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No es el pepino, es la marca España

6 junio 2011 - 9:26 - Autor:

Has bastado dos semanas para causar un descalabro de nuestra mejor imagen exportadora: las hortalizas. España es una potencia hortofrutícola, y en pepinos, potencia mundial.

No es que el pepino sostenga la economía española pues su facturación anual es muy pequeña comparada con el PIB. Se habla de unos 200 o 300 millones de euros. El daño ha sido mucho más amplio pues ha afectado a la imagen de España como productora de hortalizas. A la marca España. No somos conocidos a escala mundial por nuestros vehículos ni nuestros satélites: pero sí por nuestro campo. Y ahora esa imagen está golpeada. Una viñeta en un diario inglés mostraba cómo la OTAN bombardeaba eficazmente a las tropas de Gadafi en Libia: con pepinos españoles. Se veían cayendo de un avión un montón de esas hortalizas con nuestra bandera.

Si un consejero de la comunidad autónoma de Murcia hubiera salido diciendo que los coches alemanes explotan, o que las aspirinas Bayer son venenosas, se habría armado un escándalo de dimensiones imponderables. Y si hubiera añadido fotos de muertos o de enfermos en hospitales (aunque fueran de accidentes comunes o de gripes), se habría convertido en un ataque a la industria alemana. Habría cundido el pánico entre los clientes de estos productos.

Pero nadie en España hace esas burradas antes de comprobarlo.

La consejera alemana de salud Cornelia Prüfer-Storcks, que acusó a los pepinos españoles de ser los causantes del brote que mató a tantas personas e hizo enfermar a miles, ayer volvía a decir lo mismo: que pondría en alerta a los consumidores sobre los pepinos españoles.

O sea, una vez que ya las autoridades alemanas han admitido que el foco estalló en unos brotes de soja alemanes, la consejera de Salud de Hamburgo insiste en echarnos la culpa.

Una de dos: o la echan, o España debería iniciar un proceso ante los tribunales europeos.

Además, el mal no solo se lo está causando a la hortaliza española sino a sus tiendas alemanas pues en estos días aparecieron pintadas contra los supermercados Lidl. Esta cadena alemana anunció que retiraba los pepinos españoles y no compraba más. Claro, eso era cuando las infundadas sospechas caían sobre los pepinos españoles. Y ahora que recaen sobre hortalizas alemanas, ¿anunciará que no venderá más productos alemanes? Una gran parte de sus productos son de origen alemán, desde vinos, hasta yogures. ¿Se boicoteará a si misma?

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Las pistas ‘impepinables’ que olvidaron los alemanes cuando nos echaron la culpa

1 junio 2011 - 6:00 - Autor:

Es extraño. No se sabía de dónde procedía la cepa de la escherichia coli que ha causado 16 muertos en Alemania y más de mil enfermos. Las autoridades de Hamburgo, la zona más castigada por este brote epidémico, encargaron a un instituto que estudiara los alimentos. Los científicos señalaron que había pepinos contaminados. Tres españoles y uno desconocido. Claro, podía ser, pero ¿se contaminaron en España o en Hamburgo?

Los alemanes no esperaron. ¡Pues en España! Ya que somos un pueblo de perezosos y fiesteros, como dijo la canciller Angela Merkel, pues seguro que no limpiábamos los pepinos ni los tomates.

Así que ese mismo jueves pasado, la responsable de Salud de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, afirmó. ”La sospecha en cuanto al patógeno desencadenante de la infección apunta hacia los pepinos“. Se entendía que los españoles. A partir de ahí se desató el pánico: los supermercados rechazaban y apartaban productos españoles mientras seguían conociéndose casos mortales de infección por esta bacteria que produce diarreas sangrantes.

Ayer, Prüfer-Storcks se desdijo: los pepinos españoles no son los causantes de las muertes. De las muertes no, pero de dejar malherido a un sector sí, pues las palabras de esta mujer han causado un golpe serio a las exportaciones españoles y a la imagen del país.

Lo sorprendente es que  cualquier especialista en el mundo agrícola, cualquier laboratorio, ante casos de infecciones similares, pone en marcha una cadena de pensamientos que conducen a posturas sensatas, o por lo menos, a una cautela que no tuvieron las autoridades alemanas.

Para probarlo, he escogido una web denominada agronoticias, que produce información en español y alemán, y que está destinada a mayoristas de hortalizas y frutas de ambos países.

Dos colaboradores de esa web viajaron a Alemania en días pasados, invitados por una revista llamada Fruchthandel Magazin, y visitaron multitud de supermercados. Al mismo tiempo, conectaron la radio y la TV para estar informados de lo que sucedía. Con todo ello, afirmaron (antes de que se supiera que los pepinos españoles no eran culpables): “Pruebas claras sobre la procedencia de la bacteria todavía hoy no están claras. La culpa se la echan a una empresa de Málaga y otra de Almería, pero no se ha demostrado nada”.

Lo mejor de todo es que esta web hizo un trabajo profesional dirigiéndose a laboratorios para preguntar por el crimen y el supuesto criminal. Y estas fueron las siete conclusiones (perdonen las largas citas que tomo prestadas pero es crucial; los puntos importantes son el 5 y el 7. Como es textual, algunas construcciones no son ortodoxamente castellanas):

  1. - El elevado número de infecciones en el norte de Alemania indica una clara contaminación de uno o varios alimentos con la bacteria EHEC. Esta bacteria se encuentra en el intestino y en las heces de rumiantes infectados, sin que estos presenten síntomas de la enfermedad.
  2. - Por las preguntas realizadas a los enfermos, investigaciones en sus frigoríficos y comparaciones con un grupo de personas sanas, las autoridades han identificado a las hortalizas frescas (lechugas, tomates y pepinos) como posible fuente de la infección.
  3. - Así se llegó a una recomendación general en el norte de Alemania de no consumir lechugas, tomates ni pepinos, ya que en esta zona es donde más casos hay.
  4. - En las siguientes muestras e investigaciones de la bacteria EHEC esta se encontró en 4 muestras de pepino del mercado de Hamburgo. 3 pepinos de origen español y otra de origen desconocido. Un pepino era de procedencia ecológica.
  5. - Los diferentes orígenes y diferentes empresas productoras, diferentes tipos de riego, diferentes almacenes de envasado, diferentes transportes de España hacen una contaminación conjunta de la mercancía con esta rara bacteria improbable. O bien hay una fuente común de la mercancía o la contaminación se ha dado en un lugar donde la mercancía ha estado almacenada, transportada o re-empaquetada de forma conjunta. Hasta la fecha no hay información exacta sobre estos vínculos.
  6. - En bacterias EHEC existen diferentes cepas (las bacterias se diferencian genéticamente unas de otras y producen tóxinas diferentes). La cepa de los que han enfermado se ha identificado. Pero hasta la fecha no se ha dado a conocer si la encontrada en los pepinos es idéntica a esta bacteria concreta. (Nota mía: las últimas noticias es que no son las mismas)
  7. - Hasta el momento no hay infecciones EHEC en España (Nota mía: el caso ingresado en San Sebastián es de un español procedente de Alemania). En una contaminación clara de pepinos en la producción sería muy probable que las personas del entorno (agricultores, cosecheros, personal de almacén, controladores de calidad…) también enfermasen de EHEC. Sobre esto no hay datos.

Es decir, que si las autoridades alemanas hubieran seguido estas deducciones, no se habrían aventurado a echar la culpa a los pepinos españoles. Eso debería tener un castigo: de hecho, agronoticias afirma que por primera vez, una empresa española ha contratado a un bufete de abogados en Alemania y que no es de extrañar que pida “indemnizaciones por daños y perjuicios“.

Alemania debe responder.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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