se papel, no podía reproducir en sus páginas estáticas.

Todo aquel manojo de desatinos demostró que los periódicos digitales son mejores informadores en las noticias de última hora que la prensa tradicional de papel. Las webs ofrecen más volumen, son más inmediatas, dan videos, fotogalerías infinitas… Bueno, dirán muchos, pero no superan a la prensa de papel en los análisis sesudos y menos sensacionalistas de las cosas. ¿Ah, sí?

Nerviosos por aquel acoso, muchos medios de papel se lanzaron a titular que se acercaba el apocalipsis nuclear (ver foto). Hablaron incluso de ‘pánico nuclear’. Como lo había dicho el propio comisario europeo de la energía, tendría que ser verdad, ¿no?. En lainformacion.com nos negamos a destacar ese catastrofismo. Y acertamos.

Hubo webs que cayeron en esa ola exagerada de periodismo catastrofista. Algún diario digital hablaba de nubes tóxicas ‘que se dirigían a California’. Jamás existieron. Nosotros ni le dimos bola.

La gran conclusión fue que aquellos días, la prensa de papel sufrió una gran derrota.

No sería la única. El 1 de mayo, a las 4.00 de la madrugada, los SEALs de la marina de EEUU entraban en Abottabad (Paquistán), mataban a Bin Laden, y luego huían con el cadáver para lanzarlo desde la borda de un portaviones.

Los medios digitales lo recogieron desde la madrugada. Pero, una vez más, cuando la gente abrió aquella mañana sus periódicos de papel, se encontró con la muerte de Ernesto Sábato (ver foto). ¿Y la muerte del enemigo público número 1 de EEUU, Osama Bin Laden? Ni una línea.

El tsunami digital volvía a barrer a la prensa de papel.

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@ojomagico

Japón, un país duro de pelar

12 marzo 2011 - 0:29 - Autor:

Japón es un grupo de 6.ooo islas llenas de montañas y territorios impracticables para la agricultura. Por eso la mayor parte de los 127 millones de habitantes vive en la costa.

Pero vivir en la costa es una angustia permanente porque esos pueblos y ciudades están sometidos periódicamente a galernas, vendavales, tifones. Y a maremotos originados por los terremotos.

Desde el punto de vista de los recursos básicos energéticos en Japón no hay nada. No hay petróleo. No hay gas.

Pero casi la mitad de su energía procede del petróleo. Un 20% del gas. La compran en el extranjero.

Y cerca de un 10% de la energía es de origen nuclear, menos incluso que España.

La pregunta es, ¿cómo es posible que un país así sea la tercera potencia del mundo? La respuesta fácil es: porque tienen japoneses.

Pero, ¿por qué los japoneses son así?

Duros, resistentes, laboriosos, y sobre todo transformadores. No tiene hierro ni carbón pero producen cantidades enormes de acero, que luego son convertidos en máquina herramienta o en coches. No tienen materias primas pero son una potencia productora de millones de cosas.

Una teoría afirma que los japoneses son producto de su geografía. Asediados por tantos males, el individualismo les habría llevado a la ruina. Por eso el grupo es más importante que el individuo. Son cooperativos, organizados y sacrificados.

Desde el punto de vista económico, Japón sorprendió al mundo en la posguerra por rehacer al país, y por convertirse en una potencia mundial, como ahora lo es China.

Llevan más de una década con estancamiento económico, y a pesar de ello el paro es del 4%.

¿Afectará esta catástrofe a su economía? Seguro que sí aunque nadie sabe en qué proporción. Pero de lo que nadie duda es que un pueblo que ha superado siglos de catástrofes, volverá a salir adelante porque tiene una materia prima humana de primera calidad. Se llama japoneses.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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