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Cómo cabrear a un madrileño en siete sencillas lecciones

9 julio 2013 - 10:51 - Autor:

Tras la probada eficacia (no hace falta más que ver los “posts al respecto de los lectores) de las 7 sencillas lecciones para cabrear a un catalán, mi serie “Tocapelotas por el mundo” coge el AVE y se planta en la estación de Atocha (ese edificio cuidadosamente diseñado para que veas cómo se te escapa el tren sin que puedas hacer nada para evitarlo) con la intención de sacar de quicio a los madrileños, esos ciudadanos que siguen convencidos de que viven en la ciudad más abierta y con más marcha del hemisferio occidental.

Así que:

1.- Pídele que te lleve a lugares que ya no existen

Madrid es una ciudad en perpetuo estado de suicidio que cabrea a los mismos madrileños que, sin embargo votan desde 1991 al PP como una sola persona. Pídele a un chulapo orgulloso de serlo que te lleve a ver la ciudad desde lo alto subiendo a “aquella especie de pirulí tan chulo que hicieron en Moncloa” y te tendrá que decir que, aunque el mirador fue supuestamente reinaugurado en febrero de 2010, sigue cerrado al público “sine die”. “Ok. No problem” dile y añade “vamos a tomar una tortilla viendo atardecer sobre la sierra desde las Vistillas”. Tu colega tendrá que explicarte (mientras sube su irritación) que ya no hay tal atardecer porque Patrimonio Nacional ha decidido saltarse todas las protecciones urbanísticas para levantar el nuevo Museo de Colecciones Reales. Para rematar su enfado coméntale que te gustaría hacerte una foto con el mítico cartel de “Tío Pepe” detrás. Maldecirá la suerte de la ciudad al tener que responderte que quitaron el histórico anuncio porque el edificio sobre el que estaba es ahora propiedad de Apple pero que han prometido subirlo encima de otra casa cercana. ¡Ja!

2.- Enséñales la diferencia entre tener vida nocturna y hacer botellón

Los madrileños están muy orgullosos de que en la Gran Vía haya atascos las madrugadas de los fines de semana. Lo consideran la quintaesencia de “ciudad viva”. Pues bien, pídele al irritable capitalino que saque a pasear un perro cualquier viernes o sábado de noche por el centro. Tendrá que ir esquivando chinos vendiendo alcohol con un carrito de la compra, menores y no tan menores vomitando y orinando peligrosamente cerca de sus zapatos mientras que la pobre mascota probablemente acabe con trozos de cristal en las patitas. Si después de eso, te argumenta que el botellón es normal porque “las copas son muy caras”, invítale a un bar con los cubatas a cinco euros y entabla una conversación con el sufrido dueño acerca de la relación entre los impuestos que paga y las copas que vende desde que la policía municipal se muestra especialmente celosa con los horarios de cierre, los metros de barra, las salidas de incendios, la insonorización, las rampas para minusválidos, etc mientras que los mismos agentes hacen la vista gorda con los modernos colmados orientales.

3.- Hazles ver que el metro no tiene que estar bonito, lo que tiene es que estar

Los madrileños se han creído la propaganda de que tienen uno de los mejores metros del mundo básicamente porque se han pasado casi dos décadas con la ciudad patas arriba por culpa de “mejoras en la infraestructura”. Súbete al subterráneo y pregúntale a cualquier ciudadano local por qué los trenes tardan siete minutos en llegar incluso en horas punta. O por qué siempre hay alguna escalera mecánica en reparación o simplemente parada. O (la definitiva) si no hubiera sido más fácil, en lugar de alargar los andenes de la línea 3 para que los trenes llevaran más vagones, hacer que los metros existentes pasaran con mayor frecuencia.

4.- Demuéstrales que la selección española es campeona del mundo porque se nutre básicamente de jugadores del Barça

Una vez que Mourinho ha demostrado que Iker Casillas no es imprescindible, hazle un conteo y una comparativa cuantitativa y cualitativa del rendimiento en “la Roja” de los jugadores del Barça en comparación con los del Real Madrid.

5.- Alaba a Londres y a Rio de Janeiro como sedes de los Juegos Olímpicos

Aunque, convocatoria a convocatoria, van aumentando las voces escépticas o directamente contrarias a que Madrid se convierta en sede de unos JJ.OO, son muchos los capitalinos que, según se acerca la fecha de anuncio de la siguiente ciudad que acogerá tan prescindible evento, se lanzan a calles y plazas para demostrar al Comité Seleccionador el “apoyo popular” que tiene la candidatura madrileña. Pues bien, dile a un castizo deportista que te explique cómo es posible que la capital británica lograra los juegos con un “power point” mientras que Ruiz-Gallardón y su sucesora llevan gastados, en las tres intentonas de conseguir las Olimpiadas, lo mismo que costaron las celebradas en la capital británica. ¿A quién se le ocurre construir las instalaciones deportivas antes de que tener los Juegos? Si tu madrileñito te argumenta que todo dinero está bien gastado ya que las Olimpiadas significarían para la ciudad lo mismo que fueron para Barcelona, suelta una carcajada y responde que más bien serían lo que la Expo para Sevilla. O el Fórum de las culturas para la misma ciudad condal.

6.- Demuéstrales que las señoras de abrigo de visón aún imponen su ley

Convoca a tus amigos madrileños (de esos que se siente orgullosos de haber nacido en Usera) para visitar la Catedral de la Almudena un domingo (idealmente, el 9 de Noviembre) e ingéniatelas para que os acompañe algún africano y/o latinoamericano. No hace falta que vaya vestido con los trajes tradicionales de su país. Bastará con que te pasees con él por el atrio del templo durante una misa para que las miradas de asco de las feligresas desmientan lo de “nadie es extranjero en Madrid”. Si tu amigo/a extranjero conoce Barcelona, pregúntale si las reacciones del personal fueron iguales durante su visita a Santa María del Mar.

7.- Al llegar Agosto… ¡aquí no hay playa!

Como, en el fondo, los tocapelotas por el mundo tenemos nuestro corazoncito, intenta animar a tu enrojecido colega cantándole aquella copla que decía:

Podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo,
podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos,
podéis tener Corrala, organillos y chulapas,
pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya!,
aquí no hay playa.
¡Vaya, vaya!
No hay playa.
¡Vaya, vaya! 

De la afamada serie:

7 sencillas lecciones para cabrear a un catalán

Cómo cabrear a un vasco en siete sencillas lecciones

Cómo cabrear a un español

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