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Auge y caída del hovercraft

16 noviembre 2010 - 13:05 - Autor:

Estaba llamado a ser el transporte del futuro. En las enciclopedias infantiles de los 60, el hovercraft despertaba la imaginación de los niños: un vehículo anfibio, capaz de surcar los mares a gran velocidad sobre un enorme colchón de aire y un potente ventilador. Emulando el anuncio de los coches voladores: ¡¿Dónde están nuestros aerodeslizadores?!

La edad de oro del hovercraft fueron los años 60, inmediatamente antes de la crisis energética de 1973, que supuso una losa para estos vehículos, que alcanzaban una gran velocidad pero a un precio excesivo: el de llenar sus sedientos depósitos de combustible procedente del Golfo Pérsico. Durante aquella década, los aerodeslizadores cruzaron el Canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra a velocidades inauditas: el modelo N500 podía llevar 400 pasajeros a una velocidad de 74 nudos (137 km/h), completando la travesía entre Calais y Dover en escasos 22 minutos.

Aunque el Estrecho de Gibraltar tiene unas dimensiones parecidas al Canal de la Mancha, los hovercrafts no llegaron a surcas sus aguas. En la época en que empezó el tránsito masivo entre Algeciras y Tánger los ferries ya habían evolucionado de tal manera que, sin ser tan veloces, eran mucho más rentables.

Donde sí operó un hovercraft, aunque sin demasiado éxito, fue en las Islas Canarias. Era Scanhover, un modelo de fabricación inglesa con capacidad para 38 pasajeros, que llegó a Tenerife en 1967 desde Escandinavia, donde funcionó durante dos años. Al año siguiente otros dos aerodeslizadores llegaron a Las Palmas e incluso se llegó a planear la compra de un modelo más grande, para 138 pasajeros, pero ninguno de ellos llegó a circular regularmente, más allá de unos cuantos pasajes de prueba, según relata en su artículo “Vehículos de alta velocidad en las Islas Canarias” [.pdf].

Como tantos otros inventos, el hovercraft tiene origen militar. Según el prolijo artículo de la Wikipedia, fue la pérdida de interés de la Armada de EEUU en los años 50 lo que permitió el progresivo desarrollo de aerodeslizadores de uso civil. Curiosamente, cuando la crisis energética de los 70 condenó al vehículo a mejor vida, fueron los ejércitos –ruso, griego y norcoreano, entre otros- los que recuperaron el hovercraft. La URSS fue el mayor constructor de hovercrafts militares, incluyendo el gigantesco Zubr (capaz de desplazar 555 toneladas), que pueden ver en la imagen.

En el punto álgido del entusiasmo por las posibilidades del aire como método de propulsión de alta velocidad los franceses ensayaron el Aérotrain, lo que viene siendo un hovercraft sobre vías. El aerotrén era el sueño del ingeniero Jean Bertin, que consiguió que el ferrocarril francés creara en 1965 una empresa para estudiar la viabilidad del invento. Finalmente, la adopción del Tren de Alta Velocidad (TVG) y la muerte de Bertin condenaron la suerte del tren más extraño jamás ideado.

Posibilidades de renacimiento: Ninguna. Las aspas del siglo XXI, los molinos de viento, no gastan energía sino que la recogen.

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