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Las 4 artimañas de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’ para convertir la realidad en una telecomedia

21 enero 2015 - 8:03 - Autor:

¿Quién quiere casarse con mi hijo? es el triunfo de la creatividad en el género de la tele-realidad. No es un programa de buscar pareja, no es un reality de convivencia: es una telecomedia del absurdo que se construye a través de un casting delirante que conecta con la complicidad de la audiencia. Lo consigue gracias a un constante flujo de guiños con el espectador, que es el último que participa en el programa al crear su propio chascarrillo, meme o gag en sus redes sociales personales.

¿Qué artimañas televisivas utilizan en el programa de Cuatro para conseguir ese surrealismo televisivo? Desgranamos cuatro trucos que pueden convertir a cualquier persona en el tróspido más friki.

1. Saber buscar.

El programa de Cuatro no sólo abre teléfonos y espera a que llamen fans de la tele, ansiosos de fama, para participar en el casting. Los responsables del formato también buscan activamente a sus ‘cobayas’ en las redes sociales. Twitter, facebook y, muy especialmente, Instagram (la aplicación de fotografías) son plataformas perfectas para dar con los perfiles de personajes que necesita el show. Por ahí contactan con posibles aspirantes a ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Porque las redes tienen mucho de reality a la hora de mostrar el infinito mapa de las personalidades humanas.

2. Grabar sin pausa.

No apagar nunca la cámara. En ¿Quién quiere casarse con mi hijo? se graba todo: antes, durante y después. Saben que, en cualquier momento, los diferentes personajes pueden hacer un comentario aprovechable o lanzar una mirada de desconcierto. Cualquier detalle es crucial para dibujar y reinventar las personalidades de los protagonistas en el montaje final. Incluso los instantes previos de la grabación son muy útiles para enfatizar los caracteres de los participantes. Cuando se relajan, cuando suspiran, cuando no están a la defensiva, cuando se sorprenden… El espacio no tiene guionistas como tal. El proceso de producción es al contrario al de una ficción. Aquí se acumulan horas y horas de grabación para, después, crear una historia cómica al unir, como si fuera un puzle, los mejores momentos de todo el material rodado con las diferentes acciones del casting. Lo que requiere un exhaustivo trabajo de redacción, minutado de las imágenes y edición final. Para contar una historia desternillante.

3. Imaginar sin cortapisas.

El principal secreto del éxito de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? es que no es un programa obvio. Conecta con el imaginario colectivo de la audiencia a través de guiños en las músicas, los rótulos o las puestas en escena. No se queda sólo en el conflicto fácil de la discusión acalorada o poligonera. Al contrario, desprende un gran talento a la hora de jugar, sin ningún miedo, con las ideas. De esta forma, la productora del espacio no tiene temor a sacar de contexto imágenes, miradas y declaraciones (incluso sílabas sueltas) para crear un gag que, en realidad, no sucedió. No pasa nada, el formato lo permite. Se cortan y pegan momentos que crean otro momento, mucho más divertido. Y para lograrlo se van poniendo a prueba las emociones de los participantes, proponiéndolos diferentes planes o actividades, que no son más que la excusa perfecta para que sucedan cosas. Llevarles a un viaje, incitar una cita, recomendar una vestimenta para aparecer en una trama…

4. Y un poquito de alcohol.

Si nos fijamos en algunas secuencias del primer programa de esta temporada de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, las mesas están llenas de botellas. Y no son botellas de agua. El alcohol desinhibe y este formato, como casi todos los de tele-realidad, invitan a la desinhibición con unas cuantas copas. Para que se suelten. Para que se dejen llevar. Para que pase lo que tiene que pasar.

Aunque, al final, en la televisión tróspida esas botellas no son lo más importante. Lo más importante es la experiencia colectiva de reírnos del surrealismo de nuestros congéneres y, en definitiva, de reírnos de nosotros mismos. Porque prácticamente ninguno pasaríamos la prueba del rodaje de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?: las artimañanas de la tele pueden convertir a cualquiera en tróspido, incluso al espectador más soso. Por eso mismo, por soso.

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Los políticos y la televisión: ¿es más eficaz hablar en ‘El Hormiguero’ que en el Congreso?

7:25 - Autor:

Uno de los shows de entrevistas más icónicos de la historia de nuestra tele, Lo + plus, tuvo una regla básica en sus primeros años de existencia: no invitar a políticos. Aunque a los propios políticos no parecía importarles demasiado esa regla de juego, pues los líderes de los partidos españoles siempre han tenido cierta fobia a los shows de entretenimiento de la pequeña pantalla. No se salían del guion de la visita al programa informativo.

Pero ese miedo ya se ha ido perdiendo. Muy poco a poco. Y, ahora, es cuando está siendo más habitual que los políticos pisen platós de entretenimiento e incluso se atrevan a subir literalmente a lo alto de molinos de viento con el aventurero Calleja. Otra de las citas obligadas es El Hormiguero. Pedro Sánchez, Rosa Díez o Albert Rivera, anoche, han pasado por la mesa en la que se esconden Trancas y Barrancas. A Pablo Motos se le resiste Rajoy. Aunque, cuidado, estamos en el arranque de una precampaña que se jugará en la tele.

El auge de Pablo Iglesias está empujando a las formaciones políticas a buscar nuevas vías de acción. Las redes sociales son cruciales, pero más aún la televisión que todavía es el medio de masas por excelencia. Y determinados líderes buscan programas complementarios a los de Telediarios y tertulias. El Hormiguero es perfecto al mostrar el lado más próximo, amable e inaudito del propio protagonista. Al final, una parte del público se identifica más con la causa de un político que demuestra cercanía apareciendo en shows de competitivas audiencias. Como hacen las estrellas de Hollywood.

¿Es, por tanto, mejor hablar en El Hormiguero que en el Congreso? Es eficaz para ampliar votantes, pero no es siempre es efectivo para fortalecer la credibilidad como político. Los estrategas del marketing de la política deben encontrar el punto exacto en el equilibrio de la participación en el entretenimiento catódico para no desvirtuar la imagen de su líder. En ocasiones, se corre el peligro de que no calen las propuestas políticas de fondo para sólo comentarse los programas a los que acude el líder de turno. No es el caso de Albert Rivera que sabe utilizar los engranajes de la televisión en su medida. Y El Hormiguero le sirvió para ganar confianza. Aunque fuera con un debate frívolo. Cosas del show business.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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