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Guía urgente para periodistas que quieren sobrevivir en un mundo que se cae

26 enero 2017 - 11:35 - Autor:

Invitado por la Universidad de Navarra el director de The Washington Post –Martin Baron– estuvo en Madrid para dar una charla sobre periodismo en la Fundación Rafael del Pino. El año pasado vino Paul Steiger, director de Propublica, el medio de investigación más novedoso de aquel país. Y el anterior, Jill Abrams, que acababa ser despedida como directora de The New York Times.

Entre los que van a esas charlas o las ven por streaming hay muchos periodistas. Todos estamos buscando la varita mágica o la pócima maravillosa que nos indique cómo salir de la crisis y hacia dónde ir. Nuestros templos se derrumban.

Las ventas de los periódicos se hunden. Internet no es un gran negocio. La gente lee rápido y cambia de medio o de artículo. El lector ha dejado de creer en la prensa como formador de opinión, cosa que ha pasado en EEUU con Donald Trump. Ya no sabemos qué hacer para atrapar la atención de los lectores y ganar dinero para pagar nuestras facturas.

Martin Baron definió algunas claves: contar historias. Storytelling. Los periodistas tenemos que contar buenas historias. Baron dijo que tienen que hacerlo con todos los medios posibles, como videos, podcasts, fotografías, y cualquier medio moderno. Pero lo importante es contar historias.

Para Baron la otra clave es contar las historias de la gente. Se refería sobre todo a salir de Washington, de Nueva York y de las grandes ciudades para contar lo que piensa y hace el americano medio. Ese americano que ha votado a Trump y al que los medios no hicieron ni caso.

Los periodistas norteamericanos están arrepentidos de no haber girado sus cabezas hacia los trabajadores blancos desempleados, sobre todo. Ha sido tan grande el olvido que la mayoría de esos trabajadores que antes votaba por los demócratas a hora vota a Trump.

Y cuando los grandes medios publicaban los escándalos de Trump, como por ejemplo su forma de ocultar sus millones al fisco, o cómo hablaba de forma soez de las mujeres, los votantes potenciales no cargaban contra Trump sino contra los medios. “Hay mucha gente que no está interesada en los hechos, solo quiere leer ‘informaciones’ que estén alineadas con sus opiniones preexistentes”, dijo Baron. Muchos han llamado a este fenómeno la ‘posverdad’. El votante medio no cree en los periódicos, en parte, porque los periódicos se han olvidado de ellos.

Es casi lo mismo que dijo hace poco el director de The New York Times, Dan Baquet, que fue entrevistado por su propio periódico. Diseñó un plan para evitar esto. Prometía cambios profundos en la organización. La web española Paperpapers hizo una traducción magnífica de ese artículo, y copio aquí algunos párrafos.

“[Voy a ] trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt [el cinturón cristiano o estados más religosos] puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. [...]

“También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base del país.

“Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta “otra América” a la vista del público”.

Aquí sucedió algo parecido con el 15M, esa espontánea manifestación que tomó durante meses la Puerta del Sol de Madrid clamando contra los desahucios, los abusos de la banca, la corrupción política y los atropellos.

El partido de Pablo Iglesias, Podemos, se apoderó de aquel movimiento, a pesar de que ese movimiento iba contra los partidos políticos. Pero en Podemos lo supieron hacer. Y ahora son el tercer partido más importante de este país.

Pues bien, del 15M solo informaron en profundidad y desde el principio dos medios: Público y lainformacion.com, cuando yo era director de este último. Hicimos incluso un largometraje que presentamos a los Goya. Hicimos gráficos, y publicamos cientos de artículos y de opiniones. A muchos medios le cogió de sopetón pero luego reaccionaron. Pero no sabíamos que se estaba fraguando un partido que saltó a la fama en las elecciones europeas de mayo de 2014. Oh, la, la…

Creo que la gran lección que debemos aprender los periodistas, aparte de la que dan los directores de estos dos medios americanos, es la siguiente: si sigues al enjambre, eres parte del enjambre. Es decir, si vas adonde van todos los periodistas, dirás lo mismo que ellos.

Y eso fue lo que les pasó a los periodistas de los medios más influyentes de EEUU: siguieron al enjambre que se movía entre las colmenas del poder en Washington, Nueva York y Los Angeles. No se molestaron en ir a ver qué pasaba en los cientos de pueblos llamados Springfield o Greenville, donde vive la mayor parte del país. Se olvidaron de contar historias de toda esa gente.

-El admirable caso de Paul Steiger, la esperanza del periodismo de investigación 

 

Por qué lo que ocurre en Davos importa un bledo a todos excepto a los periodistas

20 enero 2017 - 9:59 - Autor:

Davos es un pueblo en los Alpes suizos que suele estar a dieciséis grados bajo cero.

Tienen un inmenso búnker bajo el suelo para defenderse de ataques nucleares. Es tan grande que un día un señor decidió darle otro uso y pensó en un inmenso centro de reuniones y conferencias. Podía reunir allí con seguridad a políticos, gobernantes, jefes de estado, empresarios y banqueros poderosos, porque era casi inexpugnable.

Entonces lo llamó World Economic Forum. Cada año, por estas fechas acuden miles de empresarios, banqueros, políticos y periodistas a tratar asuntos de calado mundial: el futuro, el desarrollo, el hambre, la inversión, el crecimiento… Muchos de ellos hacen grandes contratos después de conocerse. Para ellos puede ser un buen negocio. Lo que se dice y se hace allí aparece en los medios de comunicación y a veces hasta en la televisión. Pero no interesa a nadie. No hay grandes noticias, la verdad.

¿Por qué vamos los periodistas? Porque es la fiesta a la que hay que ir para ver y dejarse ver.

Yo he estado dos veces y reconozco que es una buena experiencia porque conoces gente a la que normalmente no conocerías. Por eso Davos es bueno para los periodistas.

Una vez en 1992, alguien comentó que en una sala estaba Nelson Mandela y allá me fui. Estábamos unos 10 periodistas con él. No más. De pie hablando, así, tan tranquilos. Mandela sonría todo el tiempo, como si 27 años en la cárcel hubieran sido un balneario.

Bill Gates estaba en otra sala, a la que uno podía acudir a conocer su visión del futuro. Cada año siempre hay un país o región que puede presentarse como ‘centro de atracción de inversiones’. Aquel año de 1992, supongo que por los Juegos Olímpicos, la comarca mundial que se presentaba era Cataluña. Organizaron una extraordinaria comida para todo el gentío y en medio estaba Jordi Pujol.

Yo le pregunté si aquello no era muy caro, y el president me respondió que no, porque al final se podía convertir en negocio para empresas catalanas. Me acuerdo escuchar al president hablar en alemán con inversores. Me impresionó.

También en aquella ocasión estaba yo hablando con alguien de prensa del gobierno de Venezuela (el presidente Pérez estaba por allí), cuando todos los venezolanos salieron corriendo. ¿Qué pasa?, pregunté. “Acaban de dar un golpe de Estado en Venezuela. Un militar”. Era Chávez.

En Davos podías estar tomando un café en una esquina y de repente pararse a tu lado un personaje famoso. A mí me pasó con Newt Gingrich, que era el speaker republicano del Congreso y que por aquellas fechas era muy  famoso porque atizaba a los demócratas y a Bill Clinton.

En otra ocasión en Davos, iba por un pasillo del búnker lleno de pantallas que escupían información económica y financiera, cuando pasé al lado de un hombre en zapatillas deportivas y con un jersey. Parecía el limpiador de cristales de Davos. Pero me detuve. Me di la vuelta y me acerqué. ¿No es usted el señor Michael Bloomberg?, le pregunté.

Me dijo que sí, y que estaba allí ofreciendo los servicios de su agencia de noticias financiera, Bloomberg. “¿Qué me puede contar de la acusación de acoso sexual por la que le están juzgando?”. Y dijo: “Oh, no puedo hablar porque está sub judice”.

Esto fue en 1997, el mismo año en que Hillary Clinton dio un discurso muy aplaudido. Acababa de conocerse el escándalo sexual de su marido con una becaria en la Casa Blanca. Pero ella estaba como si nada. Al final de su charla, el presidente del WEF le preguntó que para cuándo una presidenta mujer en EEUU. Y ella respondió que no sabía, pero cuando saliera esa candidata la votaría sin dudar.

En ese mismo año en Davos, la delegación española se estaba estrenando como país con un nuevo gobierno. El PP había ganado las elecciones y su ministro de Economía estaba en Davos tratando de demostrar que ellos lo podían hacer mejor y que iban a estar en el euro desde el primer momento.

Rodrigo Rato habló en un inglés fluido y se metió a todos en el bolsillo en el auditorio. Estaban exultantes los del PP. Todo les estaba saliendo a pedir de boca.

Y ahora, miren lo que ha pasado años después: Hillary Clinton se presentó el año pasado y perdió las elecciones. Mandela fue presidente de Sudáfrica. Rato está siendo juzgado y puede ir a la cárcel. Gates es uno de los más ricos del mundo. Bloomberg fue alcalde de Nueva York. Y Hugo Chávez fracasó en su golpe, le metieron en la cárcel, salió, se presentó a las elecciones, ganó, fue presidente durante 14 años hasta que murió y dejó destrozado uno de los países más ricos del mundo en materias primas.

Ya ven todo lo que puede aprender un periodista en Davos. Al final, a uno le sale una reflexión muy vulgar. “Las vueltas que da la vida”.

 

Periodismo de verdad, periodismo de risa y periodismo de mentira

23 noviembre 2016 - 10:22 - Autor:

El diario The Washinston Post entrevistó hace poco a un tipo que fabricaba noticias falsas y las introducía en las redes sociales. Dijo el tipo: “Donald Trump está en la Casa Blanca gracias a mí”.

Este hombre llamado Paul Horner había puesto noticias como que la comunidad amish de EEUU iba a votar por Trump. Hasta el propio Trump tuiteó la noticia.

Su carrera de mentiras viene de lejos. Hace tiempo hizo creer que él era Banksy, el inglés que pinta grafitis artísticos por las paredes de Gran Bretaña.

Cuando The Washington Post le preguntó por qué mentía, Horner respondió: “La gente es definitivamente idiota”. En el caso de Trump, afirmó que la gente creyó las mentiras publicadas porque deseaba creer en ellas.

Este fenómeno es tan preocupante que Facebook y Google están tratando de identificar estas webs o sitios de Facebook. Lo peor es que quienes fabrican estas mentiras hacen mucho dinero. Horner confesó que en algunos meses ganaba hasta 10.000 dólares. Google, como saben, tiene un sistema llamado Adsense que pone anuncios en donde le dejen. Si usted tiene un blog con pocas visitas, no ganará nada. Pero si consigue muchas visitas, le pagarán un porcentaje de ese anuncio.

Hay gente que sostiene que una web de mentiras no se diferencia en nada de una web de humor, que cuenta mentiras. Es el caso de El Mundo Today, que publicaba en estos días: “Donald Trump construirá un muro alrededor de cada mexicano”. La diferencia es que el objetivo de El Mundo Today no es mentir, sino echar unas risas. Ese periodismo satírico o gracioso siempre ha existido. La pena es que mucha gente que no conoce El Mundo Today las toma como verdad.

Pero en el caso de Horner o la web 70news es algo más perverso. Es ganar dinero por mentir, por falsear o por extender rumores.

Estas webs tienen éxito por otra razón preocupante. Cada vez recibimos más noticias por WhatsApp, por Telegram, por Instagram o por donde sea menos por un periódico.

Muchas proceden de periódicos serios, pero cuando te llegan esos mensajes a tu WhatsApp, no sabes distinguir la fuente. Todos los días recibo vídeos que son montajes, noticas falsas, memes, gifs y también noticias verdaderas.

Eso está haciendo daño al periodismo. Y le hará más daño sin las grandes plataformas no prohíben a los que se lucran. No digo cerrar esas webs, sino que los grandes transportistas de noticias, que son Google, Facebook y otras redes, tengan un sistema de detección y programación. Hay que distinguir para el lector, el periodismo de verdad, el de mentira y el de risa.

¿Debemos los periodistas limitarnos a poner el micrófono a los políticos?

25 septiembre 2016 - 10:34 - Autor:

Los políticos sueltan sus consignas, sus anuncios, sus eslóganes porque saben que los medios de comunicación lo van a recoger ¡gratis! Esas campañas les costarían a una marca de coches muchos cientos de miles de euros, pero los políticos las obtienen gratis.

A ellos les basta con que los periodistas pongan: “Fulanito dice” tal cosa. Luego, los periodistas se van con sus micrófonos y grabadoras a otro politiíco y preguntan”: “¿Qué piensa de lo que ha dicho Fulatino”. Y Menganito suelta su frase.

Con el periodismo de ‘él dijo’, o ‘ella respondió’, los periodistas hacemos el juego a los políticos. Somos su escaparates. Pero, se supone que la verdad es eso, ¿no? Así nos lo enseñan en las facultades.
Yo no lo creo porque con esa actitud estamos siendo utilizados por políticos que mienten o exageran. Si alguien quiere manipularnos, hay que pararle los pies.
Hace poco eso es lo que hizo The New York Times. Su código ético afirma que un periodista tiene que recoger las dos versiones sobre cualquier tema. Pero hace unas semanas se saltó un poco esté código cuando Trump reconoció que Obama no es extranjero sino que nació en EEUU.
Para ponerles al día, Trump había dicho durante muchos años que Obama había nacido fuera de EEUU, con lo cual no estaría legítimado para ser presidente de EEUU. Era mentira, claro.
Al reconocer hace poco que Obama sí había nacido en EEUU, la mayor parte de la prensa se recogió en la técnica de “Trump dice”, o como mucho “Trump por fin reconoce”. Pero The New York Times fue más lejos y le tachó de mentiroso en la propia noticia. “Trump abandona su mentira pero rehúsa arrrepentirse”.
Eso no es una noticia: es un editorial. Un editorial es la voz del periódico, su opinión.
¿En un artículo se puede opinar?
La prensa americana lo llama ‘news analysis’ (nosotros, crónica). Es un género permitido que mezcla información con algo de orientación del periodista, pero que no pretende ser un editorial. Sin embargo, los ‘news analysis’, suelen ir junto a la noticia o después de la noticia.
Pero en este caso ‘era la noticia’. No había más.
A muchos seguidores de Trump les habrá molestado esa ‘opinión disfrazada de noticia’ pero llega un momento en que los periodistas no deben servir de catapulta ni escaparate de nadie.
Yo, por ejemplo, he sido muy beligerante con los chavistas y con los políticos españoles que defienden (o no denuncian) el chavismo y a Maduro, entre ellos a Pablo Iglesias y a Juan Carlos Monedero. Han destrozado Venezuela: ¿tenemos que quedarnos con los brazos cruzados?
Los periódicos pueden tener orientaciones políticas pero no pueden irracionales. Si un político, sea el que sea, se está equivocando y encima quiere manipular a la prensa, hay que pararle los pies. Y hay que hacerlo evitando el periodismo declarativo, apostando por la interpretación noticiosa porque la verdad también es noticia.
(Quien se fijó en ese cambio de The New York Times fue The Athlantic. Lean aquí el artículo. Y aquí la opinión en podcast del periódico sobre por qué decidió poner que Trump mentía).

 

Si el periodismo no da dinero, la democracia está contra las cuerdas

16 junio 2016 - 15:46 - Autor:

La información política en los próximos días va a ser la más consumida: análisis, entrevistas, encuestas, reportajes y perfiles. Hechas por periodistas con mucha experiencia, será el resultado de acompañar a los políticos a viajes y a mítines y de analizar muchos datos.

Los lectores consumirán esas informaciones en sus ordenadores de sobremesa, en sus tabletas y sobre todo en sus móviles.

Y aquí está el problema: la gente quiere leer esas informaciones sin anuncios. Cada vez hay más gente que cierra los anuncios o instala adblockers en sus dispositivos. Bloquean la publicidad.

Como la publicidad es la vía principal de financiación de los medios, ¿cómo vamos a pagar a los periodistas que hacen esos análisis polític0s?

El último informe de Pew Center sobre la evolución de los medios en EEUU afirma que esta tendencias se van a acentuar. Cada vez más gente está bloqueando los anuncios con adblockers, unas extensiones que se instalan en medio minuto y que borran los banners, los módulos, los flashes, y todo eso que nos desvía la atención cuando leemos.

Todo esto está teniendo un profundo impacto en las organizaciones periodísticas. Como se consume cada vez menos publicidad,  tener un periódico digital no es un gran negocio. Por ahora.

Como es tan costoso mantener esa maquinaria de informadores, se jubilan a los más caros, es decir a los veteranos, de modo que los medios van perdiendo su materia gris, a aquellos periodistas experimentados que garantizan la calidad de los análisis por su experiencia.

Si un sistema político se basa en que los electores tengan información variada, independiente y fiable, ¿no estamos poniendo contra las cuerdas los cimientos de ese sistema?

 

 

Los verdaderos ganadores de las elecciones son los periodistas de política

26 diciembre 2015 - 10:50 - Autor:

Da igual quién haya ganado o perdido en estas elecciones. Los verdaderos ganadores han sido los periodistas de información política. ¿Por qué? Porque los españoles necesitan que alguien les explique qué ha pasado, por qué y qué va a pasar. El lío es descomunal.

Hasta hace pocos años, el periodismo político se limitaba a criticar a un partido y ensalzar a otro. Así fue hasta que llegó el 15M, movimiento que, por cierto, no vio la mayoría de los periodistas políticos de este país porque seguían pegados a los viejos partidos.

A partir de entonces, el nivel de interés y de implicación de los jóvenes por la política ha ido aumentando. Tanto así, que Podemos confiesa que el 15M fue como su acto fundacional. Los otros partidos no se enteraron del 15M o miraron los escaparates de El Corte Inglés.

Y ahora, el periodismo político está viviendo su renacer en tertulias, en periódicos, en la radio… Renacer en el sentido de que ahora sí se les presta atención.

¿Cuál ha sido la historia del periodismo político? Digamos que su época dorada fue en los años 70 y 80, cuando este país estrenó instituciones democráticas, y cuando había más partidos que votantes.

El periodismo político era tan popular que la revista Cambio16 llegó a vender medio millón de ejemplares a la semana. Tiempo, Triunfo, Tribuna, se vendían en los kioscos con tanta profusión que ser kiosquero era casi ser un privilegiado. Hasta Interviú venía cargado de magníficas entrevistas y reportajes.

Todo ese periodismo fue languideciendo. A principios de este siglo XXI había desaparecido o ya no poseían influencia. El periodista político era un señor (más bien una señora), que hablaba de las tertulias de TV y que tenía un público restringido. Los jóvenes pasaban.

Pero ahora, afortunadamente vuelven a la carga: explican la Ley D’Hondt (inexplicable, por cierto). Artículos como “por qué el PP arrasó en el Senado”, o “Por qué IU ha tenido tan poca representación” se convierten en los más leídos.

Los columnistas especializados en política son los que nos están educando sobre nuestro sistema electoral, y se convierten en matemáticos detallando la mecánica de pactos (diabólicos) que nos acechan. Que si el partido A no conseguirá alianzas con el B; que si este perderá votantes si se alía con el Partido C.

Yo personalmente me estoy leyendo todo lo que puedo. Todos tienen un poco de razón, o por lo menos, abordan el sudoku electoral con una nueva perspectiva. Es decir, gracias a este resultado tan desconcertante en el 20D, el elector tiene necesidad de que alguien traiga un poco de luz, y le explique todo, como si fuera un niño.

Hasta existe webs que reúnen los mejores artículos de opinión política y que nos ahorran tiempo: por ejemplo, CaféReggio recoge artículos de columnistas que escriben en muchos medios incluso, en medios fuera de Madrid, y que nos ayudan a tener una visión menos Madricéntrica de la realidad.

La política ha vuelto.

PD: tras el 15M me fui con un fotógrafo de este periódico a la Puerta del Sol y estuve tuiteando lo que veía: jóvenes con ganas de cambiar este país, y que estaban hastiados de la vieja política, de la banca, de la crisis y de que nadie solucionaba su desempleo. Me tomé algunas cañas con ellos y me alegré que desde ese día, el debate político hubiera entrado en los hogares, aunque fuera para discutir. Es mejor discutir de política que de programas de TV. Lo que sucedió ese día explica lo que viene sucediendo en las elecciones desde mayo de 2014.

Mensaje a Enrique Iglesias: deja los drones a los periodistas

7 junio 2015 - 9:52 - Autor:

 

Confieso que sentí dolor cuando vi que Enrique Iglesias se dañaba la mano al agarrar un drone. Justo una semana antes había dado una charla en la Universidad Complutense sobre las ventajas de estos aparatos, pero advertí que había que saber manejarlos porque eran peligrosos.

Pueden caerte en la cabeza o dañarte las manos.

Los drones se han puesto de moda. Hace pocos años los conocíamos como máquinas de guerra usadas por los ejércitos del mundo para atacar y destruir objetivos. Eran aviones no tripulados (unmanned aerial vehicles o UAV).

Pero aparecieron cada vez más los cuadricópteros: son más baratos, los puede manejar cualquiera y la estabilidad de sus imágenes produce unos videos que cortan el aliento.

Las grandes cadenas de TV del mundo están apostando de lleno por los drones (por cierto, significa abeja zángano). En la charla que di en la Facultad de Periodismo de la Complutense organizada por Arturo Gómez Quijano (NewPaper), mostré dos vídeos. Uno era de la BBC sobre los destrozos de Israel en el campos de Gaza (ver arriba). Otro de AP sobre los destrozos causados por el terremoto en Nepal. Dramáticos.

Los drones se han convertido en una tecnología fascinante para los periodistas. Llegan a sitios donde antes no podían llegar las cámaras: desastres naturales como inundaciones, terremotos, tsunamis, incendios…

El problema de los drones es que son peligrosos cuando sobrevuelan a la multitud. Por eso, está prohibido su uso sin permiso. Pueden ser peligrosos. Enrique Iglesias solo se dañó los dedos pero si le llega a caer a alguien en la cabeza habría sido peor. Hace unos años, un drone casi le cae en la cabeza a Angela Merkel. Vean el video.

En algunos países, las autoridades desean controlar de cerca el uso de drones porque sería muy fácil causar un gran atentado con un drone. O infectar a la población con algún tipo de virus. Por eso, la batalla ahora de la libertad de expresión irá por esa vía: gobiernos con sus leyes, contra periodistas y sus nuevas narrativas.

Los periodistas, que buscamos nuevas fórmulas para contar las cosas, estamos encantados con los drones. Los reportajes de David Beriain sobre la explotación de oro en Latinoamérica están hechos en parte con drones.

Ya se ha creado una especialidad que podemos llamar ‘periodismo de drones’ (drone journalism) y en algunas facultades se están empezando a entrenar a profesionales, y a pedir licencias como si fueran de pilotos.Vamos a ver cosas increíbles pues se están ensayando habilidades que no podemos ni concebir.

La tecnología de estos aparatos ha evolucionado tanto en tan poco tiempo, que hay drones que son ‘waterproff’, es decir, sumergibles. Otros pueden seguir a una persona que esquía, mientras esta persona tenga un localizador.

La estabilidad de los drones está rompiendo límites. Un pequeño video hecho por un experto muestra la habilidad de un drone para sostener una escoba, y muchas cosas más.

Hay drones con cámaras infrarrojas, drones espía y drones hiperveloces.

Creo que hemos entrado, desde el punto de vista de la comunicación, en la era del drone.  Es lo que propone un artúculo que me fue remitido por Juan Luis Manfredi sobre la definición que se hace ya en las facultades norteamericanas. Procede del Drone Journalism Lab de la Universidad de Nebraska.

Prepárense para el gran espectáculo.

 

 

Cómo reinventar el periodismo y encontrar trabajo después de la Edad del Hielo

11 octubre 2013 - 0:47 - Autor:

 

Vean este gráfico realizado por futureexploration: anuncia la extinción de los periódicos de papel en una cronología que afectará a todo el planeta. Bueno, no se extinguirán pero quedarán reducidos casi a cenizas. A España le tocaría en 2024.

En su lugar, habrá medios digitales. El Nuevo Periodismo. ¿Podremos hacer un modelo rentable? ¿Hay trabajo para los profesionales? ¿Para los estudiantes?

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Nuevas formas de contar historias en la vieja profesión del periodismo

7 julio 2012 - 22:03 - Autor:

Muchos estudiantes de periodismo me preguntan qué salidas hay para la profesión. No hay trabajo para todos. No lo hay para los que se sacaron el título hace años, lustros, décadas. Cada año salen unos 6.ooo licenciados de las facultades de periodismo y comunicación. Tampoco hay trabajo para ellos.

Pero la profesión no está paralizada. Se están creando nuevos puestos de trabajo. El problema es que en las universidades se sigue enseñando un tipo de periodismo antiguo. ¿A qué me refiero?

Voy a poner varios ejemplos.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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