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Suecia gana el Eurovisión que fue un caos de realización

24 mayo 2015 - 0:55 - Autor:

Suecia ha ganado Eurovisión. Y cayó confeti del techo. Porque un buen sarao televisivo debe tener confeti. Más si es Eurovisión. No hubo grandes sorpresas, la terna se batió entre los que ya salían entre los favoritos. El interprete de Suecia, Måns Zelmerlöw con su ‘Heroes’ ha conquistado el primer puesto gracias a su proyección de mapping y sus muñecotes virtuales, que incluso fueron acusados de plagio y tuvo que realizar modificaciones.

Edurne ha quedado en el puesto 21. Flojo resultado. Aunque ha defendido bien a España con una actuación vibrante, a pesar del tan comentado gallo final, que puede haber restado puntos. Cosas del directo. Pero, en este 2015, la green room eurofestivalera, donde los países observan ansiosos las votaciones, también ha contado con otro embajador: el director de Televisión Española, José Ramón Díez. Allí estaba como uno más, sentado junto a Edurne. Un gesto de agradecer por apoyar, in situ, al gran talent show de las cadenas públicas europeas. Para apoyar, en definitiva, el entretenimiento bien hecho desde las televisiones públicas.

Díez incluso sabía mirar y aplaudir a cámara cuando estaba pinchado en plano.  No obstante, es uno de los grandes realizadores de nuestro país. Sabe lo que necesitan en el control de realización en cada momento. Experto en acontecimientos de estas dimensiones y con carrera como responsable de las complicadas galas de los Juegos Olímpicos. Espectacular fue su trabajo en la apertura de Londres 2012, sin ir más lejos.

Lo que no sabemos es lo que pensará el propio José Ramón Díez de la realización del eurofestival de Viena. Porque el resultado de la emisión no ha estado a la altura que acostumbra Eurovisión. Al contrario, aunque se ha mejorado desde los ensayos, e incluso se ha subido la altura del eje de las cámaras para que no se comieran las banderas del público los plano de los artistas, hemos vivido una drástica involución visual de este acontecimiento.

De hecho, la retransmisión ha sufrido mucho: temblores de cámara, algún que otro obstáculo infiltrado en la steadycam (un dedo o brazo, durante el tema de Suecia) y unos cuantos saltos de imagen que sacaban al espectador de parte del clímax de las actuaciones. También han existido otros fallos técnicos nada habituales en Eurovisión, como cuando la pantalla del fondo se ha abierto más tarde de lo previsto en la puesta en escena de Israel.

Aunque el gran caos se ha precipitado en las votaciones. No sucedía desde hace décadas. Las conexiones con los países se han cortado en varias ocasiones. Portugal se quedó con los points en la boca. Y Estonia desapareció. Tampoco hubo cierre con la sintonía del evento, como si pasó el año pasado, con Conchita posando ante los fotógrafos. Lo que se tradujo en una electrizante apoteosis. Esta edición, en cambio, fue un final sin entidad de final.

Pero, a pesar de esta realización plana, sin alma, con fallos, cargada de movimientos de cámara sucios y obsesionada con zooms pá lante pá trás a lo Barrio Sésamo, el desfile de artistas en Eurovisión nos ha vuelto a emocionar.

Porque Eurovisión es el triunfo de la televisión en estado puro: aquella que sorprende al espectador, aquella que despierta sentimientos en la audiencia. No sólo en los momentos musicales, no sólo descubriendo las puestas en escena de cada participante, también contagiando la tensión del momento del televoto.

Porque para eso mismo se creó Eurovisión hace seis intensas décadas: para unir un viejo continente, que estaba separado por guerras, traumas y fronteras. Ahora, con ayuda de las redes sociales, los eurofans, las nuevas tecnologías y la pasión que desprenden los países participantes, el eurofestival mantiene intacta la misma esencia de siempre: la importancia del entretenimiento televisivo que ilusiona. La importancia del entretenimiento televisivo que cree en la creatividad sin cortapisas, que apuesta por la libertad, que no teme rompe prejuicios. La importancia del entretenimiento televisivo que nos une.

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@borjateran

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Drama, brillos, superpoderes, lucha poética y voz: analizamos la actuación de Edurne en Eurovisión

23 mayo 2015 - 22:51 - Autor:

Ya pasó. Tras una semana de ensayos y un aluvión de comentarios en las redes sociales, Amanecer ha deslumbrado en Eurovisión. No se ha parecido a nada de lo visto en este eurofestival. Edurne ha roto con parte de su languidez y ha interpretado con más desgarro un tema complicado para un espectáculo en directo.

Y es que, en un principio, la canción, desnuda, incluso se hacía larga y densa para un espectáculo televisivo. Pero el equipo que ha estado detrás de la puesta en escena española ha sabido dar la vuelta a la esencia negativa y poco original de Amanecer hasta conseguir dejar pegado al espectador a la pantalla. Lo han conseguido. Con gran ovación durante la actuación del público en Viena.

Han jugado con cada mimbre de la canción para crear una puesta en escena global sobre el escenario. Sin dar tregua al espectador. Porque, durante la interpretación del tema, no han dejado de pasar cosas todo el rato y se ha intentado aprovechar cada elemento del decorado (decorado más limitado que otros años, por cierto).

De esta forma, Edurne ha empujado con sus manos las proyecciones de los fondos, ha marcado la pauta de la iluminación con los movimientos de su cuerpo, cual heroína con superpoderes extrasensoriales, y ha luchado contra “su pasado”, encarnado por el bailarín Giuseppe Di Bella, a quien, eso sí, nos habría gustado ver más y sin tanta tiniebla.

Y es que Edurne ha sido la gran protagonista. Y ha salido ilesa de una edición de Eurovisión que se prometía complicada. Su equipo ha logrado narrar una historia con una canción cuya letra nadie entendía. Ahora no es que la entendamos mucho más, pero sí sabemos al menos que el cambio del vestido en escena es una metáfora de ruptura brusca con un traumático pasado. Pero su tóxico amor regresa para que no supere su pasado. Y ahí se traduce lo mejor de la puesta en escena a nivel visual: una coreografía, ideada por Miryam Benedited, que a modo de combate entre cantante y bailarín, ha sido el punto fuerte de la interpretación de Amanecer, sobre todo en el momento en el que Di Bella hace volar en lo alto a Edurne y luego ella sigue cantando como si tal cosa.

Lo malo: la realización no ha mostrado esta puesta en escena del modo más eficaz. Es la peor parte de este eurofestival: la realización visual ha mejorado en comparación con las semifinales, pero no ha ido cien por cien al ritmo de la música, la emisión no ha resultado armónica y, encima, ha provocado que el espectador se haya perdido cosas. Había planos generales cuando se necesitaban más próximos. Y próximos cuando se necesitaban generales. Esto lo ha sufrido Amanecer, pues la televisión austriaca no ha aprovechado del todo los ases de la manga de la puesta en escena para trasladar a los espectadores la emoción de la canción.

En cualquier caso y contra la adversidad, Amanecer ha brillado. No es justo el mal resultado (puesto 21). Porque España ha presentado un excelente trabajo en escena. Y Edurne ha demostrado que es una artista global, consiguiendo cantar una canción muy complicada al mismo tiempo que debía desarrollar una coreografía milimétrica. Prueba superada, pues es el primer año en mucho tiempo en el que la propuesta española consuma un performance con movimientos en el escenario de Eurovisión sin que quede cutre. No han sido las sillas de Las Ketchup y nada que ver con aquel “truco de magia” de Soraya.

Ha sido un Amanecer televisivamente a la altura internacional y Edurne sale de aquí reforzada como artista. Incluso a pesar del chimpún vocal final, que ha sonado raro como si fuera un gallo. Incluso a pesar de ese vestuario con tantos brillos. Porque, al fin y al cabo, Eurovisión es cosa de brillos. De toda la vida.

> ver la actuación en rtve.es

@borjateran

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Edurne: sus 4 virtudes para triunfar esta noche en Eurovisión (VÍDEOS)

1:21 - Autor:

Llegó el día. Ya es sábado de autos. Ya es sábado de Eurovisión. A las 9 de la noche, arranca la sesenta edición del famoso eurofestival, que ha organizado la televisión pública austriaca con cierta decepción para la Unión Europea de Radiodifusión, pues la realización visual es floja, haciendo de menos a este vanguardista escaparate televisivo. Pero el espectáculo debe continuar y hoy, a eso de las 22.45 de la noche, será cuando actúe España, con Edurne y su Amanecer.

En un año con escasos alardes coreográficos entre los participantes, nuestro país apuesta por un historia teatral que arropa el Amanecer que interpreta una artista todoterreno, que ya trae de fábrica 4 virtudes que marcan la diferencia frente a sus contricantes. Estos son los 4 puntos fuertes de Edurne en Eurovisión.

1. Star quality

Sobre el escenario, Edurne cuenta con una presencia de estrella. No sólo por su atractivo físico, también por su telegenia que, en plena actuación, desprende un carácter de diva audiovisual.

2. Multidisciplinar

Baila, canta e interpreta. Estas tres cualidades las defiende en el directo. A la vez. Eso ha gustado en Europa. Su talento multidisciplinar es un plus a la hora de contar una historia  y no sólo quedarse cantando con un micro entre las manos.

3. Fruto de la televisión

Edurne es un producto que ha surgido de la televisión. Operación Triunfo, Más que baile y Tu cara me suena han sido sus principales escuelas. No tiene miedo al escenario de Eurovisión, su bagaje en platós es un aliado para un tema peliagudo de cantar en vivo.

4. Voz con personalidad

Sí, Amanecer es una canción complicada. Más aún si hay que bailar, interpretar y estar pendiente de pantallas y cámaras. Sin embargo, la voz de Edurne puede con el tema sin problema. Aunque, además, su voz tiene otra fortaleza: su timbre es especial y diferenciado. Cuenta con una personalidad distinta, que no será fácil de olvidar en un festival con mucho que se olvidará.

@borjateran

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Los tentáculos de Eurovisión en las redes sociales: una táctica calculada

22 mayo 2015 - 8:40 - Autor:

Eurovisión está de 60 cumpleaños. Un aniversario que el eurofestival celebra en buena forma. De hecho, el interés por la competición se ha multiplicado en las últimas ediciones. Incluso el Telediario ha dedicado piezas informativas sobre cómo han transcurrido los ensayos de Edurne.

El festival vuelve a estar de moda. Interesa con fuerza en tiempos en los que la gran competencia televisiva no da tregua.¿Cómo seis décadas después el fenómeno de eurovisión está en expansión? La UER ha sabido aprovechar la fuerza de las redes sociales para calentar motores ante la gran final y generar una expectación extra del evento.

Los responsables del festival tuvieron claro que debían abrir los ensayos a los eurofans. Una decisión que, a priori, puede parecer que resta sorpresa a la gala final, ya que se descubren los ases en la manga que guarda cada país participante. Sin embargo, el intenso clima de opinión, que propician los ensayos abiertos al público, juega a favor de la promoción y autobombo del festival.

Eurovisión se ha convertido en un producto viral que perdura durante meses. Y los ensayos ya en el decorado, examinados por los eurofans, in situ, terminan siendo una terapia de choque para los comités organizadores de cada país, que lo sufren. A veces, hasta de forma injusta. Pero, en cambio, ese aperturismo entiende la esencia participativa de las redes sociales, convirtiendo los prolegómenos de Eurovisión en un reality de la trastienda del show, que se consume por Twitter, Facebook, Instagram y Youtube, donde la UER también comprende la importancia de colgar píldoras cortas que se comparten más fácilmente por los perfiles y los muros.

De esta forma y gracias a los contenidos propios producidos sólo para la red, el eurofestival amplifica la percepción social de gran acontecimiento más allá de una gala televisiva, que, por cierto, no ha evolucionado demasiado en los últimos años.

Los eurofans se sienten más partícipes que nunca del espectáculo que ‘aman’. Y Eurovisión se hace más consistente mediáticamente. Así, amplifica el interés en la emisión de la final porque parte del público se contagia de ese ruidoso murmullo eurofan e interioriza la percepción de que se va a producir un evento sin parangón. Hay que verlo. O no tendrás de qué hablar.

Porque, además, Eurovisión reúne los requisitos del programa viral perfecto en época de postureo y redes sociales: los euroseguidores quieren aprovechar el tirón mediático del festival para lucirse. Aunque no tengan idea de cómo funciona realmente la televisión, aunque no sepan crear propuestas escénicas mejores. Su apasionada opinión se transforma en un propio show.

Es la televisión que hace sentir a la gente partícipe y con poder. Eurovisión ha entendido esta premisa de las redes sociales antes que nadie. Porque Eurovisión siempre ha ido un paso adelante. No sólo en la tecnología o en la innovación de la realización (vale, esto este año menos), también en el avance de libertades individuales. El festival es un punto de encuentro a la libertad en su expresión más televisiva. De Dana Internacional a Conchita Wurst. La música sirve de nexo de mayorías y minorías, uniéndonos y rompiendo tabúes.

Y esa intuición de ir por delante, se mantiene intacta. Así ha sucedido también con las redes sociales. Lo fácil había sido cortar alas a los eurofans hasta la emisión televisiva, para no obstaculizar el trabajo de los profesionales y no crear spoilers. Pero no, se ha apostado por el debate que se traduce en una mayor expectativa para un evento que sigue rompiendo las audiencias. Sin miedo a la viralidad. Sin miedo a las nuevas ventanas de consumo televisivo.

@borjateran

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Manuela Carmena: así ha revolucionado la campaña electoral tradicional (dentro y fuera de la TV)

21 mayo 2015 - 2:58 - Autor:

  • Desaprendiendo los lenguajes televisivos imperantes

No ha realizado una portentosa inversión en campaña publicitaria. No ha asistido a grandes programas espectáculo donde demostrar su habilidad en el género de las varietés. No ha protagonizado mítines multitudinarios. No ha proclamado promesas electorales imposibles. Manuela Carmena simplemente ha revolucionado la campaña electoral reflexionando sobre una propuesta participativa para una ciudad mejor.

La candidata a la alcaldía de Madrid, a sus 71 años, como si de una reencarnación de Tierno Galván se tratara, ha reinventado los mecanismos a los que nos tiene acostumbrados la política del titular efectista, convirtiendo, en apenas dos meses, a una candidata desconocida en un fenómeno en las redes sociales. Un fenómeno que ha generado ilusión en una parte de la ciudadanía, activa en el universo cibernético, que se siente huérfana de líderes a los que otorgar su confianza.

Desde su experiencia, Manuela Carmena ha impulsado la regeneración de las manoseadas campañas electorales obsoletas, basadas en los mítines gritones donde las proclamas publicitarias efectistas son pilar protagonista. Lo hacen todos. De Esperanza Aguirre a Pablo Iglesias.

Todos buscan su púlpito. Bueno, algunos más que otros. De hecho, la lideresa del PP en la Comunidad de Madrid, y aspirante a la alcaldía, ha apostado por una campaña invasiva en las últimas semanas. Esperanza Aguirre ha intentado estar en todos lados y ha forzado apariciones estelares, de esas que buscan la cercanía más prefabricada e impostada con el votante. Así, la hemos visto paseando a su perrito, andando en bicicleta, cantando en El Hormiguero o montada en un taxi mientras saludaba, asomando por la ventanilla, a un anciano con tata-taca.

Es la táctica de la vieja escuela: forzar una complicidad con los ciudadanos que termina convirtiéndose en una sobreactuada representación teatral de la política a la caza del voto. Perfecta para la proliferación en las redes de ‘memes’ paródicos que dan la vuelta a la estrategia de marketing.

En cambio, Manuela Carmena no ha realizado ningún performance para darse a conocer. No ha posado con un perrito, ni ha bailado un chotis. Simplemente, ha intentado ser ella misma. O eso ha parecido. Con sus fortalezas y sus debilidades. Si bien, la trayectoria en la juridisprudencia le avala y su discurso calmado también. Aunque, a primera vista, ese discurso calmado sería prohibitivo para algún que otro responsable de campaña de la vieja escuela política. Porque no lanza grandes declaraciones de spot publicitario, ni trabaja la confrontación de buenos y malos, ni fomenta la lucha de derechas e izquierdas, ni divide entre trabajadores y casta. Al contrario, se centra en hablar de los ciudadanos sin trincheras y hasta reflexiona sobre la importancia de alcanzar la felicidad individual a través de la felicidad compartida de las ciudades.

Carmena ha huido de mítines y ha optado por coloquios. Ha sido una sigilosa campaña del tú a tú en cada barrio. También ese “tú a tú” ha trastocado la televisión tradicional, donde Carmena ha acudido a debates y entrevistas que acostumbran a ser shows depredadores de la palabra. Ella misma ha insinuado que le cuesta estar en ese ambiente.

Para el directivo de la cadena de turno, su discurso, pausado, relajado y nada agresivo, puede crear fobia. ¡Peligro, la audiencia se puede desmoronar!. Pero, sin embargo, con el espectador, funciona. Porque se identifica con sus argumentos reales, sensatos, que consiguen ilusionar a una parte de la población muy necesitada de ello en tiempos en que la gresca parece mandar en el mando a distancia de la pelea política. Sin enfrentamientos, sin proclamas de partido e incluso valorando buenos proyectos de sus contrincantes políticos, como Madrid Río.

Esa proximidad que ha huido de todos los resortes de cartón-piedra de las campañas electorales que sólo intentan vender motos, haciéndose fotos en actos de teletienda, ha saltado por los aires. Carmena no tenía grandes inversiones publicitarias, pero las redes sociales se han volcado con su discurso. Hasta creando un aluvión de retratos, cargados de esperanzadores e ingeniosos mensajes, y propiciando trending topics espontáneos a los que se han sumado rostros populares que no se suelen posicionar políticamente. El ambiente viral se ha vuelto a favor de Carmena.

Y, mientras tanto, Aguirre, mucho más popular mediáticamente y socialmente, ha acrecentado la agresividad de su discurso, como sucedió en el debate entre ambas candidatas en Telemadrid. La ex presidenta de la Comunidad de Madrid incluso ha intentando confundir al espectador asociando a la jueza Manuela con ETA, cuando Carmena es un referente a la hora de avanzar en derechos humanos. Pero esa línea de política que utiliza el terrorismo y se construye a base de discursos de miedo, de buenos y malos, no le funcionó a Aguirre contra la candidata de Ahora Madrid. La sociedad empieza (solo empieza) a estar en otro punto de los lenguajes audiovisuales. La sociedad también empieza a estar resabiada de las técnicas de las cocinas electorales de los partidos.

En ese debate, en un oscuro y retro plató de Telemadrid, ese Telemadrid que perdió toda la audiencia en legislaturas pasadas, Carmena simplemente rebatió a su contrincante con una pasmosa tranquilidad, dejando en evidencia su argumento, sin entrar en la batalla aireada que acostumbran los políticos, de un lado y otro.

Carmena ganará o no ganará, pero sí ha dado un paso adelante en la forma de entender las campañas políticas. Dentro y fuera de la televisión. Ha huido de los mítines desde lejanos atriles y con banderolas de trinchera, de los carteles mal retocados con Photoshop y de los monólogos en esos anuncios electorales con música ñoña de fondo, que siguen emitiéndose en las cadenas públicas, aunque nadie los vea. Porque esta forma de ‘vender’ la política, con representantes políticos disfrazados y requetemaquillados, cada vez tiene menos sentido. La audiencia está inmune.

La política que ilusiona a la población se hace en el día a día de la calle real, donde se conecta con mensajes próximos, realistas, auténticos, de verdad. La gente busca gente en la que confiar. Y, probablemente, esa tranquila regeneración con la que conectan los más jóvenes, que ven a la mayoría de los políticos como marcianos, ha tenido que arrancar con alguien del bagaje de Manuela Carmena. Por su experiencia de 71 años, por su temple, por su mochila de vivencias que está por encima de batallas políticas de partido y por su trayectoria judicial incontestablemente pegada a las necesidades de su tiempo. Del tiempo de antes, que también es el de ahora y mañana. Todo esto, en esta carrera de fondo y formas, le ha permitido no caer en el fácil cliché de los mítines y las falsas fotos de promoción de la política de antaño. Cuando sólo había una televisión, y no te podías comunicar con tus representantes políticos a golpe de tuit.

@borjateran

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(ILUSTRACIÓN DE CARMEN GARCÍA HUERTA)

El adiós de David Letterman: la última leyenda del late night se despide de la televisión (VÍDEOS)

20 mayo 2015 - 8:21 - Autor:

Esta noche, se termina una brillante era de la televisión norteamericana. Tras 33 años iluminando el late night, David Letterman dirá adiós a su audiencia desde el teatro Ed Sullivan o, lo que es lo mismo, desde el Estudio 50 de la CBS, en pleno corazón de Nueva York (Broadway con West 53rd Street), que ha acogido su programa en las últimas dos décadas.

Letterman alcanzó la fama en la NBC durante los años ochenta. Lo hizo con el vanguardista e imprevisible Late Night with David Letterman desde el Rockefeller Center. Fue todo un éxito que colocó al cómico como sucesor legítimo del cómico que reinventó esa tardía franja horaria, Johnny Carson en el mítico formato The Tonight Show.

Pero cuando Johnny Carson se retiró en 1992, la NBC decidió, por sorpresa, dar su principal programa de entretenimiento a Jay Leno. Letterman, decepcionado, rompió su contrato y fichó por la CBS por 14 millones de dólares, el doble que cobraba en la NBC.

Más de 20 años después de su marcha a la CBS, Late Show with David Letterman ha seguido funcionando. En su sofá se han dejado llevar actores, cantantes, escritores, artistas en general, excéntricos en particular e, incluso, presidentes de EE.UU. Obama ha sido el último. Antes, el candidato republicano John McCain osó dejar tirado al presentador: fue un tremendo error de campaña. Y es que, para conquistar al público norteamericano, hay que pasar por el programa de Letterman.

Da igual que el espacio no sea líder de audiencia (suele situarse como segunda o tercera opción, detrás de NBC y ABC), pero sí es líder en prestigio y fidelidad. De hecho, Letterman alquiló una valla publicitaria en Manhattan donde anunciaba, con orgullo e ironía, que su show había quedado en tercer puesto de espectadores, emulando una campaña en la que Leno fardaba de su primer puesto.

En 2002, The Late Show fue considerado por TV Guide como el séptimo mejor show de todos los tiempos y, este año, Letterman ha alcanzado el hito de 33 años consecutivos como estrella de un espacio nocturno, superando al mítico Johnny Carson, su mentor, que apareció por última vez en su programa.

Comedia, música en directo, cámaras en alta definición, alguna sonada infidelidad matrimonial con trabajadoras de su equipo y toneladas de complicidad televisiva para un show que nos ha dejado entrevistas memorables. Desde una juguetona Madonna hasta un desconcertante Joaquin Phoenix, pasando por Paul McCartney recontrándose con el mismísimo plató desde donde The Beatles saltaron a la fama del sueño norteamericano en los sesenta. En ese mismo estudio de la CBS en Broadway, que hoy queda vacío, a la espera de nuevo inquilino.

Letterman se marcha esta noche. Ha sido su temporada de despedida y, en las últimas semanas, han pasado por su programa entrevistados cómplices. Para decir adiós (a su manera) al último gran maestro de una forma de entender la trasnochada comedia televisiva. Despedida con incluso beso de película de Julia Roberts.

@borjateran

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Eurovisión 2015: la realización de la primera semifinal suspende a golpe de zoom tembloroso (a lo Barrio Sésamo)

19 mayo 2015 - 23:00 - Autor:

Eurovisión es el gran espectáculo televisivo del viejo continente. Incluso en Estados Unidos no hay nada parecido. Te puede gustar más o menos, pero a nivel catódico es un producto impecable: excelentemente realizado con la más vistosa capacidad escénica de la pequeña pantalla actual.

Siempre (o casi siempre) el eurofestival es ejemplo de realización visual perfecta. Ejemplo para los futuros realizadores de televisión. Los diferentes encuadres de las cámaras bailan al ritmo de la música con planos milimetrados. Calculados casi al frame, tras horas de visionado, ensayo y tiempos cronometrados. Nada falla. Funciona como un reloj. Al compás de las propuestas de los distintos países, para que el espectador vibre con cada actuación al mismo tiempo que no se pierde nada.

Sin embargo, la primera semifinal de Eurovisión 2015, que organiza la televisión pública de Austria, ha hecho de menos a la propia esencia televisiva del festival.

La realización ha supuesto una involución, parecía más de una gala de fin de año sin tiempo suficiente para ensayar que lo que acostumbra un acontecimiento de estas características.

Tras un arranque caótico con la aparición de Conchita Wurst, el discurrir de las actuaciones se ha traducido en una retransmisión sucia. Con cámaras temblorosas, zooms que no atinaban su enfoque y una steadycam (cámara que se mueve por el escenario) que hacía sombra a los participantes. En ese sentido, la iluminación tampoco fue redonda.

La primera semifinal, en su emisión televisiva, fue un programa sin alma. La realización abusó de los zooms (lejos-cerca) al estilo de Barrio Sésamo. Atándose a esta artimaña visual todo el rato. Da igual que cantara Estonia, Macedonia, Rusia o Grecia. La estructura se repetía.

En un país, donde el Concierto de Año Nuevo siempre logra un festín visual espectacular, en la que siempre se innova, la primera retransmisión de Eurovisión 2015 no ha conseguido aprobar con la nota que obliga Eurovisión: el show de televisión perfecto, donde la imagen va con la cadencia de la música sin tambaleos y sin objetivos mal equilibrados.

Una realización que no ha sacado partido al pabellón donde se realiza el acto. De hecho, el lugar parece más pequeño de lo que es. Al contrario de lo que sucede a través de la pequeña pantalla habitualmente. El escenario no ayuda, en vez de ser vertical como el de 2014, esta edición cuenta con un techo de tubos, a modo de sombrero bajo, que convierte el espacio en más claustrofóbico. Por no hablar de la presencia constante de las banderas de los eurofans que se colaban en exceso en diferentes planos de las actuaciones al tener las cámaras colocadas muy abajo (en la imagen de arriba), tapando a los cantantes y llegando a ser un obstáculo molesto para el espectador.

Aún hay tiempo de que solucionen este desaguisado visual de aquí a la final del sábado, donde interpretará Edurne su Amanecer. De momento, ha sorprendido para mal. Porque Eurovisión es el paradigma de lo opuesto que hemos visto.

Muy diferente fue a la organización del año pasado, que hasta en los créditos consumó una coreografía de imágenes perfecta que contagió la eléctrica emoción del chimpún final hasta las casas europeas. Incluso hasta a la hora de esperar a meter la sintonía y los créditos, cuadrándolos cuando termina de recalcar Conchita Wurst su segundo improvisado ‘gracias’. La realización que esta medida y, al mismo tiempo, observa y escucha (a partir de 3:33:10):

http://www.youtube.com/watch?v=EpS9r_EqSWg

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@borjateran
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El momento de los Premios Max que ha silenciado TVE en sus Telediarios (VÍDEO)

19:23 - Autor:

Fue el momento más comentado de la noche de los Premios Max. Lo emitió La 2 de Televisión Española y lo han recogido las principales ediciones de informativos de las cadenas privadas. Sin embargo, la dirección de los Telediarios de TVE ha omitido dicho instante de sus espacios de noticias. Decisión que ha provocado la queja de trabajadores del ente público.

Pero las herramientas de acceso a la información han evolucionado (para bien) y la censura tiene las patas muy cortas. Aquí está el regalo, a través de su magistral instinto de comedia, de Rosa María Sardá a los gobernantes. Una opinión en tiempos en los que nadie debería tener miedo a la opinión:

No es la primera vez que existen denuncias de censura en galas de estas características, los temores a los discursos de los actores en los Goya son habituales e incluso, hace menos de dos años, en la ceremonia de entrega de los Premios Forqué, se intentó silenciar los abucheos en la sala al Ministro Wert. Salió mal la jugada, pues la presentadora de la gala, Ana Morgade, lo denunció en directo con su inteligente ironía:

@borjateran

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La gran mentira de la ‘telebasura’

3:06 - Autor:

La televisión parece vivir en un complejo constante de inferioridad. No es considerada patrimonio cultural, a pesar de ser el electrodoméstico con más evidente influencia social. Para bien y para mal. De ahí que naciera el término telebasura, para definir el ‘fango’ de los contenidos televisivos, ya sean realities o programas de cotilleos.

Sin embargo, se omite a menudo que la pequeña pantalla es la mayor ventana al mundo, un trampolín para despertar inquietudes e ideas. Pocos valoran esa función. El valor social de la TV no es una herramienta secundaria, es primordial, imprescindible.

Por eso, no se puede simplificar la oferta televisiva con el término telebasura. Simplemente, no es justo. Si existe televisión basura, también vivimos rodeados de espacios de radio basura, prensa basura, portales de Internet basura e incluso tuits basura. Todos los medios fardan, dignos, de ética, límites y rigor, pero sin mirarse el ombligo. Sólo castigando a la televisión, que parece la víctima más fácil, o el rival más débil.

Y lo cierto es que los contenidos tóxicos no entienden de plataformas ni formas de distribución. Están presentes, nos rodean, en todos los ámbitos. Empezando por la política, que también se ha perdido en el titular basura que busca el enfrentamiento que parece no pensar, de verdad, en las necesidades de la población.

Pero la televisión es el electrodoméstico al que “queda bien” repudiar y en el que, muchas veces, pagan justos por pecadores. Espacios como Gran Hermano o Sálvame copan los grandes índices de audiencia. Y, sin embargo, criticar su existencia ya es un deporte nacional, aunque no siempre se lleve razón o ni se analice el fenómeno siquiera. Es más, es mejor decir que no ves estos programas, aunque los consumas a diario y sepas todo lo que ocurre en ellos.

Rara vez se le reconoce a Sálvame su éxito, fruto del trabajo de un equipo detrás de cámaras. Tampoco a Gran Hermano o Supervivientes. Porque incluso para hacer la denominada ‘telebasura’, hay que tener arte, ingenio y talento. Es la gran mentira de la televisión: simplificar la diversidad de un medio con la misma etiqueta, ‘telebasura’. Despreciando, así, a millonarias audiencias.

El televisor es nada más, y nada menos, que un inconmensurable invento de infinitas posibilidades, que permite y propicia la pluralidad de contenidos. Diferentes. Como la propia sociedad, donde se puede cambiar de canal y hasta apagar el receptor si algo no te gusta. No deben existir fronteras a las ideas, sólo frenos dentro de la responsabilidad y la honestidad crítica (y autocrítica).

Ahora, sólo hay que aspirar a tener una televisión sin temor a experimentar con la creatividad, que mime al espectador con la inteligencia que merece y que, al mismo tiempo, otorgue herramientas para que todos sepamos digerir los diferentes tipos de contenidos, ahí está el problema de fondo: en la forma y capacidad de asimilar los contenidos, ya sean pretendidamente inteligentes o escandalosamente frívolos. Porque los unos y los otros no son incompatibles. Los unos y los otros pueden apetecerte en uno u otro momento. No eres peor persona por pasar una noche de evasión, entretenido con un reality descabelladamente bien hecho. No hay que poner cortapisas preventivas al entretenimiento. Todo depende de cómo se haga. Y de cómo se entienda y reciba.

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El fracaso de TVE en el adelanto del horario de prime time

18 mayo 2015 - 9:16 - Autor:

No ha funcionado. A partir de este lunes, TVE retrasa el arranque de su prime time a las 22.30 de la noche. Se frustra, así, el intento de la cadena pública de comenzar más temprano sus programas para conciliar los horarios del espectador. Una medida que, sin embargo, ha sido contraproducente, pues los espacios de la noche de La 1 han perdido espectadores e incluso infalibles series de éxito, como Cuéntame y Águila Roja, han sufrido mínimos históricos de audiencia.

Para paliar esta fuga de público, TVE ha reaccionado y, a partir de esta noche, hará tiempo con la emisión del espacio nostálgico Viaje al centro de la tele, que recupera valiosas (y curiosas) imágenes del archivo de TVE.

Dirigido por Pedro Santos y narrado por Santiago Segura, Viaje al centro de la tele servirá para calentar motores de una batalla del prime time que, sobre todo, se libra entre las 23 y 24 horas, cuando las cadenas lanzan sus dardos más suculentos para romper los audímetros.

Si analizamos los programas espectáculo o talent shows, sobre las 23,30 se suele programar el instante más poderoso de toda la emisión. Así, el espacio se hace más fuerte en cuota de pantalla, en un país en el que las cadenas han acostumbrado al consumo tardío de sus grandes ofertas.

TVE lo ha sufrido. No era el momento de lanzar el adelanto del prime time. Menos aún en una época en la que el viejo ente debe asentar una nueva programación que conecte, de nuevo, con la complicidad de una audiencia decepcionada con la gestión gubernamental de su cadena pública.

El adelanto del prime time tendrá que esperar, por tanto. Aunque terminará llegando. Es necesario para consolidar la industria del entretenimiento española y poder producir una mayor oferta de contenidos en la noche, donde no sea obligado el peaje de estirar cada producción de entre dos a cuatro horas e incluso la misma cadena pueda invertir en varios formatos en la misma velada. Será un avance que espera la calidad de nuestra televisión nacional.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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