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El módulo de aterrizaje del robonauta alza el vuelo

1 julio 2010 - 11:41 - Autor:

El “Proyecto M” es una investigación de la NASA, desarrollada conjuntamente con General Motors (GM), que se ha propuesto poner un robot humanoide en la Luna con pleno funcionamiento en 1000 días a partir de junio (M es el número romano para 1000).

El humanoide viajará al satélite en un pequeño módulo de aterrizaje alimentado por propulsores ecológicos, metano y oxígeno líquido. Una vez en la órbita lunar, realizará con precisión un aterrizaje autónomo en su modulo espacial, evitando cualquier peligro o los obstáculos de la superficie.

Al aterrizar, el robot está previsto que se desperece del viaje y se ponga a caminar sobre la superficie lunar para realizar tareas de ingeniería, como el mantenimiento y la construcción de una base, aunque también experimentos científicos utilizando los sensores que lleva incorporados.

Estos “robonautas” serán androides capaces de trabajar codo con codo con sus colegas de Houston; y si tienen un problema puedan ser autodirigidos remotamente. En suma, una especie de fuerza de trabajo que permita la continuación de la exploración humana más allá de la órbita terrestre, cuya destreza les permitan utilizar las mismas herramientas que los astronautas.

El robonauta en cuestión (Robonaut-2, hijo de R-1, según su partida de nacimiento), un androide ciertamente antropomorfo con habilidades sorprendentes, está previsto que se monte este septiembre en la misión Discovery STS-133 que irá a la Estación Internacional, para probar cómo funciona en condiciones de ingravidez, aunque la NASA espera poderlo utilizar ya para asistir en los trabajos fuera de la estación.

Mientras tanto, aquí en Tierra, los ingenieros ya han probado por primera vez el módulo de aterrizaje de R-2, ése que está destinado a que el robonauta no acabe hecho un amasijo de titanio al poner su pie (cuando lo tenga) en la luna. Y el motor…¡funciona!

Lo hicieron el pasado 23 de junio, en las instalaciones que Armadillo Aerospace tiene en las afueras de Dallas. Armadillo cuenta ahora mismo con la tecnología y los laboratorios más punteros en módulos de aterrizaje, en su afán de comercializar en muy pocos años vuelos suborbitales turísticos de sube y baja.

El Common Extensible Cryogenic Engine (CECE), que así se llama provisionalmente el módulo, funciona (a la espera del metano) con hidrógeno y oxígeno, que se combinan dentro del motor para alimentar la potencia. Los combustibles líquidos deben ser bombeados en temperaturas muy frías y son distribuidos alrededor del motor, antes de ser quemados, a unos -200 ºC.

Cuando se quema hidrógeno y oxígeno se obtiene, H20, agua. Aunque vaporizada. El vapor sale a miles de grados de temperatura, pero al tocar la campana, se condensa y se congela en los bordes, formando…¡carámbanos!

Para optimizar las nivelación en el despegue y aterrizaje, el verdadero talón de Aquiles de estos procedimientos, el CECE de R2 es capaz de pivotar ligeramente alrededor de su eje, permitiendo compensar el empuje en varias direcciones, lo que le dota de una increíble estabilidad.

Una estabilidad que agradecerán tanto las tuercas del primer robonauta como los corazones de los controladores que sean testigos de ese paso tan pequeño para un robot, pero tan grande para la Humanidad.

Vía Botjunkie

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