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Desvelamos el misterio de las zapatillas colgantes

5 marzo 2012 - 18:56 - Autor:

El resultado a veces no es muy estético, pero sí bastante impresionante. Imagen de Shoetree.  Licencia CC de mrjerz.

Cada vez estamos más acostumbrados a ver en las calles de nuestras ciudades hilos de luz con algún par de zapatillas colgando. En algunos casos se convierten en auténticas colecciones de zapatillas casi siempre deportivas (normal, pues hacen falta cordones para anudarlas entre sí y lanzarlas a lo gaucho). Pero, ¿de dónde viene esta costumbre?

Esta costumbre, en inglés, tiene el nombre de “Shoe tossing”. En un principio no se lanzaban los zapatos a los hilos de teléfono o de luz, sino que se enganchaban en un árbol. Se hacía para romper con una costumbre o con una condición. Lo hacían, por ejemplo, los soldados que abandonaban el ejército o las personas que abandonaban una ciudad para siempre (como Santa Teresa de Jesús, en la famosa historia en la que sacude su calzado porque  de Ávila no quiso llevarse ni el polvo en las suelas de los zapatos). El poder simbólico de abandonar un calzado usado y gastado ha crecido tanto que en algunos sitios pasan del fondo y se quedan con la forma. En Australia es una competición muy popular, que desde 2004 tiene hasta sus propias normas.

Concurso de lanzamiento de zapatos en Irán. No nos lo hemos inventado. Existe.

El lanzamiento de zapatos, dice Wikipedia, proviene también de la creencia romana de que un tal Baliniziar eleva el espíritu de los muertos si tiras sus zapatos a un lugar elevado. Sin embargo, buscando en Google este nombre nos encontramos 62 entradas con la misma frase sobre Baliniziar. Pensamos que se refieren a Hermes/Juno.

Los “árboles de zapatos” son muy populares y algunos pueden llegar a tener cientos de pares colgando, en ocasiones con cartas o mensajes escritos en la suela. En la web de Roadside America se habla de un árbol (ya talado) que empezó con dos pares: los de una pareja de novios. Años después, sus hijos fueron allí a dejar los suyos. Y gente cercana y desconocida se fue uniendo a la causa.

 En “Big Fish” la gente que llegaba a la feliz ciudad de Spectra dejaba los zapatos para caminar sobre su blanda y fresca hierba.

Sin embargo en el entorno urbano se ha asociado más a la lucha de bandas. Sin que haya pruebas definitivas de nada de esto, los guías de Nueva York, Los Ángeles, San Francisco o Boston explican siempre que un par de zapatos colgando significa que hay trapicheo en esa esquina, que alguien ha muerto, o que ha habido una pelea de bandas y el que ha perdido ha vuelto a casa en calcetines.

Esto se une a la broma tan graciosa y popular que es quitarle los zapatos a un compañero de clase y lanzarlos sobre el poste para que (¡ja, ja!) vuelva descalzo a casa. La pequeña humillación que supone a) haberse quedado sin el calzado y b) tener que volver manchando el calcetín, es de suponer que se aplica, con la muerte por delante, al miembro de la banda perdedora. Una idea que os proponemos desde  Strambotic es que, cuando vayáis a Nueva York y decidáis visitar el Bronx, reservéis vuestras viejas zapatillas de deporte para fastidiar un poco el mercado de la droga de la zona. Colgad los zapatos en sitios extraños, ¡y a ver qué pasa!

En los últimos años el lanzamiento de zapatos, además de ser casi un deporte, una señal entre bandas, y una liberación simbólica, es una moda entre esos románticos modernos de gafa de pasta y Converse: en los barrios más cool de Europa y Estados Unidos, la banda va dejando su rastro en forma de zapato colgante. Esto, aparte de dar trabajo a los de mantenimiento, ha provocado un aluvión de colecciones de fotos sobre el particular. Lo que es seguro es que hay una extraña analogía psicológica entre los coches polvorientos con dibujos y los zapatos colgando de árboles o postes de teléfono: si tú dibujas una flor en un coche polvoriento, al poco rato aparecerán insultos, chistes, falos, sonrisas, y números de teléfono. De la misma forma, si un día aparece un par de zapatos colgando de un poste, en una semana habrá siete, diez, o veinticinco. Así que si os han dado ganas de hacerlo, adelante. Luego no es tan sencillo. De hecho es muy complicado. De ahí que sea tan popular. Si no te cae el par de zapatos en la cara, es que eres casi un héroe.

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