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Los trucos de la mejor presentación de la historia: Jobs y el iPhone en 2007

9 enero 2017 - 20:00 - Autor:

Hace diez años, Steve Jobs presentó su primer iPhone.

La presentación tuvo lugar en la MacWorld de San Francisco, un evento fascinante donde la empresa de tecnología presentaba a sus bebés.

La presentación de Jobs no solo fue un acontecimiento inolvidable por el hecho de que una empresa de ordenadores se dedicara a hacer teléfonos ahora, sino porque esa presentación de Jobs de 50 minutos, ha quedado para la historia como una de las mejores del mundo.

Es decir, tiene todos los elementos que se enseñan en las escuelas de oratoria modernas, en las clases de comunicación y en los cursos de Power Point.

¿Cuáles era esos elementos?

1. Intriga. En los primeros momentos Jobs hace su entrada en silencio. No dice: ‘Hola soy Jobs y vengo a hablar de mi teléfono’. Todo lo contrario, su silencio crea un enorme tensión.

2. Adelanto de algo grande. Su primeras palabras crean más ansiedad: “He estado esperando esto desde hace dos años y medio”.

3. Insistencia de que es algo muy muy grande. “Una compañía tiene suerte si da con un producto grande en su existencia y nosotros ya hemos presentado dos que cambiaron la industria” (O sea que hoy será el tercero, piensa la audiencia).

4. Error inadvertido. Jobs tiene un traspié pues se adelanta diciendo “Apple ha logrado… Bueno, primero que todo, tienes suerte si lanzas uno en toda tu vida”. Es decir, no pide perdón y la gente no lo nota.

5. Lenguaje del cuerpo. Mientras dice que el Macintosh cambió toooooda la industria, lo dice moviendo el brazo de un lado para otro.

6. El desconcierto. “Hoy vamos a presentar tres productos revolucionarios”. (Ah, ¿pero no era solo uno?, piensa la audiencia)

7. Sigue el desconcierto. “No son tres, sino tres en uno”. (Nos ha engañado, qué genial).

8. La broma. “Y esta es la imagen” (un iPod con un dial de teléfono antiguo, risas)

9. La ansiedad. “Pero antes de presentarlo, dejadme presentar otros móviles”.

10. Los malos de la peli.  En la pantalla, los móviles de los competidores. “El problema de los otros teléfonos es que no son ni inteligentes ni fáciles de usar”.

11. Las imágenes evidentes. Muestra los teclados de los otros móviles llenos de botones con una pantalla pequeña.

12. La sorpresa 1. El iPhone tiene una sola pantalla.

13 La sorpresa 2. No tiene puntero.

14. La sorpresa 3. Tiene su propio sistema operativo.

15. La frase inteligente.”La gente que se preocupa del software debe hacerlo ella su propio software”, de Alan Kay.

16. Palabras que se repiten. Revolucionario, mágico, precioso, maravilloso, estupendo…

17. Los records del iPhone. Más fino, más pixels, más conectividad, un solo botón, sensor de proximidad al oído para que se apague la pantalla, sensor de luz, acelerómetro, arrastre inercial, calidad de sonido…

18. La caja mágica. Jobs usa su iPhone para hacer llamadas e ir descubriendo  sorpresas y utilidades a la audiencia, como si estuviera sacando cosas de una caja mágica de un prestidigitador. En vivo y en directo.

19. Inserción de videos y de fotos de gran calidad. Muestra series de televisión y hasta trozos de película como Piratas del Caribe. ¡Y música!

20. Terminar con una sorpresa. Anuncia la presencia del presidente de Google, con quien trabaja codo a codo para hacer aplicaciones para el iPhone.

La charla sigue exhibiendo en las escuelas de negocio como un ejemplo de cómo romper con las charlas y presentaciones aburridas. Hasta los silencios de Jobs dicen mucho.

Dato importante: Jobs la ensayó muchas veces la presentación y, como muestra en un momento, estaba todo anotado. Improvisación, nada de nada.

 

 

Steve Jobs, el fascinante mago del ‘storytelling’ en el mundo de los negocios

9 octubre 2015 - 9:20 - Autor:

 

Hoy coinciden dos eventos que están relacionados con Steve Jobs: se estrena en EEUU una película basada en su vida y se ponen a la venta en España los últimos modelos de iPhone, el revolucionario teléfono que presentó en 2007. Además, esta semana se cumplieron cuatro años de su muerte.

Steve Jobs es de los pocos empresarios que ha pasado a la historia como una leyenda. Como alguien que conocerán las futuras generaciones.

No sabemos quién lleva General Motors. No conocemos la cara de hombre que lanzó La Casera. No tenemos ni idea quién inventó el Volkswagen.

Pero sí seguiremos asociando la cara de Steve Jobs con la de la innovación, la lucha, el perfeccionismo, la obsesión y sobre todo, por haber convertido unos productos en talismanes, unos clientes en feligreses y una marca en un icono. Casi una religión.

Eso lo logran muy pocas personas en este mundo. Por eso se ha hecho una película con su vida.

La película dedica varias escenas electrizantes a algo que Steve Jobs hacía con una maestría inimitable: hablar en público y contar historias. Se dio cuenta de la importancia de las presentaciones, y por eso las preparaba como si fueran una mezcla de actos de magia con el relato de una película. Espectáculos.

La puesta en escena, los primeros segundos, la intriga, la caja de sorpresas, el momento del éxtasis… Todo presentado como un cuento formidable y con la técnica de los mejores magos.

Las presentaciones del iPhone,del iPad, del Macbook Air y de muchos productos tienen millones de visitas en YouTube porque Jobs usaba los elementos de la magia y del cuento para causar un impacto emocional a su audiencia. Drama con magia.

Eso es lo que se llama storytelling y que ahora demanda todo el mundo: desde anuncios, hasta vídeos vitales, memorias de empresa o páginas web. Por favor, cuénteme un cuento. Cuente una historia. Impresióneme. Asústeme.

La historia que mejor contó Steve Jobs fue la historia de su vida. Es el discurso académico en la Universidad de Stanford en 2005. Vestido con la toga de la universidad en la cual nunca estudió (nunca terminó sus estudios), Jobs empezó diciendo esto: “Voy a contarles tres historias”.

La primera historia era la de su orfandad: sus padres biológicos lo entregaron a una familia y se olvidaron de él. La segunda historia es cómo montó Apple, como lanzó los primeros productos y cómo en 1985 le echó el consejo de la administración. Luego le llamaron para enderezar la empresa, que perdía dinero, y hoy es el gigante mundial que conocemos.

Y la tercera es el cáncer de páncreas que le detectaron. Le enseñó a vivir “cada día como si fuera el último”. Fueron tres historias que impresionaron a todos los estudiantes. Les asustaron.

Todo lo que hizo y dijo Steve Jobs se sigue estudiando en las escuelas de negocios. Hay centenares de libros explicando sus métodos, su estilo de dirección y sus manías. Hay libros que relatan su técnica de hablar en público. Y hay una biografía que describe de forma exhaustiva sus pensamientos, sus comentarios y sus frases más íntimas.

Pero sin duda, una de las frases más perdurables, es aquella con la que terminó su discurso de Stanford –”Stay hungry, be foolish” (sed insaciables, sed inconformistas).

Es la definición del emprendedor innovador.

Jonathan Ive, el otro genio de Apple

26 octubre 2011 - 23:19 - Autor:

En estos días se han puesto a la venta dos biografías de Steve Jobs, la de Walter Isaacson (Debate, titulada Steve Jobs) y la de Daniel Ichbiah (Lid, titulada Las Cuatro Vidas de Steve Jobs).

Hay en ambas mucho que aprender y los periodistas las están desgranando poco a poco para mostrar la vida del fundador de Apple. Un genio, sin duda, pero en ambas biografías hay una parte dedicada a otro genio de la empresa de la manzana, el diseñador Jony (Jonathan) Ive (ver foto).

Este diseñador británico llevaba trabajando en Apple desde 1992, cuando Jobs no estaba en la compañía. “Ive se aburría tremendamente en Apple”, cuenta Ichbiah, “y estaba a punto de presentar su dimisión

Recordemos. Jobs, creador de Apple, había sido expulsado de la empresa en los ochenta. Luego volvió a dirigirla, justo cuando la empresa estaba cayendo en el abismo. ¿Por qué? Porque los ingenieros habían tomado el lugar de los diseñadores.

Jobs  volvió a la compañía en 1996, y dio al año siguiente dio un discurso que resultó para Ive una revelación. “Anunció que nuestra meta no era simplemente ganar dinero sino también crear grandes productos”. O sea, Jobs proponía hacer justamente lo contrario de lo que Apple estaba haciendo en los últimos años.

En la mayoría de las empresas, cuenta Walter Isaacson, biógrafo de Jobs, la ingeniería determina el diseño. Los ingenieros plantean sus requisitos y los diseñadores crean cubiertas y tapas que puedan acomodarlos. “Para Jobs, el proceso tendía a funcionar en sentido contrario”.

Eso fue lo que gustó a Ive.

El iMac, un ordenador que parecía un caramelo

Un día Jobs vio uno de los diseños de Ive. Se trataba de un ordenador de color y de plexiglás. La empresa lo había rechazado pero Jobs lo vio y dijo “lo quiero”. El problema era presentar este modelo traslúcido al consejo de administración de Apple, “aquella cohorte de seres racionales en busca de rentabilidad garantizada”.

Jobs y su diseñador se encerraron con un pequeño equipo y trabajaron en absoluto secreto tras un cartel, copiado de la Segunda Guerra Mundial, que decía “Las lenguas largas pueden hundir el barco”. Estaba naciendo el iMac, ese ordenador en forma de fruta y de colores ácidos, que entre otras cosas se había basado en la forma en que se presentan los caramelos.

El 6 de mayo de 1998 el iMac se presentó en público. “Se convirtió en el ordenador más vendido del momento en todas las categorías”, dice uno de los biógrafos. Desde entonces, ambos trabajaron haciendo algo que consistía en buscar la sencillez en la complejidad. Fueron sacando productos sorprendentes, que parecían salidos del taller de un orfebre medieval: el iMac, un ordenador de color y en forma de huevo. El iPod, el iPhone, el iPad…

¿Y qué hacía a Ive tan brillante? Que era un artesano. Un artesano moderno.

El orfebre medieval

Su padre era un orfebre que además daba clases en la universidad local de Chingford. Enseñó a su hijo el placer de hacer cosas con las manos. “Llegué a darme cuenta de que lo realmente importante era el cuidado que se ponía en ellos [productos hechos a mano]“. 

Ive consiguió muchos premios de diseño y en 1992, cuando entró en Apple, la empresa estaba dirigida por Gil Amelio, quien no tenía mucho aprecio por el diseño. “No había un ambiente de atención a los productos”, afirma Ive en una de las biografías,” porque estábamos tratando de rentabilizar al máximo los beneficios que obteníamos”.

Cuando Jobs volvió, Ive vio de nuevo la luz.

¿Podía haber surgido esa gama de productos sin la unión de un orfebre y un visionario? Es dudoso. Ive afirma en una de las biografías que cuando Jobs presentaba esos diseños como si hubiesen salido de su propia cabeza, se sentía como si le hubieran robado un bebé. Pero también reconoce que sin la visión y la apuesta de Jobs, habría sido imposible que esos bebés vieran la luz.

Fue la idea de dar valor a la artesanía lo que hace que ahora Apple sea una de las empresas más valiosas del mundo. Parece una contradicción. En la era de la superproducción en serie, de las commodities, del usar y tirar, ha triunfado una empresa que trabaja conceptos medievales: el fruto de las manos. A eso se le llamaba entonces artesanía.

Una de las lecciones que se aprende de ambas biografías es que los departamentos de diseño de las grandes compañías son en parte herederos de ese espíritu artesanal… siempre que por encima no tengan a los ingenieros. En la construcción de las catedrales, se unificó el trabajo de cientos de artesanos para producir vitrales o arcos, gárgolas y hornacinas, y todo ello  bajo la supervisión de un gran arquitecto que tenía una visión.

Y Jony Ive es ese artesano medieval transplantado al siglo XX y descubierto por un cazador de talentos que convertía la técnica en arte: Steve Jobs.

(Mi Twitter para los artesanos incomprendidos:

http://twitter.com/#!/ojomagico

O en el periódico:

http://twitter.com/#!/la_informacion )

 

 

Los siete trucos del genio de las charlas

3 octubre 2011 - 20:40 - Autor:

Steve Jobs, el fallecido fundador de Apple,  era uno de los mejores ejemplos de cómo hacer una presentación con diapositivas. Su magia era tan cautivadora que sus presentaciones eran seguidas a través de la Red porque parecían espectáculos de circo. Esta magia la ha usó para presentar en público desde el iPod, hasta los iPhone o los iPads.

El experto en comunicación Carmine Gallo escribió un libro sobre esta magia donde afirma que «el primer paso para vender tus ideas,con poder, persuasión y carisma, consiste en crear una historia, una trama. Eso es lo que diferencia a los grandes comunicadores de los mediocres», según el libro The Presentation Secrets of Steve Jobs

Estos son sus trucos:

 

1. Planifica en analógico: prepara cada diapositiva con lápiz y papel, y visualízalas como si las dibujaras en una servilleta.

2. Responde la pregunta que preocupa a todos: tus oyentes quieren saber por qué tienen que estar preocupados.

3. Despliega un sentido mesiánico de tu meta: eso es lo que te da carisma.

4. Crea encabezados al estilo Twitter: es decir, frases cortas.

5. Dibuja un mapa mental: los argumentos de Jobs son fáciles de entender porque se ajustan a la ley de la persuasión (la gente tiende a recordar sólo tres cosas básicas –sangre, sudor y lágrimas, por ejemplo–).

6. Introduce un antagonista: Jobs siempre introduce un villano para que la gente tome posición y se ponga del lado de los buenos.

7. Destapa al héroe conquistador: al final, toda historia debeterminar con un héroe triunfante.

(Mi Twitter para los que odian hablar en público:

http://twitter.com/#!/ojomagico

O en el periódico:

http://twitter.com/#!/la_informacion )

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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